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ACTUALIDAD | PREPARACIÓN FÍSICA | 03 de Junio de 2002

Vivir o doparse (II)

Por José Ramón Callén Rodríguez  | 

El doping no se detiene. En la sombra, los laboratorios y especialistas médicos buscan la forma de mejorar artificialmente el rendimiento de algunos deportistas. Para ello se busca el efecto que producen en el organismo diferentes sustancias.

Según su indicación se aplican a ciertos deportes, pudiendo ser perjudiciales para otras especialidades deportivas. Por lo tanto, los deportistas “tramposos” han de conocer muy bien qué y para qué toman las sustancias dopantes.

 
La alegría del triunfo será más autentica si se consigue sin trampas, y no pasará factura al organismo 

El doping se diseña “a la carta”. En todo momento se buscan los productos que mejores efectos tienen sobre los deportistas según la disciplina en la que compiten. La escalada, el esquí de fondo, el esquí de travesía, la natación, el triatlón, la halterofilia o los 100 metros lisos son deportes que tienen muy poco en común. Para ser un gran deportista en cualquiera de estas especialidades, se han de desarrollar ciertas cualidades físicas (fuerza, resistencia, velocidad o flexibilidad) que distan en gran medida según de qué deporte estemos hablando. Por ello, las mejoras conseguidas a través de sustancias dopantes, han de restringirse a ciertos productos que beneficien esas cualidades físicas. Pero al mismo tiempo se han de tener presentes los efectos negativos que una sustancia dopante puede tener sobre el rendimiento del deportista, afectándole en aspectos que empeoran sus prestaciones. (Por supuesto que además del perjuicio sobre el rendimiento, tomar sustancias dopantes tiene efectos negativos sobre la salud del individuo).

Un deportista cuya especialidad está basada en la concentración y el análisis pormenorizado de todas las variables que ha de dominar, como es el caso de un arquero o escalador, se vería perjudicado por el grupo de sustancias denominadas estimulantes. Estos productos, aumentan la estimulación motora del deportista, así como las posibilidades de “agilidad” mental en la resolución de situaciones diversas. Disminuyen la posibilidad de sentir fatiga, por lo que pueden ser un gran problema a la hora de llevar a cabo un esfuerzo, ya que se deja de percibir el cansancio, llevando al organismo a extremos que son excesivamente duros para las condiciones reales que se pueden tolerar. El deportista deja de sentir cansancio, aunque en realidad, esto es una percepción a nivel psicológico, ya que la fatiga existe realmente en el organismo, que al no ser controlado correctamente, puede llegar a límites peligrosos a los que no está acostumbrado a rendir. En definitiva, puede llegar a “explotar”, dado que se alcanzan niveles internos de esfuerzo, muy por encima de lo voluntariamente tolerable por el deportista. Y claro está, siempre se busca la excusa entre aquellos que se dopan, y para ello, cuando se les detectan estas sustancias, alegan que estos medicamentos, se incluyen dentro de las sustancias que se utilizan para contrarrestar la fiebre o el resfriado común, así como para tratamiento de disfunciones del sistema respiratorio.

 
Los beta-bloqueantes se usan en modalidades de precisión, equilibrio y puntería 

Pero hoy en día, la “filosofía del doping” sigue nuevos rumbos. Hasta hace unas décadas se pretendía que el deportista, mediante las técnicas dopantes, pudiese mejorar a partir de los beneficios obtenidos gracias a la combinación de doping y entrenamiento. Se buscaba mejorar el rendimiento incidiendo directamente sobre los factores de los que dependía (aumento de la masa muscular, de los aspectos desencadenantes de una mayor resistencia, etc.). Pero gracias al avance de la ciencia, durante los últimos años se han desarrollado con éxito planificaciones del entrenamiento que han supuesto una mejora en el rendimiento del deportista. Así, hoy en día, el doping se centra en que el deportista entrene más, para lo cual gran cantidad de fármacos dopantes están basados en la recuperación rápida y total del individuo, que le permita estar preparado antes para un nuevo entrenamiento. Así, se consigue entrenar más, gracias a una recuperación adelantada. Estos productos son los conocidos como analgésicos narcóticos, además de las hormonas ya comentadas en el primer artículo de “vivir o doparse”. Sin embargo, esta recuperación artificial puede suponer un problema para el organismo, ya que éste se puede acostumbrar a estas sustancias, de tal manera que deje de funcionar correctamente, viendo que no es necesaria la recuperación propia del cuerpo, ya que con las sustancias externas, ya se recupera correctamente. De esta manera, el organismo deja de poner en funcionamiento los mecanismos de recuperación naturales, quedando a expensas de los fármacos, que cuando se dejan de tomar, ponen de manifiesto los desajustes internos que pueden llegar a ser un serio peligro para la salud.

Y en esta línea de mejora de la recuperación, también se administran fármacos que están destinados a ciertas patologías, poco frecuentes, pero que llegan a ser adquiridas por los “tramposos” en su intento de obtener resultados que de otra forma, sólo podrían soñar. Estas sustancias son los esteroides anabolizantes. Fármacos que pueden producir gran cantidad de problemas de salud, como un aumento elevado del riesgo de sufrir un problema a nivel cardiovascular y anomalías a nivel del hígado, siendo también posible un efecto negativo sobre factores endocrinológicos relacionados con la esterilidad. A nivel psicológico pueden causar agresividad y dependencia. Y todo, por conseguir una recuperación acelerada para poder entrenar más y en menos tiempo.

 
Los controles anti-doping se adaptan a las nuevas sustancias utilizadas 

Y si antes aludíamos a los productos que aumentan el estado de excitación y alerta del deportista, debemos hacer referencia a los beta bloqueantes, sustancias que se utilizan como fármacos para el tratamiento de enfermedades del corazón y sistema cadiovascular. Se utilizan como fármacos que pueden ayudar en momentos de alto estrés, por lo que en especialidades en las que se requiere un gran dominio del control de la postura y el equilibrio, pueden producir beneficios artificiales. Algunos ejemplos son los saltos, el tiro de precisión, etc. Por este motivo, sólo para este tipo de deportes, los que compiten desde las sombras puede tomar estos fármacos.

Aunque aquí no terminan las posibilidades de engañar a los demás, y engañarse a uno mismo. Desde hace décadas, los diuréticos vienen siendo utilizados por dos motivos. En primer lugar, como fármacos que aumentan la cantidad de orina que se produce, arrastrando así los restos de otros fármacos dopantes que puedan quedar en el organismo, de tal forma que se realiza antes su eliminación, no detectándose en controles antidoping posteriores. Por otra parte, el doping se clasifica según las sustancias que se detectan (doping cualitativo), sea cual sea la cantidad que se encuentre de un determinado producto. El otro tipo de doping se establece en función de la cantidad de ciertas sustancias en la orina (doping cuantitativo). En este tipo de doping, para considerar dopado a un deportista, no vale con encontrar una sustancia en su orina, sino que debe estar en una concentración determinada. Tomando diuréticos, al aumentar la cantidad de orina que se produce, la cantidad de agua aumenta, disminuyendo así la concentración de la sustancia dopante, dejando de ser un caso con posibilidad de castigo. En una palabra, con los diuréticos, se diluye el fármaco dopante.

En casos más concretos, los diuréticos, que en realidad han sido diseñados para pacientes con problemas de hipertensión arterial, han sido tomados por algunos deportistas como forma de bajar el peso corporal (por la eliminación de líquidos), entrando en categorías de peso menores, como es el caso del judo, el boxeo o el kárate.

En definitiva, trampas y tramposos que no hacen sino ensuciar todas las horas de entrenamiento que pasan en una pista, en un rocódromo, en una piscina o sobre sus bicicletas. Trampas que pueden hacer conseguir un falso objetivo deportivo, pero que pueden transformarse, con el paso de los años, en una deuda adquirida con el organismo. Y el organismo es sabio, y tiene memoria. Una memoria que sabe la diferencia entre los logros obtenidos de forma natural y los que han castigado al cuerpo Artificialmente. Una memoria fina que sabe la diferencia entre vivir o doparse.


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