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ACTUALIDAD | REPORTAJES | 07 de Enero de 2009

Transpirenaica con esquís: El Pirineo de “nieve a nieve”

La Travesía pirenaica de costa a costa es ya un mito que todo montañero sueña con poder realizar al menos una vez en su vida. Debido a que a pie se pasa ampliamente de los 40 días, es normal que muchos decidan realizar esta gran aventura en varios años. Desde hace aproximadamente una década, se empezó a hablar de la Transpirenaica invernal, aunque son pocos los que la han intentado. Hoy os presentamos una variante de la modalidad habitual: la Transpirenaica con esquís. De nieve a nieve. Y en este caso, además, en autosuficiencia.

Es evidente que el comienzo y el final de la nieve en el Pirineo dependen de muchos factores. Podría darse el caso que alguien consiguiera realizarla íntegramente, de mar a mar, pero se nos antoja algo muy remoto, por obvios motivos. En un invierno como el pasado, los navarros Julián Beraza y Juan Mari Negredo, junto al vasco Ritxar Manovel, la realizaron desde el Refugio de Garlit, en el Canigó, hasta Zuriza, el último valle del Pirineo aragonés, y también último valle del Pirineo central.

En total, 450 kilómetros en 24 etapas, en autosuficiencia y sin ayuda exterior. 36.000 metros de desnivel positivo. Habían dejado algunos avituallamientos en el monte para evitar descender a poblaciones.

Y algo muy importante: fuera de estación, la alta montaña está cerrada. Tan sólo encontraron 3 refugios guardados en los 24 días de travesía: Restanca, Estós y Oulettes de Gaube. Con periodos de más de 6 días encadenando refugios libres sin pasar por ningún lugar habitado.

Así nos lo cuentan:

El pequeño sueño de atravesar los Pirineos en invierno seguro que es algo que ronda por la cabeza de muchos pirineistas. Nosotros somos parte de esa comunidad que tanto disfruta con la actividad del esquí de travesía, y que nos animamos a hacer realidad este sueño, durante el mes de febrero de 2008. Después de 24 días de actividad, 4 de descanso, y mas de 400 km de recorrido y unos 36.000 de desnivel, llegamos a Zuriza el 3 de marzo. Atrás dejamos todos los preparativos y todas las dudas. Ahora, una vez finalizada la transpirenaica y todavía con el regustillo de tantos días seguidos de esquí recordamos, a groso modo, lo que ha supuesto esta travesía.

Esta travesía nos la planteamos como un reto, una manera de hacer más con menos. Un viaje minimalista, donde todo lo que llevábamos era lo que íbamos a necesitar. El reto venía, además de por la longitud de la travesía, por el CÓMO la íbamos a realizarla. En nuestra opinión la manera más auténtica consistía en dejar depósitos a lo largo de la ruta, para abastecernos de lo imprescindible, comida y combustible, y así bajar lo menos posible a zonas habitadas,. Y seguir una ruta ambiciosa, lo más elevada posible en altimetría, que nos asegurase la nieve, un bien tan escaso hoy en día

PREPARATIVOS

Todo empezó porque uno de nosotros, Ritxar, pensó que 2.008 era “el año”. A finales de primavera del 2007 se rodeó de mapas y libros y empezó a trazar imaginariamente el posible recorrido. A la vez se puso en contacto con los que alguna vez habíamos comentado nuestro interés por esta ruta. El problema era que una cosa son los mapas y croquis, y otra el terreno. Así que a principio del verano del 2007, Ritxar, se lanzó a probar en sus propias carnes, a pie, y con algún kilo de más en la mochila, el recorrido hasta el hospital de Vielha. Otro punto importante era la fecha elegida. Desde un principio pensamos en el mes de febrero, aun sabiendo que la cantidad de nieve y la estabilidad del tiempo no dependían de la fecha, y más teniendo como ejemplo la irregularidad de estos últimos años...

Una vez terminada la ruta y después de haber tenido más de diez días seguidos de buen tiempo, nos dimos cuenta de nuestro gran acierto. De hecho, los tres coincidimos en que sin el buen tiempo que tuvimos no hubiésemos completado la ruta, por la dureza de la misma.

En cuanto al abastecimiento, decidimos utilizar 6 depósitos a lo largo de la ruta. De esta manera, no tendríamos más de 5 días entre depósito y depósito para no cargarnos demasiado y, a su vez, dichos depósitos estaban en lugares de paso de la ruta. Los lugares elegidos serían: L´Hospitalet Press Andorre (un pueblo francés a los pies de Pas de la Casa), la estación de esquí de Ordino en Andorra, el Port de la Bonaigua, el túnel de Bielsa, el refugio Granje de Holle en Gavarnie y Candanchú. Además, existió un 7º depósito, que fue Benasque, donde aprovechando el día de descanso compramos comida para los siguientes 5 días hasta el siguiente depósito en el Tunel de Bielsa.

Los depósitos contenían desayunos (infusiones, capuchino, azúcar, avena, galletas), picoteos (1 sobre embutido por día, tortas, frutos secos), cenas (sopas, pasta china, comida liofilizada), y pilas, las cuales nos las proporcionó tan amablemente Txusma de Cegasa ¡¡Gracias colega !!

Además, nos permitimos meter alguna cerveza, vino y chocolate, como pequeños homenajes para alegrar nuestros espíritus.

Otra de nuestras preocupaciones era qué meter en la mochila. Debería llevar lo imprescindible, y a la vez no ser demasiado pesada. A grosso modo cada uno llevábamos chaqueta y pantalón impermeables, pantalón-malla, forro polar, muda de recambio, calcetines, saco de dormir, esterilla, chaqueta plumas, 2 pares de guantes, verduguillo, zapatillas, frontal, gafas, gafas de ventisca, la bolsa de comida, casco, arva, sonda, pala, crampones, piolet, equipo de travesía, focas de recambio y una carga de gas. Y entre todos: 1 botiquín, 2 hornillos con cazuelas, algo de material de reparación, un cuaderno con la ruta, 2 cámaras de fotos, 2 GPS y pilas de recambio.

RUTA

Partimos el sábado 2 de febrero rumbo al Canigó, con la idea de dejar los 4 depósitos que nos faltaban (túnel de Bielsa, Ordino, port de la Bonaigua, y L´Hospitalet Press Andorre). Al final tardamos 2 días en terminar esta tarea y plantarnos a los pies de la pica del Canigó, cerca de Fillols.

PRIMERA PARTE:
REFUGIO GARLIT, REF MARIALLES,REF VALTER 2000, NURIA, REF BOULLOUSES, L´HOSPITALET PRESS-ANDORRE


El primer día una buena nevada nos recibió en la cima del Canigó. Foto de rigor, fijamos cuerda para asegurar la chimenea de bajada y nos despedimos de Bera, que tan amablemente se prestó a acompañarnos para recoger la cuerda y después devolver nuestro vehículo a casa. Durante la bajada cambiamos los esquís por los crampones a causa de los pedruscos cubiertos de hielo y nieve fresca. En nuestras cabezas empezaba a sonar la frase: “hay que conservar la mecánica”…Al final, cambio de planes a causa de la poca nieve, para acabar bajando al refugio Marialles. Al día siguiente y ¡sin viento!, atravesar Pla de Guillen supuso un reto para nuestros pies y nuestras espaldas, todavía poco acostumbradas al peso de las mochilas. El Mediterráneo se dejaba ver a nuestras espaldas. Dormimos en el refugio Ull de Ter, y nos dirigimos a Nuria por toda la divisoria, arañando los pocos giros que la escasa nieve nos permitía. De Nuria subimos al emblemático Puigmal, regalo de cumpleaños para Ritxar…, y una promesa: “si llegamos a Benasque, ¡¡os invito a todos al spa!!
Después descendimos por la ladera norte, disfrutando de nieve polvo, hasta la estación de Puigmal-Er. Delante de nosotros, la Cerdanya se mostraba sin nada de nieve, así que tocaba trasladarse en taxi los mas de 40 km que separaban los dos lados del amplio valle para terminar esa etapa en el refugio Boulloses.

La jornada siguiente no se nos olvidaría en toda la ruta. Estábamos a punto de encarar el corredor de acceso a la Pica del Carlit, cuando Ritxar hizo un mal apoyo y su rodilla decidió salirse. Al final terminó en el helicóptero, rumbo al hospital para evitar agravar el estado de su pierna. Julián y yo seguimos esa etapa con el susto en el cuerpo pero decididos a llegar a nuestro destino: Hospitalet Press-Andorra, donde habíamos dejado nuestro primer depósito. Aquella misma noche Ritxar apareció cojeando en el pequeño pueblo, preocupado pero todavía con cierta esperanza de poder seguir adelante. Todo dependía de cómo reaccionara su rodilla tras dos días de reposo obligado…

SEGUNDA PARTE:
REF RULHE, REF RIALB, ESTACIÓN DE ORDINO


Después del reposo, y de disfrutar de la exquisita cocina de la guide d´etape, ascendimos por el Val d´Arques buscando la nieve, que se encontraba muy alta. De nuevo la sensación de abrir huella en nieve virgen nos animaría en nuestro paso hacia col de l´Albe primero y también hacia la collada de Juclar, la puerta del valle donde se encontraba la siguiente parada: el ref de Rulhe. A partir de allí, decidimos mantenernos en la vertiente francesa por la posibilidad de encontrar más nieve, y a través del collado de la Mina, entramos de nuevo en el Principado de Andorra para pasar noche en el refugio de Rialb. De Rialb bajamos hacia la estación de Ordino Arcalís, donde paramos a recoger el segundo depósito, ahora sí para unos cuantos días.

Con las mochilas a tope ascendimos al port del Rat y después de atravesar el impresionante y silencioso valle de Soulcem, subimos hacia el esquivo port de Boet. En la otra vertiente nos esperaba Pla de Boet, un precioso valle repleto de abetos, donde se encontraba Valferrera, refugio habitualmente utilizado para ascender la Pica d´Estats.

TERCERA PARTE:
REF VALFERRERA, REF CERTASCAN, REF MONTROIG, REF AIROTO, SALARDÚ


Nos tocaba afrontar uno de los tramos más largos y también más aislados de toda la travesía. Valferrera nos recibió rodeado de escombros, algo que estropeaba la hermosa vista de todo el bosque de abetos que lo envolvía. De Valferrera ascendimos hacia el curioso ref de Baborte, para después descender hacia el profundo valle que nos separaba del refugio de Certascán donde finalizamos la etapa. Día largo y duro por el calor y la ausencia casi total de nieve, la cual no pudimos pisar hasta cerca de la presa del estany. 1200 m de desnivel, una última subida que nos pasaría factura los días venideros.

Desde dicho refugio nos dirigimos cómodamente y disfrutando de una nieve totalmente transformada hasta el collado de Certascán donde apareció el imponente Mont-Roig, dividido en dos cumbres por su elegante corredor este. A los pies de éste, y dominando el Estany inferior de la Gallina se encontraba el confortable refugio Enric Pujol, en donde pernoctaríamos. Estábamos ya a 14 de febrero, el tiempo seguía estable y la pierna de Ritxar parecía responder sin problemas.

En la etapa siguiente, atravesamos uno del los puntos más complicados de la travesía: el Col de la Tartera, un estrecho paso que en caso de niebla puede ser complicado de encontrar. El tiempo de nuevo nos acompañaba y salvo algún pequeño tramo pudimos bajar con nuestros esquís.

Desde dicho col accedimos al valle de Comamala, por el cual nos deslizamos hasta que la vegetación y el poco espesor de la nieve nos obligaron a echarnos los esquís a la espalda. De ahí, y ya por una estrecha senda, descendimos a la carretera que por el fondo del valle, bajaba al pueblo de Alós d´Isil. Estábamos a 1.280 metros de altura, posiblemente el punto más bajo de toda la travesía.

Ese día habíamos dejado el plato principal para el final, 1200 metros de desnivel nos esperaban hasta el coll de Cuenca. Antes tendríamos que atravesar el curioso valle colgado que da acceso a dicho collado y que estaba rodeado de blanquecinos picos de roca caliza. El recuerdo de los picos de Europa rondaba nuestras cabezas. Fue un día largo que terminaría en el confortable refugio de Airoto. Un refugio en forma de tienda canadiense, totalmente de madera y equipado con mantas, colchones y además estufa… De Airoto hasta el siguiente depósito del port de la Bonaigua quedaba un paso, y teniendo en cuenta que salíamos hacia el oeste, por lo que podríamos asegurarnos la nieve hasta el mismísimo Port.

Habíamos completado uno de los tramos más complicados de la travesía y nos encontrábamos bien, cómodos. Nuestra moral era puesta a prueba diariamente por el peso de la mochila y por el surtido de nieve que nos habíamos encontrado, que iba en aumento. No ocurría lo mismo con nuestro material.

Había algún canto partido y las focas ya empezaban a sufrir de alopecia. Nos vimos obligados a bajar a Salardú, arreglar los esquís y seguir al día siguiente rumbo a Colomers con el material en mejores condiciones.

CUARTA PARTE:
SALARDÚ, REF RESTANCA, HOSPITAL DE BIELA, BENASQUE


Aquella decisión, sin saberlo, había sido de lo más acertada. La cazuela que utilizamos en Airoto para derretir nieve debía de tener inquilinos. Esa noche y parte del día siguiente estuvimos padeciendo todo tipo de desórdenes estomacales. Nos habíamos relajado con la higiene del agua y ¡¡vaya si lo habíamos pagado!!

La dieta funcionó, y después de otro día de obligado descanso, pudimos continuar por el valle de Tredós hacia Colomers y, tras el almuerzo de rigor, dirigirnos hacia el ref de la Restanca.

La borrasca se nos había echado encima. Ese día, sin la ayuda de los Gps, encontrar el estrecho port de Crestada a los pies del Montardó habría resultado imposible.

Ya habíamos llegado al macizo de Aneto-Maladeta, terreno más conocido para nosotros. Teníamos dos opciones para llegar a Llanos del Hospital: por el Coll de Mulléres o por el Coll de Salenques.

La primera opción era más seria y las condiciones tanto atmosféricas como de la nieve eran importantísimas para poder afrontarla con garantías. Los partes meteorológicos que llegaron a nuestros móviles no preveían mucha estabilidad. Así que la opción del Coll de Salenques fue la elegida.

Al final del día siguiente íbamos a dormir en Benasque de vuelta a la cama, la ducha, la comida fresca… Conforme avanzaba esa jornada, el tiempo se fue estabilizando lo suficiente como para dejarnos disfrutar de todo el valle que daba acceso al coll de Salenques. Entrábamos en el Pirineo Central…

La escasa nieve estaba de lo más caprichosa y nos obligaba a cambiar continuamente el peso del cuerpo para evitar la caída. Además, el calor y la blandísima nieve del principio del valle de Salenques, nos habían castigado muchísimo las piernas. Miramos de reojo el Aneto casi pelado por el viento, y seguimos descendiendo dirección Plan de Aigualluts, Llanos del Hospital para terminar con una cerveza en la mano en el lujoso hotel de Llanos del Hospital.

Cualquier excusa era buena para disfrutar de los pequeños placeres que no disponíamos en la montaña.

QUINTA PARTE: REF ESTOS, REF TABERNES, REF TRIGONERO

En Benasque hicimos compras para los siguientes días, y las reparaciones del equipo. Y dicho y hecho, la promesa hecha en la cima del ya lejano Puigmal, se cumplió y todos nos fuimos al spa…¡¡paga Ritxar!!

Al día siguiente Oscar, un compañero de trabajo, nos acercaría a Llanos del Hospital para continuar la travesía a través del tranquilo valle de Remuñe. La nieve volvía a estar en perfectas condiciones, y llegar a Ref de Estos sólo fue cuestión de encontrar la manera de bajar al valle sin quitarse los esquís.

La etapa siguiente se presentaba sencilla y aparentemente corta. El Posets quedaba a mano y nos apetecía hacer cima. Lo que en un principio iban a ser cuatro horas y media, acabaron siendo casi once horas de excursión… Cuando llegamos a Viadós nos encontramos que el pequeño refugio de invierno estaba a tope (solo entraban seis personas), así que la etapa se alargó hasta el siguiente refugio: Tabernes. Allí hubo cambio en la alineación: Javi, un vitoriano, se unía al grupo, y Julián, la voz de la experiencia, decidía posponer la travesía.

También iba a ser día de cambio de recorrido. El día amaneció muy nuboso y por razones de visibilidad preferimos no subir demasiado. La variante elegida iba directa hacia el puerto de Urdiceto, Collado de Trigonero, y terminaba en la cabaña del mismo nombre, la cual nos encotramos también en plena remodelación. Aquella noche una carretilla haría de mesa y unos sacos de cemento de colchones…

Nos acercábamos al túnel de Bielsa, nuestro siguiente depósito, y la nieve volvía a estar en buenas condiciones. Remontamos el valle dirección noroeste observando la ladera derecha repleta de barrancos y restos de enormes aludes. En caso de haber tenido nieve, este punto habría resultado muy peligroso. Siguiendo la cresta que divide el estado francés y español acabamos en la cima del Bataillence, donde después de un bonito descenso nos plantamos en la boca norte del túnel.

SEXTA PARTE: CABAÑA GELA, CABAÑA DE AGUILOUS, GAVARNIE

Susto con el depósito enterrado. El árbol que nos servía de referencia había sido desplazado por la nieve, así que nos tocó palear más de la cuenta para encontrarlo. Llenamos las mochilas, y de nuevo subimos la ladera dirección oeste, en busca de la pequeña pero confortable Cabaña Gela. A la mañana siguiente decidimos remontar el amplio valle aprovechando la nieve, para luego ascender la ladera oeste hasta la Hourquette de Chermentas. Sin perder altura ladeamos hasta acceder al empinado corredor que terminaba en la Hourquette de Héas.

Las vistas eran impresionantes,todo el macizo de monte Perdido, Marboré, el circo de Gavarnie, Taillon , Vignemale…
La ladera opuesta estaba pelada de nieve, así que lo que debía ser un bonito descenso terminó en una bonita caminata hasta la austera cabaña de Aguilous. De este privilegiado mirador, ya en la jornada siguiente, continuamos valle abajo hacia el Lac des Gloriettes, y luego a Gavarnie donde de nuevo habíamos dejado un depósito que utilizaríamos para atravesar el siempre impresionante macizo de Vignemale.

El mes de febrero estaba acabando y nuestro tiempo también. Teníamos que elegir el camino más directo para cumplir nuestros planes, y renunciar a posibles cimas.

SÉPTIMA PARTE: OULETTES DE GAUBE, PIEDRAFITA, CANDANCHÚ

Lo que tendría que haber sido una cómoda aproximación por Ossoue acabó siendo una lucha continua contra nieve costra profunda. Atravesamos el barranco y poco a poco fuimos ascendiendo hasta llegar al ref de Baysellance, lugar elegido para almorzar. La Orquete d´Ossoue quedaba a un paso y la siempre espectacular cara norte del Vignemale también.

El ruido del refugio de Oulettes se oía entre la niebla pero las nubes embutidas en el valle impedían verlo. En mitad de la bajada nos topamos con Juan Tomás y su compañero, los guardas del refugio, que intentaban ponerlo en funcionamiento después de unos meses de inactividad.Aquella cena y posterior sobremesa la guardaremos en el saco de los buenos momentos ¡¡Muchas gracias por todo!!

De Oulettes pasamos al refugio de Wallon, primero por el col des Mulets, después por el collado de Letrero, para por el collado de la Facha bajar a dormir al austero refugio de Piedrafita. A lo lejos las agujas de Ansabere nos señalaban el cercano final de la travesía.

Comenzaba el mes de Marzo, y una borrasca entraba en pocos días. Parecía que ahora sí que se podía torcer el tiempo, y no podíamos quedarnos parados en algún refugio esperando la mejoría. Además, las piernas ya estaban hechas al esfuerzo. En dos etapas forzando la máquina terminaríamos en Zuriza lo que un cuatro de febrero habíamos empezado cerca del Canigó. En nuestras cabezas las pequeñas dudas y la motivación se habían ido transformando en una huella. Esa huella se había ido haciendo grande, poco a poco y con mucho esfuerzo. Marc Breuil lo había llamado esquí en libertad, y eso es exactamente lo que habíamos sentido.

Las tres últimas etapas forman parte también de los mejores recuerdos de la travesía. Habíamos ido rápidos y habíamos disfrutado del recorrido. El último día, cuando la noche ya se nos había echado encima, vimos unas luces al fondo del valle. Julián nos venía a recoger incapaz de perderse el final de nuestro pequeño sueño…

Juanma y Ritxar El último collado. Esa noche dormimos en casa.





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Comentarios

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2 comentarios

2. ficus - 10 Feb 2009, 22:06
Impresionante, enhorabuena

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1. Marcski - 11 Ene 2009, 16:01
Que gran aventura,y que afortunados sois de poder realizarla. Ojala yo algun dia pueda cumplir tambien ese sueño, ya sea en invierno como en verano.

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