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ACTUALIDAD | NOTICIAS | 18 de Junio de 2014

6 semanas, 3.300km recorridos. Ramón de Larramendi y su trineo de viento cruzan el Circulo Polar Ártico; muy cerca de conseguir su objetivo

Video: la vida cotidiana en el interior del Trineo de Viento de Ramón de Larramendi



El Trineo de Viento de Ramón de Larramendi, con él mismo, Manuel Olivera, Eusebio Beamonte, Karin Moe Bojsen y Hugo Svenson a bordo, acabó de cruzar el Círculo Polar Ártico rumbo sur, de vuelta al punto de partida que abandonaron hace 6 meses, más cerca de finalizar la 1ª Circunnavegación del hielo del interior de Groenlandia, tras 3.300km recorridos de los 4.500km previstos.

No está siendo fácil, debido principalmente al calor, que está provocando que los vientos sean menos intensos de lo habitual, tras una elevada e inesperada subida drástica de las temperaturas. En las últimas fechas ha habido días en los que han superado los 200km recorridos, frente a otros de ritmo menor. Y es que el cambio ha sido muy radical: la media de temperaturas, que rondaba los -25ºC, ha subido 30ºC, hasta los +3ºC. “En todos los años que llevo viajando por esta isla, es la primera vez que tengo tanto calor en el interior del hielo; la subida ha sido prácticamente de un día para otro y provoca que durante las horas de más sol disminuya la intensidad del viento”, afirma Larramendi por medio del teléfono satélite.

Esto les ha traído un problema añadido: el hielo que se forma entre los travesaños del trineo de viento también los suelda. Y al descongelarse han podido comprobar que algunos de ellos habían sufrido daños en zonas de sastrugis, y han tenido que repararlos. “Afortunadamente, aunque nos lleva horas arreglar el trineo, es relativamente sencillo. Es una de las ventajas de no viajar con un vehículo motorizado que requiere piezas sofisticadas. Todo lo podemos solucionar con los materiales que llevamos a bordo sin poner el riesgo que podamos culminar la ruta por culpa de una rotura”, asegura Larramendi, director de Tierras Polares, su agencia de viajes ártica.

Reparando los travesaños del trineo

No sólo los travesaños descongelan. La nieve se reblandece, ralentizando el avance. Pero esto no ha impedido el avance del Trineo. Acaban de cruzar en perpendicular la ruta de las expediciones tradicionales que va a de oeste a este de la isla. “Por primera vez en mes y medio encontramos rastros de otros seres humanos en este desierto de hielo. Eran muros de nieve, de los que se levantan para proteger las tiendas de campaña”, explican.

Y un hito psicológico importante: en su regreso al sur, han vuelto a cruzar el Círculo Polar Ártico, a 65º Norte 57’.

Su salud es buena, así como su ánimo, que fluctúa según la intensidad del viento, y tienen alimentos liofilizados suficientes, aunque escasean galletas y pan.

“Lo más importante es no desesperar, tener paciencia y estar siempre vigilantes para aprovechar el momento en el que suba de intensidad e iniciar la marcha”, señala Manuel Olivera, responsable de tomar datos científicos para el Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC).

Navegando en el trineo

Científicos apoyan el Trineo de Viento

En los últimos días, científicos españoles que trabajan en la Antártida y el Ártico han manifestado su apoyo a este vehículo. Andrés Barbosa, investigador experto en poblaciones de pingüinos y vicedirector de Investigación del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) ha señalado: “El empleo del Trineo de Viento como plataforma de apoyo a la investigación polar puede ser de gran utilidad en cualquier tipo de investigación que se tenga que desarrollar en la meseta antártica. Si bien  el grueso de la actividad investigadora en la Antártida se lleva a cabo en la región marítimo-costera, existen una serie de trabajos que deben llevarse en la remota región central del continente como puede ser la búsqueda meteoritos, la investigación sobre la presencia de microorganismos, presencia de contaminantes, investigación atmosférica, investigaciones geológicas, recolección de testigos de hielo para estudios del pasado, estudios geofísicos y astronómicos, validación y calibración de medidas de satélite, entre otros”.

Por su parte, Leopoldo García Sancho, catedrático de Botánica en la Universidad Complutense de Madrid y premio Príncipe de Asturias de Cooperación, como miembro del Comité de Investigación Científica en la Antártida, asegura:

“Los científicos debemos tomar nota de este nuevo vehículo que nos permite penetrar en lo más profundo de la Antártida y cubrir distancias enormes con un mínimo apoyo logístico y 0.0 emisiones. Las posibilidades que se abren a los estudiosos de la física, la glaciología y la atmósfera antárticas son evidentes. También el estudio de las perturbaciones químicas en la atmósfera polar provocadas por la actividad industrial en otras zonas del planeta, puede beneficiarse del muestreo desde una plataforma limpia y capaz de desplazarse grandes distancias. Como biólogo, imagino grandes posibilidades en la búsqueda de los diminutos propágulos vitales que extienden la vida sobre nuestro planeta. En la límpida atmósfera antártica flotan, sin duda, las esporas que permiten colonizar a musgos tropicales las fumarolas de los volcanes antárticos o a los líquenes crecer sobre rocas aisladas recién descubiertas de hielo, pero los datos que tenemos sobre ellas son escasísimos. El “Trineo del Viento” sería el mejor instrumento para llevar a cabo esta pesca sutil de las partículas vitales que siembran el mundo”.

También Juan Ignacio López, del Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC), quien analizará los datos recogidos por el trineo ha comentado:

“El Trineo de Viento puede constituir una auténtica revolución en los estudios de estas regiones, permitiendo desplazamientos rápidos y sin apenas impacto ambiental por amplias zonas de hielo, transportar sensores e instrumental que ayuden a medir tasas de cambio, y estimar o inferir las condiciones climáticas precedentes, las condiciones del manto de nieve y las propiedades físicas y químicas del hielo, información prácticamente no disponible hasta la fecha para la comunidad científica”.

Y Ana Cabrerizo, investigadora en el Instituto de Medio Ambiente y Sostenibilidad de la Comisión Europea, asegura:

“En el muestreo y determinación de contaminantes, mediante el uso de muestreadores pasivos acoplados al vehículo, el trineo ideado por Ramón Larramendi nos podría suponer una herramienta de gran ayuda en las futuras expediciones a los sitios más inaccesibles de los Polos. Una ayuda que se uniría a la investigación científica que España lleva actualmente en los Polos y que permitiría seguir avanzando en el desarrollo de la ciencia polar. Un trineo, a priori, básico y sostenible que estoy convencida que supondrá una revolución científica”.

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