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ACTUALIDAD | PREPARACIÓN FÍSICA | 24 de Junio de 2002

La postura: base de una actividad física saludable

Por Oscar Ballarín Plana  | 
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En una serie de dos entregas, mediante este artículo vamos a intentar apuntar algunos aspectos de lo que puede representar la postura en la persona.
Como se va a ver, nuestra postura personal es el medio para hacer cualquier acción cotidiana a lo largo de nuestra vida, es un medio, por así decirlo que nos da posibilidades vitales.


Indudablemente es un campo de actuación enorme, y así como en la primera infancia, el desarrollo intelectual es en parte debido al movimiento, y éste no es más que una sucesión de postura y reacciones; a lo largo de la vida deportiva, sería una gran inversión en “bonos” de salud, dedicar parte de ese “entrenamiento” a trabajar preventivamente todo el aspecto de la reeducación postural.

Hay un proceso que se desarrolla durante las primeras etapas de la vida, de concienciación del propio cuerpo, y de construcción del esquema corporal, el cual va evolucionando a lo largo de la vida. Esta situación, por el mero hecho de ir evolucionando es susceptible de ir modificándose, siempre valorando la morfología individual de cada uno.

 
Cualquier movimiento empieza y acaba con una postura 

Vamos a pensar, cada uno de nosotros, en uno de esos momentos en que nos encontramos, por ejemplo, escalando un cresta, en ese infinitesimal e increíblemente precisos conjunto de posturas, movimientos, adaptaciones, reacciones que nuestro cuerpo está realizando.A simple vista, y en una persona “sana”, aunque precisemos de toda la atención posible, se hace de una forma bastante natural y fluida. Claro, que estamos hablando del nivel de escalada individual, de cada uno, y quien no escale es muy libre de pensar en una ascensión sin mayores dificultades...es lo mismo.

Imaginemos ahora, a cámara lenta, todo el proceso, como una suma de infinitas (o casi) posturas. Porqué desmenuzando al límite nuestras acciones, veremos que en resumen, cualquier movimiento empieza y acaba con una postura. Con lo cual, podemos simplificar en cierta manera, diciendo que nuestras actividades a lo largo del día, no son más que continuos cambios de postura.

Vamos a abordar el siguiente aspecto. Hace un tiempo salió publicado en esta sección de preparación física, en la parte de fisioterapia, un artículo sobre la propiocepción: “nuestra idea de nuestro cuerpo”....Mejor que volváis a ojearlo para refrescar conceptos, pues tendremos que tener presentes de nuevo toda esa cantidad ingente de receptores.Hablo de receptores que se encargan de hacer llegar a nuestro sistema nervioso central toda la información de nuestro entorno y de nuestro propio cuerpo, de cara a optimizar los recursos vitales de nuestro organismo en su relación tanto consigo mismo como con el mundo que nos rodea.

 
Escalando, nuestro cuerpo realiza un infinitesimal e increíblemente preciso conjunto de posturas, movimientos, adaptaciones y reacciones 

Algunos de estos receptores dan información sobre temperatura, luz, músculos, articulaciones, velocidad de movimiento, posición de las partes del cuerpo, sensaciones tactiles...las cuales pueden ser, a su vez, conscientes (gracias a la corteza cerebral acaban siendo verdaderas percepciones que tenemos presentes), o inconscientes, lo que no quiere decir que no tengan validez o importancia.

En el caso de las que no llegan a ser conscientes, puede ser que la respuesta que nuestro organismo tenga que dar o quiera dar, no tenga que ser necesariamente voluntaria al 100%, pues podemos hablar de reflejos, automatismos, reacciones automáticas...Volvamos al primer caso, estando escalando, o andando, por un mal gesto, o ante cualquier imprevisto, de repente, caemos, y directamente, hacemos una reacción defensiva, ante la posibilidad de golpearnos la cabeza, de ir a protegerla con los brazos, o encogiendo los hombros...quizás luego podamos modificar la respuesta o reacción de defensa, pero en un primer instante, no hemos sido verdaderamente voluntarios en la acción. Cuando seamos conscientes de todo, es posible que decidamos bajar los brazos de la cabeza, o ceder en la tensión sobre el cuello, al ver que no ha pasado nada. Pero en todo caso será tras unos instantes.


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