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ACTUALIDAD | PREPARACIÓN FÍSICA | 29 de Noviembre de 2002

“Cuando la nieve llega”

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Has estado esperando este momento siete meses. Vuelves a tener la necesidad de escuchar de nuevo ese sonido mágico de la nieve cortándose, de sentir el aire frío en tu cara, de sacar toda esa ropa del armario, de volver a tener tus pies agarrados a las tablas. Ha comenzado a nevar y esperas impaciente la señal para poder subir de nuevo a las pistas. A deslizarte por las laderas blancas. A disfrutar del esquí.

Foto: Equipo Barrabes 

Como cada año, ha sido larga la espera para todos aquellos que encuentran en las estaciones de esquí el punto de referencia anual con su práctica deportiva favorita. Las sensaciones que ofrece el gran "manto blanco" a todo aquel o aquella que sabe deslizarse por sus pendientes, sólo pueden volver a tenerse cuando de nuevo los pies vuelven a fijarse a los esquís, enclaustrados en esas botas propias de "Robocop".

En muchas ocasiones, la espera durante la época estival, se ha traducido en una disminución de la actividad física y deportiva, factor que ocasiona un gran cambio en las estructuras internas de nuestro organismo (músculos, articulaciones, tendones, ligamentos, sistema cardiorrespiratorio, metabólico, etc.), traduciendo esas variaciones en, sobre todo, una disminución de la fuerza y la resistencia que nuestros músculos son capaces de soportar ante un esfuerzo físico.

Por otra parte, de no haber vigilado suficientemente nuestra alimentación, además de los músculos, articulaciones y tendones, los depósitos de grasas corporales habrán aumentado de forma significativa.

Pues bien, disfrutar al máximo de las sensaciones que ofrece la nieve, tiene mucho que ver con dos variables que están totalmente relacionadas, y que dependen única y exclusivamente de toda aquella persona interesada en que los días de nieve invernales, sean fantásticos. Esas dos variables no son otras sino, por una parte, la predisposición positiva de cara a subir a la nieve, y por otra, un estado físico adecuado que haga posible disfrutar al máximo de las pistas.

La primera de las dos condiciones, ya se presupone sencillamente por estar leyendo estas líneas. Pero, ¿y la segunda?. La segunda ya hace necesaria una profundización más extensa. Y es que, tan sólo es posible disfrutar al máximo de cualquier especialidad deportiva, sea del tipo que sea, si se dan unas mínimas condiciones físicas que garanticen ciertos niveles de fuerza y resistencia a nivel muscular, tendinoso, ligamentoso y articular, además de unas adecuadas cualidades del sistema cardiorrespiratorio y metabólico.

Pero vayamos por partes y hagamos un viaje por el organismo, y cómo este funciona cuando hacemos un esfuerzo, además de averiguar cómo mejorar esos factores indispensables para disfrutar de la nieve.

Foto: Equipo Barrabes 

Cuando pasamos de una posición estática o de reposo a hacer cualquier actividad física, lo primero que podemos sentir de forma inmediata, es un aumento de la frecuencia cardiaca (pulsaciones o latidos / bombeos del corazón) y de la frecuencia respiratoria (veces que respiramos por minuto). Esto es debido a que nuestro organismo funciona de forma prioritaria, y ante esfuerzos de media o baja intensidad, gracias a reacciones dentro de los músculos para obtener energía, reacciones en las cuales ha de estar presente el oxígeno (reacciones aeróbicas). Pues bien, cuando comenzamos a esquiar, los músculos, para poderse contraer de la forma en la que nosotros queremos que lo hagan, para poder movernos sobre los esquís o la tabla de snowboard, necesitan cada vez mayores cantidades de oxígeno para poder seguir funcionando. Mediante el aumento de la frecuencia respiratoria, los pulmones captan más cantidad de aire del exterior, del cual, el 21% (aproximadamente) es oxígeno. Ese oxígeno es transportado hasta unas bolsitas minúsculas situadas en los pulmones. Esas bolsitas se denominan alvéolos pulmonares.


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