Política de Cookies
Utilizamos cookies propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia de navegación y servicio. Si continúas navegando, entendemos que aceptas nuestra Política de Cookies
Portes Gratis
a partir de 60 €
ACTUALIDAD | REPORTAJES | 30 de Marzo de 2007

Alpinismo en el desierto

Por   | 

El Wadi Rum, en Jordania, se está convirtiendo en una cita ineludible para los amantes de la escalada y el alpinismo clásico y comprometido. Quienes han estado allí, dicen que es diferente a todo lo demás. Jonathan Trango pasó escalando en esta zona 11 días consecutivos, y prefiere llamarlo alpinismo. ¿En el desierto? Sí. Remotas aproximaciones. Vías largas y comprometidas. Ausencia casi total de seguros fijos. Rutas que terminan en cumbre. Descensos largos y complicados. En pleno desierto. Alpinismo en estado puro.

Foto: Jonathan Trango 
El Wadi Rum: alpinismo en el desierto 

El título puede parecer una frase un poco contrastada, pero en mi opinión, en Wadi Rum hay todo lo que define al alpinismo: largas aproximaciones, vías largas y comprometidas, cumbres, descensos largos y complicados, y todo esto en pleno desierto. ¿Cómo lo llamaríais vosotros?

Wadi Rum es sin duda uno de los sitios más especiales del mundo para la escalada en roca. Situado en el Sur de Jordania, dista 100 kilómetros de Petra la Roja, la ciudad nabatea, dentro de un paisaje muy poco habitual. Se trata de un mar de arena profunda que continúa hasta el horizonte y del que surgen columnas y montañas esbeltas y empinadas, en colores rojo fuerte, capturadas por el ojo para siempre.

Unos 200 beduinos, antiguos nómadas, son los únicos habitantes de un pueblo olvidado por el tiempo llamado Rum, y que sirve como campo base para los escaladores.

Tan solo un pueblo de pocos habitantes, muy pocos escaladores, desierto infinito…todo esto se une para crear una fuerte sensación de exploración y aventura en la escalada.

Foto: Jonathan Trango 
No sólo el Eiger ostenta el título de arena vertical 

Llegamos al pueblo en la segunda mitad de octubre, después de una hora de viaje desde Akaba con un taxista jordano muy hablador que chapurrea inglés al estilo salvaje. Al llegar, nos quedamos totalmente sorprendidos de lo pequeño que es el pueblo. Apenas hay dos tiendecitas para comprar algo de comida, dos restaurantes y un “camping”, cuya descripción dejo a vuestra imaginación. Prácticamente no hay nada que hacer, excepto escalar. No somos gente de demasiada cultura, así que ¡escalemos!

Era tarde, así que decidimos tomar contacto con la roca en una vía fácil, de 150 metros. Me enamoré del estilo: escalada de fisuras, a veces perfectas como en Indian Creek, a veces peculiares y raras, que obligan a técnicas muy variadas. Fisuras, placas, travesías, chimeneas, diedros…¿qué más da?...de todo menos desplomes. La roca es arenisca exótica, a ratos oscura y dura, en donde cada friend engancha como un parabolt, a ratos clara y granulada en donde los seguros son sólo psicológicos. Eso sí, en la mayoría de vías no encontraréis ni una chapa ni un clavo: aventura clásica pura y dura.

Foto: Jonathan Trango 
Arena oscura y dura en la que los friends agarran como bolts 

Al día siguiente nos levantamos temprano para aprovechar todo el día. Por la mañana hicimos una vía de 100 metros, y al bajar de ella a las 11, el sol ya pega fuerte. La pared no volverá a estar en sombra hasta las 14:00. ¿Podremos esperar tanto? ¡No!. Subimos a escalar “Fingers”, vía mítica que da nombre a todo el sector. La siguiente hora es difícil de describir: el calor es tan intenso que se hace insoportable, sudo lo que no está escrito, los pies se hinchan en los gatos y duelen en cada pisada, el sol pega muy fuerte y hace sufrir; el 6a de 30 metros parece un 7a de 60 m. ¡A la próxima esperamos a la sombra! Menos mal que abajo teníamos otros 6 litros de agua. ¡El desierto nos dio su bienvenida!

Después de 3 días de escalada, decidimos descansar uno. Llegamos al camping sobre las 17:00, descansamos, cenamos comida árabe riquísima y en gran cantidad, y hablamos tanto de escalada que nos volvemos a animar otra vez, y decidimos escalar el día siguiente. Esa escena se va repitiendo todas las tardes, y no hemos parado en 11 días seguidos.

Foto: Jonathan Trango 
Terreno de aventura 

Una vez que hemos tomado contacto suficiente, decidimos escalar “Pilar of Wisdom”, una vía larga que llega a la cima de Jabel Rum, la montaña más alta de la zona. Salimos de noche, y tras una hora de aproximación llegamos a pie de vía. Primero tocan 200 metros de tercero superior al ensamble. Un conocido se mató aquí hace unos años al no encordarse. Intentamos ir deprisa, pero hay lugares en los que tuvimos que ponernos los gatos, y más parecía un 5+, (el grado en Wadi Rum es apretado, tipo Yosemite o Galayos). Al final llegamos a la pared principal, 300 metros de 6b máximo. La escalada es muy alpina. El primero abre fisuras preciosas, y el segundo escala con una mochila muy pesada llena de agua. Llevamos 9 litros para ese día, lo que se considera poco aquí, y la verdad es que siempre tenemos sed, y al final volvemos un tanto deshidratados. Pero la ligereza es velocidad, y la velocidad es primordial en una vía así, en mitad del desierto, y eso supone mayor seguridad. Muchas cordadas tienen que hacer noche en la cima, lo que es muy peligroso, porque es imposible llevar 20 litros de agua para dos días.

Foto: Jonathan Trango 
Fisuras perfectas que recuerdan Indian Creek 

La vía resulta buenísima, y sobre las 13:00 se terminan las dificultades. Sin embargo, la cumbre está todavía lejos: un laberinto de colinas (llamadas Domes) nos separa de ella, cañones y paredes que no se parecen a nada que hayamos visto antes; en mi imaginación parece la superficie de la luna. Menos mal que teníamos las indicaciones perfectas; sin ellas, os lo aseguro, es imposible encontrar el camino. Y aún así, nos hemos perdido unas cuantas veces, acabando en callejones sin salida, o con salida complicada.

Finalmente, alcanzamos la cumbre, encontrando en ella una bandera jordana enorme dibujada en ella. El sol ha dado fuerte, y no nos queda casi agua. El descenso es por una vía más fácil, muy muy difícil de encontrar en el laberinto. Atravesamos la luna otra vez, y encontramos el descenso sólo porque habíamos hecho esa vía dos días antes, y sabíamos lo que había que buscar. Aún así nos costó. A las 17:30 estábamos de vuelta en el camping justo al anochecer; nuestro tiempo se consideró muy rápido. Al llegar bebimos de golpe 2 litros de agua cada uno, y decidimos descansar al día siguiente…¡algo que no ocurrió!

Foto: Jonathan Trango 
El Wadi Rum: alpinismo en el desierto 

Dos días más tarde, otra cordada tuvo que vivaquear 2 noches cerca de la cumbre, antes de ser rescatados por un helicóptero militar jordano. Se perdieron en el laberinto, rapelaron por un lugar que pensaban que era la vía de descenso, pero no lo era. Se dieron cuenta una vez recuperada la cuerda, y no podían ni escalar la pared rapelada, ni continuar el descenso…¡qué situación!

Después de 11 días seguidos de escalada, mi compañero enferma del esfuerzo; mi cuerpo también da señales claras de agotamiento. Así que, por fin, contentos por lo realizado, nos pasamos 2 días tumbados antes de despedirnos con muy buen sabor de boca y muchas ganas de volver.

Texto y fotos:

Jonathan Trango.


Síguenos
Mantente al día de la actualidad de Barrabes desde las redes sociales.

Buscar en el archivo

Texto a buscar

Por fecha

  

Por categorías









Artículos más recientes

Suscríbete al Boletín
Suscríbete al Boletín Barrabes y sé el primero en enterarte de nuestras novedades.
Síguenos
Mantente al día de la actualidad de Barrabes desde las redes sociales.
Tiendas Barrabes
Visita nuestras tiendas y disfruta de unos espacios únicos.
¿Necesitas ayuda?
Envíanos tu consulta
ESCRÍBENOS
o llama al
902 14 8000
o con tu tarifa plana al 974 215 497
(Horario: Lunes a Viernes de 9h a 19h.)
España  |  France  |  Deutschland  |  United Kingdom  |  Sverige  |  International