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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 20 de Marzo de 2012

Pedro Cifuentes, 1ª travesía en solitario de la Torre Norte del Paine; regresa de Patagonia tras su nuevo intento de travesía de las 3 Torres

Una vez más no ha podido ser, debido a lo de siempre: el tiempo patagónico, que no perdona. Sin embargo, ha conseguido realizar la primera travesía en solitario a la Torre Norte. El comienzo de la expedición estuvo marcado por el fuego que asolaba el Parque. Pedro, bombero profesional, fue solicitado y colaboró activamente en la extinción del incendio junto a los equipos locales

Tras los graves problemas con consecuencia de congelaciones que Pedro sufrió el año pasado en cuanto intentaba la 1ª travesía completa de las Torres del Paine, y que podéis leer pinchando aquí, esta temporada ha vuelto a intentarlo. Una vez más, en la Patagonia la última decisión sobre la escalada la tiene la meteo. Y una vez más, no ha permitido culminar el objetivo. Lo que no quiere decir que Pedro Cifuentes no haya vivido intensas emociones, vivacs en mitad de la tempestad e incluso haya conseguido la 1ª travesía en solitario a la Torre Norte.

A su llegada, fue solicitada su ayuda como bombero profesional, para colaborar en la extinción del incendio que asoló el Parque. Ayuda que por supuesto prestó, como era su intención al llegar al país.

Texto y fotos: Pedro Cifuentes

“Me gustaría empezar haciendo referencia a una frase que dice que la vida sin aventura, no es vida: simplemente no es nada.

Ya desde el comienzo la expedición pintaba como aventura en todos los aspectos.

Salí de España con la noticia que en el Parque Nacional de las Torres del Paine se estaba produciendo un incendio, y que estaban evacuando a todos los turistas.

Con esas me dirigí al aeropuerto dispuesto a tomar el vuelo que me llevaría a Punta Arenas, vía Santiago de chile. Me gustaría recordar las dificultades que ponen las autoridades chilenas para pasar cualquier tipo de comida: no dejan pasar nada y hay que declarar todo. Aquel que decida no hacerlo tiene que saber que se arriesga a una multa de hasta 18.000 dolares.

De ahí mi preocupación: en mis petates llevaba comida que no me dejarían pasar: jamón y embutidos. Al llegar a la aduana chilena me preguntan que dónde voy, y si llevo comida. A lo cual yo respondo que sí, que llevo, y que me dirijo a las Torres del Paine a ayudar a extinguir el incendio que se está produciendo allí, que puedo ayudar por mi calidad de bombero profesional. Ésta fue la llave que abrió la puerta para pasar sin ningún tipo de problema. Cual fue mi asombro cuando me dijeron que recogiera todas las cosas y que pasara todo, que si yo iba a ayudar a apagar el incendio, ellos moralmente no me podían poner ningún impedimento. Me dieron las gracias por mi futura ayuda y me dejaron pasar.

El día del vuelo de Santiago a Punta Arenas el cielo estaba especialmente despejado. El comandante nos avisó cuando sobrevolábamos el Campo de Hielo Patagónico. Todos en el avión nos quedamos impresionados al poder ver con tanta claridad uno de los parajes más maravillosos y bonitos que hay en la tierra.

Una vez hube desembarcado en Punta Arenas, me dirigí en autobús a Puerto Natales; un pueblecito encantador, de un encanto especial, tanto por las gentes como por su entorno. Respecto a sus habitantes, son amables, simpáticos y hospitalarios; yo achaco estas cualidades a que las duras condiciones climáticas que allí reinan, sobre todo en los durísimos inviernos, les hacen ser especiales y con ganas de ayudar en todo momento a las personas que les visitan. Respecto a su entorno, qué decir. Por un lado, las montañas. Por el otro el mar. Lo tiene todo.

Llegué muy cansado a este especial lugar, tras dos días de vuelos y autobuses. Me alegré mucho de encontrarme con mis amigos y anfitriones Nico y Ángela. Ellos me conceden el honor de abrirme su casa para reposar mis huesos y afrontar los retos patagónicos. Con un buen mate y una buena lumbre estuvimos conversando hasta altas horas de la mañana de los acontecimientos ocurridos durante el último año de nuestras vidas. El mate es una especie de rito social patagónico que acerca a sus gentes, y con él y la lumbre todo se hace más acogedor.

A la mañana siguiente nos despertaron temprano llamando a la puerta. Se habían enterado de que estaba allí, y querían saber si, como era mi intención, podía prestar mi ayuda como bombero profesional en la extinción del incendio. Nos dirigimos al parque y desde allí coordinamos las labores de la extinción.

Pusieron todos los medios necesarios a nuestra disposición, ya que el terreno al cual nos dirigíamos era abrupto y de difícil acceso. Pasamos los siguientes días trabajando sin parar en la extinción. No me extenderé sobre ello. Fue un trabajo duro en un incendio importante.

Una de las consecuencias del incendio fue que provocó el desalojo del parque. Esto traía más problemas de los habituales a la hora de conseguir el permiso de escalada una vez terminado el trabajo. Un permiso que ya de por si es complejo: primero, permiso a la municipalidad. Una vez concedido, permiso al CONAF, organismo que gestiona el Parque. Te solicitan una ficha federativa y un seguro de rescate. Esto nunca ha dejado de resultarme curioso, si tenemos en cuanto que en este Parque no existe equipo de rescate...

Pero durante el trabajo en el incendio contacté con el sr. Santana, responsable y gestor del CONAF, el cual me dijo que no habría ningún problema a la hora de concederme el permiso: yo les había ayudado en la extinción, ellos me ayudarían en todo lo posible para gestionar el permiso.

No acabaron ahí los agradecimientos. Tras conseguir los permisos, teníamos que portear el equipo desde la hostería al refugio chileno. Los pilcheros nos transportaron a caballo el equipo de forma gratuita debido a la ayuda que habíamos prestado en el extinción. De allí fuimos al Campamento Torres, en donde montamos el campo base. Allí preparo el equipo y la comida que voy a subir a la pared y nos trasladamos al campamento de altura, ya más cerca de las Torres. Son dos viajes para trasladar todo el material. Nos ayudan 3 porteadores: Carlos, Sau y Trompachi, a los cuales estoy muy agradecido; es uno de los trabajos más duros, y ellos lo hicieron encantados.

¡Comenzaba la escalada, por fin! Anunciaron una ventana de 4 días de buen tiempo, así que preparé todo rápidamente y fijé los 3 primeros largos de la vía que elegí para afrontar mi reto de travesía. Se llama Espíritu Libre.

Tras la penosa aproximación por la morrena, anclo el arnés a la cuerda y empiezo a escalar. Iba deprisa, a pesar de ir en solitario, con lo que eso supone: subir, anclar la cuerda a la reunión, bajar a recuperar el material, volver a subir, izar el petate...en los primeros largos además el petate se enganchó varias veces, lo que me obligó a sucesivas bajadas y subidas para desengancharlo. Es cansado; pesa 30kg.

Pero esto era anecdótico. A pesar del tremendo esfuerzo que tenía que realizar, estaba muy contento de estar allí, en ese entorno con el que tantas veces había soñado. Y sí, estaba cumpliendo mi sueño: escalar allí en solitario.

A las 6 de la tarde llegué al objetivo que me había puesto para vivaquear, dos horas antes de lo previsto.. Dudaba si continuar o permanecer. A veces la soledad tiene su encanto; pero otras, cuando hay que tomar una decisión, se echa en falta la proposición del compañero de cordada. Y decidí seguir para intentar llegar a la cumbre secundaria. Dieron las 10 de la noche y empecé a tener mucho frío y síntomas de agotamiento. Había sido un día muy duro y largo, comiendo apenas 3 barritas energéticas. Así que allané una pequeña repisa, me metí en el saco, y con un té y un sobre de comida liofilizada di por terminada la jornada. Estaba tan cansado que me dormí sin haber terminado de cenar.

Al despertarme el tiempo había cambiado. Y eso que la meteo preveía 4 días de buen tiempo. Recogí todo y me encaramé a lo más alto de la cumbre secundaria. Me quedé embelesado mirando el entorno espectacular, y me dispuse a revisar los rápeles para llegar al collado que divide las 2 cumbre la Torre Norte, y mi siguiente objetivo: las fisuras por las que escalar hasta llegar a la cumbre principal.

Mientras empezaba con los rápeles el viento se volvió frío e incómodo. Tuve problemas para recuperar las cuerdas, así que vuelta a subir varias veces. Cuando llegué al collado y empecé a escalar, el viento ya casi impedía que pudiera mantenerme de pie. Tengo el recuerdo de intentar salir de una repisa y sentir literalmente como si me hubieran empujado hacia abajo. No me quedó más remedio que esperar antes de seguir hacia cumbre. Improvisé un vivac al lado de un nevero, y me puse a derretir agua.

Lo que era una corta espera empezó a alargarse. Pasaron las horas y aquello no tenía mucha pinta de cambiar. Al viento, que no se debilitaba, hubo que sumar las nubes. Y luego la nieve. Vaya panorama se me presentaba. La misma historia de siempre en Patagonia, contra la que nada se puede hacer: comienza el día con un sol increíble, que se ve atenuado por una pequeña brisa, y aquello suele terminar en el sálvese quien pueda y encuentra un buen sitio que te permita pasarlas un poquito menos canutas. En esta ocasión ese sitio no era precisamente un hotel de 5 estrellas. Justo me vino para poner la esterilla, desplegar el saco y meterme corriendo: ya estábamos como a -10ºC con viento y nevando.

No sé qué fue más duro de aquella noche, si el frío, o las piedras que se me clavaban en la espalda, y que no me dejaban más que dar pequeñas cabezadas. Me mantenía animado la esperanza de que el tiempo cambiara. Al fin y al cabo, era la previsión.

Pero, como suele ocurrir en Patagonia, al día siguiente amaneció si cabe más nublado y con más frío que el día anterior. Ya no podía ni sacar las manos fuera del saco, el frío era intensísimo. Los guantes eran necesarios para cualquier maniobra, y eso me dificultaba en mucho las tareas. Pasé todo el día dentro del saco, y mi preocupación comenzó a incrementarse: si seguía nevando y con ese frío, no podía salir de allí, porque no podía subir a la cumbre, pero retirarme sin pasar por ella no era posible. Como aunque cumplas el requisito de tener tu seguro de rescate, allí no hay equipo de rescate, la cosa no pintaba bien.

Llegó la noche, el frío se intensificó, e intentaba dormir para no pensar, pero no conseguía hacerlo más allá de 15 minutos seguidos. Mi saco es de -21ºC de temperatura de confort, tenía toda mi ropa puesta y aún así tenía mucho frío. Más o menos estábamos a -30ºC. El equipo empezaba a estar mojado, y eso me preocupaba bastante. No creía que pudiera aguantar una noche más en esas condiciones.

Cuando más preocupado estaba, a las 4 de la mañana, asomé un poco la cabeza para ver el panorama y vi como por arte de magia el cielo se había despejado. Qué alegría, estaba salvado...

A las 6 salí del saco con mucho frío, pero los leves rayos de un sol tenue bastaron para subirme la moral, y crecieron mis esperanzas de conseguir llegar a la cumbre ese mismo día.

Cuando estaba preparando todo el equipo para ponerme a escalar, recogiendo el saco y la esterilla y el hornillo, escuché un ruido atronador. Pensé que sería algún desprendimiento del glaciar. Pero cual fue mi sorpresa al comprobar que a unos metros debajo de mi se había descolgado una parte grande de la pared...¡qué susto! ésta vez me salvé.

Empecé a escalar a toda prisa para intentar salir de allí lo antes posible, y a eso de las 12 estaba en la cumbre principal de la Torre Norte. ¡¡Por fin había conseguido la 1ª travesía de la Torre Norte en solitario!!

Comencé el descenso por la cara oeste. Esta parte de la pared estaba totalmente congelada por las nevadas de los días anteriores. Una vez dijo un alpinista que la cima solo es la mitad de la montaña, por lo que me quedaba la mitad del camino.

Bajé hasta el collado que divide la Torre Norte de la Central, hasta el coll bich. 6 horas de rápeles me costó llegar allí. Y entonces me asaltó una gran duda: ¿continuaba con la travesía o bajaba al campo base?

Miré el cielo y estaba con nubes, claros y un poco de frío. En resumen, inestable. Decidí bajar al campamento base y recuperarme de esos días, que me habían pasado factura.

Menos mal que bajé. Mi instinto no se equivocó en lo más mínimo, ya que los siguientes días fueron de mal en peor. Tras 3 días en el campamento japonés bajé al pueblo, y subí de nuevo con comida para 10 días más. El tiempo seguía malo y malo, pasaban los días y la climatología no cambiaba. 10 días así. Bajé de nuevo a Puerto Natales para abastecerme, y subí de nuevo con provisiones para otros 10 días. Desesperante, todo seguía igual.

Hubo momentos duros, impacientes, de rabia y resignación, esperando y esperando. Pero Patagonia es así. No son pocos los que vienen para un mes, y se vuelven sin haber podido escalar ni un día. Es duro dar por finalizada una expedición sin haber conseguido el objetivo, pero también es necesario ser realista. Nos guste o no, la montaña es la que nos deja o no nos deja hacer. Estamos en ella de paso, y ella es la que manda. Así que, dura o no, tomé la decisión que tenía que tomar. Tras tantos y tantos días esperando, no quedaba más remedio. Dediqué varios días a bajar todo el equipo que tenía en la pared, desmonté el campamento y trasladé todo a la entrada del Parque.

Como tenía la sensación de viaje inconcluso, y me quedaban unos días, decidí cambiar un poco de actividad, y nos fuimos al glaciar a escalar en hielo. Pidiendo un nuevo permiso, por supuesto. Fui con unos amigos y la experiencia fue increíble. Escalar dentro de uno de los mayores glaciares del mundo es como navegar en el mar: las formas son como las olas, y estás pisando esa formación de millones y millones de años. Todo un privilegio. Muy contadas personas han estado allí. Un hermoso final para una aventura hermosa, en la que hice lo que la naturaleza me permitió. Así es Patagonia.

Después de varios días de estancia en el glaciar, recogimos todos los trastos y regresamos a Puerto Natales. Y aunque creía que el viaje ya había llegado a su fin...miramos la meteo. Daba 3 días de buen tiempo. Uno de mis mejores amigos allí, Nicolás Secul, me propuso subir a la Torre Sur, ya que él no la había escalado nunca. Me daba pereza volver a subir todo el equipo, ¡tan pesado!, para arriba, pero debido a mi alto grado de masoquismo accedí. Dos días después ya estábamos en la pared. Vivaqueamos en ella...y al día siguiente nos tuvimos que bajar, tristes por no haber hecho cumbre.

¿Adivináis por qué? Efectivamente...

Y es que, no sé si os lo había dicho...pero la Patagonia es así..."


Pedro en las Torres del Paine



Pedro Cifuentes
Pedro Cifuentes en las torres
Pedro Cifuentes
Autofoto en las Torres
Pedro Cifuentes
Solo en las cimas
Pedro Cifuentes
Vivac
Pedro Cifuentes
Comenzando a rapelar
Pedro Cifuentes
Croquis de Espíritu Libre
Pedro Cifuentes
Entre las Torres
Pedro Cifuentes
En la base, con muy buena compañía
Pedro Cifuentes
En la base de las Torres
Pedro Cifuentes
Refugio
Pedro Cifuentes
Con los bomberos
Redacción Barrabes.com
En el glaciar
Redacción Barrabes.com
En el mar de hielo

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Comentarios

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6 comentarios

6. Juan Pablo Alonso - 09 Abr 2012, 21:28
Hola Pedro, Nos conocimos en aquella comida con Gerardo en la que estabas preparando precisamente esta aventura. He disfrutado mucho con tu narración. Tiene que ser un sitio increíble ! Ya verás como la próxima vez ( lo doy por supuesto ) con tu fuerza de voluntad lo consigues. Un abrazo!

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5. Gerardo Hernandez - 09 Abr 2012, 00:07
Mi estimado Pedro! ...me has dejado impactado al leer tu historia. Eres una prueba de perseverancia y dedicacion por lograr un sueño... y no tengo la menor duda... de que tarde o temprano lo conseguiras. Se me pone la piel de gallina solo con pensar estar en esa situacion ... y a la vez... siento envidia sana por querer vivir una experiencia asi. No solo es llegar a donde nos proponemos... sino vivir intensamente el camino. Un abrazo enorme... lleno de admiración! Gerardo.

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4. Gerardo Hernandez - 08 Abr 2012, 21:26
Mi estimado Pedro! ...me has dejado impactado al leer tu historia. Eres una prueba de perseverancia y dedicacion por lograr un sueño... y no tengo la menor duda... de que tarde o temprano lo conseguiras. Se me pone la piel de gallina solo con pensar estar en esa situacion ... y a la vez... siento envidia sana por querer vivir una experiencia asi. No solo es llegar a donde nos proponemos... sino vivir intensamente el camino. Un abrazo enorme... lleno de admiración! Gerardo.

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3. jero - 27 Mar 2012, 13:53
Felicidades por esa pedazo de actividad, Pedro. Como muy bien dices en tu reportaje, la vida sin aventura no es vida...y en tu expedición de falta de aventuras no te puedes quejar. La travesía completa ya caerá en otra ocasión, y mientras que te quiten lo bailado. Un abrazo, y a ver si nos volvemos a ver escalando.

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2. Piratamalomalo - 22 Mar 2012, 13:02
Esta claro que tiene mucho mérito la actividad que has realizado, pero ¿estas seguro de que es la primera repetición en solitario? Un saludo.

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1. Paulina - 21 Mar 2012, 05:00
Encuentro maravillosa esa actitud de perseverancia y valentía, seguir un objetivo a pesar de los intransigentes obstáculos duros del clima patagónico…, pero eso es lo que lo hace mas fuerte y más insistente en logar su desafío, con esfuerzo seguro que vas a encontrar la recompensa… todo mi apoyo amor!

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