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ACTUALIDAD | PREPARACIÓN FÍSICA | 19 de Agosto de 2002

Nuestra forma de ser. Parte II.

Por Oscar Ballarín Plana  | 
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Como vimos en el anterior capítulo, resulta que no somos así (físicamente) por que resultamos más atractivos, ni por fortuna. Hay una funcionalidad o una intencionalidad natural detrás de cada una de las adaptaciones que morfológicamente estamos realizando tanto en la evolución como especie como en la evolución personal a lo largo de la vida. A nivel muscular o articular también es así.

Desde que adoptamos la postura erguida, un gran cambio se produjo: los miembros superiores quedaron “libres” para desarrollar otras acciones que no fueran principalmente las de desplazarse. Las articulaciones englobadas en la cintura escapular, es decir, de la zona de los hombros, cambiaron su rol principal.Los músculos también se adaptaron, pasando a buscarse la precisión para los del miembro superior y la potencia en los del miembro inferior.

foto: FEHC 
Los meniscos, protectores de la tibia y fundamentales para el desplazamiento, son elementos muy especializados. 

En el artículo pasado hacía una reflexión sobre lo increíble que resulta que nuestro esqueleto realice las imprescindibles funciones que tiene con una efectividad tan correcta. Realmente somos como un castillo de naipes, y sólo una perfecta combinación de biomecánica y acciones voluntarias dan explicación a esta efectividad.

Si alguien ha visto un esqueleto de esos que hay en las escuelas, verá que los huesos deben estar sujetos por enganches artificiales. En las articulaciones no hay bisagras ni unión directa entre los huesos. Simplemente hay una cápsula articular que actúa como un manguito de unión reforzado por ligamentos. Esto, necesariamente se ve reforzado por músculos, piel, y otras estructuras corporales... y por la fuerza coaptadora que representa nuestro peso. De nuevo la gravedad permite la vida y las funciones vitales.

Quien con más detalle se haya podido fijar en algunas de las muchas articulaciones que jalonan nuestro cuerpo habrá podido observar en que, salvo la simetría bilateral del cuerpo, no hay prácticamente ninguna igual.

Aunque ahora voy a obviar otras funciones propioceptivas, y haré referencia únicamente a la parte más mecánica de las articulaciones y lo músculos, no hay que olvidar la relación importantísima entre todo el sistema músculo-esquelético y el sistema nervioso.

Foto: www.fsa.org 
Al adoptar la postura erguida, centramos la potencia en el tren inferior, y la precisión en el tren superior. 

Por citar las más importantes, y en sentido descendente desde la cabeza, podemos hablar de las articulaciones que unen los huesos del cráneo. La prioridad en este caso no es la movilidad, sino la protección perfecta de una de los órganos vitales más relevantes: parte del sistema nervioso central.

La columna vertebral, que permite por un lado la protección de la médula espinal, y por otro, dado el gran número de segmentos que lo componen, un gran movimiento general en todos los ejes del espacio. Cada vértebra dispone, en general, al menos de cuatro pequeñas articulaciones. A nivel dorsal hablamos de seis articulaciones por vértebra, y a nivel lumbar, en el último segmento y a nivel sacrocoxígeo son menos. A fin de cuentas, esta zona del coxis no es más que un recuerdo anatómico de lo que fue un rabo en épocas pretéritas.

En lo hombros, cabe destacar la gran movilidad, aún a costa de una menor estabilidad que otras articulaciones (de allí lo incipiente de las luxaciones escápulo – humerales).

Definitivamente es una articulación “enfocada” para el movimiento, para los gestos amplios. Es el punto central de los grandes movimientos balísticos, como por ejemplo el lanzamiento de lanzas, venablos, jabalina, que ahora es un deporte, pero que empezó siendo una adaptación a una necesidad tan imperiosa como cazar para comer.

Mención aparte quiero hacer de las articulaciones de la mano, y en concreto de la trapecio-metacarpiana, que junto a los múltiples músculos implicados permiten la acción más “humana” de nuestra biomecánica: la oposición del pulgar con los otros cuatro dedos restantes de la cada mano.

Las caderas, una articulación “ideada” por la naturaleza para permitir dos aspectos bien importantes: la postura erguida y la transmisión de fuerzas y tensiones, de acción como de reacción, tanto de nuestros movimientos como de nuestro peso. No sería exagerado decir que las caderas nos unen a la tierra (aunque si un poco relativista).

Quizás no tenga tanta posibilidad de movimientos como los hombros, articulaciones ambas que resultan el “inicio” de sus respectivos miembros (superiores e inferiores), pero, desde luego, una cadera tiene que aguantar toda una vida el peso de la mitad de nuestro cuerpo (de allí las numerosas artrosis de cadera y fracturas espontáneas por osteoporosis).

De las rodillas, ¿que decir?, pues que tienen una de los más claros ejemplos de especialización dentro del cuerpo: los meniscos. Pensados para proteger la tibia del peso, así como para hacer un poco más congruente la articulación, puesto que es pieza fundamental en cualquier acto de locomoción humano.


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