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ACTUALIDAD | PREPARACIÓN FÍSICA | 31 de Diciembre de 2001

Curioso lactato

Por José Ramón Callén Rodríguez  | 
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Uno de los aspectos más importantes a la hora de planificar el entrenamiento y conocer el estado de forma de un deportista, es el ácido láctico.

En las siguientes líneas se trata de profundizar un poco más en este concepto clave, para comprender su funcionamiento y cómo afecta al rendimiento, sea cual sea la especialidad deportiva que se practique. Con todos vosotros...el ácido láctico.

Foto: Eneko Pou 
Para conocer el estado de forma de un deportista es necesario conocer sus niveles de ácido láctico. 

Recién nacida, la fisiología del ejercicio daba sus primeros pasos en los inicios del siglo XX. Corría el año 1908 y dos investigadores de prestigio, Boyeott y Haldane, llegan a una conclusión que abre las puertas a uno de los aspectos más analizados del entrenamiento y el rendimiento deportivos en la actualidad. Describen la aparición de una sustancia, llamada ácido láctico, cuando existe falta de oxígeno en los músculos que están llevando a cabo una actividad. Años antes, ya se había identificado este compuesto en la carne de los animales, pero todavía no se conocía la repercusión que su exhaustivo análisis iba a provocar décadas más tarde en el mundo del deporte.

Pero para conocerlo mejor, podemos “trasladarlos” a un laboratorio de valoración funcional (también llamados laboratorios de fisiología), donde vamos a “presenciar” una prueba de esfuerzo, en la que se analizan todas las variables que se dan en un deportista y cómo incluirlas posteriormente en el entrenamiento. Allí encontraremos a ese curioso elemento llamado ácido láctico.

Sobre un tapiz rodante (para hacer pruebas de carrera a pie), una bicicleta ergométrica (similar a las bicicletas estáticas) o un banco isocinético (donde se hacen pruebas simulando las brazadas en natación), el organismo de Hicham Elguerrouj, Joane Somarriba y David Meca son estudiados al milímetro. Se analiza cada respiración, sabiendo la cantidad de oxígeno y CO2 que entra y sale de los pulmones en cada inspiración y cada espiración. Latido a latido se trata de ver el comportamiento del corazón, aspecto clave del rendimiento de un deportista. Y por medio de la extracción de una pequeña gotita de sangre, se analiza la composición de ésta a cada momento. Es aquí donde se busca a la sustancia protagonista de este artículo.

Pero no hace falta haber comenzado la prueba para encontrar ácido láctico. Antes de haberse iniciado ésta, ya tenemos ciertas cantidades en nuestra sangre, ya que esta sustancia es el producto resultante de utilizar a la glucosa como energía. El organismo constantemente necesita ciertas cantidades de glucosa (hidratos de carbono) para funcionar correctamente, ya que, por ejemplo, el sistema nervioso central, tan sólo puede funcionar con la energía proveniente de la glucosa. Por ello, el hígado es el encargado de disponer de un almacén de hidratos de carbono (en forma de glucógeno), para ser utilizados en caso de que los niveles sanguíneos y musculares de éstos bajen a cifras peligrosas. Así pues, el precio que pagamos por utilizar la glucosa como fuente de energía, es la producción de ácido láctico. Por ello, ya que dependemos de la glucosa para nuestro correcto funcionamiento, incluso antes del comienzo de la prueba, ya hay cantidades mínimas de lactato en la sangre (a lo largo del artículo utilizaremos indistintamente los conceptos de “ácido láctico” y “lactato”). Esas cantidades se miden en miliMoles por litro de sangre (mmMl/l). En reposo la cifra es de alrededor de 0,7-1 miliMol de lactato por cada litro de sangre.

 
Para una maratón esfundamental conocer a qué velocidad se está en 2miliMoles de lactato. 

Comienza la prueba. El inicio es a intensidades muy ligeras, de manera que se ha de correr, pedalear o “nadar” a ritmos bajos. Pero curiosamente, el lactato sanguíneo baja. La causa viene por un doble motivo. Por una parte, a intensidades bajas de trabajo, la fuente energética fundamental viene a partir de quemar las grasas, con una menor participación de los hidratos de carbono. Por otra parte, el lactato que se sigue produciendo, es “eliminado” de forma sencilla, ya que la circulación sanguínea aumenta, debido a que aumentan las demandas de oxígeno en los tejidos activos, y el bombeo del corazón se “acelera” para satisfacer dichas demandas. Esa mayor cantidad de flujo sanguíneo, es capaz de repartir mejor el lactato a zonas donde es utilizado y transformado, o bien en energía o bien para ser eliminado, como por ejemplo en el corazón o el hígado.



UMBRAL AERÓBICO

El ritmo sigue aumentando, e Hicham, Joane y David, han de correr, pedalear o “nadar” a intensidades mayores, pero que todavía no suponen un esfuerzo intenso. Pese a ello, las concentraciones de lactato sanguíneo, siguen siendo mayores a cada minuto que pasa (ya que a cada minuto se les aumenta la intensidad del ejercicio). Uno, uno y medio y hasta dos miliMoles de lactato por litro de sangre. Llega aquí una cifra “clave”. La cifra de 2 miliMoles de lactato es fundamental a la hora de planificar los ritmos de entrenamiento y competición. Es el conocido “umbral aeróbico”. Hasta esta concentración, tal y como antes ha quedado comentado, el organismo es capaz de limpiar fácilmente el lactato que se produce en el músculo, debido a la utilización de los hidratos de carbono como energía. Pero a partir de este ritmo de esfuerzo, el organismo de Elguerrouj, Somarriba y Meca, comienzan a tener ciertos problemas a la hora de “eliminar” el lactato.

El umbral aeróbico será pues, la primera línea fronteriza importante y a tener muy en cuenta. A partir de ese momento, el momento de los 2 mmMl/l de lactato, si sigue aumentando la intensidad del ejercicio, al ser más difícil para el cuerpo “limpiar” el ácido láctico que se produce, habrá cada vez cantidades más elevadas de lactato, pero que aumentarán en mayor proporción que antes de llegar al umbral aeróbico. El aumento, se dice pues, que se produce de manera más importante, aunque el incremento que se haga de la intensidad, a cada minuto, sea el mismo.


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