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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 16 de Mayo de 2013

Crónica de la apertura del Rumchet Khola por los barranquistas españoles del ECH. 2.450m de desnivel, 11km de cañón himaláyico en el Manaslu

Recién llegados a Katmandú tras 35 días prácticamente incomunicados, nos envían una crónica de las vicisitudes pasadas durante la gran apertura que ha realizado este equipo barranquista.


ECH
Rumchet Khola

“El Runchet se presenta como un auténtico cañón sin apenas tiempos muertos. El caudal, la continuidad, el ambiente y la baja temperatura del agua ha sido la tónica de un descenso que va mostrando diferentes matices a medida que uno progresa por él. 7 días de apertura han hecho falta para completar su exploración que establece 7 tramos de descenso con personalidad propia. Al ambiente alpino del primer tramo, le sigue el entorno salvaje y completamente aislado del segundo y tercer tramo donde no existen escapes operativos y se hace necesario pernoctar dentro. A partir del cuarto tramo el agua comienza a dominar el entorno, surtiendo el recorrido de cascadas, pasillos, marmitas y estrechos de gran valor estético y deportivo. El tramo que atraviesa Runchet no tiene desperdicio. Rápeles fraccionados, pasillos de agua acanalada, cascadas que mueren en tormentosas marmitas y como no, la compañía de la gente de Runchet, observándonos con curiosidad, algunos con admiración y la mayoría con extrañeza. Y finalmente, los últimos tramos, los más deportivos y que concentran casi todo tipo de dificultades: grandes rápeles, sifones, contras, cascadas por el agua, pasillos, estrechos, etc…

Sin embargo, quizás lo que más nos llena de satisfacción no es el hecho de haber encontrado un barranco de estas dimensiones y con esta continuidad (unos 80 rápeles obligados), sino la forma y la filosofía con la que hemos ejecutado su exploración. Abierto y descendido de forma integral, en una sola campaña, con tramos de obligada autonomía y total desconocimiento, con campamento base, campamentos avanzados, puntos de avituallamiento y con un trabajo de prospección tan intenso que ha conseguido hacer factible lo que desde España parecía una osadía, estableciendo tramos y objetivos ambiciosos pero asequibles. Sin duda la clave del éxito ha sido la planificación.”


Un verdadero monstruo el barranco que ha abierto este año en el Manaslu el equipo de barranquistas de diferentes CCAA. Recién llegados a Katmandú, nos envían la crónica de lo acontecido:


ECH

“Namasté amigos

Ayer llegamos todos a Katmandú tras casi 35 días de expedición en los que hemos estado prácticamente incomunicados. Sólo a través del teléfono satélite hemos podido informar muy puntualmente de los acontecimientos. Ya nos hubiera gustado compartir día a día la evolución de la apertura del Runchet Khola, con nuestras inquietudes e incertidumbres, que no han sido pocas. Por eso queremos aprovechar para contar de primera mano cómo ha sido la expedición a grandes rasgos, antes de regresar mañana a España. Ya habrá tiempo para recrearnos en los detalles y las anécdotas. De momento os dejamos este resumen, conformado por retales de diarios y recuerdos.

“Este es nuestro décimo día en Runchet y las expectativas de apertura se visten de optimismo por primera vez. Tras llegar a los pies de estas montañas, las lluvias sembraron el pesimismo entre el equipo por el temor a encontrarnos con un monzón prematuro. Han sido casi siete días de lluvias persistentes que han complicado enormemente los trabajos de prospección y de apertura.

Tras nuestra llegada a Runchet y montar el campamento base, comenzamos inmediatamente con los trabajos de prospección. Durante la jornada siguiente se formaron tres equipos. Dos de ellos y pese a las lluvias, consiguieron inspeccionar desde las sendas locales dos tramos del cañón; su tramo inferior (desde Runchet hasta la confluencia con el Budhi Gandaki) y su tramo superior hasta la cota 2.200. El tercer equipo se quedó en el campo base ultimando preparativos.

Al día siguiente la lluvia irrumpió en el valle con intensidad, imposibilitando cualquier trabajo de campo y cuestionando el futuro de la expedición. Lo que pensábamos que eran precipitaciones aisladas comenzaban a parecerse demasiado a las temidas lluvias premonzónicas. Aun así, haciendo un acto de fe, continuamos con la exploración de un acceso a la cabecera por la vertiente Norte. Conseguimos llegar hasta la cota 2.900 y decidimos establecer allí un primer campamento avanzado.

Las lluvias siguen arreciando mientras el caudal del cañón aumenta. Apostamos por seguir trabajando en los tramos superiores de menos agua con la esperanza de que cese el mal tiempo y se normalicen los tramos inferiores. Aun así, conseguimos montar el campamento avanzado (C1) y explorar un posible escape de emergencia.

El día 24 de abril, desde el C1 un equipo acompañado por guías locales se encamina hacia la cabecera de cañón, abriendo camino entre la selva nepali y alcanzando su objetivo a primera hora de la tarde, estableciendo cabecera a 3.331 metros de altura, justo al inicio de la cota de nieve. Aguas arriba el cañón sigue, pero ya con tramos de cauce helados.

Se establece un C2 en un escape del barranco situado a unos 50 min del C1, que servirá de punto de avituallamiento.

El día 25 de abril se decide lanzar el primer ataque y explorar el tramo superior del cañón. Nos levantamos a las 4 am y tras desayunar, nos encaminamos hacia la cabecera, que alcanzamos a las 8h. Tras realizar la tradicional puja y encomendar nuestra suerte a Shiva, comenzamos por fin con la apertura del Runchet Khola. Desde el comienzo, el cañón lleva abundante caudal y ofrece una morfología encajada, por lo que no hay apenas pasos de transición. Un rápel, otro rápel, pasillos, infinidad de resaltes que se van superando entre la resbaladiza e impenetrable roca de cuarcita hasta equipar un total de 13 verticales, alcanzando el C2 a las 15 horas.

La suerte parece haber cambiado. Tras realizar una llamada por teléfono satélite a Katmandu, nos informan de que nos esperan 15 días de buen tiempo. Los ánimos se vienen arriba y se decide continuar con la exploración al día siguiente.


ECH

El día 26 se forman dos equipos de apertura para explorar un tramo de cañón de unos 800 metros de desnivel y del cual sólo se conoce un comprometido escape de emergencia, así que se transporta intendencia de vivac. Desde el C2, se explora hasta la cota 2.400 aproximadamente, donde se hace noche en el interior del cañón. Al día siguiente, se continúa con la apertura, alcanzado la cota 2.200 a las 13h del día 27 y dando por finalizada la exploración de los primeros 1.200 metros de cañón.

El equipo al completo regresa al campamento base. La jornada del día 28 se dedica a descansar y preparar la apertura de los tramos medios.

El 29 de abril, se explora el tramo comprendido entre la cota 2.200 y 1.900, aproximadamente. Se trata de un tramo de cauce abierto en sus inicios, pero que a medida que vamos descendiendo nos va sorprendiendo con varios saltos de hasta 8 metros y rápeles con recepciones agitadas. Las contras y drossages comienzan a dominar las marmitas.

El 30 de abril fue un día muy especial para nosotros. Se abrió el tramo que va desde la cota 1.900 hasta la 1.550 aproximadamente y que pasa por la población de Runchet. Ya son 15 días los que llevamos conviviendo con la población y están expectantes de nuestras actividades, pues por primera vez van a saber qué es lo que hemos estado haciendo aguas arriba durante todos estos días. Así pues este tramo se convierte en un descenso casi de exhibición. Los más jóvenes se encaraman desde lo alto de las paredes del cañón, casi arriesgando sus vidas para poder tener un lugar privilegiado desde el que observarnos. En los tramos de cauce abierto, los escolares no reciben con entusiasmo, ya que en el colegio les han dado la mañana libre para poder vernos. Nos aplauden cada vez que nos ven bajar un rápel o saltar a una marmita.

Este tramo, de gran continuidad y con cascadas de fuerte compromiso no nos lo puso nada fácil y permitió difundir entre los habitantes de Runchet un gran respeto y admiración por nuestra actividad.

A las pocas horas de terminar el descenso, se desencadenó una tormenta descomunal. Llovió con tanta intensidad que en pocos minutos el agua ya corría por el interior del campamento. El cañón entró en carga violentamente tiñendo el cauce de turbulenta agua marrón y llenando de sombras el futuro de la expedición. Nos vemos obligados a esperar durante dos días a que el caudal se normalice. Aun así se aprovecha para establecer los puntos de escape aguas abajo.

Las lluvias vespertinas no han dado tregua, aunque han bajado su intensidad. El caudal de Runchet sigue siendo bastante más alto del habitual, pero el tiempo se nos echa encima. El día 3 de mayo, se lanza un primer ataque al tramo inferior. Los restos de crecida son evidentes y algunas de las instalaciones abandonadas el último día han quedado sumergidas bajo el agua durante la crecida. Sobre el puente que marca el inicio de este tramo final de 800 metros, valoramos el caudal y sobre todo, las tres primeras dificultades. Tres cascadas se suceden para darnos la bienvenida en uno de los tramos más engorgados del descenso. Finalmente decidimos entrar tras estudiar los pasos claves y coincidir en su viabilidad. Superamos las tres cascadas por dentro del agua en uno de los rincones más bellos del descenso. El ambiente sombrío y fuertemente encajado nos evoca a los pasajes angostos de los descensos más míticos. El descenso continua entre un caos monumental, donde el agua se escurre entre pasillos esquivos que nos obligan a trabajar en cada resalte. En una de las recepciones, el primero mediante fuertes brazadas consiguió escapar de la vena principal que en ese punto estaba asociada a un sifón. Pero por si faltaba algún ingrediente al descenso, una gran vertical de 70 metros aparece en nuestro camino conformando una de las cascadas más salvajes. Tras un pasillo encajado, el agua se precipita al vacío, estallando en un resalte ubicado 5 metros más abajo y que recoge también aguas que circulan a un segundo nivel, creando un ambiente formidable. Mediante una escalada y tras fraccionar a unos 20 metros, conseguimos salvar esta gran vertical. Pero no todo acababa ahí. Nuestro punto de escape se encuentra un poco más abajo y el cañón todavía se reserva una sorpresa. En un tramo excavado en una de las cuarcitas más duras que hemos encontrado, el cauce se estrecha, ganando velocidad y precipitándose en una cascada de unos 15 metros. Intentamos salvarla por la derecha, pero el taladro es incapaz de perforar la roca. Así que mediante clavijas, intentamos trazar un pasamanos de unos 10 metros que en travesía, nos permita salvar la dificultad. Pero justo cuando tratamos de colocar el último punto clave, desaparecen las grietas y la posibilidad de terminar el pasamanos. Retrocedemos y tras echar un vistazo alrededor, vemos como única alternativa ir en busca de un árbol que se encuentra en el margen contrario, a unos 15 metros de altura sobre una de las placas inclinadas de cuarcita. Así que no sin dificultades conseguimos acceder a él y desde allí salvar este rápel que da por finalizado este tramo. Son las 17h y llegamos al campamento con las últimas luces del día.

En el equipo hay varios componentes con problemas. Contracturas, gastroenteritis, cansancio, tendinitis, contusiones… así que optamos por dejar un día de reposo general para poder terminar todos juntos el último tramo del cañón.

A las 4 de la mañana del 4 de mayo, nos levantamos todos para desayunar y abrir el último tramo hasta la confluencia con el Budhi Gandaki. Sabemos que se trata de un tramo de cauce amplio, pero hay unas “eses” fuera de nuestro alcance que no sabemos que esconden. Este último tramo, abierto en sus inicios va ganando encajamiento a medida que nos vamos acercando a su desembocadura, ofreciendo cascadas y resaltes que vamos superando hasta que finalmente, a las 12h conseguimos superar los tres últimos rápeles que nos separan del Budhi Gandaki. Allí, mojamos nuestros pies en sus turbulentas aguas. El altímetro marca 872 metros, dando al Runchet Khola, un desnivel total de 2.459 metros.

El Runchet se presenta como un auténtico cañón sin apenas tiempos muertos. El caudal, la continuidad, el ambiente y la baja temperatura del agua ha sido la tónica de un descenso que va mostrando diferentes matices a medida que uno progresa por él. 7 días de apertura han hecho falta para completar su exploración que establece 7 tramos de descenso con personalidad propia. Al ambiente alpino del primer tramo, le sigue el entorno salvaje y completamente aislado del segundo y tercer tramo donde no existen escapes operativos y se hace necesario pernoctar dentro. A partir del cuarto tramo el agua comienza a dominar el entorno, surtiendo el recorrido de cascadas, pasillos, marmitas y estrechos de gran valor estético y deportivo. El tramo que atraviesa Runchet no tiene desperdicio. Rápeles fraccionados, pasillos de agua acanalada, cascadas que mueren en tormentosas marmitas y como no, la compañía de la gente de Runchet, observándonos con curiosidad, algunos con admiración y la mayoría con extrañeza. Y finalmente, los últimos tramos, los más deportivos y que concentran casi todo tipo de dificultades: grandes rápeles, sifones, contras, cascadas por el agua, pasillos, estrechos, etc…

Sin embargo, quizás lo que más nos llena de satisfacción no es el hecho de haber encontrado un barranco de estas dimensiones y con esta continuidad (unos 80 rápeles obligados), sino la forma y la filosofía con la que hemos ejecutado su exploración. Abierto y descendido de forma integral, en una sola campaña, con tramos de obligada autonomía y total desconocimiento, con campamento base, campamentos avanzados, puntos de avituallamiento y con un trabajo de prospección tan intenso que ha conseguido hacer factible lo que desde España parecía una osadía, estableciendo tramos y objetivos ambiciosos pero asequibles. Sin duda la clave del éxito ha sido la planificación.

También queremos destacar la humilde labor humanitaria que hemos tratado de realizar en la zona. En este sentido, cabe destacar el gran trabajo que Sanda Javares ha realizado como médico de la población, atendiendo a decenas y decenas de personas durante sus días y ratos “libres”. También la donación al puesto de atención sanitaria de Runchet, donde se hizo entrega de abundante material médico. Además se entregaron más de 600 lápices, mapas de Runchet a escala 1:15.000 confeccionados en España para la ocasión y, sobretodo, la donación de 2.000 € que irán destinados íntegramente a la equipación de un aula de informática en Runchet. Ayuda que nos sabe a bien poco después del trato recibido por sus habitantes durante estos días.

No me extiendo más. Ahora parece que queda muy lejos aquellos días en los que más de uno daba vueltas por la noche en su tienda de campaña, pensando que el trabajo, el esfuerzo y la inversión de todo un año iba a irse por la borda con las lluvias premonzónicas. Ahora parece que todo ha sido fácil. Pero sólo nos han sobrado apenas tres días de los 35 que ya llevamos en Nepal.

Namasté amigos”


ECH

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Comentarios

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2 comentarios

2. mamadou - 16 May 2013, 18:46
Bravo. No sé puede decir más. Excepcional actividad. Enhorabuena de verdad.

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1. basobaltz - 16 May 2013, 14:30
excelente!!!pedazo de actividad!!!increible!!impresionante!! felicidades y enhorabbuena a todo el ekipo!!!

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