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ACTUALIDAD | REPORTAJES | 10 de Marzo de 2010

Descenso de la cara norte del Pico Lenin con esquís

El pueblo kirguiz es tradicionalmente nómada y sus caballos son algo esencial para trasladarse por las vastas extensiones de Asia Central. Aunque nosotros dejamos de ser nómadas hace ya mucho tiempo, algo de aquel espíritu viajero todavía nos induce a conocer otros lugares y otras culturas. Así pusimos nuestra mirada en esta región que además nos permitía combinar viaje y alpinismo. Y enseguida nos sedujo la imagen de la cara norte del Pico Lenin: 7134 m de altitud, 3000 m de desnivel esquiable y hasta 50º de inclinación. Teníamos que esquiarla.

Aclimatando

Esta montaña hace frontera entre Kirguizstán y Tadjikistán, antiguas repúblicas de la USSR. Conviven en perfecta armonía musulmanes, ortodoxos, budistas y demás, en un auténtico ejemplo de tolerancia. Nosotros volamos a Moscú y desde allí en vuelo directo a Osh, en donde nos esperaban nuestros amigos de la agencia Kirguiz Ak-Sai (www.ak-sai.com) que gestionan una de las instalaciones del campo base, a 3600 m, en un lugar muy agradable y cómodo. Allí podremos entrar en contacto con las gentes del lugar que se instalan por los alrededores y ayudan en las tareas de las distintas agencias.

El tiempo es sumamente variable y en la misma jornada podemos disfrutar del sol, la lluvia, el granizo y la nieve. Así hemos comenzado la aclimatación, aprovechando este tiempo revuelto para ascender cada vez más alto por los picos de alrededor. Y a pesar de ello no podemos perder más jornadas si queremos tener alguna opción de ascensión a la cima, ya que venimos con el tiempo muy justo. Decidimos preparar todo para trasladarnos al campo 1 al día siguiente, esperemos que con otras condiciones meteorológicas...

Hemos acertado; tenemos otras condiciones meteorológicas: nieva y nieva. Húmedos, pero no calados, llegamos al campo 1 asentado en mitad del glaciar a 4200 m. Aquí las comodidades son las justas pero suficientes, incluso con un arroyo glaciar en donde asearnos, eso sí, sólo los días de calor. Desde aquí podemos escudriñar la cara norte del Pico Lenin para trazar mentalmente la ruta que descenderemos, pero de momento debemos esperar a que la nieve se asiente.

Después de tres días nevando sin poder movernos, hemos descansado, hablado con todos los vecinos, escrito, leído, y ahora queremos movernos. Ya entiendo la cara de desesperación del polaco que lleva seis días aquí. Y además, cuando despeje y debido a la nieve recién caída, el camino al campo 2 va a estar muy, pero que muy peligroso. Precisamente ese tramo es el que reúne más riesgos objetivos de toda la ruta, ya que cruza una zona muy fracturada del glaciar y luego atraviesa la “avalanchosa” cara norte.

Por fin amanece despejado, y aunque algunos grupos salen hacia el campo 2 ignorando el riesgo de aludes, decidimos esperar y dedicar la jornada a hacer una corta esquiada por los alrededores. Pasamos toda la tarde mirando la cara norte y decidiendo cual sería la ruta más segura de descenso en esa inmensa pared. Ahí que tomar referencias para cuando estemos allí inmersos, ya que una ruta errónea nos puede conducir a zonas de hielo vítreo, seracs inmensos, grietas de quitar el hipo, etc.

Ascendiendo

Durante la noche hemos vuelto a oír cómo nevaba fuera y lo primero que hacemos cuando suena el despertador, es asomarnos a ver el cielo. Algunas nubes bajas pero cielo estrellado. Nos calzamos los esquís, encendemos los frontales y avanzamos deprisa hasta la zona agrietada del glaciar. A partir de aquí, la ruta se empina y atraviesa la base de la cara norte del Lenin. Superamos los primeros muros y las grandes grietas y volvemos a calzarnos las tablas. Aceleramos el ritmo, ya que hasta el campo 2 nos espera una larga y expuesta travesía ascendente, por donde las avalanchas a menudo barren la huella.

Con un ritmo, quizás demasiado fuerte (5 horas y media) hemos llegado al campo 2, a 5300 m. Este campo fue el escenario en 1991 de una de las mayores tragedias de montaña, cuando tras un seísmo quedó sepultado por una gran avalancha, muriendo cerca de cincuenta personas. Actualmente han trasladado el campo a un lugar mucho más seguro, pero también más incómodo en una inclinada ladera de hielo y piedras. Pero al fin estamos instalados, con comida para bastantes días y buen tiempo. Mientras derretimos nieve, vemos el atardecer y todo parece perfecto.

Pero miro a Mariano y veo que tiene mala cara, y por lo que dice, peor estómago. Lleva varios días con molestias, como la mayoría de la gente que pasa por el campo 1. No pega ojo en toda la noche, y a la mañana siguiente decide bajarse al campo base para recuperarse. Se calza los esquís y rápidamente le pierdo de vista en la inmensidad del glaciar. Me quedo con la esperanza de que, mientras monto el campo 3, a él le de tiempo a mejorar y volver aquí. Hemos compartido todo el proyecto, y ojalá podamos compartir también el descenso.

Descenso del Pico Razdelnaya

Solo y aburrido en este campo 2 observo el Razdelnaya, un pico de 6300 m que se encuentra sobre el emplazamiento del campo 3, muy cerca de éste. Mientras sigo aclimatándome a la altitud, decido ascender a él con los esquís. Alcanzo un amplio collado en donde algunos han preferido colocar su campo “2 y medio”, mucho más cómodo y menos saturado de gente, aunque eso sí, más expuesto al viento. Desde aquí la pendiente se empina hasta unos 40º, y por el momento mis pieles de foca van sujetándose en esta nieve entre polvo y costra. En los últimos metros decido dejar de resbalar y echo los esquís a la mochila. La ruta al campo 3 gira al este pero la cima está un poco más al oeste, así que allí me dirijo. He tardado sólo 3 horas, me encuentro fuerte y aún me queda lo mejor: la bajada hasta el campo 2.

Quitar pieles, bloquear fijación, apretar ganchos y coger bastones: me bajo. Los primeros giros los realizo con cautela, pero cuando llego a la zona empinada me acelero. Esta nieve costra y ligeramente compacta por debajo, rompe bien yendo rápido y con viraje amplio. Así que bajo deprisa, o como dicen en mi pueblo como un “Sputnik”, hasta que el aliento no me llega. Incluso me permito el lujo de un pequeño salto en unos seracs cerca ya del campo 2. Disfruto como pocas veces. Estoy pletórico y pienso que el Lenin es pan comido. ¡Qué equivocado estaba!

Tras un día de descanso me llevo una gran desilusión: me comunican que Mariano ha tenido que darse la vuelta otra vez, malo del estómago. La montaña es así, y sólo espero que el malestar sea pasajero. Me aburro de estar sólo y parado, así que mañana me voy al campo 3.

Ataque a la cima

Subo al campo 3 por la ruta conocida, pero hoy se me hace más pesado. ¿Será que no estoy todavía bien aclimatado? ¿O será el desgaste de tantos días seguidos en los campos de altura sin bajar? Llego al collado a 6200 m donde están las tiendas con un vendaval, mucho frío y algo de nubosidad. Paso el resto de la jornada estudiando la ruta de subida por la ancha arista y descubro que no es lo esquiable que a priori pudiera parecer. El fuerte viento ha dejado la roca al descubierto en buena parte del recorrido, y en el resto de la ruta habrá que acercarse peligrosamente a la cara norte para progresar con los esquís puestos. Me meto en el saco esperando que mañana continúe el buen tiempo.

Me despierto: ya es la hora maldita de salir del saco, pero no oigo movimiento en las tiendas de mis tres vecinos. Me asomo: pocas nubes, mucho frío y muchísimo viento. Me pregunto: ¿Por qué no serán las cosas blancas o negras? O hace malo y me quedo en el saco, o hace bueno y me subo. Pero no, no hace del todo malo, aunque hay algunas nubes y un vendaval. ¿Qué hago? Por fin me forro con toda la ropa que tengo y empiezo a foquear y, ¡vaya!, los vecinos se han animado y vienen un poco más atrás.

¡Otra sorpresa! Aquellas pendientes que veía esquiables están formadas por dunas huecas de nieve compacta, difíciles de pasar con las tablas puestas. Paciencia: quita esquís, pon esquís, quita esquís,… Mi ritmo es menos veloz de lo que tenía pensado pero al menos sigo hacia arriba, no como mis vecinos que han dado la vuelta. ¡Joder, qué largo y pesado es esto! La ascensión es una continua sucesión de resaltes poco empinados barridos por el viento, muy difíciles de subir con esquís, y extensas secciones casi llanas donde me los puedo calzar.

Empiezo a acusar la altitud: cincuenta pasos y descansito; otros cincuenta más,... El viento sigue con fuerza, pero lo peor son las nubes en las que ya me veo envuelto. Asciendo lo que supongo será el último repecho empinado antes de la zona somital. Ya no distingo el relieve y además noto algo de ceguera de montaña en un ojo debido al resplandor dentro de esta niebla. ¡Mierda! El GPS no me funciona. Siempre pasan estas cosas en el peor momento, y es que no hay que fiarse de que la tecnología nos vaya a sacar de un apuro. Llevo seis horas, son las doce del mediodía y en algún lugar entre la niebla debe estar la cima.

¡Mira que tenía claro que no iba a bajar la cara norte sin visibilidad! Pero pienso que tal vez en cuanto descienda unos metros, ésta mejorará. Por el aspecto llano y la sucesión de dunas que atisbo entre la niebla, la cima está muy cerca, pero ¿dónde? No puedo perder más tiempo si quiero tener alguna opción de acceder a las canales que te introducen en la cara norte. Así que decido no seguir buscando más la cima y dirigirme a ellas con los esquís.

La huida hacia abajo

Intuyo que estoy entrando a la cara norte ya que la pendiente se va acentuando, aunque realmente no sé por dónde o si hay algo que me corta el paso. Empiezo a no verlo claro, pero debo resolver hacia abajo. La niebla abre lo suficiente para ver más allá una pendiente continua y asequible. Me dirijo a ella, pero debo pasar por encima de unos domos de nieve dura. Los cantos agarran en esta pendiente de unos 50º y sólo me queda atravesar una canalona entre las dos últimas jorobas. Me lanzo, y cuando llego a la canal se me empotran los esquís en nieve blanda y una fijación me salta. Como a cámara lenta siento que me desequilibro y caigo. Despacio al principio pero ganando velocidad súbitamente. No veo nada y no puedo respirar por la nieve que he tragado. Doy vueltas, no sé cuántas. Lucho por incorporarme sobre el único esquí puesto, y lo consigo. Me deslizo sobre él y me detengo.

Me quito la nieve de la cara, respiro, pienso. Me vienen a la mente las reflexiones de Kurt Diemberger en su libro “El nudo infinito”: las tragedias en montaña suelen ser producto de la acumulación de pequeños errores, que independientemente cada uno, no son determinantes. Pienso en la escasa aclimatación, subir solo, el comienzo de ceguera, la falta de visibilidad, las fijaciones ligeras inadecuadas,… Además, no sé con precisión dónde estoy, hay condiciones de nieve para que haya avalanchas y mi moral por los suelos.

He perdido un bastón pero conservo los dos esquís ya que el suelto lo llevo atado por la correa. Afortunadamente he llegado a esa zona a la que me dirigía, menos empinada y continua, que supongo está cerca del espolón que baja de la cima. Debo seguir bajando y lo hago. Procuro enlazar virajes hasta que el aliento me falta y paro a buscar referencias.

Por fin veo el espolón, voy por buen camino. Llego a las coladas de las avalanchas de hace unos días, que descienden directamente hasta la base de la pared y que son la ruta más segura. Pero ahora no distingo entre nieve y niebla, entre movimiento y parada. En algunas ocasiones voy tanteando la nieve por delante de mí con el único bastón que tengo, en busca de grietas ocultas. Y así sigo bajando y bajando hasta que empieza a nevar. He llegado a la zona menos empinada, de unos 30º, pero esto es inmenso y no sé por dónde debo seguir para encontrar la huella de la ruta normal que me lleve al buen camino entre los seracs de la base de la pared. Si sigue nevando no voy a poder encontrarla, así que vuelta a correr hasta que distingo dos puntos negros que se mueven. Sí, son dos personas en la ruta normal y me lanzo hacia ellas todo lo rápido que puedo, antes de que desaparezcan en la niebla. Les alcanzo, lo he conseguido.

Conclusiones

Descanso y reflexiono. No ha sido el descenso que me había imaginado, más bien tengo la sensación de haber huido hacia abajo. Desciendo al campo 1 y al día siguiente al base, en donde me espera una de las cosas más gratificantes de toda expedición: una fría cerveza. Recibo las felicitaciones de los amigos de Ak-sai y celebramos una pequeña fiesta, por supuesto con vodka. Pero me sorprendo mirando ensimismado el verde de la hierba, el terciopelo de los edelweiss, las antenas de los insectos. Esos pequeños detalles que conforman la vida que tanto apreciamos: el abrazo de Mariano al volver, y las palabras de cariño de mi familia cuando por fin les llamé. La vida está abajo, pero la tentación vive arriba.

Guía Práctica

Kirguizstán

Esta ex república soviética pasó a ser una nación independiente en 1991. El pueblo Kirguiz es básicamente nómada, unido al caballo y a su hogar, la yurta. Hay dos idiomas oficiales, el ruso y el kirguiz, y usan los caracteres cirílicos. En cuanto a la religión, el Islamismo se mezcla con el Cristianismo Ortodoxo y otras religiones minoritarias. La moneda que usan es el Som (1 €= 55 SOM aprox.) y sólo en los campos de montaña admiten dólares o euros. Su capital es la ciudad de Bishkek, de aspecto soviético, gris y sin personalidad. Pero sus alrededores montañosos son espectaculares. Osh es la ciudad más importante al sur del país, y sus habitantes suelen decir que es más antigua que Roma, unos 3000 años.

Viaje

Lo normal es volar de Madrid a Moscú, y de aquí a Bishkek con Aeroflot o Iberia. Después tomaremos el vuelo de Bishkek a Osh con Kyrgystan Airlines. Existe la posibilidad de ahorrarnos tiempo y algo de dinero, así como un trayecto aéreo, volando directamente de Moscú a Osh con la compañía S7 (Siberian Airlines). Se puede volar desde Osh directamente al campo base con Valor Airlines en poco más de una hora. El precio de 100 € el trayecto puede parecer incluso barato si lo comparamos con las 8-10 horas de carreteras y caminos infernales.

La ruta de ascenso

Desde el campo 1 (4200 m), unas suaves laderas conducen a la cara norte. Nosotros pudimos ascender con los esquís por esta zona ya que había nevado hasta muy abajo durante los días anteriores. La parte baja de la cara norte comienza con una zona inclinada y fracturada del glaciar en la que hay que quitarse los esquís. Después, una continua travesía ascendente hacia la derecha, en la que subes con los esquís puestos, te lleva hasta el campo 2 (5300 m). Continuamos por un repecho inclinado 40º con los esquís en la mochila hasta los 5600 m aproximadamente. Allí nos podemos poner nuevamente los esquís por unas suaves laderas (en donde es posible montar el campo 2 avanzado) que nos llevan a la cima del Razdelnaya a 6300 m. La última parte de esta subida se empina hasta los 40º, pudiendo afrontarse con los esquís si la nieve está en buenas condiciones. Una pequeña bajada te conduce al collado en el que está el campo 3 (6200 m), muy expuesto al viento. Los últimos 1000 m de desnivel siguen la arista oeste hasta la cima. Esta arista está barrida por el viento, así que es fácil que no tenga mucha nieve y haya que quitarse frecuentemente los esquís. La nieve en esta zona estaba dura y con numerosos sastruguis. Un último y corto repecho de 40º te dejan en las proximidades de la cima.

La ruta de descenso

La entrada más directa a la cara norte es la que hizo el italiano Previtali, pero antes justo de la cima tenemos numerosas posibilidades para hacerlo también de forma bastante directa. Si se entra en la cara norte más abajo tenemos que hacerlo por alguno de los canales que hay entre los espolones rocosos y que son algo menos inclinados (40º), aunque después hay que trazar una diagonal hasta el centro de la cara norte, y la posibilidad de avalanchas es mayor. La primera parte de la ruta, es una ladera inclinada entre 45º y 50º, algo expuesta ya que hay resaltes y domos de nieve y de hielo entre los que la nieve es muy cambiante. Después de estos primeros 300 m, la ladera va perdiendo inclinación pasando a 40º y después a 35º. Es muy fácil perderse en esta cara norte tan amplia, así que hay que trazarse un eje de descenso seguro entre los seracs hasta la base. El resto es un descenso largo por amplias laderas en las que hay que estar atento a las grietas y a los seracs, muy pero que muy propenso a las avalanchas, que es sin duda el mayor peligro de la ruta. La zona final de grietas en la base de la cara norte es posible descenderla también, si hay nieve suficiente.

Agencias y servicios

Ak-Sai Travel (www.ak-sai.com): Recomendamos esta agencia por su profesionalidad, calidad de servicios y personal humano. Muchos de ellos hablan castellano, lo que nos facilitará el gestionar cualquier asunto. Sus servicios en el campo base son los más completos de todos: duchas calientes, sauna, tienda comedor con TV, internet, y sobre todo un trato de amigos.

Otros servicios que podemos contratar:

  • Guía de Alta Montaña (local, habla castellano): Durante toda la expedición 800-1000 € (max. 5 pax.).
  • Porteo de material: 1,5 €/kg. entre CB y C1. 6 €/kg. entre C1 y C2. 14 €/kg. entre C2 y C3.
  • Tiendas de altura: 5 €/día. Capacidad 2 pax.
  • El gas para nuestros hornillos lo podremos comprar a 4 € la bombona.

Recomendaciones:

  • No hacer tránsito en Moscú, a no ser que queramos hacer algo de turismo.
  • No contar con los vuelos de Osh al campo base. No siempre cumplen con sus horarios.
  • Potabilizar agua en el campo 1. Nosotros usamos un filtro cerámico y pastillas.
  • Si hay aglomeración en el campo 2, ubicarlo más arriba, en el collado a 5300 m o incluso a 5800 m.
  • Llevar teléfono móvil: en el campo base y en ocasiones en el campo 2, hay cobertura.
  • Llevar mucho abrigo: chaqueta y manoplas de plumas, botínes térmicos, cubrebotas.
  • En lo que se refiere a los esquís, desaconsejo el equipo ligero para un descenso como este, más freeride que extremo.

LUIS PANTOJA
46 años. Técnico Deportivo de Esquí Alpino y de Montañismo. He trabajado como Profesor de Esquí, Guía de Montaña y Especialista en Meteorología de la AEMET (especializado en nivología). Ha realizado alpinismo y descendido con esquís muchas montañas de España, África, Alpes, Cáucaso, Andes, Tien-Shan y Pamir. Acaba de publicar el libro “Freeride Madrid: descensos en Guadarrama” en la Desnivel Ediciones, junto a Enrique Ribas.


Llegando al Campo 3 del Pico Lenin (7134 m)


Tumba kirghiz con la cola del caballo de la persona que está aquí enterrada.

Durante el ascenso.

Aproximación.

Grandes campas de nieve.

Campamento.

Con la pared detrás.

Zona de seracs.

En el descenso.

Entrenando en hielo en Guadarrama.

Esquiando en el Lenin.

La ruta.

El pueblo Kirguiz es básicamente nómada, unido al caballo y a su hogar, la yurta.

Tags: Alpinismo

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Comentarios

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4 comentarios

4. serlumo - 17 Abr 2010, 18:11
La web es: http://deexpedicion.com/lenin2010/es

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3. serlumo - 17 Abr 2010, 18:11
Impresionante el reportaje, una maravilla. Un grupo de amigos nos vamos al Pico Lenin en agosto de 2010, hemos montado una página web con toda la información: http://deexpedicion.com/lenin2010/es

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2. Llop ferit - 10 Mar 2010, 14:40
Es mas espectacular la de "Entreado en Guadarrama" que las otras, sin desmerecer.

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1. dolomiticus - 10 Mar 2010, 14:10
Ole! Mola que haya gente con inquietudes diferentes, imagiancio y ganas de sufrir. Un saludo

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