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ACTUALIDAD | PREPARACIÓN FÍSICA | 15 de Julio de 2002

Olvidando los límites (III)

Por José Ramón Callén Rodríguez  | 
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Se acerca el momento de la verdad. Entrenaste ayer, entrenarás mañana, pero el día de hoy no es un día cualquiera. Es el día en que se valora si tu preparación a lo largo de los meses y meses de trabajo, ha sido la correcta. Es el día que sirve de juez de todos tus pasos. Es el día en el que por fin, se justifica todo tu esfuerzo. Es el día más importante. Es el día de la competición.

 
Puestos a un entrenamiento a largo plazo, la próxima temporada de travesía no queda tan lejos 

A lo largo de los meses has ido descontando días en el calendario. Has visto cómo, jornada tras jornada, la fecha clave en la que se centra toda tu preparación, se aproxima sin posibilidad de cambio. No hay vuelta atrás. La competición será el justo juez que determine si tu labor diaria, si tu esfuerzo, si tu rigurosidad y si tu ilusión por ese momento, han sido suficientemente buenos como para merecerte llegar a conseguir el objetivo previsto. Lo has de tener todo a punto, y para ello has de finalizar la última etapa de tu preparación, afinando al máximo cada detalle. Todo será importante durante tu competición, y en el “periodo competitivo” deberás ponerte a punto.

Tras dos largos periodos de la planificación de todo fondista, que ya abordamos en los artículos “olvidando los límites I” y “olvidando los límites II”, que comprenden el periodo preparatorio general y el periodo preparatorio específico, se llega al momento culminante del entrenamiento. Durante un mes o mes y medio, se trata de ir afinando al organismo para que llegue en las mejores condiciones posibles a la fecha clave. Para ello, antes de la competición principal, aquella que ha de ser cuando el deportista se encuentre al 100% de su forma física, se han de buscan competiciones secundarias que vayan limando y perfeccionando las condiciones del triatleta, esquiador, nadador, ciclista o atleta.

 
En la salida, llega el momento de demostrar tu preparación 

Pero muy al contrario de lo que en gran cantidad de ocasiones se cree, estas competiciones secundarias han de ser tomadas como “entrenamientos de calidad”. Y esto es así, porque en estas sesiones, el organismo todavía no está al máximo nivel y sin embargo, el nivel de exigencia física es muy elevado, debido a que las pruebas secundarias son muy similares a la competición principal. Por ello, aunque se deben mantener intensidades cercanas a las que se deseen llevar en el momento clave de la competición principal, se ha de tener presente en todo momento, que el organismo todavía se está terminando de pulir en relación a las exigencias reales que deberá soportar. El deportista ha de ser consciente de que todavía no está al 100% de sus posibilidades, y de que las competiciones secundarias, han de servir para aprender a regular los ritmos, las velocidades y las sensaciones internas que se tienen en una prueba de alta exigencia.

Es adecuado por lo tanto, que las competiciones que se marcan de forma previa a la competición principal, sean de distancias menores, mayores e iguales a ésta. Esto es, por ejemplo, en un nadador que va a tomar parte en un 800 como competición principal, es adecuado hacer competiciones previas de 200 y 400, así como de 1500 y 800, para que se varíe la exigencia. Las pruebas más cortas le darán más exigencia a nivel anaeróbico y fuerza rápida a esos entrenamientos de calidad, mientras que las más largas someterán al deportista a una exigencia aeróbica de alta calidad y de fuerza resistencia específica. Claro está que estas valoraciones no son válidas para competiciones en las que la duración se prolonga mucho más en el tiempo, como pueden ser ciertas pruebas de esquí de fondo o de montaña, pruebas ciclistas en carretera, triatletas de larga distancia o maratonianos.

Pero, ¿y el entrenamiento durante estas épocas del año?. Pues bien, se basa en dos componentes fundamentales: la calidad del entrenamiento y las sesiones de recuperación activa.

Por una parte, los entrenamientos buscan imitar al máximo las condiciones de la competición, para lo que se centran en las denominadas “series rotas”, “series simuladoras” y “ritmo competición”. Todas ellas son sesiones en las que se divide la distancia de la prueba en distancias más cortas, intercalando unos pocos segundos de recuperación entre cada distancia. El objetivo que se persigue, es mantener la misma velocidad que la que se quiere mantener durante la competición, ayudados por los pequeños descansos. Son sesiones en que se centra el trabajo sobre el consumo máximo de oxígeno de forma más frecuente (aunque no es así para todas las distancias y disciplinas). Por ello, son sesiones que no se han de repetir en más de tres o cuatro veces a la semana, ya que la exigencia es máxima y el nivel de concentración en la sesión debe ser alto, con lo que ello conlleva de fatiga añadida.


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