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ACTUALIDAD | PREPARACIÓN FÍSICA | 17 de Septiembre de 2003

¿Arrastramos lesiones?

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Hay ocasiones en que, ante un problema de salud, no sabemos exactamente que hacer. Sobre todo si es de carácter leve, y ante una afectación traumatológica, puede ser que esto nos conduzca a la idea de “ya se pasará”. Incluso cuando recibimos un tratamiento, hay veces en que es bueno saber que podemos hacer después, o como retomar adecuadamente la actividad.

 
Las lesiones antiguas son más difíciles de tratar 

Sin embargo, un inadecuado planteamiento terapéutico puede desencadenar lesiones crónicas, y que a su vez pueden ser cuna de futuros problemas, a veces más graves.En este artículo queremos dar unas ideas sobre las lesiones más frecuentes en traumatología del deporte, y como la fisioterapia puede ayudar a, no sólo recuperar satisfactoriamente esa lesión, sino a tratar de evitar en la medida de lo posible que la cronificación o mala rehabilitación pueda condicionar el futuro de la actividad física de esa persona.

A través de más de quinientas consultas realizadas a esta sección, podemos empezar por identificar cuales son aquellas lesiones que, o bien son las que más se producen, o bien son las que más problemas secundarios ocasionan, y por tanto más dudas generan entre aquellas personas que las padecen.

En este sentido, caben destacar, sin lugar a dudas, cuatro grandes grupos. Las lesiones de espalda, y concretamente las hernias discales. Las patologías de rodilla, y sobre todo las que se encuadran en las condropatías (o afectación del cartílago articular). Las luxaciones, fundamentalmente las de hombro. Las famosas tendinitis, con aspectos que afectan a cantidad de tendones de todo el cuerpo (desde hombros, antebrazo, rodilla, pié...) y por último los esguinces (afectaciones ligamentosas), bien de rodilla o bien de tobillo, destacando sobre las demás localizaciones.

Foto: www.humar.com 
Tomaz Humar, muy pendiente de su estado tras un grave accidente y antes de la siguiente expedición 

Estas lesiones, podemos decir que representan del orden del 90% o 95% de las consultas, bien para informarse sobre la lesión en sí misma, o sobre las mejores opciones terapéuticas en cada caso. Desafortunadamente, y de forma habitual, también hay dudas sobre que hacer cuando se producen cronificaciones, o malas recuperaciones, o bien tras años de arrastrar la lesión, que puede hacerse entonces.
Algunas de estas indicaciones son las que quiero abordar a partir de ahora mismo, pero siempre teniendo en cuenta que la visión que yo daré es la que como fisioterapeuta tengo, y que esto puede y debe complementarse con el aporte de todo el equipo terapéutico que se involucre en el caso. Además, como ya he repetido en múltiples ocasiones, esto no deja de ser una visión global, sin entrar a valorar los condicionantes individuales de cada caso. Realmente, el acierto de una opción terapéutica u otra, esta muy determinada por esas individualidades a las que me acabo de referir.
Para ir entrando en materia, quiero hacer una primera clasificación, dentro de esos cinco grupos lesivos. Es una clasificación quizás poco ortodoxa desde el punto de vista “científico”, pero que nos resultará muy válido de cara a entender mejor que es lo mejor en cada caso.

 
Las tendinitis se encuentran entre las lesiones más comunes en la práctica del alpinismo y la escalada 

En esta clasificación, quiero separar lo que son las lesiones más puntuales, por llamarlas de alguna manera, y las que son más, podríamos decir, evolucionadas.
Con esto quiero distinguir entre las luxaciones y esguinces, que suelen producirse de manera más traumática, más accidental, y cuyas secuelas puede y suelen aparecer por un planteamiento equivocado en la recuperación, y las condropatías, tendinitis y hernias discales, que suelen ser lesiones a las que se tiene acceso ( los terapeutas) tras un tiempo de evolución.
En este último caso, las lesiones se gestan más tiempo, con pequeñas molestias, sobrecargas, malos gestos, descuidos...que acaban por conducir hacia la lesión propiamente dicha. Incluso a partir del momento de surgir la lesión en sí misma, el paciente tarda en acudir al centro que sea. Esto da como consecuencia que los problemas no son tanto (como en el primer grupo) el planteamiento del tratamiento, como el factor derivado de ese tiempo que se arrastra la lesión, que se deja evolucionar, que en definitiva se pueda cronificar.
Por lo general, en la gran mayoría de los casos clínicos tratados, así suele ser.
No quiero dejar de hacer una pequeña aclaración en cuanto a que realmente hay hernias discales que se producen por un gesto o sobreesfuerzo concreto. Pero aún así, muchos de estos casos ya tienen unos condicionantes anteriores, y simplemente ese gesto, suele ser la gota que colma el vaso. Pero como siempre también podemos encontrar, así como en el resto de lesiones de las que hablamos, la excepción que confirma la regla.
Visto esto, hay tres consejos generales que, bajo mi punto de vista, debemos tener presentes cuando nos aparece cualquiera de estos casos.


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