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ACTUALIDAD | PREPARACIÓN FÍSICA | 24 de Abril de 2002

Arriba, abajo. Arriba, abajo (IV y fin)

Por José Ramón Callén Rodríguez  | 
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Y llega el momento de la verdad. Meses duros de entrenamiento para conseguir los objetivos planteados. Y en ese momento, el entrenamiento de la fuerza llega a ser el más específico de toda la preparación. Se busca adecuar las condiciones del deportista, a la prueba que va a llevar a cabo. Es la última fase: fase de conversión a fuerza específica.

Dependerá si se es un velocista o fondista. Dependerá de todos los parámetros que en esta última entrega de “arriba, abajo”, os hacemos llegar.

Foto: www.jolly-power.com 
No es bueno entrenar a tope hasta el último día; igualmente importante es el descanso activo 

Los nervios comienzan a estar a flor de piel. Comienzan las competiciones que inician un proceso final en el que se busca afinar la forma del deportista hasta el máximo. Se pretende llegar al momento clave de la temporada en perfectas condiciones para que el rendimiento sea el máximo posible. Es una época en la que el atleta, nadador, escalador, esquiador, triatleta, ciclista o sencillamente, aquel que busca objetivos menos pretenciosos, ha de cuidar su preparación al límite. Y en ello se incluye un correcto entrenamiento de la fuerza.

Como ya fuimos revisando en anteriores entregas del entrenamiento de la fuerza, se han de ir cubriendo diferentes fases para conseguir un óptimo desarrollo de esta capacidad física. Se ha de comenzar por una fase en la que el entrenamiento debe ser muy general e inespecífico, con gran participación de grupos musculares diferentes, con bajas cargas y alto número de repeticiones. Era la fase de “adaptación anatómica”.

Más adelante se pasaba al entrenamiento de la “hipertrofia”, mediante el cual conseguíamos aumentar la fuerza máxima que se es capaz de desarrollar, gracias a un aumento del tamaño de los músculos, mediante un menor número de repeticiones y unas cargas mucho más elevadas.

Llegábamos a la tercera fase, denominada de “coordinación intramuscular”, en la que se mejoraba la fuerza máxima pero gracias a la sincronización del trabajo al unísono de las diferentes fibras musculares que componen un músculo, de tal forma que se contraían todas al mismo tiempo.

Y llegamos al final de proceso, que a diferencia de las tres etapas anteriores, tiene grandes diferencias entre deportistas que se dedican a especialidades relacionadas con la resistencia, y deportistas que se dedican a pruebas en las que la velocidad o la fuerza son el factor central del esfuerzo. Es pues, la denominada fase de “conversión a fuerza específica”. En ella, el objetivo es sencillo: se trata de transferir las ganancias de fuerza máxima, a las condiciones que el deportista se va a encontrar en su competición específica. De esta forma, será diferente si el deportista busca terminar una maratón, que si se trata de correr los 100 metros lisos lo más rápidamente posible.

Foto: www.ecochallenge.com 
El entrenamiento de la fuerza mejora los resultados tanto en pruebas cortas como de fondo 

Por ello, el entrenamiento de la fuerza específica, en esta fase de la preparación, comienza a salir del gimnasio, donde se habían desarrollado las tres etapas anteriores. Y se hace así, porque se comienzan a realizar trabajos específicos de la especialidad que se entrena. Trabajos específicos que varían algunas condiciones del entrenamiento, con el objetivo de conseguir dos fines: por una parte, entrenar el gesto específico y por otra, que ese gesto específico sea llevado a cabo con una exigencia de fuerza mayor a la que encontrará el día de la competición principal.

Por ello, para el entrenamiento de velocistas, o deportes en los que la potencia es una de las palabras claves en el rendimiento, se realizan gran cantidad de ejercicios que a lo largo de los años han ido demostrando su validez y buenos resultados. Son generalmente ejercicios de saltos, en los que el deportista trabaja de diferentes maneras la fuerza del tren inferior, aunque este trabajo puede ser perfectamente aplicable (incluyendo las variaciones oportunas), al entrenamiento de los que dependen de sus brazos para conseguir el mayor rendimiento.

Los más conocidos dentro de este tipo de entrenamientos, son los saltos pliométricos, aunque también se buscan saltos consecutivos, saltos en profundidad, en altura, a diferentes distancias del suelo, con una pierna, con las dos, de forma alternada, simultánea, etc. La variedad es mucha cuando se habla de saltos. Además, se pueden unir a estos saltos las acciones posteriores de un trabajo específico de velocidad, haciendo una carrera, progresivo o regresivo, tras cada serie de saltos realizada, para así transferir el trabajo a las condiciones gestuales de la carrera.


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