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ACTUALIDAD | PREPARACIÓN FÍSICA | 09 de Septiembre de 2002

Nuestra forma de ser. parte III.

Por Oscar Ballarín Plana  | 
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A lo largo de estos artículos titulados con el nombre global de “nuestra forma de ser”, hemos visto un poco sobre la parte que nos sirve de armazón; de la parte que nos sirve de sustento: los huesos. En la segunda parte valoramos las “uniones” de dichos huesos, que permiten obtener nuestro bonito esqueleto: las articulaciones, con su cápsula, ligamentos...


Aún habiendo más estructuras implicadas, quizás la más importante que nos queda por abordar es el sistema muscular.

Como vamos a comprobar, también a este nivel podemos hablar de adaptaciones, reestructuraciones, posibilidades, que a fin de cuentas contribuyen al mismo fin común que todo el cuerpo humano: facilitar la adaptación al planeta y posibilitar la vida, esa gran fuerza que mueve el universo.

 
Una de las características de músculo es su capacidad contractíl 

Para empezar a hablar de los músculos hay que recordar la principal de sus características, que no es otra que la capacidad contráctil. Es por ello que los segmentos que sirven de apoyo para que se pueda accionar un músculo, y que son los huesos, son por ello susceptibles de ser movidos.

A partir de aquí, decir que hablaremos fundamentalmente del músculo estriado, pues es el que incluye todos los músculos esqueléticos, dejando al margen la musculatura lisa, que no es controlada voluntariamente.Además, los músculos, para nosotros, van a englobar la porción tendinosa que los une a las partes óseas, más una especie de “funda” que los recubre y separa, y que igualmente separa diferentes tabiques musculares dentro de un mismo músculo, llamada Fascia.

Antes de entrar en materia, distinguir que los músculos, entre otras formas de clasificación, pueden hacerlo según actúen en una, dos o más articulaciones, hablando de músculos monoarticulares, biarticulares o poliarticulares.

 
La contracción en concéntrico es fundamental en los deportes de montaña 

Puede que uno de los segmentos óseos sirva de apoyo para realizar la contracción, y en consecuencia otro sea movido. Pero puede que sea al contrario, y el primero sea movido en base al punto fijo que pueda ser el segundo...un ejemplo con la porción corta del Bíceps braquial, aunque en este caso es un músculo biarticular, pues su acción afecta tanto al hombro como al codo.

Si el punto fijo es la parte distal (que une al radio), y la acción se desarrolla en el bíceps, la acción puede ser un movimiento del brazo, incluso parte del hombro. Si es al contrario, se producirá un movimiento del antebrazo.

Esto ya nos puede dar una idea de las diferentes formas de actuar.

Hay que entender que los músculos, además, no siempre acompañan la contracción con una disminución en su longitud. El músculo puede que se acorte, la mayor parte de las veces que los hacemos trabajar voluntariamente, o que no cambie su longitud, o que se alargue.

 
La estructura muscular es parte de nuestra forma de ser 

Como digo, normalmente, ante un gesto voluntario que no supere las posibilidades fisiológicas del músculo, al contraerse, disminuye su longitud, se acorta.

Esto es lo que suele llamarse una contracción en “concéntrico”.

Ahora bien, caben dos posibilidades más. Una, que el músculo se contraiga, pero no varíe su longitud. Por ejemplo, si intentamos empujar una pared, obviamente no habrá movimiento, aunque si contracción. Esto se manifiesta con una contracción sin movimiento, es decir, sin cambio de longitud en el músculo. Hablamos de una contracción en “isométrico”.

Todavía nos resta una tercera posibilidad, que en el caso de la montaña, como veremos, es bastante relevante. Son las contracciones en “excéntrico”, donde la contracción muscular se acompaña de un alargamiento muscular (alargamiento de todo el conjunto muscular, incluido la parte de longitud del tendón). Suena un poco contradictorio pero es así.

En al caso del montañismo, y en muchos deportes de montaña, donde tenemos que contar con que hay descensos, este tipo de contracción se manifiesta muy claramente en la sencilla acción de bajar.

Cada vez que damos un paso durante el descenso, nuestro peso, por acción de la gravedad y de la inercia que llevamos, debe ser frenado por los músculos del miembro inferior apoyado, para no acabar sentados en el suelo. No podemos hacer una fuerza muscular de forma que “facilite” ese descenso, sino que hay que controlarlo. Por ejemplo, a nivel del control de una flexión excesiva de rodilla, el cuadriceps debe contraerse, aunque esa contracción, por la gran fuerza que representa nuestro peso y dicha inercia, supera la contracción “ordenada”, y el músculo acaba por aumentar su longitud. Este alargamiento, entra dentro del control del músculo, y realmente el cuerpo, mediante ese control, ya cuenta con que se producirá una contracción excéntrica en dicho Cuadriceps.


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