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ACTUALIDAD | PREPARACIÓN FÍSICA | 05 de Febrero de 2002

¿Grasas sí? ¿Grasas no?

Por José Ramón Callén Rodríguez  | 
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Son los nutrientes de los que todo el mundo parece querer huir. Su consumo se intenta minimizar al máximo, aunque no de la manera más adecuada. Los productos denominados “light” y la publicidad negativa que se hace de ellas, están en su contra. Son las grasas. El “patito feo” de la alimentación, pero sin embargo, un nutriente esencial en nuestro organismo, que ha de ser muy tenido en cuenta.

www.babanov.com 
Valeri Babanov tuvo que cuidar mucho su alimentación para escalar el Meru en solitario 

Hagamos un esfuerzo por recordar. Intentemos pensar y ver mentalmente la imagen de un deportista conocido mundialmente. Seguramente se nos pasarán por la cabeza miles de imágenes y nombres. Carl Lewis, Marion Jones, Miguel Induráin, Alexander Popov, y un largo etcétera de personajes que en una especialidad u otra, han sido los mejores en sus disciplinas. Todos ellos, para llegar a ese punto culminante, han tenido que planificar cuidadosamente, junto con sus entrenadores, cada uno de sus entrenamientos, además de su alimentación, sus horas de descanso, etc.

Pero sigamos centrándonos en esos deportistas. Seguramente, la primera característica que salta a la vista, es la gran definición muscular de sus cuerpos. “Pulidos” al máximo, sea cual sea la disciplina deportiva, los deportistas de élite tratan de disminuir su tanto por ciento de grasa subcutánea (la que se encuentra bajo la piel). Y el motivo, es que esa grasa subcutánea, solamente es un lastre extra que se ha de mover durante la competición, ya que su aportación útil para el desarrollo de actividades como la natación, las carreras de velocidad, de fondo, o el ciclismo (entre otros), es casi nula. Por ello, tener mayor cantidad de grasa bajo la piel, supone un mayor peso corporal que en nada beneficia al rendimiento.

Algunos estudios científicos de gran prestigio, han demostrado, que menores tantos por ciento de grasa corporal, están relacionados con mejores rendimientos y mayores consumos máximos de oxígeno (aspecto que ya abordamos en los artículos: “consume oxígeno” y “consume oxígeno II: la fórmula”).

Pero cuidado, porque si bien el deportista ha de procurar un consumo moderado de grasas (en torno al 20-25% de las calorías totales diarias), éstas han de estar presentes diariamente en la alimentación, para que pueda ser considerada como completa y equilibrada. Y es que las grasas, en el organismo, tienen funciones vitales para el correcto funcionamiento interno. Por una parte, son parte fundamental de las membranas celulares (un equivalente a la protección externa de toda célula), así como de las fibras nerviosas. Estas estructuras, diariamente han de renovarse para su correcto estado y funcionamiento, y por lo tanto el organismo ha de disponer de las grasas para ese “reciclaje” constante.

 

Por otra parte, mientras estamos en reposo, las grasas aportan alrededor del 70% de la energía, mientras que si hacemos actividades de baja intensidad, ese aporte es de entre el 65-60% por parte de las grasas, siendo el tanto por ciento restante, aportado por los hidratos de carbono. Conforme aumenta la intensidad del ejercicio, las grasas van perdiendo su protagonismo, ya que para ser quemadas y poderse obtener energía para la contracción muscular, se necesitan reacciones químicas que suponen una vía de obtención energética demasiado lenta y con cantidades de oxígeno elevadas. Por ello, a medida que los esfuerzos son más intensos, los hidratos de carbono pasan a ser el sustrato más utilizado, debido a que las reacciones para “extraer” energía de ellos, son más cortas y requieren unas demandas de oxígeno menores. Así, se puede llegar a esfuerzos que supongan el 99% de la energía en forma de hidratos de carbono.

Pero pensemos ahora en esos deportistas de élite que se dedican a especialidades en las que la fuerza es el mayor protagonista. Deportistas como Manuel Martínez (Campeón y Recordman español), centrados en el lanzamiento de peso, o aquellos que se dedican al lanzamiento de martillo o a la halterofilia. Los tantos por ciento de grasa de estos especialistas, son mucho mayores, y es que mediante el tejido graso, consiguen otra de las funciones importantes de estos nutrientes: la protección, amortiguamiento y sostenimiento que posibilita el tejido graso alrededor de los órganos. Así, consiguen de forma natural, que el tejido adiposo (tejido graso), les sirva de “faja” alrededor de sus músculos, articulaciones y tendones, protegiéndolos y “sujetando” los grandes esfuerzos que esas zonas tienen que realizar durante los gestos deportivos, ya sea al lanzar o al levantar pesos. Pero no sólo allí, sino que en ciertos órganos vitales, el tejido graso también se encuentra protegiendo y amortiguando esas zonas, para evitar o disminuir el riesgo de que sean dañadas. Funcionan pues, como un colchón protector.

Pero no quedan ahí las funciones de las grasas en nuestro organismo. Son también las responsables de que ciertas hormonas esteroides puedan ser producidas. Y es que el colesterol (cierto tipo de grasa) está implicado en la formación de esas hormonas fundamentales para el correcto funcionamiento del organismo. Así mismo, las vitaminas liposolubles (A, D, E y K), logran entrar en nuestro organismo y ser transportadas a través de él allí donde se necesitan, a través de las grasas. Por ello, un déficit en la alimentación de los lípidos (grasas) puede provocar un déficit de estas vitaminas en el organismo, con las consecuentes deficiencias en su funcionamiento.


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