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ACTUALIDAD | REPORTAJES | 22 de Septiembre de 2008

Arqueología Riglera: La Norte del Puro

En estos últimos tiempos, la casualidad ha hecho que el equipo de Cuadernos Técnicos se haya pasado unas cuantas veces por el Puro, probando arneses de Arc’teryx, aseguradores varios, y algún que otro cachivache al que todavía no le hemos pillado el tranquillo, y que en cuanto se lo pillemos compartiremos con vosotros.

Riglos ha cambiado. Los modernos seguros, aunque siempre con la mítica “distancia riglera” entre ellos, han acabado con el terreno de aventura que muchas vías representaban. Pero sigue siendo un lugar en el que, a nada que uno se descuide, viejos aromas y recuerdos invaden la escalada.

Esto nos pasó en la Norte del Puro. Una vía en la que puede sentirse el espíritu de aquellos pioneros. Con zonas de moderno aseguramiento, y otras de entonar el Miserere Nobis. La primera gran vía –que no la primera- que abrieron juntos Rabadá y Navarro.

Tras la publicación del vídeo en www.barrabes.com de Alberto Navarro de cursillista en Riglos, aprendiendo a escalar, decidimos que nos apetecía realizar este pequeño homenaje, sin muchas pretensiones, a esta peculiar vía y a aquellos irrepetibles hombres.

El Puro es el más pequeño de los mallos de Riglos, pero también es el que encierra más simbolismo. La dificultad de su ascenso, las disputas por su conquista y los muertos en sus muros han creado un enorme mito en esta pequeña aguja al que no puede abstraerse el escalador que conoce su historia.

Varios accidentes mortales han escrito la leyenda negra de este mallo. El primer intento de conquista fue en 1947, donde Mariano Cored sufrió una caída a 30 metros del suelo y, aunque no falleció en el acto, poco se pudo hacer por su vida. Tres años después Víctor Carilla, que había realizado dos intentos anteriores al Puro y que en ese momento formaba cordada con Ángel Serón y Fernando Millán, fallecía al desprenderse parte de una entosta que cortó su cuerda de algodón y cáñamo y lo lanzó al vacío. Ambos escaladores, Cored y Carilla, tuvieron durante mucho tiempo unas placas de recuerdo en la base del Puro hasta que éstas fueron destruidas a martillazos por algún desconocido.

El Puro siguió resistiendo ataques de escaladores catalanes y aragoneses pero en 1953 una joven cordada consiguió alcanzar su deseada cumbre. Ni siquiera en ese momento acabó la macabra historia de este mallo: apenas una semana después de la definitiva conquista, la maldición del Puro se ensañó con Manuel Bescós – el primero de los aperturistas en pisar su cima seguido por Rabadá y Cintero - que fallecía rapelando del Pisón. Tampoco fue la última víctima, ya que años después aún le quedaría un último coletazo de muerte a este mallo: en 1963, José María Renovales muere en la caída producida durante el descenso del Puro. Un mes después de este accidente, el aperturista de dos de sus caras –Rabadá- morirá de agotamiento y frío en la cara norte del Eiger junto a su compañero Ernesto Navarro, coaperturista de la Norte.

Cada una de las caras del Puro cuenta con una vía y si no hay más es por falta de espacio. La cara sur está surcada por la vía Normal (M. Bescós, A. Rabadá y Á. Lopez, 1953), en la cara este o interior nos encontramos con la vía Cintero (A. García, V. Asensio y G. Prado, 1975), la cara oeste o exterior la asciende la dificilísima Helios (F. Cobo junto con diferentes compañeros en varios intentos hasta 1980) y la cara norte del Puro fue recorrida hasta la cumbre por primera vez por Alberto Rabadá y Ernesto Navarro en 1960.

Actualmente sólo se recorren dos de estas vías; la normal, por la que va pasando una tras otra las cordadas cada fin de semana, y la Norte, significativamente menos recorrida debido a su exposición y menor conocimiento pero que también cuenta con su público.

La Cintero fue liberada en 1996 por Javier Arnaudas y Chiro Sánchez, cotándola como 6a+ y de la Helios (6a/A3) podemos decir lo del viejo chiste respecto a las veces que se ha vuelto a escalar después de su apertura: una o ninguna.

Siempre se ha tenido a la norte del Puro como la primera de las Rabadá-Navarro, lo cual no es cierto y exige además una matización. Rabadá y Navarro abrieron juntos una vía por primera vez en la hoy semiolvidada Peña Don Justo, también en Riglos. La vía en cuestión fue la de los Diedros y, aunque quizás sea la de menor categoría de todas sus realizaciones, por rigor histórico no deberíamos pasarla por alto para atribuirles como primera escalada de la mítica cordada la norte del Puro, quizás más acorde con el halo de escaladores vanguardistas que se les ha dado desde siempre.

La puntualización o matización a la que hacíamos referencia se debe a la “paternidad” de la vía. Al igual que sucedió en el Pilar de Cotatuero, Rabadá terminó con Navarro un proyecto que empezó con otro escalador. En el caso que nos ocupa, la escalada inicial de la norte del Puro fue realizada con un jovencísimo Gregorio Villarig –en su momento promesa de la escalada, hoy escalador y afamado pintor- pero al que las circunstancias llevaron a no poder completar ese proyecto.

La historia de la escalada a la Norte del Puro es uno de esos cuentos de los que se ha fabulado tanto que al final no se sabe qué es lo que hay de cierto en él. El humor y la capacidad de inventiva de Rabadá a la hora de escribir la “piada” no fueron obstáculo para que durante mucho tiempo se dieran por ciertos los datos proporcionados por Edil. Villarig esperó más de 40 años, pero al final contó su parte de la historia y aclaró ciertos datos poco creíbles.

Villarig fue engañado a la norte del Puro, aunque una vez conocido el destino real no se sintió defraudado en absoluto. Todo empezó un año antes, cuando tras pasar “la noche del loro” en el collado del Pisón bajo una terrible tormenta, el joven escalador -17 años en ese momento- se recuperaba del agrio vivac junto a sus compañeros cuando Alberto Rabadá buscó un voluntario para escalar el Techo Molondro.Ésta era la típica broma entre los escaladores rigleros del momento ya que la escalada de dicho techo –en el paredón de los Buitres, en zona prohibida actualmente por nidificación- era considerada imposible y todavía hoy no ha sido realizada. Ante la insistencia de Rabadá por encontrar un compañero para esta escalada, Villarig se ofreció tímidamente ante la carcajada general del grupo de escaladores.

Rabadá no olvidó el ofrecimiento y en 1959 se encaminó a Riglos con Villarig, que en ese año de plazo ya había realizado unas cuantas escaladas de envergadura por los mallos. Ni el material elegido ni la aproximación a la pared hacían presagiar que realmente iban a escalar el Techo Molondro, de manera que ante la insistencia de Villarig, Rabadá tuvo que confesar su proyecto de la Norte del Puro, resultando esta escalada mucho más apetecible para el ilusionado escalador.

En esta primera intentona no se pudo hacer cima. Tras escalar la vía Normal hasta pasada la Cueva, la cordada se separa de la chimenea contorneando a la derecha hasta encontrar la arista norte por donde proseguirá el itinerario. Desde aquí el ataque es directo superando una infinidad de panzas, tanto en libre como en artificial, pero algún percance con la ubicación de las reuniones y alguna violenta caída hacen que el tiempo se les eche encima. Ante esta circunstancia, Villarig logra convencer a Rabadá -que acepta a regañadientes- de que hay que descender a coger el canfranero para regresar a Zaragoza. Apenas les quedaban unos 40 metros hasta la cima.

Un año después, Rabadá quiere terminar la vía a toda costa. La sempiterna disputa con “los catalanes” hace que cualquier intento de posponer la actividad sea considerado como dar ventajas a la cordada rival. Villarig ha sido seleccionado junto con Ansón por la Escuela Nacional de Montaña para ir a Le Tour por lo que se ve obligado a declinar la invitación, así que la cordada Navarro- Rabadá (en ese orden firmaron en el libro de registro de Riglos) vuelve el 10 de julio de 1960 y termina la cara norte hasta la cima, consiguiendo la decimoctava ascensión al mallo a los siete años de su apertura.

La Directa a la Norte

Antonio García Picazo tiene varias aperturas en Riglos, definiendo vías con una personalidad muy propia en mallos como el Fire o la Visera. En 2003, equipó un itinerario que culmina en la pequeña entosta que marca el inicio de la Norte. Para ello, busca los pasos más evidentes, coincidiendo en algunos tramos con una vía abierta en 1977 por V. Asensio y J.M. Barcos y de la que quedan los restos de los buriles en los pasos más duros. La vía comienza en el camino al lado de un boj en una marcada canal que sube hacia la izquierda, pudiendo alcanzar la segunda reunión de la Normal en un solo largo, aunque en la reseña del equipador se indique que se hace en dos.

Desde aquí, ahora con tendencia a la derecha, superar un largo de panzas por roca negra hasta otra reunión, desde donde saldremos por muros tumbados hasta la última reunión que nos lleva al pequeño desplome alternativo de la Cueva del Puro.

Se trata de una manera curiosa y poco frecuentada de llegar hasta la entosta inicial de la Norte, pudiendo utilizarse también para la vía Normal o cualquiera de las que recorren la chimenea del Puro.

Algunos datos y anécdotas del Puro

Prohibiciones: Los accidentes ocurridos en los intentos al Puro llevaron al gobernador de Huesca a prohibir la escalada en Riglos. Los escaladores tuvieron que agudizar ingenio para burlar la vigilancia de la Guardia Civil. Al final, el empecinamiento de los escaladores pudo más que las medidas restrictivas.

Mallos de homenaje: Cored y Carilla tienen dedicados con su nombre dos de los mallos pequeños situados al lado de la Aguja Roja. Renovales tiene también dedicada una vía en el mallo Cored.

Repeticiones. Desde el primer intento hasta la consecución de su escalada, pasaron 6 años y otros tantos intentos. Sin embargo, entre la apertura y la primera repetición apenas transcurrieron unos pocos días.

Más repeticiones. Alberto Rabadá disfrutó tanto de la apertura que prometió no volver a escalar esa vía por el buen recuerdo que le había dejado. El tiempo y su prematura muerte 10 años después se encargaron de que cumpliera su promesa. Sin embargo, Cintero sigue recorriendo con asiduidad esta vía; en el 50 aniversario la realizó ataviado con la indumentaria de la época.

Otra promesa. Jordi Panyella encajó mal que los tres aperturistas le “pisaran” la primera. Juró no volver a Riglos e incluso 50 años después de la ascensión rehusó la invitación a conmemorar el aniversario. Tres nombres para un mallo. Tradicionalmente, el Puro fue conocido como “O fuso” y después de la primera ascensión, se le intentó rebautizar –afortunadamente sin ningún éxito- con el nombre de Mallo Francisco Franco.

Mujeres en el Puro. Pasaron 9 años y 25 cordadas desde la apertura hasta que una mujer pisara la cima del Puro. La protagonista fue Eli Vergés, formando cordada con su marido J.M. Anglada un día de junio de 1962.

Atascos. La cueva del Puro es el mayor cuello de botella de Riglos. La Normal, la Norte, la Cintero, la Anglada-Guillamón, la Makokis, la chimenea de la Serón-Millán y el descenso del Puro se recorren por este punto, generando aglomeraciones importantes en días de gran afluencia.

Sin cuerda. La Normal del Puro ha sido escalada por Fernando Caballé sin cuerdas, además de otras vías como la chimenea de la Serón- Millán, Anís del Mono y la Yuma. También Catherine Destivelle hizo la Normal en el mismo estilo en su primera visita a los Mallos en 1985, llegando a salir en alguna revista del corazón por este hecho.

Espectáculo. Bastantes objetos extraños se han subido a la cima del Puro. Quizás el más llamativo sea un monociclo, donde el escalador que lo subió montó una plataforma de menos de un metro cuadrado e hizo equilibrios en la minúscula cima del mallo.

El hermano pequeño del Puro. En la base del espolón norte se encuentra una entosta de pocos metros de altura y de fácil escalada a la que se bautizó, en clara referencia al Puro, como la Colilla. A su lado está la cueva de la Cirila, punto de partida de la entrada directa.

Boulders y deportiva en el Puro. La mayor densidad de vías en Riglos se encuentra en la base del Puro, con varias rutas de deportiva entre IV+ y 6c. Una travesía de bloque muy valorada es la Supermaño, que consiste en recorrer en horizontal desde la Colilla hacia la derecha toda la base del Pisón. La variante de esta ruta evitando por el suelo los tramos más duros se llama Maño Cobarde.


El nudo Edil

La aportación de Rabadá al mundo de la escalada no sólo vino de la mano de sus increíbles aperturas. También aportó a la técnica en montaña una nueva manera de encordarse en un tiempo en el que no se habían inventado los arneses y la tendencia del bulín o as de guía a aflojarse ya demostraba que no era el nudo del futuro.

Edil era el sobrenombre de Rabadá y con ese nombre bautizó numerosas vías y también el nudo que diseñó. Aunque este nudo consumía significativamente más cuerda que el as de guía, el Edil tenía la ventaja de crear unos aros independientes para las piernas más una bandolera que cruzaba por el hombro, siendo mucho más cómodo para permanecer colgado en los pasos de artificial y más seguro para las caídas.

Rafael Montaner era un poco escéptico respecto a la eficiencia del nudo. Él pensaba que en caso de caer con la cabeza hacia abajo el bucle que pasaba por el hombro se saldría y como consecuencia de esto, las piernas también acabarían fuera del encordamiento. Aunque en el taller de Rabadá se había probado infinidad de veces, nunca se había realizado la prueba de campo, con una caída en una escalada de verdad, de tal manera que la eficacia o no del nudo tenía la sombra del interrogante.

El encargado de demostrar la verdadera validez del nudo fue Goito Villarig, que en el primer intento al mallo tuvo un vuelo que superó el factor 1 de caída y que fue detenido por un Rabadá atento y por un nudo bien inventado. En tiempos de aperturas y material casero, fue de agradecer el que se encontrara un sistema nuevo que diera más confianza a los escaladores de la época.


La norte en la actualidad

Hoy en día, la norte del Puro es una escalada menos exigente de lo que fue en su momento gracias a su actual equipamiento, lo que da un poco más de tranquilidad a los escaladores.

Aunque los puntos de seguro intermedios siguen siendo en su mayoría más bien precarios –puentes de roca y algún que otro pitón de museo-, la actuales reuniones potentes y los 4 paraboles situados estratégicamente en los pasos más complicados o expuestos ofrecen una posibilidad muy buena a los que quieren disfrutar de una preciosa escalada clásica con una dificultad obligada asequible.

La escalada comienza en la entosta a la altura de la reunión donde termina el largo de la Cueva del Puro. Para llegar aquí, podemos llegar por la entrada tradicional, en corta travesía desde dicha reunión o por la Directa donde la roca está un poco rota pero muy bien equipada. Una alternativa recomendable es realizar una combinación de la clásica y la directa, escalando la cueva y cruzando hacia la directa inmediatamente después.

Largo 1 (V – IV/A0) 20 metros: Desde la entosta (R0) salir recto hacia un visible puente de roca encima de la reunión. Inmediatamente encima tenemos otros puente de roca y al llegar a la panza, la sortearemos por la izquierda donde un parabolt nos protege de una eventual caída.

Superada la panza avanzaremos con tendencia a la izquierda por terreno fácil encontrando un puente de roca y un clavo, además de una pitonisa que no nos haría nada en caso de caída. La R1 -no muy cómoda- está situada debajo de la siguiente gran panza.

Largo 2 (6a - V/A0) 15 metros: Superamos la panza chapando un puente de roca y un parabolt bastante seguidos y un clavo un poco más arriba a la izquierda. Una panza cierra el paso, por lo que la rodearemos entera por debajo hacia la derecha hasta otro puente de roca, en el filo de la cara exterior. De aquí a otro clavo y volvemos hacia la izquierda hasta encontrarnos con la reunión. Atentos al chapaje alterno de las cuerdas; aunque el largo es muy corto puede rozar bastante si no chapamos correctamente.

Largo 3 (V) 20 metros: Precioso largo de sucesión de panzas fáciles de superar pero sin apenas equipamiento. Recomendable proteger el paso antes de entrar en la reunión.

Largo 4 (6a – V/A0) 25 metros: Atacar la salida en recto y la panza contornearla por la derecha para superarla. Desde aquí, por un muro vertical recorrer siempre con ligera tendencia a la izquierda encontrando puentes de roca y clavos hasta llegar a la reunión.

Largo 5 (V+) 20 metros: Tradicionalmente, los largos 4 y 5 se realizaban de una sola tirada, opción igualmente recomendable en la actualidad. Salir hasta el parabolt y tratando de tocar lo menos posible la fisura que forma la entosta –rotísimo- y autoprotegiendo el paso, situarse en la cima de dicha entosta. Un spit asegura una posible caída en la salida al último muro por el que, por terreno cada vez más fácil, llegamos a la sirga de la cima.

Descenso: Igual que para la normal. Con cuerdas de 60 metros, rapelar por la cara interna hasta la chimenea.

Desde aquí, otro rápel hasta el cable que hace de pasamanos en la base de la Cueva. Montar el siguiente rápel se al otro lado del pasamanos depositándonos en la segunda reunión de la Normal, donde se realiza el último rápel volado hasta el suelo.


El puro












“Croquis de M.A. Lausín y Quique Lapeña, 1.981”

“Croquis de Antonio García Picazo, con su directa, 2.003”

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