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ACTUALIDAD | PREPARACIÓN FÍSICA | 07 de Enero de 2003

¡Haz subir la temperatura!

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Ha llegado un gran aliado. La temperatura ha bajado y el invierno está aquí. Ha llegado el frío. Pero curiosamente, ese que es nuestro aliado para conseguir que el mercurio baje en el termómetro y que favorece la aparición de nieve en las altas cumbres, es un “enemigo” para aquellas zonas del cuerpo más sensibles. Poner remedio a esos efectos desfavorables sobre la circulación está en nuestras manos. Nunca mejor dicho.

foto:col. Iñaki Cabo 
La evolución de los materiales también ha cambiado mucho los criterios a la hora de combatir el frío 

Desde que las estaciones de esquí han supuesto un punto de encuentro anual con la nieve para todos aquellos practicantes que disfrutan de los descensos sobre las tablas, las firmas deportivas han dedicado gran cantidad de estudios científicos al diseño óptimo de las prendas más adecuadas para la práctica deportiva. Prendas que tienen como objetivo fundamental un mantenimiento del calor corporal.

Del total de energía que se produce cada día en nuestro organismo, tan sólo el 25% está destinada a posibilitar nuestros movimientos, tanto en la vida cotidiana como durante la práctica de actividad física. El 75% restante de la energía corporal se destina a producir calor. Y es que nuestro organismo funciona gracias a reacciones bioquímicas que hacen posible que pensemos, que nos movamos, que se realicen procesos tan complejos como la digestión de los alimentos o tan sencillos como un leve parpadeo. Pero para todas esas reacciones, el organismo necesita una temperatura interna más o menos estable, gracias a la cual funciona a la perfección. Al igual que ocurre con el motor de un coche, cuando éste está frío, la serie de procesos necesarios para hacer mover el vehículo se hacen más complicados. Caso paralelo es el de nuestro organismo. Y por ello, es necesaria para un correcto funcionamiento del cuerpo una gran cantidad de energía en forma de calor que mantenga constantes las condiciones internas ideales para la vida.

 
Un calentamiento previo mejorará nuestro rendimiento 

En momentos en los que la temperatura del ambiente aumenta, o cuando comienza la actividad física a hacerse importante, el organismo como forma de eliminar el exceso de calor que se produce en su interior, comienza a sudar. En otras palabras, comienza a refrigerarse. Lo consigue gracias a que los capilares (vasos sanguíneos) que se encuentran en determinadas capas de la piel, aumentan su actividad, consiguiendo acercar más sangre a las zonas próximas al exterior del cuerpo. La sangre al ser un líquido caliente es el encargado de liberar su plasma (la sangre se compone de una parte líquida (plasma) y una sólida (células sanguíneas)) hacia el exterior para eliminar de esa forma parte del calor interno. El sudor, en su mayor parte, es pues plasma sanguíneo, por lo que pérdidas importantes por medio de la sudoración repercuten en una deshidratación peligrosa que hace aumentar la viscosidad de la sangre (al ser mayor en ese momento el porcentaje de células con respecto al plasma (líquido)). Se hace importante pues una correcta rehidratación continua para que el líquido eliminado sea repuesto antes de ocasionar problemas a nivel circulatorio y de oxigenación de tejidos. Bien en ambientes fríos o cálidos, el agua ha de estar presente durante la actividad física, bebiendo alrededor de 200 ml. cada 20-30 minutos aproximadamente.

Pero ¿y en condiciones de bajas temperaturas?. ¿Cómo actúa el organismo para mantener el calor corporal necesario para un correcto funcionamiento a nivel interno?. El proceso es inverso al de refrigeración en medios cálidos. El SNC ordena una vasoconstricción periférica, esto es, una menor cantidad de sangre en circulación por la piel, evitando así acercarla al exterior, donde la baja temperatura es la característica principal. De esta forma, se busca eliminar pérdidas de calor por la piel, gracias a que la sangre no se enfría, manteniendo su temperatura constante. Cuando este proceso se da en zonas del organismo donde la cantidad de vasos sanguíneos, y por lo tanto de sangre, es muy elevada, el medio interno se mantiene fácilmente a una temperatura correcta para seguir funcionando con normalidad. Pero no todas las zonas del cuerpo tienen las mismas posibilidades. En las zonas más distales, sobre todo manos y pies, la cantidad de vasos sanguíneos es menor, por lo que la circulación se ve comprometida seriamente, produciéndose problemas para que la sangre circule correctamente, calentando las estructuras a través de las que circula. Por este motivo, tendones, articulaciones, huesos y músculos, al enfriarse de forma severa (debido a que su menor tamaño les hace más susceptible de un enfriamiento rápido), funcionan peor. El motivo es que, unido al enlentecimiento de las reacciones bioquímicas antes apuntadas (que necesitan una temperatura ideal para producirse), ciertos fluidos que actúan a modo de lubricantes, también disminuyen sus prestaciones cuando se encuentran a temperaturas bajas.


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