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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 21 de Diciembre de 2012

Desde el corazón de Laponia hasta el mar en canoa. Por José Mijares y Lonchas

“En septiembre, aprovechando la belleza del otoño en Laponia y 3 semanas de vacaciones, salí de nuevo con Lonchas. En canoa. Nunca antes habíamos viajado así, tenía dudas. Comenzamos descendiendo el Ivalojokki. 17 días después, después de algunas vicisitudes, llegábamos al mar.” Nuestros viejos amigos José Mijares y Lonchas vuelven a perderse por su hogar: Laponia

Fiel a su cita, y como cada año al llegar el otoño, José Mijares aprovecha sus últimos días libres para perderse por Laponia. “Aunque no hago otra cosa que viajar intensamente por Laponia en los últimos años, aún me quedan lugares por conocer y nuevas formas de moverme por este inmenso territorio. ¡Y cada vez vuelvo más contento a casa!”.

Cuando este año nos contó sus planes, pensamos que viajaría sin su fiel e inseparable compañero Lonchas. Porque es un perro algo de secano, y además, en una canoa, lo principal que aporta con sus 52 kilogramos es peso; aunque sin duda se trata de un perro muy hábil, dudábamos de su capacidad como remero y patrón de embarcación.

Pero estos detalles no son suficientes para que dos amigos se separen. Así que ignorando cualquier cuestión de índole práctica, decidió que Lonchas iba a volver a acompañarle en su nueva aventura lapona.

Además, de los videos parece deducirse que a Lonchas, mientras le lleven, recorra y contemple mundo, y le de el sol, ya le va bien para estar a gusto.

“Volví a poner mapas y calculadora sobre la mesa e intente "pintar" una linea que me llevara desde el corazón de Laponia hasta el mar. La única condición: que cupiera canoa con inexperto a bordo y perro tumbado al sol…o la lluvia. Hoy por ti mañana por mi.

Nunca antes había viajado en canoa, así que sobre todo, tenia dudas.

Mi buen amigo Hilo Moreno acababa de terminar uno de esos viajes que no se olvidan en toda una vida: mil millas por el Yukón y sus afluentes. Y yo quería hacer algo similar en el patio de casa, Laponia.

Con ayuda de otro amigo, Luis Martínez, llegué a la conclusión de que debía comenzar descendiendo el Ivalojokki, que según dicen es el mejor río de canoa en Finlandia. Un río cortito. Navegable. Y con 30 secciones de rápidos de hasta clase II.

El Ivalojokki se conoce como el pequeño Yukón. Tuvo sus buscadores de oro y gente majareta venida de toda Finlandia batearon en sus orillas durante décadas. Hoy esos pocos edificios abandonados son patrimonio cultural de Laponia y afortunadamente no hay nada en las cercanías: ni carreteras, ni gente, ni nada más que vida salvaje y unas pocas cabañas solitarias en donde poder hacer noche. Justo lo que necesitaba después de una larga temporada turística de trabajo.

Desde Ivalon Matti hasta Ivalo recorrimos 140 km a través de un estrecho río y un bosque bellísimo incendiado por el temprano otoño en estas latitudes. En el primer video, grabado en mi tercer día de canoa (en toda mi vida), podéis ver justo la sección clave del rio Ivalojokki, un tramo de clase II. Como podéis ver, creo que no lo hicimos tan mal. Lonchas esta particularmente bien, y eso que nunca fue un lobo de mar...

¡¡Qué bonita la entrada a Ivalo a través del río! Se acababa la 1º parte del viaje. Dejé la canoa en el amarre del hotel que suelo frecuentar allí y dedique un día a comprar provisiones y a remolonear por esa pequeña ciudad.. Desde Ivalo navegaríamos todo el lago Inari Y mas allá, al terminar el lago Inari, comenzaría la 3º y última parte a través del Vatsari Wildernes, hasta llegar el mar.

El rio Ivalojokki penetra en el lago Inari a través de un bonito delta plagado de casas estupendas. Da la sensación de que sus pobladores son gente con recursos y buen gusto en su mayoría.

El Inari tiene algo mas de 1000 km2 y cerca de 3000 islas. En ese laberinto debía, sobre todo, ser capaz de orientarme a simple vista con la única ayuda de un mapa 1:50.000 sobre la canoa. Había GPSteado algunos cabos y cabañas, pero procuraba orientarme a simple vista, cosa que no me pareció muy difícil. Más bien fue un juego entretenido.

Bajar por el río era una cosa. Pero enfrentarse a un lago de esas dimensiones, con cruces de hasta 4km es otra muy diferente, y no fue hasta pasados unos días que me atrevería a enfrentarme a esos abiertos del lago. Por supuesto aprovechando que no hubiera viento, y rezando para que Lonchas no se dedicara a caminar por la canoa…El plan de emergencias no estaba muy definido; aún dudo mucho de que haya un plan B si uno vuelca en mitad del lago.

He llevado una canoa Ally de 15 pies, desmontable, y desde luego estoy encantado con la estabilidad que me ha proporcionado y lo bien que ha navegado, a pesar de ir solo y con bastante carga. Lonchas pesa 52 kilos y el muy mamón se come 1 kilo de comida al día. Lo normal era avanzar a 4/5 km hora, a pesar del oleaje y el viento que llegué a tener en algunos lugares.

Siete días de remo me costó llegar desde Ivalo hasta el ultimo resquicio de lago en el noreste, un lugar llamado Surnukoski (69º15´N-28º40´E). Calculo que serían unos 150 km. Muchas vueltas tuve que dar buscando los lugares más estrechos del lago y muchos rodeos para ponerme al resguardo del viento.

Esos pasillos estrechos del lago son realmente bonitos, por no hablar de sus minúsculas islas, en donde a menudo desembarcábamos a estirar piernas y patas.

Vi cientos de restos de hogueras. Imagino a mas de uno "perdido" con un par de cañas, unas birras refrescando en la orilla y un buen fuego. ¡Tengo que aprender a pescar!

La mitad de las noches las pase en cabañas, muy bien abastecidas de leña y gas, y las otras en mi diminuta tienda. Sólo en un par de ocasiones encontré fugazmente algunos pescadores,. En general estuve casi siempre con la única compañía de Lonchas. No tenia la menor gana de encontrar a nadie. Y sí de estar solo, pensar y leer al atardecer.

Al terminar el lago Inari me esperaba la tercera y mas difícil parte de mi viaje: atravesar el Vatsari Wilderness. Lo poco que sabía de Vatsari era que estaba plagado de lagos y ríos minúsculos. Si arrastraba o porteaba la canoa de lago a lago y navegaba por estos, podría ir avanzando en mi camino hacia el mar, como era mi intención.

Fueron 7 días de trabajo duro, de portear y navegar por lagos perdidos...lo cual me gustó mucho.

Tras todos los porteos imaginables, tras navegar por un montón de pequeños lagos, llegué por fin al rio (Sandneselva) que me llevaría al mar, al Langfjorden, a las puertas de Kirkenes.

El último de los innumerables ríos (Sandneselva) fue la puntilla. No tenía información previa y pensé que podría hacerme con él. No fue así. Volqué 3 veces, perdí el remo y el de repuesto, Lonchas quedó atrapado debajo de la canoa en uno de los vuelcos, mientras yo me agarraba a un árbol en mitad del río...y mientras la canoa seguía sola río abajo. Tan solo tuve tiempo de hacer una foto, y de reírme de mí mismo. No fue el único vuelco: en otro, la canoa se atoró en una roca y empezó a doblarse peligrósamente. A pesar de ello, la pude desdoblar y seguir navegando.

Pero no perdí el buen humor. Y conseguí llegar al Langfjord, al mar y eso me llenó de satisfacción.

17 días en total desde el corazón de Laponia hasta el mar. Otro viaje con final lógico, que le da otra perspectiva a lo vivido. Otra línea en mi mapa de Laponia. Y en el de mi vida.”


José Mijares


Lonchas, en la canoa, cruzando Laponia





José Mijares
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Fin de travesía

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Comentarios

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1 comentario

1. montañEX - 23 Dic 2012, 21:39
Preciosa aventura e inolvidable experiencia...ahora lonchas ponía cara de acojonao en los rápidos y corrientes...qué gran compañero tienes, seguro que fiel...enhorabuena José Mijares por esta singular aventura

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