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ACTUALIDAD | PREPARACIÓN FÍSICA | 18 de Septiembre de 2001

Sobreentrenamiento en deportes de montaña

Por Álvaro Bernal  | 
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El cuerpo humano es una máquina que requiere un mantenimiento muy preciso si se desea llevarlo a un estado de máximo rendimiento físico.

No es fácil definir el sobreentrenamiento. Son muchos los factores que pueden provocar esta situación, pero en cualquier caso sus consecuencias son nefastas para el deportista. El cuerpo humano es una máquina que requiere un mantenimiento muy preciso si se desea llevarlo a un estado de máximo rendimiento físico.

 

El sobreentrenamiento se produce por el efecto repetido de hechos que superan la capacidad de asimilación de nuestro organismo. Lo más habitual es pensar en un "exceso" de entrenamiento. De hecho suele ser así. Pero lo importante es comprender que el progreso físico es un ciclo continuo de trabajo y recuperación. Ambas entidades determinan el avance, el estancamiento o el retroceso. Nos sobreentrenamos cuando no somos capaces de equilibrar el ritmo de trabajo-recuperación. Sea cual sea tu condición física, eres susceptible de encontrarte en este estado. Pensar que es exclusivo de atletas confirmados es un error. Muchos aficionados al deporte creen que un estado de cansancio "perenne" es propio de la actividad deportiva. Falso. El estado habitual del deportista debe ser la plenitud, con independencia de que en determinadas fases de su preparación y/o competiciones la fatiga esté presente.

El deporte es para muchos una actividad gratificante y su aporte a nuestro bienestar físico y emocional es palpable en muy poco tiempo si se respetan unas líneas directrices elementales. Consecuencia de este estado de plenitud, la motivación por la práctica de nuestra actividad deportiva aumenta considerablemente, tanto a veces, que supera el potencial de nuestro organismo para asumir la carga de trabajo. Es fácil pensar que si hoy hemos entrenado durante dos horas a buen ritmo y aún así sentimos que nos quedan fuerzas, 3 horas hubieran sido todavía más productivas. Tal vez, pudiera ser, pero no hay garantías. El principio de "más igual a mejor" es anacrónico y quienes lo defienden demuestran su ignorancia, pero es en el caso de los entrenadores donde no se puede admitir. Muchos deportistas han destrozado sus carreras deportivas al someterse durante largo tiempo a entrenamientos extenuantes que no respondían a un planteamiento personalizado. Tal vez un exceso de autoestima o tal vez un entrenador incapaz, o lo que es peor, un entrenador frustrado que asigna los entrenamientos como si de una guerra se tratase.

El ciclo "esfuerzo-recuperación" requiere de un contexto específico a cada persona. El esfuerzo debe ser gradual y contemplar periodos con objetivos concretos. De lo contrario el deportista no canaliza correctamente su trabajo, y en unos casos no incide con suficiencia, y en otros lo hace más allá de sus posibilidades. Esta es una situación, por desgracia, muy frecuente.

Volvamos al sobreentrenamiento. Éste puede ubicarse en tres niveles que nos permitan situar nuestro estado. En ningún caso son preceptos inamovibles. Posteriormente comentaremos los hechos más frecuentes que lo provocan y la forma de evitarlo.

Sobreentrenamiento leve:

El deportista no está especialmente motivado por el entrenamiento. Con independencia de si compites o no, entrenar no debe ser un calvario. Nadie duda que quien decide llevar su esfuerzo deportivo al plano de la competición debe luchar contra situaciones incómodas, (dolor físico, calor, frío, etc.), pero son inherentes a su actividad y el deportista lo sabe. Si el calor, un programa de televisión o cualquier otro hecho de poca relevancia en circunstancias normales de motivación, nos hacen pensar si debemos o no entrenar, podemos tener el inicio de un sobreentrenamiento. Esta situación si es aislada no debe preocuparnos, pero si se identifica con frecuencia, algo ha cambiado.

En este punto es esencial hacer referencia al aspecto emocional del sobreentrenamiento. Es frecuente encontrar una evidente conexión entre rendimiento físico y mental. De hecho se puede constatar el positivo efecto que ejerce la actividad física moderada en personas con problemas emocionales, en especial, aquellos relativos a la falta de seguridad en uno mismo. Este importante aspecto lo trataremos en un futuro artículo. Si el deportista ha tenido recientemente, o está teniendo, problemas de índole emocional, (pareja, familia, amistad, valores personales, inseguridad laboral, cambios drásticos de contexto personal, etc.), es normal que su motivación por el deporte se resienta. En este caso se debe ser especialmente cuidadoso y valorar lo que supone el deporte para la persona y lograr que este aporte a la solución del problema o en su defecto, a la mejor asimilación del mismo.


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