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ACTUALIDAD | PREPARACIÓN FÍSICA | 01 de Julio de 2002

Olvidando los límites (II)

Por José Ramón Callén Rodríguez  | 
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La época invernal es la clave para lograr la mejor forma física en el periodo de competiciones. El “periodo preparatorio específico” encierra la etapa del entrenamiento donde más exigencia física se requiere. Y no sólo física, sino también mental. Soportar el esfuerzo tan lejos de la competición, supone creer en lo que haces. Creer en tus fuerzas. Todo por lograr tus objetivos.

 

Si hay una etapa crítica durante los seis-ocho meses de preparación para un Ironman, o para cualquier otra prueba de larga distancia, ésta es el “periodo preparatorio específico”. Y es que en él se dan condicionantes que hacen de tu entrenamiento diario, un verdadero reto. Una vez pasado el periodo preparatorio general, donde el factor más importante a tener en cuenta es el volumen de entrenamiento, ahora, sin dejar de mantener ese gran volumen de trabajo, aparece el otro elemento clave en la preparación del deportista: la intensidad.

Durante los primeros meses de entrenamiento (periodo que ya analizamos en el artículo “olvidando los límites I”), el aumento de la cantidad de kilómetros o metros realizados cada semana, se hace de forma progresiva y constante, eso si, a bajas intensidades (sobre el umbral aeróbico con alguna aproximación al umbral anaeróbico). Pero ahora, además de seguir subiendo el kilometraje semanal (en cada microciclo), se ha de comenzar a introducir el entrenamiento de más calidad, que va incluyendo cada vez más kilómetros o metros de intensidades mayores (umbral anaeróbico y consumo máximo de oxígeno). Y claro está, el entrenamiento se endurece, porque ambos factores comienzan a exigir el máximo del triatleta, nadador, esquiador, ciclista o atleta.

 

En los Alpes el invierno es duro. Las temperaturas mantienen el mercurio cercano siempre a los cero grados centígrados. Pero allí, Lance Armstrong, todo un ejemplo de espíritu de superación, creencia en sus ideas y constancia, pasa la época más dura del año. Una y otra vez sube las interminables rampas por las que el Tour de Francia pasará en verano. La dureza de sus entrenamientos es la máxima. Cuida cada detalle y en cada entrenamiento, no perdona ni una serie. Por mucho que sus piernas le duelan o el corazón parezca salírsele del pecho. Es Lance, y su secreto es éste. Meses después, cuando la ronda gala pase por allí, y sea capaz de dejar a sus rivales con una facilidad pasmosa, algún periodista volverá a hacerle la misma pregunta de todos los años desde que Armstrong gana el Tour con autoridad: ¿cómo consigue usted subir los puertos con tanta facilidad, dejando a todos sus rivales sin posibilidades de contestación?. Y Lance responderá lo que suele decir cada año, desde que superó un temible cáncer que a punto estuvo de poder con él, defendiendo que su buen ritmo durante el Tour, es gracias a días y días en los que la dureza de los entrenamientos le llevan hasta su máxima exigencia. Días en los se puede ver la “peor cara” de Armstrong. Y es que, de su “periodo preparatorio específico”, depende su “buena cara” en el Tour.

Lo ideal para una buena planificación, y más cuando se habla de pruebas de larga distancia, es una introducción sucesiva y constante de los diferentes elementos que integran el entrenamiento. Primero, como ya ha quedado comentado, se trata de ir aumentando el volumen de trabajo. De esta forma, los aspectos esenciales en los que se basa la resistencia, se van desarrollando. El sistema respiratorio, cardiocirculatorio, endocrino y metabólico, se van optimizando, con un funcionamiento mejor de todos ellos. Por otra parte, los músculos de los que depende el esfuerzo, van economizando su trabajo y son capaces de aprovechar mejor la energía en cada momento, utilizando a bajas intensidades las grasas, ya que sus almacenes son mayores, mientras que para esfuerzos de mayor intensidad, se queman los hidratos de carbono, que aunque en menores cantidades en nuestro organismo, aportan energía más rápidamente y con menos necesidad de oxígeno. Además, se consigue disminuir el peso corporal en un componente que interesa reducir al máximo: el tanto por ciento de grasa corporal.


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