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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 07 de Noviembre de 2012

Espeleo-socorro; los rescates más complicados del mundo, en el territorio secreto del planeta

El espeleólogo y barranquista valenciano Mario Gastón escribe un completo e interesantísimo artículo, que incluye una entrevista con Mario Gisbert, responsable del espeleo-socorro aragonés, sobre la faceta más compleja de los rescates en montaña: los realizados a salvo de la luz, bajo cientos de metros de masas rocosas, en los que se coordinan profesionales y civiles

Artículo, entrevista y fotos por Mario Gastón


“Hace cosa de un mes se celebró en Aragón la práctica de espeleo-socorro más importante del estado, a la que fui invitado. Tras la realización, decidí escribir un reportaje sobre este tipo de rescate, y lo que supone."

A salvo de la luz y de las miradas curiosas, bajo cientos de metros de masas rocosas, espeleólogos de todo el mundo siguen disfrutando del descubrimiento de rincones naturales que todavía nadie ha pisado antes. Ya cumplida una década del nuevo milenio, todavía queda bajo nuestros pies mucho planeta por explorar. Laberínticas galerías y tortuosos meandros representan los capilares por los que fluye la vida en forma de ríos subterráneos, grandes salas o formaciones imposibles. Los últimos confines que permanecen a salvo de la acción del hombre, se presentan como el gran botín de estos incansables exploradores.

La práctica de la espeleología exige de una buena formación técnica y una forma física adaptada al nivel de la actividad en la que nos vamos a mover. Sin embargo, las grandes exploraciones que se llevan a cabo en nuestros macizos, donde son frecuentes puntas de exploración a más de 1.000 metros de profundidad, exigen al deportista asumir un nivel de compromiso mucho mayor. Lo que sobre la superficie de la tierra, en senderos y montañas, puede resolverse fácilmente mediante la ayuda de nuestros compañeros o a través de una llamada a los servicios de emergencia, dentro de un gran sistema adquiere una dimensión difícil de imaginar. Los incidentes se convierten en accidentes y la resolución de problemas adquiere una gran complejidad que exige el despliegue de un operativo técnico y humano sin precedentes.

Las dificultades de un rescate bajo tierra

Imaginemos a un espeleólogo que en plena campaña espeleológica se dirige con su equipo hacia la punta de exploración, que está a -995 metros de profundidad. A -500 metros, un desprendimiento le provoca varias lesiones de diversa consideración. Este sistema podría ser perfectamente Lecherines, en pleno corazón del Pirineo aragonés. Conociendo las pautas de actuación del dispositivo de rescate podremos conocer mejor las dificultades que entraña una intervención de estas características.

El aviso

Los equipos de rescate reciben el aviso de rescate. Al preguntar por la hora del accidente, se comunica que ha sido hace unas 8 horas... ¿a qué se debe este retraso en la movilización? La sociedad moderna se ha acostumbrado a la inmediatez de la telefonía móvil. Pero a 500 metros de profundidad, por norma general, no existen teléfonos y la única forma de avisar a los servicios de rescate es saliendo al exterior, remontando todas las galerías y pozos de entrada, lo que puede suponer horas y horas con el cansancio acumulado de la exploración previa.

Una vez en el exterior, hay que recordar algo... estamos en mitad del Pirineo y puede que no tengamos cobertura. Tendremos que desplazarnos entonces hasta un lugar donde podamos realizar una llamada, independientemente del operador. Esto puede llevarnos también varias horas, en función de las circunstancias. Como resultado, el tiempo total que puede llevarnos emitir el primer aviso de rescate puede ser de muchas horas.

Tiempo de respuesta

Los servicios de rescate ya están avisados y se produce la movilización ¿cuánto tardan en llegar?

Las condiciones meteorológicas de las zonas pirenaicas suelen ser muy variables y hostiles, lo que puede imposibilitar el despegue de medios aéreos, retrasando todavía más el tiempo de una primera respuesta.

Además, el acceso a la entrada del sistema (en función de la boca elegida) exige de una aproximación desde la pista de más de una hora por terreno alpino (recordemos que hemos elegido Lecherines como ejemplo). A un buen conocedor de la cavidad no le costará demasiado encontrar la entrada ya que estará familiarizado con ella, pero para alguien que es la primera vez que acude enfrentarse a la tarea de localizar un agujero de apenas uno o dos metros de amplitud entre una marea de lapiaces, dolinas y simas puede ser tan difícil como encontrar la aguja del pajar.

Dentro de la cavidad

Por fin el primer equipo de rescate ha llegado a la boca de la cavidad. Han pasado cerca de 12 horas desde el accidente, un tiempo muy valioso. Al margen de la gravedad de las lesiones sufridas por el accidentado, la situación se complica por las adversas condiciones del sistema: temperatura cercana a los 0ºC y humedad relativa del 100%. Por fortuna, el equipo que le acompaña ha realizado un primer autosocorro y ahora el herido está acondicionado en un punto caliente que se ha instalado. También han racionado el agua y la comida, así como las baterías de la iluminación.

Pero todavía hay que llegar hasta el herido y desplegar todo el operativo antes de iniciar las tareas de rescate. Un médico acompañará al primer equipo de evacuación, el cual llega tras 5 horas de descenso en el que ha tenido que portear una ingente cantidad de material de rescate y el equipo médico. Una vez se accede al accidentado, se le estabiliza y se emite una primera valoración que será esencial para determinar la urgencia del rescate y el modo en el que habrá que movilizarlo y posicionar la camilla en cada paso. El médico acompañará a la víctima en todo momento y ordenará paralizar el rescate si considera necesario intervenir sobre el herido.

En el trayecto de evacuación vamos a encontrar salas remontantes y descendentes, meandros, pasos estrechos, cascadas, pozos de más de 100 metros y zonas activas. A través de ellas se tendrá que movilizar la camilla especial de rescate que tiene una envergadura de casi 2 metros en la que va un varón de 1,85m que pesa algo más de 90kg.

En el exterior se trabaja de frenéticamente coordinando los hasta 14 equipos que van a trabajar simultáneamente. Cerca de 200 espeleosocorristas que van llegando de diferentes lugares de la geografía española serán asignados a diferentes misiones, cada una de ellas vital para que funcione perfectamente todo el dispositivo. Miembros del GREIM, Bomberos de rescate vertical de diferentes regiones, Ertzaintza, la Unidad Militar de Emergencias pero, sobre todo, espeleosocorristas y jefes de equipo civiles procedentes de distintos clubs y federaciones trabajarán hombro con hombro con un mismo objetivo.

Un equipo se encargará de balizar los accesos y retornos del sistema hasta el PC (Puesto de Control). Otros se encargarán de establecer las comunicaciones, tanto por hilo genefónico, como por comunicación inalámbrica empleando la conductividad del terreno. En el interior de la cavidad se desplegarán más de 1.500 metros de cable y 7 estaciones para instalar un Genéfono. Mediante un puente de comunicaciones se establecerá conexión por radio desde las proximidades de la boca hasta el PC, lo que permitirá mantener contacto con el interior desde el mismo campamento. Un equipo de desobstrucción se centrará en ampliar los pasos estrechos para permitir el paso de la camilla. En el campamento otros grupos se encargarán de preparar los avituallamientos del personal y de organizar los más de 2.500m de cuerdas y material de rescate diverso que los equipos de evacuación tendrán que llevar consigo.

En una reunión previa se distribuye a los espeleosocorristas en 7 equipos de evacuación. Los jefes de equipo posteriormente reciben su misión y se establece un horario secuencial de entrada, de modo que la camilla tiene un responsable en cada sector, estableciendo claramente los puntos de entrega.

Desde que sale el primer equipo de evacuación hasta que la camilla es entregada a la ambulancia o al helicóptero medicalizado pasarán más de 24 horas de intenso trabajo; más de 30 desde que se dio el primer aviso y unas 48 desde que se produjo el accidente. Durante dos días el herido tendrá que aguantar todo tipo de maniobras, además de las duras condiciones de temperatura y humedad. Cada equipo dará lo mejor de si mismo para salvar una vida que quizás en un futuro podría ser la suya.

A la complejidad de todo este engranaje hay que sumar la dificultad de encontrar suficientes recursos humanos capacitados para ello. El modelo de rescate llevado a cabo en Aragón es un ejemplo de trabajo en equipo y coordinación entre diferentes cuerpos de emergencias e incluso entre espeleólogos de diferentes comunidades autónomas. Una vez dentro de la cavidad, cuando el barro ha cubiertos las insignias y logos distintivos, todos lucen los mismos galones y pasan a formar parte del mismo equipo.

El fin de semana 29 y 30 de septiembre se realizó en el sistema Lecherines una de las tres prácticas anuales de espeleosocorro que organiza la Federación aragonesa. Esta es seguramente la práctica de mayor envergadura en todo el estado y en la que se involucra una mayor diversidad de cuerpos de emergencia y especialistas de la espeleología.

El supuesto narrado anteriormente no es más que una descripción del simulacro que se realizó. El dispositivo se desarrolló a pesar de las inclemencias del tiempo, donde las lluvias persistentes y el fuerte viento que rodearon a la actividad no fueron suficientes para hacer desistir el ánimo de los voluntariosos participantes, concienciándonos una vez más de que ese escenario tan adverso forma parte de la realidad que puede rodear a un rescate de verdad. Por desgracia las situaciones reales pueden ser a mucha mayor profundidad y en circunstancias mucho más adversas.

El último gran rescate conocido fue el de la AN51, en Navarra. A 600m de profundidad, una espeleóloga belga de 49 años sufrió un desprendimiento que le ocasionó la fractura de un pie y heridas de diferente consideración. El rescate se prolongó más de 80 horas, durante las cuales la víctima estuvo sometida a 4ºC y a una humedad relativa del 100%. Intervinieron en el operativo casi 150 personas y tuvo que remontarse la camilla durante cuatro kilómetros de galerías, para posteriormente izarla a lo largo de 500 metros de pozos verticales. Fue necesario practicar microvoladuras para ampliar los pasos más estrechos y supuso uno de los rescates espeleológicos más importantes y complicados de los últimos años.

El último rescate practicado en Aragón fue el de un catalán de 40 años en el Sistema Sabadell (Panticosa). El accidente se produjo a 220 metros de profundidad. El herido, con fracturas de diversa consideración, fue evacuado tras 24 horas de intensas labores de rescate.

Quizás una de las claves del éxito y del entendimiento que hay entre los diferentes cuerpos y especialistas que participan en este tipo de simulacros resida en la figura del responsable y coordinador de la práctica: Mario Gisbert León, espeleólogo experimentado desde hace más de 25 años, se encarga de coordinar y dirigir estos simulacros sin que su condición de “civil” haya menoscabado la autoridad en sus funciones, teniendo en cuenta la diversidad de cuerpos de seguridad y mandos con los que tiene que trabajar.

Entrevista a Mario Gisbert

¿Desde cuando coordina este tipo de rescates en Aragón?

Realizo las funciones de Coordinador Técnico del Espeleo Socorro Aragonés (E.S.A.) desde el año 1997

¿Son frecuentes los accidentes en la práctica espeleológica?

Aunque incidentes y pequeños accidentes se producen con cierta frecuencia, por suerte no se producen muchos accidentes que exijan la intervención de grupos de espeleosocorro. Generalmente los accidentes más graves o cuya evacuación es más compleja corresponden a espeleólogos experimentados, cuya actividad la efectúan en puntos alejados y distantes de las entradas de las cavidades (muchas de ellas desconocidas y en exploración). Los incidentes cuya resolución es más sencilla (accidentes en la proximidad del exterior, extravíos, demoras, falta de iluminación, etc) suelen ser causados, en cavidades ya conocidas, por espeleólogos noveles o inexpertos.

¿Cuáles son los tipos de incidentes o accidentes que se pueden producir en una cueva?

Los más asiduos son los de extravío-agotamiento y los de caída por terreno inestable o verticales, por incorrecta instalación.
Aunque también se pueden producir por Bloqueo (falta de material o de técnica, falta de iluminación, empotramiento, crecida de caudal, desprendimiento) y en los casos de cursos activos por ahogamientos o en inmersiones de espeleobuceo.

Se ha visto que la participación de espeleólogos expertos es indispensable en un rescate. ¿Son parte obligada de su formación y/o entrenamiento las técnicas de espeleosocorro?

Cualquier espeleólogo practicante tiene la obligación moral de estar formado en las técnicas de espeleosocorro, ya que en caso de accidente de un compañero, le tocará colaborar en su evacuación.

Hemos visto por encima el despliegue de medios que exige el rescate de un espeleólogo. ¿Es fácil coordinar a tanta gente y tan diversa en un operativo como éste?

Es compleja la coordinación de un operativo de este tipo, pero no se organiza partiendo de cero, el E.S.A. lleva más de 30 años realizando ejercicios y simulacros de este tipo, formando e involucrando a los distintos grupos profesionales de rescate.

¿Cómo se moviliza a un dispositivo de casi 200 personas y de tan diversa naturaleza?

Estableciendo previamente contacto y relaciones con los distintos grupos y entidades que pueden participar. Cooperar en las actividades y ejercicios que efectuan los diversos grupos hace que se cree un vínculo que incita a asistir a la convocatoria de este tipo de simulacros.

¿Cuál es la principal dificultad a la hora de enfrentarse a un rescate de este tipo?

La mayor dificultad que podemos encontrar en las intervenciones en Aragón es el establecimiento del campamento de altura (Puesto de Control, intendencia, etc) que pueda dar el soporte necesario a las más de 100 personas que van a intervenir en el interior de la cavidad. La mayor parte de las cavidades en Pirineos se hallan a más de 2.000m,, lo que obliga a largas aproximaciones y al empleo de helicópteros –medio no siempre disponible dependiendo de las condiciones meteorológicas-.

Normalmente en otro tipo de emergencias, las competencias están delegadas en los cuerpos profesionales. Sin embargo en este tipo de rescates y concretamente en Aragón, la actuación de especialistas civiles es primordial ¿Esto ha generado algún tipo de conflicto?

Todos los grupos profesionales intervinientes ya tienen asumido que, para un rescate espeleológico de cierto nivel, es necesario mucho personal que domine las técnicas de evacuación en cavidades y que se desenvuelva bien en el medio subterráneo. Todos tienen asumido que debemos trabajar conjuntamente en un rescate de este tipo. Como la relación entre los componentes del E.S.A. y los responsables de los diversos grupos de rescate en Aragón viene de muchos años y es bastante cordial, no se originan conflictos. La buena predisposición hacia los rescates en cavidades de los distintos responsables de los grupos profesionales hace que la coordinación entre todos sea bastante buena.

Cuando hay tanta gente realizando una actividad como ésta se generan situaciones de riesgo que incluso pueden derivar en algún incidente ¿De qué manera compensa en la práctica asumir ese riesgo?

Desde los primeros simulacros que se vienen efectuando nos hemos cuestionado esta cuestión. Asumimos que el riesgo es elevado y asumimos que puede haber accidentes. Si no nos ejercitamos en un simulacro de envergadura, trabajando gente de diversos grupos y lugares, cuando suceda un accidente grave a profundidad, posiblemente además del accidentado, que será rescatado en penosas condiciones, habrá que auxiliar a bastantes de los espeleosocorristas que hayan intervenido.

¿Qué cosas podemos mejorar respecto a países, como Francia, con una importante tradición espeleológica y por extensión, en este tipo de intervenciones?

Debido a la cercanía con Francia, los métodos y formas de llevar un rescate espeleológico son similares en los dos países. La mayor diferencia, y que en España no sé si se apañará, es la falta de unión y coordinación estatal que aglutinara a todos los grupos de espeleosocorro territoriales y autonómicos. En caso de una intervención larga y complicada, ésta falta de unión restará eficacia a la intervención.

¿Cómo puede un espeleólogo practicante llegar a formar parte de un dispositivo de espeleosocorro?

En España, 10 u 11 Comunidades cuentan con grupos voluntarios de espeleosocorro, principalmente pertenecientes a las federaciones correspondientes. Cualquier interesado debería ponerse en contacto con el grupo de su Comunidad y participar en los distintos ejercicios prácticos. De no existir grupo en la Comunidad, cualquier grupo de las comunidades cercanas, estará encantado de poder contar con más personal.

Hemos visto la importancia del operativo, pero también es importante una actuación previa del propio equipo del accidentado. ¿Cuales serían las pautas a seguir en caso de accidente?

Las recomendaciones en caso de accidente serían:
-Dejar al herido en lugar seguro y estable, en posicion lateral.
-No moverlo innecesariamente
-Tratar las hemorragias (vendaje compresivo)
-Mantener al herido en calor. Animarlo
-No dejar solo al herido si es posible
-Balizar el camino de acceso al herido

Y una vez en el exterior, informar de los siguientes datos:
-Nombre de la cavidad
-Situación (población más cercana)
-Localización precisa. Accesos
-Lugar de la cavidad donde ha ocurrido (descripción de la cavidad hasta el lugar del accidente)
-Número de heridos, su estado y causas del accidente
-Instalación de la cavidad
-Material disponible en el lugar del accidente (cuerdas, carburo, spit, placas, etc.)
-Nombre del grupo que figura en la boca de cavidad
-Teléfono desde el que se llama

Notas aclaratorias:

Si las condiciones lo permiten –meteorología, conocimiento del sistema, etc.-, los miembros del GREIM, como primer equipo de intervención, son capaces de rebajar este tiempo, realizar la primera actuación sobre el herido y valorar la situación y recursos necesarios para el operativo de rescate.

Son muy pocos los facultativos en España que están preparados para acceder a un accidentado en espeleología, ya que deben ser además, expertos y buenos deportistas de la especialidad. Actualmente el SEMAC en España es la asociación a la que pertenecen estos profesionales dispuestos a acudir a un rescate espeleológico de gran envergadura.

El conjunto que puede llegar a transportarse puede superar los 120Kg.

Durante los simulacros, se utilizan varios voluntarios para hacer de víctima. Las condiciones son tan duras que deben establecerse relevos cada uno o dos sectores.

Más información: www.federacionaragonesaespeleologia.com/socorro


Un rescate en espeleología puede movilizar a decenas de profesionales y civiles preparados











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