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ACTUALIDAD | PREPARACIÓN FÍSICA | 10 de Septiembre de 2001

La báscula de Armstrong

Por José Ramón Callén Rodríguez  | 
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A continuación, damos a conocer algunos aspectos fundamentales del sustrato energético fundamental para los deportistas de resistencia. Los hidratos de carbono: energía pura.

Foto:www.canoe.ca 
Los óptimos resultados en el triatlón, dependen de la ingesta de carbohidratos. 

Hagamos un esfuerzo de memoria. Recordemos a esos maratonianos o a esos ciclistas que parecen no desfallecer nunca. Los unos acabando una maratón en un sprint, como sucedió en los últimos Mundiales de Atletismo de Edmonton, en los que la diferencia entre el etíope Abera y el keniata que acabó por detrás de él fue de tan solo ¡un segundo!. ¡Después de 42,195 kilómetros!. El margen más pequeño jamás visto en una gran maratón. Pero qué decir de Armstrong y Ullrich, cuando tras haber cubierto etapas de casi doscientos kilómetros, subiendo varios puertos de categoría especial, son capaces de cambiar de ritmo al final de la etapa para marcharse hacia la meta como "motos". ¿Qué les permite mantener, e incluso aumentar, el ritmo infernal que llevan, incluso al final del recorrido?. Está claro que no sólo se puede hablar de un factor, sino del perfecto ensamblaje entre varios elementos. Consumos máximos de oxígeno muy superiores a los de otros deportistas, llegando incluso a más de 80 mililitros por minuto y por kilogramo de peso, unido a un umbral anaeróbico que se acerca al 90-95% de ese consumo máximo de oxígeno, además de otras variables posibilitan semejante gestas. Pero, desde el punto de vista energético, la única respuesta posible a tales esfuerzos viene por la aportación de un nutriente fundamental: los hidratos de carbono, también llamados carbohidratos o azúcares. Tras horas de esfuerzo, el organismo todavía guarda ciertas reservas de carbohidratos. Pero ¿dónde se encuentran esas reservas y cómo se van vaciando?.

A lo largo de una competición o entrenamiento, se han de tomar decisiones constantemente. Atacar, mantener el ritmo, valorar el tiempo que nos separa de nuestros rivales, responder a las señales de hambre o sed o incluso valorar la situación de un compañero en un raid de aventura o en una prueba ciclista. Todo ello, al igual que la coordinación necesaria para ejecutar cada movimiento, para "poner de acuerdo" a los músculos que intervienen, viene determinada por el sistema nervioso central (SNC), quien organiza ininterrumpidamente las órdenes en cada caso. Esto supone un gasto constante, con la consiguiente necesidad energética, que en el caso del SNC, sólo puede ser cubierta a través de los hidratos de carbono. Este nutriente es la única energía que puede consumir y por ello, el organismo asegura unos niveles mínimos de glucosa (molécula fundamental de los carbohidratos) en la sangre (glucemia) para que el cerebro no "pase hambre" en ningún momento. En caso de que se llegue a esta situación, denominada hipoglucemia, se pierde la coordinación de movimientos y se dificulta la toma de decisiones.

 

Y para no llegar a ese extremo, el hígado almacena una cantidad de alrededor de 100 gramos de glucógeno (unión de varias moléculas de glucosa), que va preparando para ir enviando a la sangre para mantener constante el nivel de glucemia, de cara a asegurar el correcto funcionamiento del SNC y la llegada de azúcares de forma constante a los músculos activos. En momentos de ayuno, el objetivo es el mismo.

Pero los "actores principales" del movimiento, los músculos, también son capaces de almacenar ciertas cantidades de HC, siempre en forma de glucógeno. Estos depósitos les permiten tener energía que pueden utilizar rápidamente cuando la intensidad del ejercicio, así lo exija. Pero este factor, al contrario de lo que ocurría con las reservas hepáticas, puede variar en gran medida si hablamos de personas sedentarias o entrenadas. Así, en los primeros, la cantidad de carbohidratos a nivel muscular puede rondar los 300 gramos, mientras que para deportistas de fondo bien entrenados, esa cantidad puede llegar a duplicarse. Por ello, Martín Fíz, Abel Antón, Jan Ullrich, Fernando Escartín o David Meca, tienen almacenes de glucógeno mayores, con la consiguiente posibilidad de obtener más energía de la combustión de éstos. Pero además, a esta ventaja, añaden otra importante. Y es que, la utilización de las reservas de HC, tiene lugar dependiendo de la intensidad del ejercicio, ya que junto con el aporte de energía que facilitan los carbohidratos, está siempre presente la obtención de energía a partir de las grasas. Así, en estados de reposo, las necesidades energéticas se basan en el consumo de grasa corporal, obteniéndose el 80% de la energía de la combustión de estas sustancias, mientras que los HC aportan el 20% de la energía total. Pero esta relación cambia totalmente, a medida que aumenta la intensidad del ejercicio, puesto que, cuanto mayor es ésta, tanto en el entrenamiento como en la competición (consumo de oxígeno (VO2) más elevado) más relevancia adquiere la energía obtenida a partir de los HC. Así, en momentos de alta intensidad, las necesidades energéticas del tejido muscular activo pasan a cubrirse en un 90% con la combustión de carbohidratos, mientras que las grasas aportan el 10% de esa energía demandada. Y es en este punto, donde los deportistas bien entrenados sacan beneficio.

Entrenamiento tras entrenamiento, competición tras competición, los deportistas de fondo "enseñan" a sus músculos a ahorrar HC, consumiendo grasas, de forma que guardan los carbohidratos intactos para aquellos momentos claves en los que se deciden las pruebas, o sea, cuando aumenta el ritmo. Por ello, son capaces de llegar al final de las largas competiciones, con energía suficiente como para aumentar de intensidad, e incluso disputar un sprint, como hizo Abera en Edmonton. El mayor tiempo, a lo largo de una maratón, etapa ciclista, triatlón, carrera de esquí de fondo o travesía a nado, los deportistas bien entrenados utilizan la combustión de las grasas como fuente energética, debido a que el ritmo al que se corre, esquía, nada o pedalea, supone para ellos un esfuerzo totalmente aeróbico. Cuando se hace la selección, sólo quedan aquellos que han sabido aguantar sin gastar sus HC, de forma que tienen los depósitos disponibles para los momentos decisivos. En personas sedentarias, el organismo no está adaptado a estas exigencias, con lo que la combustión de los hidratos de carbono se hace antes (debido a que los carbohidratos no dan para mucho tiempo de esfuerzo), eliminando la posibilidad de mantener un ritmo elevado. Por ello, lo mejor es ahorrarlos hasta el momento decisivo.


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