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ACTUALIDAD | REPORTAJES | 01 de Abril de 2003

Bradford Washburn: Imágenes del norte

La Normal del McKinley lleva su nombre. Un pequeño tributo para este explorador, geólogo, cartógrafo y fotógrafo que, más allá del mero interés científico, capturó como nadie la esencia de los sobrecogedores paisajes de Alaska. A sus 92 años, es toda una leyenda viva

Bradford Washburn, tal vez, no pase a la historia como uno de los alpinistas y exploradores más famosos del siglo XX. Sus realizaciones no son apuntan a récords ni campañas de imagen. Sin embargo, su nombre está detrás de muchas denominaciones, figuras y objetos ligados a la alta montaña y las grandes exploraciones. NO sabremos quién es Brad Washburn hasta que tratemos de ascender el McKinley (perdón, el Denali) , por la ruta normal, que lleva su nombre. O cuando tratemos de escalar algún aislado pico de as montañas de Alaska, con sus fotografías aéreas cono única referencia. O cuando leamos la biografía de la aguerrida mujer piloto Amelia Earthart, que intento llevar a Brad como navegador, pero este se negó considerar poco seguro el tramo de vuelo en el que finalmente desapareció para siempre Amelia. O, ahora muy de moda, cuando nos preguntemos quien fue el que, con bastante fortuna, decidió a finales de los noventa que el Everest había crecido dos metros.

Claro que lo mejor también sería se nieto o nieta de este estadounidense, que aún vive, con sus 92 años, para seguir contando increíbles historias de aventuras. Todo aquel que habla o escribe sobre este explorador, geólogo, fotógrafo, cartógrafo y alpinista, director durante 40 años del Museo de Ciencias de Boston, lo describe como una ‘leyenda viva’. Y el termino es, en esta ocasión, mucho más que un tópico.

Esta primavera, cuando la inmensa mayoría de las noticias que se generen en relación a las grandes montañas llevarán el apellido ‘Everest’, la figura de Washbrun volverá a planear sobre la cascada del Khumbu y las altiplanicies del Tíbet. Su trabajo como cartógrafo no sólo comprende los grandes macizos montañosos de Alaska y lugare como el Gran Cañón del Colorado, sino el mismo Everest. De hecho, como director del Boston Museum of Science, ha dirigido la realización de los mapas del techo del mundo que editan el museo y la Swiss Foundation for Alpine Research, junto con la National Geographic Society.

Sin embargo, si hablamos de Washburn, en el fondo, hablamos del hombre de Alaska. Esta inhóspita región fue el centro d su vida, de su trabajo, y de sus mayores hazañas. Brad subió al McKinley, sí. Fue el primero en remontar la famosa West Buttress y llegar a la cima del McKinley en 1951. Pero hizo mucho más. A veces, da la impresión de que ascender montañas es una incongruencia que consiste en subir deseando que aquello termine cuanto antes, bajar luego con la mente puesta en lo bien que nos sentiremos de vuelta en el Campo base o en el refugio, y recordar, a duras penas, la belleza de la montaña una vez que hemos vuelto a nuestra casa. Pero el recuerdo es una serie de imágenes inconexas y subjetivas.

No fue ese el caso de Bradford Washburn. Porque volvía una y otra vez. Sobrevoló los macizos de Alaska para fotografiarlos como nadie más lo ha hecho, a veces jugándose la vida en una avioneta sin despresurizar, con la puerta abierta en pleno vuelo y a muchos grados bajo cero. Realizó los mapas definitivos de la zona, y se convirtió en el mayor experto del planeta en sus montañas y glaciares. Y sus imágenes no son inconexas ni subjetivas, sino terriblemente exactas, casi perfectas en cuanto a luz y composición, y pese a todo con verdaderas historias en cada uno de los picos y laderas que reflejan.

Los precoces e intensos comienzos de su relación de amor con las montañas de Alaska podrían haber hecho pensar que se trataría de una pasión efímera. Con 20 años, Brad era un joven alpinista muy por encima de la media y había escrito ya cuatro libros. Pero aquello resultó ser solo el comienzo de una historia para toda la vida. Entre otras cosas, porque desde el principio Washburn se empeñó en compartirla con el resto del mundo. Su afán didáctico y de difusión de los secretos de la naturaleza en el Norte explican su ingente producción como fotógrafo (más de 10.000 imágenes), cartógrafo y escritor. En definitiva, estaba hecho para el puesto en el que volcó casi toda su vida profesional; el de director del Museo de las Ciencias de Boston. Desde su jubilación, además, sigue ostentando el mismo cargo de manera honorífica. Asimismo, se han creado unos galardones anuales que llevan su nombre y que el museo concede a científicos que , como Washburn, mejor saben transmitir sus conocimientos al gran público. Receptores de este galardón han sido, por ejemplo, el astrofísico Carl Sagan, la doctora Jane Goodall o el Capitán Jacques Cousteau.

Miembro laureado de la Royal Geographic Society, es uno de los iconos de National Geographic. Sobre todo desde que en 1999 National Geographic le encargó liderar una expedición que parece sacada de los años dorados del siglo XIX. Se trataba de medir la altura del Everest y, con los nuevos dispositivos de posicionamiento global (la tecnología GPS) establecer su altura definitivamente (en términos geológicos). NO se trataba de echar por tierra la validez de la medida anterior (que, después de todo, también fue tomada por británicos), sino de demostrar que, según la teoría de las placas tectónicas, el Himalaya, y por tanto el Everest, siguen creciendo un poco cada año. Los expedicionarios aprovecharon que se estaban fabricando los primeros dispositivos GPS de pequeño tamaño (un par de años antes, eran trastos que pesaban 23 kilos). Washburn dirigió la operación, si bien los alpinistas que de hecho hicieron cumbre fueron Pete Athans y Bill Crouse, junto a cinco sherpas que transportaban oxigeno y los GPS. Tampoco había que pedir milagros a Un Bradford Washburn a punto de cumplir 90 años. En todo caso el resultado, comprobado desde la cumbre y el Collado Sur, fue positivo: la medida reflejó una altura dos metros superior a los 8.,848 metros con que se le ha conocido siempre, y la nueva medida de 8850 si bien no se ha impuesto por completo, es bastante habitual en los textos que refieren a la montaña más alta del planeta. Washburn afirmaba en su discurso ante la Sociedad geográfica que, además, esta podría ser una altura ‘fija’, ya que el pico no había crecido en los últimos años, sino que desde hacía un tiempo , sino que más bien se desplazaba en horizontal hacia el noreste. Según su opinión de geólogo, la situación podría cambiar, no obstante, en cuanto el movimiento de la Falla indostaní, debajo de la cadena montañosa, provocase un nuevo terremoto.

Hay que decir, por otro lado, que Brad no fue un explorador ni un científico solitario Se casó con Bárbara, cuando el tenía 29 años y ella 25. Y, al contrario que en la mayoría de los casos, especialmente en aquella época, no convirtió a su esposa en un ama de casa al uso, siempre esperando el regreso del marido explorador. Más bien la llevó consigo y, sin saber muy bien cómo había ocurrido todo, Barbara Washburn se convirtió (era de prever) en la Primera Mujer que ascendió con éxito el McKinley. Ella misma se llama, en un libro que escribió al respecto, la ‘aventurera accidental’. Afirma sin pudor que, en principio, no sentía especial predilección por la aventura y los retos alpinísticos, sino por su marido, al que sencillamente debía acompañar. Después de la primera al Monte Berta y la primera femenina al McKinley, los Washburn se convirtieron en inseparables. Cada uno de ellos era una autoridad científica. Una pareja difícil, podría parecer. Pero lo cierto es que, lejos de crear tensiones insoldables, en su caso resultó ser el secreto de la felicidad. Al menos, eso parece tras más de 60 años de matrimonio.


Bradford Washburn


Los Washburn en la cima del McKinley. Barbara fue la primera mujer en escalar esta cima.

Brad Washburn, a sus 92 años, sigue mirando la naturaleza a traves de las lentes.

Mapa del McKinley, realizado por Washbrun y su equipo.

Washburn, admirado por científicos y geógrafos, junto a una maqueta de 'su montaña', el Denali.

La gran cámara con que realizó sus más de 10000 fotografías aéreas, a veces en condiciones extremas.



Bradford Washburn
Primer helicóptero aterrizando sobre un glaciar
Bob Reeve
Brad Washburn en el monoplano Fairchild 71M
Bradford Washburn
Pared de hielo Gigante en el Monte Silverthrone
Bradford Washburn
Tras la tormenta, escaladores, en el Doldenhorn
Bradford Washburn
Cima del Mont Blanc, desde la vertiente de Chamonix,
Bradford Washburn
Atardecer a 41,000 pies en el McKinley
Redacción Barrabes.com

Tags: Alpinismo

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