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ACTUALIDAD | PREPARACIÓN FÍSICA | 18 de Mayo de 2012

Entrenamiento para alpinismo. ¿Un contrasentido?

Entrenamiento y alpinismo son dos términos que, hasta hace “no mucho”, parecía que costaba pronunciar en la misma frase. Quizás por esa tendencia implícita que conlleva el entrenamiento hacia la estructuración y la planificación, o quizás por esa idea romántica asociada a la libertad individual que se tiene de toda actividad relacionada con la montaña y que trata de huir, a sabiendas o no, de todo aquello que suene a estructura, planes, orden… o un encasillamiento en el que no se quiere o puede “habitar” durante mucho tiempo seguido al año

Texto: Pedro Bergua. Fotos: Fernando Errekalde, Marta Alejandre, Pedro Bergua.

Sea por el motivo que fuere, lo que está claro es que para rendir en la disciplina (deportiva o no) que cada uno se proponga, se deberá realizar una preparación mínima que, en el caso de todas las que se practican en “el monte”, servirá cuando menos para salvaguardar la integridad física del practicante, si bien no garantizará por sí sola la consecución de los objetivos.

Rizando el rizo se entra en la segunda parte del asunto, que es el cuestionamiento sobre la necesidad de buscar un rendimiento en una actividad que, en el fondo, no es en absoluto competitiva…, por tanto: ¿para qué entrenar y estar en la mejor forma posible si no se compite contra nada ni contra nadie, más allá que contra uno mismo en unas condiciones concretas que, además, se pueden “elegir”?

Cada cual va a las montañas en busca de unas cosas (ver Nota 1): emociones, relajación, conexión con la naturaleza, superación de un reto personal o de una “marca deportiva” (entendida como la superación de una dificultad en un tiempo o en un número de intentos determinado)…, y es precisamente para todos aquellos que se sitúan cerca de los dos últimos fines para quienes va dirigido este artículo, si bien el resto de lectores quizás podrán encontrar también algo interesante y descubrir, quien sabe, esa otra faceta desconocida (u obviada) que ofrece el alpinismo.

Nota 1: "Quien siente la montaña no necesita explicaciones y mientras existan paredes, agujas y aristas, habrá quien las escale, disfrutando de lo que hace, aunque no comprenda exactamente el por qué”. Extraído del blog de Alberto “Life is short, play hard” en Barrabes.com.

¿HABLAMOS DE LO MISMO CUANDO DECIMOS ALPINISMO?

Tras unos cuantos años practicando en distintas condiciones y con opuestos objetivos algo de actividad en la montaña y habiendo consultado varias fuentes (incluso a ese gran colectivo ajeno a “nuestro” mundo vertical), todavía no queda clara la “definición” de alpinismo, o lo que engloba realmente, si bien la wikipedia acaba rápido y por si acaso se lava las manos: “llamar a todo montañismo para no liarse”.

No obstante, no debe resultar tan extraño que esto suceda, pues se podría decir que el alpinismo recoge todas y parte de cada una de las facetas o disciplinas de la montaña (senderismo, escalada en hielo, en pared, en “artifo”, en libre, en verano, en invierno…) y las conjuga de un modo o con un carácter que lo hacen único.

Para el común de la población, podría parecer que todo aquel que va con más o menos frecuencia a la montaña y realiza actividad en ella (sea la que sea), se le debería de otorgar la consideración de, cuando menos, montañero o alpinista (himalayista lo restringen con mejor criterio “sólo” para los que suben ochomiles). Sin embargo, todo conocedor y/o practicante del alpinismo sabe que hay varios elementos que lo diferencian de todas las demás prácticas (más o menos verticales) que se llevan a cabo en la montaña: la ética y el compromiso fundamentalmente.

Aunando conceptos y fuentes, se tiene que se denomina alpinismo a la escalada de montañas escarpadas (pues alpe significa montaña escarpada) y teóricamente hasta unos 5000 metros (que es lo que hay en los Alpes, cuna del alpinismo), lo que confiere un carácter especial a la actividad que engloba en cuanto a: 1- dificultad relativa (por lo escarpado) y 2- “brevedad” en la ascensión (por los metros). Todo esto tiene su explicación, pues al ser montañas que, por su altura, no precisan de excesiva aclimatación (tan sólo adaptación), se pueden acometer (con las técnicas y materiales modernos) en “poco tiempo”. Este hecho ha ido configurado un estilo propio, el alpino, que implica velocidad y precisa de ligereza para ello, algo que a su vez se vincula con la escalada libre (en la medida de lo posible, pues es mucho más rápida que el artificial). Este estilo se ha trasladado a otras “zonas” (macizos y montañas de más y menos altitud) y supone la esencia del alpinismo de nivel. Si además se suma que la escalada acometida conlleva dificultad y compromiso (entendido como el riesgo objetivo que implica la actividad), se estará siendo testigo de las escaladas de mayor nivel que se pueden realizar hoy por hoy (alpinismo de vanguardia), algo bastante alejado de la conquista de picos y altitudes (o del nombre por el nombre y del número por el número, tan de moda desde hace tiempo).

En resumen y yendo a lo que interesa, se puede decir que el alpinismo implica aproximación, escalada en estilo alpino (rápido, ligero y en libre en su mayor parte) en condiciones que vendrán marcadas por la época del año y la altitud (lo que condicionará el material y las técnicas de progresión a emplear) y descenso; si además se suma compromiso y dificultad, se trata de alpinismo de vanguardia y, en suma, de la actividad más difícil y expuesta que se puede realizar en la actualidad en la montaña (aunque no por ello, lamentablemente, la más reconocida por el gran público ni los medios no especializados).

REQUIRIMIENTOS FÍSICOS DEL ALPINISMO

Con todo lo anterior, se puede deducir que el alpinismo no consiste tan sólo en ascender cumbres, sino que además se suben de un cierto modo o con un cierto estilo que determina, en todo o en parte, la preparación que requiere para no sólo alcanzar el éxito en la ascensión sino también y sobre todo, para salir “ileso” del trance en las rutas que presentan más compromiso.

Hablar de compromiso y la búsqueda del mismo a voluntad por parte de los alpinistas es un hecho y ya está, al que no hay que tratar de darle vueltas ni encontrar explicación racional, pues no la tiene (ver Nota 1, al principio del artículo). Es algo vinculado a la esencia del ser humano (o de algunos, cada vez menos…) y su afán de superación y de conocimiento personal de los propios límites.

Ser consciente de este fenómeno hará que se pueda entender un poco más el hecho que justifica llevar a cabo una preparación lo mejor posible para poder encontrarse, al menos físicamente, en las mejores condiciones para afrontar las dificultades que implicará el reto que se acometa.

Cuando se domina una situación, la probabilidad de que no ocurra lo contrario es mayor (que la situación le domine a uno mismo), por tanto, alcanzar un nivel físico adecuado ayudará (y sólo eso) al dominio de la situación en una ascensión concreta. Todo el bagaje técnico, táctico y de control mental se deberá entrenar y adquirir poco a poco a lo largo de años de práctica en ascensiones progresivas tanto en dificultad como en compromiso, antes de enfrentarse a retos que se acerquen a ese nivel crítico que eleva los dos elementos anteriores cerca del umbral personal asumible.

Tras esta “pequeña” aunque necesaria “introducción”, se pasa a desentrañar qué requiere el alpinismo en la parcela de la preparación física. Para ello, se describe de forma general en qué consiste cada “parte” de la ascensión, de que depende el rendimiento en ella y cómo se pueden desarrollar dichos factores para conseguir el mejor estado físico posible en 3 “fases”: una básica, con trabajos más generales y encaminados a crear la condición necesaria para trabajos posteriores (sería entrenar para poder entrenar mejor), otra específica, donde se desarrollan los elementos fundamentales del rendimiento, y una última llamada competitiva, en la que se alcanza la máxima expresión de la preparación realizada en las dos fases anteriores (ver Cuadro 1).

PLANIFICACIÓN EN ALPINISMO. HACIA LA TRANSFERENCIA Y LA ESPECIFICIDAD. UNA PROPUESTA

Cuadrar los efectos que produce un entrenamiento con el día o el momento aproximado (cuanto más aproximado, más difícil) en el que se le quiere sacar el mayor partido a la preparación, es algo realmente complicado en cualquier disciplina deportiva que se precie, y en el mundo del alpinismo tiene su “guasa”, pues en no pocas ocasiones el día D (o la semana S) hace un tiempo imposible y no se puede ni si quiera intentar el objetivo que se tenía en mente. Numerosas “pringadas” de este calibre han animado cada vez a más alpinistas a no optar por un modelo de planificación que busque picos de forma muy marcados, y si por mantener, durante el mayor período de tiempo posible, una condición o forma física elevada que les permita acometer el objetivo/s concretos en el momento en que las condiciones (materiales, meteorológicas y personales) sean favorables.

Sin entrar a valorar si tal o cual modelo de planificación sería más o menos adecuado para estos requerimientos, si que se analizará cuales son las características concretas de la actividad que, a lo largo de una temporada (aproximadamente) se podrían realizar para favorecer un nivel de performance elevado (aunque nunca máximo) para la práctica alpina.

En cualquier caso, se trata de crear ante todo una buena base que sirva para, en momentos concretos cercanos al momento en que se ha previsto la realización del objetivo/s, centrarse en la preparación más específica que requiera el mismo, esto es, pasar de lo básico para todas “las disciplinas” a lo específico para el objetivo que se pretenda. A su vez, y para optimizar la preparación, se deberían tener presentes las transferencias en interferencias que puede haber entre los distintos trabajos que se pueden realizar para prepararse físicamente para unos objetivos u otros. En este sentido, se deberá tratar de buscar un orden en los trabajos que sirvan para los siguientes (que produzcan una transferencia positiva), y de este modo ahorrar tiempo y energías (ver Cuadro 2).

CONCLUSIONES

Lo fundamental antes de plantearse acometer una preparación determinada para cualquier objetivo (alpinístico o de otro tipo) es ser honesto con uno mismo y tener clara cuál es la motivación real por la actividad. Todos aquellos practicantes recreacionales van a poder sacarle provecho a una preparación física que les permita disfrutar con más “comodidad” de las actividades que realicen en el monte. Sin embargo, para aquellos que busquen la realización de ascensiones alpinas “relevantes”, es decir, difíciles y comprometidas, la preparación física y mental que realicen jugará un papel determinante para el mejor final posible de sus objetivos y, en esta parcela, una planificación lo más minuciosa y detallada posible será de gran ayuda.


Aunque hasta hace poco no se planteaba, el alpinista puede beneficiarse del entrneamiento planificado tanto o más que el escalador. Foto: Fernando Errekalde



Cuadro 1: Requerimientos físicos del alpinismo (las dos fotos superiores)

Cuadro 2: Propuesta para crear transferencias entre trabajos. Leyenda: +++Carga Alta ++Carga Media +Carga baja -Carga nula

El ochomilismo tradicional requiere otro planteamiento distanciado del alpinismo de vanguardia. Marta Alejandre camino de la cumbre del GI

La deportiva y gran parte de su entrenamiento perfilan la base para el alpinismo de alto nivel. P. Borderías en Foz de Sigües

La escalada de cascadas y el dry-tooling, fines en si mismos y preparación para los tramos de mixto. C. Buil en Grottendatch, WI6, Austria. Colección Santi Padrós

Entrenar en tapias equipadas constituye un trabajo muy específico y una buena introducción a las vías alpinas. C. Buil en Riglos

Tags: Alpinismo

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Comentarios

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2 comentarios

2. alvarocb - 20 May 2012, 17:02
Buen articulo.

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1. For_Ito - 18 May 2012, 23:20
Enhorabuena por el artículo esta genial lo único que la frase que citáis en la nota 1, es de Josep Manuel Anglada. un saludo

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