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ACTUALIDAD | PREPARACIÓN FÍSICA | 08 de Abril de 2002

Arriba, abajo. Arriba, abajo (III)

Por José Ramón Callén Rodríguez  | 
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A lo largo de las dos anteriores entregas sobre la planificación del entrenamiento de la fuerza, se dio una visión de cómo se han de abordar la primera y segunda fase del proceso (adaptación anatómica e hipertrofia). En esta última parte, se refleja cómo abordar el entrenamiento de coordinación intramuscular (segunda parte del entrenamiento de fuerza máxima).

Con ello se consigue una organización del entrenamiento de la fuerza, que hoy en día es clave para cualquier especialidad deportiva.

Foto: www.kostelic.croski.hr 
Un entrenamiento intensivo de la fuerza ha ayudado a la croata janika Kostelic a superar las lesiones y ganar cuatro medallas olímpicas 

Meses y meses de preparación. Un deportista, sea cual se su especialidad deportiva, ha de tener presentes varias cuestiones relacionadas con su planificación del entrenamiento. Sabe que ha de pasar meses de duro trabajo para conseguir llegar en plenitud de condiciones al momento clave de la temporada. Ese en el que se demuestra quién es el más fuerte, rápido o resistente. Y en todo ese proceso, hay un elemento clave, que si bien durante años estuvo reservado a deportistas de especialidades centradas en la fuerza, como son los lanzamientos y la halterofilia, hoy en día ha de trabajarse también en velocistas y fondistas.

La fuerza es, según algunos autores, la capacidad física condicional sobre la que se sustentan las demás capacidades físicas (resistencia y velocidad, ya que la flexibilidad queda al margen de estas valoraciones). Durante la primera parte de su entrenamiento, se trata de desarrollar a nivel muscular, ligamentoso, óseo, articular y tendinoso, una buena base de trabajo sobre la que poderse apoyar en fases posteriores, donde el entrenamiento es mucho más exigente. Esa primera fase la denominábamos (según Tudor O. Bompa), como fase de adaptación anatómica. En segundo lugar se trataba de aumentar la fuerza máxima que el deportista era capaz de desarrollar. En un primer momento, esa fuerza máxima se conseguía a partir del aumento del grosor de las fibras musculares, y por lo tanto de un aumento de la sección muscular. A esta fase se la denomina de hipertrofia. Pero con este trabajo no es suficiente para desarrollar al límite la fuerza máxima. Ha de haber una tercera fase en el proceso, en la que se trata de estimular al músculo, lo suficiente como para que todas las fibras musculares se contraigan al mismo tiempo. Es lo que se denomina, fase de coordinación intramuscular.

 
A pesar de ser un deporte de fondo, el ciclismo necesita de un prolongado entrenamiento de la fuerza 

Coordinación intramuscular

Cuando hacemos un esfuerzo físico, y por lo tanto aplicamos una fuerza, del total de fibras musculares que componen un músculo, sólo unas cuantas se ponen en funcionamiento para ejercer fuerza. Esto es debido a que la fuerza que tiene que efectuar el músculo, no es tan elevada como para que todas las fibras deban de trabajar al unísono. Sería lo que se denomina un esfuerza submáximo, en el que la participación del músculo no se lleva al límite.

Pero para mejorar la fuerza máxima que es capaz de hacer el músculo, es necesario estimular a éste, de tal manera que todas sus fibras se pongan en marcha al mismo tiempo. Y eso sólo se consigue cuando la carga a mover, es la máxima que puede levantar una persona. Se trata pues de un esfuerzo máximo.

Si durante la fase de hipertrofia, buscábamos aumentar el grosor de las fibras para que estas fueran capaces de desarrollar más fuerza máxima (que es lo que se denomina un entrenamiento estructural, ya que afecta a la estructura del músculo, que son las fibras), durante la fase de coordinación intramuscular, se busca un desarrollo funcional, ya que se pretende que el funcionamiento de todas esas fibras antes engrosadas, sea coordinado. Si todas las fibras son más grandes, y además conseguimos que se contraigan al mismo tiempo, el objetivo de mejorar la fuerza máxima estará cumplido.


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