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ACTUALIDAD | PREPARACIÓN FÍSICA | 24 de Diciembre de 2003

¿Montaña y niños? La montaña como medio del desarrollo motor.

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En el siguiente artículo voy a salirme del tema estrictamente fisioterápico para entrometerme en lo que es el desarrollo fisiológico del niño.
Pero quiero dar un punto de vista basado en la experiencia como fisioterapeuta, así como en los años que he podido salir con niños de, prácticamente, todas las edades por la montaña.


Foto: Leo Pavelic 

El ámbito natural donde se desarrollan las actividades denominadas “de montaña”, representa, sin lugar a dudas un marco perfecto donde poder desarrollar todos los potenciales de la vida de la persona. Atendiendo los aspectos físicos, psíquicos y sociales...y por supuesto dentro de un ámbito lúdico tan necesario en los niños.

Habría que empezar diciendo que, ya de entrada, la práctica de las diversas actividades de montaña, realmente abordan todas aquellas actividades que como especie animal nos vimos “obligados” a desarrollar.

Andar, trepar o correr. Reptar incluso. Saltar, coordinar.... Todo esto se sigue ejercitando en el senderismo, el montañismo, la escalada, barranquismo o cualquier otra actividad montañera.

Bien es cierto que cualquier deporte basa su característica principal en el movimiento; pero también se puede decir que seguramente no haya deporte donde la semejanza sea tan particularmente exacta.

La práctica de los deportes de montaña nos devuelve a épocas pretéritas como seres homínidos. Sin lugar a dudas así lo sentimos, y aquí posiblemente radique una de las bases para hacer de este deporte algo tan especial.

Es muy lógico pensar que así como en el desarrollo motor de un bebe, ya desde las primeras etapas de la nueva vida, en el seno materno, se recrea o simula la evolución que como especie sufrimos (desarrollo ontogenético y filogenético), podríamos usar algunas de esas actividades pretéritas en una optimización de algunas capacidades.

Esto, que suena así de extraño, tiene una explicación bastante sencilla, que voy a intentar simplificar, y que acabará por dar justificación a una de las ideas más claras que debemos a la hora de salir con niño/as por las montañas. La idea es que podemos usar toda esta optimización para hacer de la montaña una forma de vida, y lo más fundamental: una forma de vida realmente sana. Saludable al 100%.

 

Es decir, que podemos aportar un inconmensurable “grano de arena” a la maduración de esa persona, además de empezara a prevenir algunas posibles patologías futuras. Pero como he repetido en más de una ocasión, lo que verdaderamente marca el que este deporte u otro sea saludable o no, más que el propio deporte es el planteamiento que de él hacemos.

Y ahora es el momento de advertir que cuando estoy hablando de deportes en la montaña, hago referencia a cualquiera de sus modalidades, pero siempre bajo el prisma del disfrute personal, de la no competición y de una dedicación como aficionados.

Ninguna competición tiene cabida en las ideas que vamos a ver. La competición es una opción personal y que en ningún caso debe plantearse a una edades donde otra serie de experiencias, de tipo lúdico, de maduración, o social tienen una importancia mucho mayor.

A parte de, como he dicho en algunas otras ocasiones, el convertir una práctica deportiva, sea del tipo que sea, en una competición, conlleva una dedicación, una búsqueda de resultados, por encima incluso de mejoras de salud, y desde luego, jamás se obtiene un nivel de salud tan adecuado ni global como si entendemos tal deporte como un medio. No como un fin.

Estamos hablando, en resumidas cuentas, de que el deporte de la montaña sirva para desarrollar al niño, no para someterlo a ella.

Miremos un poco atrás en nuestras vidas, cuando éramos niños y veamos que pasaba durante el desarrollo general.

Como he dicho anteriormente el desarrollo tiene una triple vertiente física, psíquica y motora.De momento hablaré de todas ellas, para ir derivando poco a poco a los beneficios futuros de ese desarrollo meramente motor. A sabiendas de que, como siempre digo, no podemos obviar la globalidad de la persona, y esas tres partes son indivisibles.


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