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ACTUALIDAD | REPORTAJES | 29 de Mayo de 2010

Historia de la escalada del Firé

“Estas agujas que, entre Peña Ruaba y el macizo de los Fils, se extienden a lo largo de la vertiente sur de la Sierra de Loarre, semejan una enorme cadena cuyos eslabones de gigantescas proporciones son los Mallos, destacando entre todos ellos en primer lugar, tanto por su tamaño como por su orden correlativo, los mallos Firé y Pisón, que ostentan sus nombres por estar enclavados en los patrimonios de las casas de Firé y de Pisón”.

A este mallo, también se le conocía como Mallo de las Diez, por saber en el pueblo que era esa hora por la posición del sol respecto al mallo. Más adelante hablaremos de toponimia y también de Francisco Ramón, pero antes de nada conviene explicar sucintamente cómo surgieron estos gigantes de piedra.

Ciertamente, estos eslabones de la cadena que citaba el “Galletas”, llaman la atención por su magnitud. La explicación del origen de estas moles estaría en la orogenia alpina del Pirineo, que creó una gran cantidad de derrubios que fueron a parar a las sierras exteriores, donde la erosión moldeó estas llamativas formas; simplificando hasta más allá de lo académicamente permisible, podríamos afirmar que los mallos son la obra en la que la meteorología ha convertido al vertedero de la construcción del Pirineo. De este reino de conglomerado y paraíso de la escalada, destaca por su acusada verticalidad y clara individualidad, el Mallo Firé, objeto de este artículo.

Como fundador del Grupo de Escaladores de Montañeros de Aragón y miembro honorario del grupo de Alta Montaña además de ser propietario de una casa en Riglos, Francisco Ramón conocía bien estas paredes, por lo que será mejor que siga siendo él quien haga la presentación del Firé: “El mallo Firé, al que alguien y no del todo equivocado definió como un gigantesco percebe es, en el Norte, el espolón terminal del macizo, con paredones rigurosamente verticales de unos 350 metros a plomo sobre la línea del ferrocarril y río Gállego, y su cumbre la forman cinco agujas que han ido recibiendo nombre al mismo tiempo que fueron conquistadas en primera ascensión.”

Tal y como bien apunta el texto, las Cinco Puntas del Firé -No Importa, Mateo, Buzón, Mallafré y Montolar, citadas de sur a norte- fueron bautizándose con los nombres que se les dio tras la conquista entre 1935 y 1946. Todas estas ascensiones tienen en común el hecho de que evitaron por el collado norte las vertiginosas murallas del resto de orientaciones del Firé, siendo esta vertiente septentrional el único punto débil en el que el mallo pierde algo de su marcada verticalidad y altura gracias a su suave unión con el resto del macizo.

Antes de la guerra civil, algunos montañeros aragoneses intentaron con más empeño que fortuna la conquista de los mallos, pero fue la cordada que encabezaba Jean Arlaud y que se completaba con su compatriota Jean Grelier y el italiano Piero Ghiglione, la que logra el 9 de julio de 1935 la más accesible de las puntas, tan modesta que desde Riglos no es visible por estar tapada por sus vecinas. Ante la imposibilidad de alcanzar la cima principal, dejan en esta humilde punta el buzón de registro que, según costumbre de la época, portaban los primeros ascensionistas como testigo del lugar más alto alcanzado por éstos. Este elemento dará nombre a la Punta Buzón, primera de las cinco puntas en ser alcanzada.

La muerte del doctor Arlaud en la cresta del Gourgs-Blancs, la guerra civil y la consiguiente posguerra, todo ello unido a la difícil situación internacional con toda Europa implicada en la segunda guerra mundial, hace que no exista demasiado interés en escalar montañas. O casi. El 18 de agosto de 1942, mientras la guerra mundial se dirimía en África y el Pacífico y las tropas alemanas avanzaban hacia la URSS, tres escaladores catalanes asaltan el mallo Firé para lograr la primera de las cumbres de los mallos. Las firmas de Ernesto Mallafré, Francisco Blasi y Juan Bou del CADE, inauguran el libro de registro de Riglos, detallando la actividad y bautizando, sin ellos saberlo, a la punta más alta del Firé como Punta de los Catalanes. La muerte de Ernest Mallafré en el descenso del pico Monastero el 31 de diciembre de 1946, llevó a los escaladores aragones a homenajear al conquistador del Firé otorgándole su nombre a la cima que lo corona: Punta Mallafré.

La siguiente punta en ser conquistada, fue la Mateo el 1 de junio de 1944, cuyo nombre se puso en honor a su primer ascensionista, Joaquín Mateo Tinao del Grupo Universitario de Montaña. Más tarde, se aprobó en Junta de Montañeros de Aragón rebautizar esta punta como Punta Ángel Mateo Tinao, que a la sazón era hermano del aperturista y que murió tras varios años de agonía tras recibir una herida en septiembre de 1936 que le dejó con las dos piernas amputadas. Escribía poéticamente Ángel Mateo por aquellos años de espera ante su final: “Sería un bello destino / quedar en tus piedras muerto / con tu manto de siemprevivas / y arrullado por los vientos”. Finalmente, el nombre de Punta Mateo ha permanecido en la toponimia aceptada, aunque sin quedar claro si hace honor al aperturista o, como fue su deseo, a su hermano.

Y llegó la Falange. Ángel Serón, el “Flecha” voluntario de la División Azul en la segunda guerra mundial, bautiza con nombres de las centurias del Frente de Juventudes las dos puntas que quedan. Escribe el “Flecha” sobre la primera conquista que consigue en Riglos: “La ascensión se empezó el dicho día 29 (de junio de 1946) formando la primera encordada los camaradas Millán – Serón – Martí, llegando sobre las dos de la tarde a la Pta. “Mateo”, donde difícilmente cabíamos; seguidamente un “rapell” al collado que enlza la Pta. “Mateo” con la punta que culmina nuestra escalada; este collado continúa en una cresta de subida suave y puede subirse, lo suficiente tranquilo, de pie, hasta el final de la cima, siendo ésta bastante amplia. Nos abrazamos al ver que, efectivamente, habíamos sido los primeros que realizamos esta escalada, colocamos una bandera y a su pie se abrió el buzón para los que después suban sientan la misma satisfacción que nosotros. Brazo en alto, cantamos el “Cara el (sic) Sol” que nunca nos pareció más ardiente que en estos momentos”. Llaman Punta No Importa a esta suave cima, culminación del marcado espolón suroeste, en referencia al nombre de su centuria que, a su vez, hace referencia a un lema de Primo de Rivera y a la revista de propaganda ideológica falangista. Mientras Serón, Millán y Martí logran su “escalada” rapelando desde una punta ya conquistada, ese mismo día, Panyella y Casasayas culminaban la ascensión de la directísima Pany-Haus al Pisón.

El 14 de octubre de 1946, se consigue la última de las puntas del Firé. Los mismos conquistadores de la No Importa, Serón, Millán y Martí, a los que se añade Fau, acceden a la cima desde el collado que la separa de la punta Mallafré –por aquel entonces todavía se denominaba punta de los Catalanes- y le dan el nombre de Punta Montolar, otra de las centurias del Frente de Juventudes de Zaragoza, llamada así en honor de José María Montolar,muerto en la batalla de Fanlo entre la Compañía de Esquiadores del ejército franquista y la 43ª División del ejército republicano.

Así pues, con más de una década de intervalo entre la primera cima y la última, las cinco puntas del Firé fueron conquistadas. Poco a poco, esa escalada del Firé, tratando de pisar el mayor número de puntas se convierte en una práctica habitual y el interés por la apertura de nuevas vías abandona el Firé y se desplaza a los mallos no escalados y el macizo de los Fils.

Pasa una década sin actividades reseñables y, si bien no ha llegado a tener gran importancia para la historia de la escalada, el 26 de agosto de 1956 se viene a líar un poco más el asunto toponímico; la cordada formada por Roberto Ligorred, Fernando Cantero y Antonio Virgili consiguen sumar otras dos puntas a las ya conocidas en una ascensión con escasos y fáciles pasos de escalada. Llegan a la punta que hoy es conocida como “el Dedo” bautizándola como Punta Piriqui y también logran pisar la Punta Este, a la que le dan la equívoca denominación de Punta de los Catalanes.

Ese mismo año de 1956, Alberto Rabadá y Ángel López “Cintero”, inauguran la nueva modalidad de escalada nocturna. Escriben los conquistadores del Puro: “Con nuestra ascensión nocturna a las distintas agujas del Firé, no queremos marcar ninguna pauta, ni siquiera mencionar una innovación. Es simplemente el dar fin a una antigua idea fruto de nuestra hastiada imaginación en días de aburrimiento ciudadano. Resulta atractiva e interesante la trepada a la escasa luz de la noche; las sombras y relieves de las puntas, tan conocidas por el día, nos resultaron altamente diferidos (sic), concluyendo que, como ensayo, resultó estupendo.

Horario: Día 15 – 11 noche, salida desde el Jardincillo. 11’30 noche, cima punta Montolar, 12’40 noche, cima punta Mallafré.

Día 16 – 1’45 madrugada, cima punta Mateo. 2’15 madrugada, cima punta No Importa. 3’40, fin de la travesía en el Jardincillo.

Por el triunfo de los próximos.”


Pasa más de una década desde que se realizara la última apertura a una de las cinco puntas y por fin una cordada se decide a crear una nueva vía sin empezar por el recurrente collado norte que evita buena parte del desnivel vertical a salvar. En agosto de 1958, la cordada formada por Roberto Ligorred, Luis Lázaro y Ernesto Navarro logran acceder al collado que separa las puntas Buzón, Mateo y Mallafré a través de la profunda chimenea de la cara oeste. Ligorred y Lázaro entre otros, ya habían intentado los días 12 y 13 de octubre del 57 una “directa” al Firé de la que no se conocen más datos, teniendo que abandonar por la lluvia. Para llegar a esta chimenea los tres jóvenes escaladores aragoneses realizan unas largas travesías en los primeros largos que les permiten cruzar de la cara este a la oeste atravesando el codiciado espolón sur del Firé. Este logro servirá para que los aperturistas sean recibidos dentro del Equipo de Alta Montaña y la vía será dedicada y recibirá el nombre de Luis Villar, jefe del Frente de Juventudes en aquella época.

No tardan mucho los siguientes escaladores en abrir una nueva vía. A finales de marzo de 1959, Rafael Montaner y Alberto Rabadá, tras una intentona fallida en 1958 del propio Montaner, junto a Virgili y Bescós, logran surcar una vía bastante directa que termina en el mismo collado que lo hace la Luis Villar y también a través de una chimenea, pero en este caso a través de la cara sur. Esta vía nueva, como era costumbre por aquel entonces, también es dedicada a algún personaje importante, recibiendo el nombre de Francisco Ramón Abella, a quien ya citábamos al principio de este artículo. Hoy en día, del nombre de aquella vía sólo nos ha quedado el alias del homenajeado, de manera que pasó de ser la vía Francisco Ramón a ser conocida por todos como la Galletas.

Y llega el momento clave del Firé: la apertura de su espolón sur, ese vistoso pilar sobre el que se sostiene la punta No Importa y que desafía todavía hoy a todos los escaladores que quieran enfrentarse a su sinuoso itinerario. Esta vieja aspiración de los habituales de Riglos fue vencida finalmente por la cordada formada por Alberto Rabadá y Ernesto Navarro entre los días 12 y 16 de octubre de 1961, realizándose esta hazaña sin utilizar el buril ni una sola vez. Durante la ascensión, Miguel Vidal filmó los progresos de Rabadá y Navarro, que a su vez escalaban con otra cámara de foco fijo que “chafaron en la escalada”, según palabras del propio Vidal, editando y proyectando más adelante la película Escalada, que fue premiada con varios galardones cinematográficos. En lo que estrictamente se refiere a la escalada, la emblemática cordada utilizó los primeros largos de la Luis Villar para ir recorriendo desde ahí de manera muy inteligente las debilidades que ofrece la roca en las inmediaciones del espolón. La vía fue llamada Félix Méndez, presidente de la Federación Española de Montaña en aquel entonces, aunque hoy en día es más conocida como la Rabadá-Navarro o, simplemente, el espolón del Firé. Lla vía no pasa de moda; con el transcurrir de los años y, cada vez más, este precioso itinerario sigue atrayendo a multitud de escaladores. Ejemplo de la dificultad que esta vía representó en su día es lo espaciado en el tiempo hasta la tercera ascensión: en 1965, la valiente cordada formada por Ursi Abajo y Jesús Ibarzo logran la primera repetición. Trece años después de la apertura y gracias al testimonio de García Picazo conocemos que en 1974, la cordada catalana formada por “els manyos de Terrassa”, el Maño y el Troya, repiten el itinerario.mayo de 1975, lo hacen Raymond Despiau y Gérard Battaia y un mes después Santiago Hernández y Rodolfo Assas, todos ellos con al menos un vivac.

También es una muestra clara de lo complejo de su recorrido que ninguna de estas primeras repeticiones siguió el itinerario original. Los accidentes, los terroríficos embarques y los rescates desde arriba en los años siguientes, continuaron contribuyendo a acrecentar el halo de compromiso y peligrosidad que cubría este recorrido desde su apertura. Sobre esta vía, en la que han medido sus capacidades -no sólo sus fuerzas- los mejores escaladores mundiales, se ha escrito una ingente cantidad de textos en los que es imposible filtrar la subjetividad que empapa la admiración hacia lo que consiguieron Rabadá y Navarro; quizás la mejor manera de sentir el espíritu de los aperturistas sea escalar la que es considerada la vía con más compromiso de sus obras maestras.

Pasan los años y, tras la muerte de Rabadá y Navarro, nadie parece recoger el testigo de las grandes aperturas en el Firé. A finales de los 60, el interés aperturista se centra en la parte más suave de la cara sur, con vías que terminan en las modestas puntas secundarias del Firé, como la Fuertes y la Sur al Dedo o la Sally a la Punta Este a las que hay que añadir una variante directa a la Galletas, utilizando en parte el recorrido de la intentona de 1958. La vía de los Jardines a la Mallafré –larga, pero con tramos muy comidos por la vegetación, como su nombre bien indica- o el Espolón Ratín a la Montolar vienen a sumarse a principios de los 70 a la lista de vías existentes, observándose que desde que empezó a escalarse en el Firé sólo tres vías (una Navarro, una Rabadá y una Rabadá-Navarro) adquieren los típicos componentes rigleros de patio, longitud y compromiso: la Luis Villar, la Galletas y el espolón del Firé.

Sin embargo, en 1976 algo cambia en las aperturas de este mallo. Tras la apertura de la vía Alberto Rabadá o “Murciana” al Pisón, el característico estilo de los escaladores murcianos viene a representarse sólo unos meses después en los Mallos de Riglos de nuevo, por parte del mismo autor: Miguel Ángel García Gallego. Este estilo al que hacemos referencia, con largas permanencias en pared y del que ya hablamos en el artículo “La Visera: Historia de un desplome” del número 42 de Cuadernos Técnicos –aunque esa apertura sea algo posterior y los autores diferentes, murcianos todos ellos-, consistía en llevar a las últimas consecuencias el “estilo cápsula” del big-wall, invirtiendo muchos días en estas aperturas sin bajar el suelo. La fisura Gallego-Carrillo, a la izquierda de la chimenea de la Galletas, tarda en escalarse trece días, del 5 al 18 de mayo de ese año de 1976.

Cinco años después, los hermanos Miguel Ángel y José Luis García Gallego regresan al Firé a abrir una de las más impresionantes vías y con el inconfundible sello García Gallego, tanto por la dificultad -A4-, como por el estilo –cuatro días en pared, sin colocar ni un solo expansivo y limpiando todo el material utilizado en la vía-, como por el nombre- Mediterráneo, la tercera de las cuatro homónimas en el corto plazo de dos años abren en lugares tan representativos como la cara oeste del Naranjo, la pared del Diamante en Kenia y el Capitán en Yosemite-. Como anécdota histórica incluimos este dato: en esta vía se utilizaron por primera vez los pies de gato Firé, antes de que el malogrado John Bachar los popularizara en Yosemite.

Damos un paso atrás en el tiempo para hablar sucintamente de otras vías que se abrieron en estos años; unas marcadas fisuras en la cara sur, esta vez a la derecha de la chimenea de la Galletas y accediendo a ellas por esa misma vía, logran ser ascendidas el 23 de mayo de 1979, tras algún intento previo años antes. El nombre, vía de las Fisuras, no deja mucha opción a dobles interpretaciones sobre lo que nos vamos a encontrar.

Son estos años los del descubrimiento para la escalada de la gran pared que domina la vía del tren y que pierde progresivamente altura hacia el oeste, donde se abren vías como la Carlos Ruberte o la Trujillo-Calleja (en recuerdo de los fallecidos en el trágico accidente de 1976 del espolón del Adamelo), pero desgraciadamente, la pésima calidad de la roca en este muro ha sido un inconveniente para animar a los escaladores a intentar repeticiones o nuevos itinerarios. Valga como ejemplo el nombre que Javier Olivar y Luis Morente pusieron a la vía que abrieron en 1980 en esta pared: Pasen y vean… las piedras que se menean.

Al igual que pasó tras la apertura de la Rabadá-Navarro, parece ser que la Mediterráneo acaba con las aspiraciones aperturistas en este mallo y hasta agosto de 1992 no se crea ningún nuevo itinerario en la pared. Dos días después de clausurarse los Juegos Olímpicos de 1992, Antonio García Picazo pone a prueba sus plusmarcas: aprovecha los primeros metros de la olvidada Directa a la Galletas para abrir ¡en solitario! a lo largo de tres días el muro que queda libre entre la Galletas y la fisura Gallego–Carrillo. El compromiso de la escalada, su peculiar estilo de apertura, la dificultad obligada de 6a y algún paso de A2, reserva a unos pocos la posibilidad de repetición de la Antonio García Picazo.

Un año después, a la derecha de Pasen y vean… y también haciendo referencia en su nombre a las piedras, los días 17, 18 y 19 de mayo de 1993 Christian Ravier y Benôit Dandonneau, parafrasean uno de los lemas de mayo del 68 y abren Sous les galets, la “page” a la Punta Buzón, en cuya reseña imitan una portada de la revista francesa Vertical en la que se lee: “Riglos: Première française”, quizás olvidando que la primera vía que se abrió en Riglos, 58 años antes y precisamente a la Punta Buzón, fue francesa. Es ésta una época en la que el continuador de la saga Ravier se prodiga bastante entre Agüero y Riglos dejando una buena cantidad de vías en el Reino de los Mallos.

También en la década de los 90, se equipa la única vía que ha sido montada desde arriba en el Firé, la Directa as Cimas, con una dificultad máxima de 6c+. Este hecho de descolgarse para crear una nueva línea, añadido al recurso poco ético de tallar cantos, hace que en algunos artículos publicados por esta época se critique duramente ese estilo.

En marzo de 2002, Christian Ravier vuelve al Firé junto a Phillipe Barthez para enderezar las antiguas variantes directas de entrada y de salida ya trazadas a lo largo de los años y los embarques en la ruta clásica del espolón del Firé, con un itinerario muy rectilíneo que bautiza como Maudite Aphrodite. Antonio García Picazo designa esta ruta, entre la Luis Villar y la Rabadá-Navarro como una “vía fantasma” ya que a principios de los 80, tres escaladores catalanes pretendían abrirla y desistieron al encontrarse equipamiento repartido aleatoriamente a lo largo de su recorrido, lo que les llevó a deducir que fue “abierta por misteriosos motivos y desconocidos escaladores”.

Y finalizamos este artículo con dos recientes aperturas. La primera de ellas, finalizada en octubre de 2008, se llama Dos hombres y un bombón, y fue abierta por el prolífico Armand Ballart, junto a Remi Brescó y Sonia Casas. Está situada en la cara oeste, entre la Luis Villar, de la que aprovecha dos largos, y Sous les galets, la page. La última vía abierta en el Firé, ha corrido a cargo de Fernando Cobo, que con esta nueva vía dedicada a Rogelio Russell, El abuelo Roger, aprovecha uno de los pocos huecos que quedaba en el Firé, en este caso entre la Mediterráneo y la fisura Gallego-Carrillo, con la que comparte alguna reunión. Para esta vía, Cobo, que ya contaba con impresionantes aperturas en el Puro, el Pisón, la Visera o la Peña Sola de Agüero, entre otros mallos, abre esta vía y posteriormente reequipa algunos pasos. El escalador manifiesta “aunque mi estilo siempre ha sido el de abrir en libre, reposando únicamente en donde paraba a poner algún seguro, en esta vía he tenido que abrir bastantes tramos en artificial. Tanto debido al estado de la roca que no me ha permitido arriesgar mucho, como a que mi nivel de escalada libre actual no es el que tenía hace años” y tras la liberación de la vía, realizada por Christian Ravier, ésta queda cotada con la propuesta de 7b en libre, 6b obligado.

Las vías del Firé

Travesía de las Cinco Puntas.

Realmente no se trata de una sola vía, sino del enlace de las rutas normales a cada una de las puntas que hemos desglosado en el texto principal, a excepción de la subida a la Mallafré que se realiza por la vía Peiré desde el collado con la Montolar (itinerario seguido por Peiré, Panyella y Murguía en 1946 en la segunda ascensión a la punta principal). Aunque también se puede realizar en sentido contrario, lo habitual es seguir el sentido norte-sur: Montolar, Mallafré, Buzón, Mateo y No importa, dando una dificultad máxima de V. Hay quien añade a las cinco puntas principales, la Punta Este y el Dedo, pero su escalada no deja de ser una fácil trepada poco interesante.

Luis Villar.

R. Ligorred, L. Lázaro y E. Navarro. 1958. 6b (V/A1)

Galletas.

El itinerario seguido en la actualidad no es exactamente el original abierto por A. Rabadá y R. Montaner, sino una bonita unión de los itinerarios del primer intento de 1958, la travesía de la variante directa de 1969 y la chimenea final de la apertura original de 1959. 6a+

Félix Méndez (Espolón suroeste).

La vía clásica sigue, con algunas variaciones a mitad de mallo, la mayor parte del itinerario original abierto por A. Rabadá y E. Navarro en 1961. 6b+ (V+/A0)

Fuertes al Dedo.

R. Fuertes y G. Campanario. 1968. IV

Sur al Dedo.

J. Abenia y J. Porta. 1969. IV

Directa a la Galletas.

J Porta y M. Antoñanzas. 1969. El largo más duro corresponde con el itinerario que se sigue actualmente en la Galletas, por lo que su grado en libre (antiguo A1) es el mismo 6a+ de la Galletas.

Sally a la Punta Este.

M. Pitarch, O. Casado, R. Sancho y A. Forges. 1970. IV+

Vía de los Jardines.

M Pitarch y J. Ascaso. 1970. V+/A2

Espolón Ratín.

V. Asensio y M. Pitarch. 1973. V

Gallego – Carrillo.

M.Á. Gª Gallego y J. Carrillo. 1976. V+/A2

Trujillo – Calleja.

F. Estaún, J. Bernal, E. Pérez y A. Coscolla. 1976. V/A1

Carlos Ruberte.

J. Hurtado y F. Estaún. 1977. V/A2

Vía de las Fisuras.

J.L. Ortiz y “Nacho”. 1979. V+

Mediterráneo.

M.Á. y J.L. Gª Gallego. 1981. V+/A4

Pasen y vean… las piedras que se menean.

J. Olivar y L. Morente. 1980. V/A2

Antonio García Picazo.

A. Gª Picazo. 1992. 6a/A2

Sous les galets, la page.

C. Ravier y B. Dordomennau. 1993. 6b/A2

Directa As Cimas.

Víctor Arazo y José Calvo. 1999. 6c+

Esteban de Pablo.

Ángel López “Cintero” y Fernando Orús. 2003. 6a

Maudite Aphrodite.

C. Ravier y P. Barthez. 2002. 6c/A1

Dos hombres y un bombón.

A. Ballart, R. Brescó y S. Casas. 2008. 6a/A2+

El abuelo Roger.

F. Cobo con varios compañeros, finalizada en 2009. 7b (6b/A0)

La Cruz del Firé

Los años 50 y 60 fueron prolíficos en lo que a la colocación de placas, lápidas, vírgenes y cruces en las montañas aragonesas. Aunque esta tendencia se dio con diferente intensidad en toda la geografía española, Riglos fue un ejemplo particularmente claro de esta afición por la epigrafía funeraria y la iconografía religiosa de mediados de siglo XX en los entornos naturales.

A las lápidas de Víctor Carilla y Mariano Cored en la base del Pisón, se añadió la de Manuel Bescós en la base de los rápeles del Pisón. Igualmente aunque por motivos distintos, el ayuntamiento de Riglos rebautizó la Aguja Roja como Peña Gómez Laguna incluyendo una gran placa en la base de dicha aguja; también se colocó una cruz en la punta No Importa del Firé y una Virgen del Mallo en la cima del Pisón. Ya en los años 60, otra lápida al lado del arranque de la Normal al Puro vino a recordar la muerte de Mariano Renovales y tras la muerte de Rabadá y Navarro en la cara norte del Eiger, se les erigió un pequeño monolito en su memoria en la última curva de la carretera antes de llegar al pueblo, esta vez sin utilizar los mallos como soporte.

Sobre la erección de la cruz del Firé y su desaparición, uno de los promotores y autores de su colocación, Carlos Fernández Guaza, publicó en el Heraldo de Aragón del 14 de julio de 1987 un artículo de opinión titulado “El reto” en el que explicaba el origen y final de dicha cruz:

“Hace unos años y más concretamente el 15-9-19521, Arcadio de Larrea, Soláns y el que suscribe, con objeto de perpetuar la memoria de los diferentes escaladores fallecidos en accidente en los mallos de Riglos, Cored, Carilla y más concretamente la de Manuel Bescós por ser compañero de escalada, pusimos una cruz en el mallo Firé.

No diré que fue una hazaña, pero para los materiales y medios con que contábamos en aquel entonces nos costó lo nuestro, pues debimos de subir (y nunca mejor dicho) con la cruz a cuestas, un madero de 4’50 por 2’50 metros de brazos, unido a picos, palas, sacos de cemento, garrafas de agua y un largo etcétera.
(…)
Con el transcurso del tiempo la cruz desapareció, ya no se recorta en el azul del cielo su silueta; quiero pensar que fue debido a las inclemencias y no al mal hacer que en otras cruces e imágenes han hecho algunos desaprensivos”.
Son lógicas las dudas que le surgen al auto sobre las causas de la caída de la cruz. A finales de los años 80 ya no quedaba en Riglos ni una sola de las cinco lápidas que existían, desapareció el piolet del monumento a Rabadá y Navarro y tampoco coronaba el Pisón la Virgen del Mallo, todo debido a la acción humana. El título de su artículo “El reto” hacía referencia al desafío que planteaba a los escaladores para que volvieran a colocar la cruz en el Firé, hecho que, aunque aprobado en junta de Montañeros de Aragón, jamás se ha llegado a llevar a cabo.

1. La fecha de 15-9-1952 tiene que ser a todas luces incorrecta. No tendría sentido colocar la cruz para honrar la memoria de Manuel Bescós San Martín en la fecha que afirma Fernández Guaza ya que Bescós murió el 26 de julio de 1953. Confrontando la información con el primer libro de registro de Riglos es difícil saber la fecha correcta de colocación de la cruz, ya que sólo se comenta que llegan en el tren el día 12 y comienzan la actividad el día 13, pero no indican el mes ni el año, aunque teniendo la referencia de la fecha de la “piada” anterior en el libro de registro (apertura de la vía directa al mallo Gómez Laguna el 19 de marzo de 1954) y posterior (actividades espeleológicas el 15 de abril de 1954) todo parece indicar que la colocación de la cruz en el Firé se realizó el 13 de abril de 1954.


Carlos García escalando en la norte del Pisón. Al fondo, el mallo Firé


Rabadá y Navarro en la base del Firé, antes de comenzar la escalada del espolón

Vista de la cara sur del Firé

Vista de la cara norte del Firé

Reseña de la primera escalada al Mallo Firé por la cara Sur realizada por Alberto Rabadá y Rafael Montaner en 1959

Anotaciones de Ernesto Navarro sobre las intentonas realizadas en 1960 al Espolón del Firé

Álvaro Lafuente comenzando la escalada al 4º largo de la Luis Villar al Firé (6a)

Travesía en la Galletas

Directa As Cimas

El Pisón y el Puro desde la Punta No Importa


Riglos, cima del Firé. 31-03-1957 Virgili, Villarig y Cisneros (sentado)

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