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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 11 de Abril de 2012

Alex Txikon abandona el hospital; más de 3 meses después, por fin concluye su expedición y descansa en casa

Permanecía desde el 27 de marzo en la MAZ de Zaragoza. Ha sido dado de alta, aunque regresará en mayo para someterse a una cirugía. “Esta semana era el funeral de Gerfried, pero en mi estado no he podido ir a Austria". En estos días nos ha ido contando lo sucedido, con tranquilidad y algo de perspectiva: "Ha sido una expedición dura; al invierno del Karakorum, el largo tiempo, hay que añadir todo lo que aconteció al final. Yo no lo veía claro, y decidí esperar.”

Durante su estancia en el Hospital de la MAZ en Zaragoza, al cuidado del doctor Arregui, hemos podido compartir con él y con Carlos Suárez unos cuantos momentos. Su ánimo mejora a ojos vista. Su aspecto es bueno, pero ha perdido mucho peso y masa muscular desde la despedida en nuestra tienda de Barrabes O'Donnell, en Madrid, unos días antes de su partida.

Mientras permanecía en el campo base del Gasherbrum I, la última vez que hablamos con él fue la tarde anterior a su evacuación en helicóptero. No sólo mostraba su preocupación por haberse quedado solo allí, con congelaciones, sino que su habitual buen ánimo había desaparecido. No le comentamos nada, pero su voz era otra, y nos dejó preocupados. Era mucha la acumulación de circunstancias.

Por si dos meses y medio en uno de los inviernos más duros del planeta no fueran suficientes -con numerosas incursiones en altura que te van debilitando y desgastando- la expedición finalizó con el mazazo moral que supone la pérdida de 3 de tus compañeros y con unas congelaciones en los pies que, si bien no parecían de extraordinaria gravedad, sí que le impedían descender por sus propios medios el largo trayecto del Baltoro.

“Mi descenso del Baltoro fue una verdadera aventura”, cuenta Carlos Suárez, que recordemos que abandonó con antelación la expedición por compromisos profesionales. “Nada que ver con lo que es el verano. La sensación en todo momento era de estar mucho más alto. Como a siete mil metros. Mucha nieve, abriendo huella todo el día. Y casi sin comida. Como hicimos tan buenas migas con los militares, por influencia del Major podía cenar algo por las noches. Son muchos días, y yendo solo no puedes cargar casi nada. Pero fue muy duro. Me alimentaba con una pequeña escudilla de dal (lentejas) cada noche. Con eso pasaba la jornada. Me costó muchos días. Alguien con congelaciones no puede afrontar eso.”

Alex Txikon permaneció en el campo base casi 10 días después de finalizada la expedición. Esperó por sus compañeros. Los últimos días se quedó solo. “Sí, es verdad. Al final fue muy duro. La tarde que hablamos estaba muy desmoralizado. Si el helicóptero no hubiera podido volar al día siguiente, o trasladarme, o hubiera venido pero sólo hubiera cargado militares, no sé qué hago allí, sin poder bajar por mis medios. Estaba muy cansado y desgastado. Todo había finalizado y yo estaba allí varado.”

En estos días de convalecencia no hemos querido hacer recordar nada a Alex, necesita descanso. No le entrevistamos, las visitas son de índole amistosa. En la conversación va contando cosas, de forma natural. Sin profundizar mucho. Tiempo habrá.

“¿Por qué no subí? No lo sé. No lo vi claro. Decidieron realizar un ataque a cumbre, pero yo tenía la sensación de que, con el parte meteorológico que había, era un poco precipitado, venía mal tiempo. Me pareció más lógico partir al día siguiente; de esa manera, subiendo de tirón hasta el campo 2, el probable día malo estaba más abajo. Si hacía bueno, se podía intentar; si no, se podía descender. Pero esto se analiza a posteriori. En ese momento, simplemente, no lo veía claro. Son estas decisiones aparentemente intuitivas basadas en años de experiencia. Ellos lo vieron claro, y yo no, me pareció precipitado.”

“Lo que pasó después ya es conocido. Me alegro de haber subido un día más tarde. Así me encontré, cuando casi caía la noche, a la polaca Tamara, que tenía problemas para instalar la tienda, y pude ayudarla; estaba pasándolo mal, con muy pocas fuerzas, y podía haber sido un asunto muy serio. Al día siguiente ascendimos y montamos la tienda más arriba, ya con posibilidad de ataque a cumbre, pero al despertarnos de madrugada, el frío y el viento eran insoportables. Al límite. Decidimos regresar. Pero el plató no era un lugar fácil. Desde fuera puede parecer un llano de nieve, pero era una trampa. Por eso congelé:

Fuimos al Gasherbrum sur, a la cima, que está al límite de la pared, como se vio en el racetracker. La idea era desde allí bajar por la cresta hasta el lugar que hacía de campo 2, en donde montábamos y desmontábamos las tiendas. Pero la arista estaba en condiciones muy complicadas, y hubo que descender de nuevo al plató.”


“Para salir de éste a la arista final de la pared, en donde habíamos montado la tienda del campo 2, había que remontar una pared de hielo extraplomada en la que habíamos dejado una cuerda fija tirada. Pero a 7.000m, con el desgaste que tienes, con ese frío, llevábamos casi dos días sin comer, eso es muy duro. Remontar cargados 40 metros de cuerda jumareando en el aire o con precarios apoyos. Tiré primero, me costó casi 40 minutos subir, pero me entró nieve por dentro del mono y de las botas. No tenía muy claro que Tamara, con lo cansada que estaba, pudiera remontar. Lo consiguió, pero le costó casi 1 hora y quedó agotada. En esa espera, a -40ºC y con viento, parado tras el esfuerzo y con nieve dentro de las botas...ahí congelé.”

Cuando por fin fue trasladado a Skardu, lo primero que tuvo que hacer fue reunirse con el hermano de Gerfried, y visitar a la familia de Nisar. “Qué duro. Te vas a una pequeña aldea, y de repente te ves con el padre, la familia de Nisar, para contarles todo lo que puedas, para darles tu apoyo...con el agotamiento que llevaba fue muy duro anímicamente. Pero tienes que hacerlo. Esta semana es el funeral de Gerfried, pero no puedo ir en este estado. Me da mucha pena. Irá Louis desde Canadá, pakistaníes...iré más adelante a visitar a la familia.”

Sin embargo, Alex recupera el ánimo y las fuerzas, día a día, de forma claramente perceptible. Entre bromas y anécdotas, Carlos y él ya empiezan a hablar de planes de futuro. Es evidente que entre ellos ha surgido una amistad muy cercana y especial, y que en adelante no será difícil verles planeando juntos expediciones y actividades. Además, Carlos ha introducido a Alex en el paracaidismo y el salto BASE. Algo que es probable que protagonice sus proyectos futuros.

“Qué pena me dio cuando Carlos tuvo que descender. Es curioso, pero Carlos, que aunque tiene mucha experiencia hacía años que no intentaba gran altura...bueno, quizás fue el que más claro tuvo todo durante la expedición. El que vio todo con mayor lucidez en el tiempo que estuvo.”

En este tiempo las visitas han sido constantes. Por supuesto, ha contado con la compañía y el apoyo de Leire -su novia- y de su familia. Carlos Pauner le ha visitado en varias ocasiones. Y Manu Córdova. Carlos Suárez también ha viajado desde Madrid. Y unos cuantos más. De llamadas, ni hablamos. A ratos era difícil hablar con él. En 3 horas podían llamarle casi todos los himalayistas del país, uno detrás de otro.

“Tiene congelaciones de segundo y tercer grado en los dos pies”, diagnostica el doctor Arregui. No hay duda de que recuperará el derecho en su totalidad. Tendrá que someterse a una cirugía en el primer dedo del pie izquierdo a principios de mayo.

Pero eso será en mayo. Desde el pasado lunes descansa en su casa con los suyos: más de 3 meses después de haber comenzado la expedición, por fin ha llegado el momento en el que se puede decir que la ha finalizado.


El doctor Arregui, Alex Txikon y Carlos Suárez, en el despacho del primero


Alex en la MAZ de Zaragoza

Tags: Alpinismo

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