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ACTUALIDAD | REPORTAJES | 25 de Marzo de 2011

Barranquismo Invernal 1 - 1ª parte

Por cuestiones de extensión, hoy publicamos la 1ª mitad del artículo que sobre barranquismo invernal Mario Gastón escribió para nosotros y que publicamos en nuestra revista Cuadernos Técnicos perteneciente a los meses de febrero-marzo. La 2ª mitad será publicada el próximo viernes. Tened en cuenta que, además, este artículo es la primera parte. La 2ª verá la luz en nuestro primer número del próximo otoño-invierno

1ª parte del artículo sobre barranquismo invernal. La 2ª parte se publicará en el 1er número de otoño-invierno 2011. Conforme se acerca el invierno, los barranquistas comienzan a abandonar los cauces, dando por finalizada la temporada. Neoprenos y botas pasan a la oscuridad de los armarios donde permanecerán olvidados durante meses. Sin embargo, la obsesión de muchos de nosotros hace que veamos esta estación como una ventana hacia una nueva dimensión de este deporte. Cuando el termómetro baja de 0ºC y se tintan de blanco los cauces, encontramos en el barranquismo invernal la oportunidad de enfrentarnos nuevamente contra los elementos.

Una nueva especialidad

El barranquismo invernal no goza de la difusión y popularidad de otros deportes. Sin embargo, ya hace más de 25 años que unos valientes decidieron aventurarse en las entrañas de las montañas, desoyendo al sentido común y soslayando la rigurosidad de las bajas temperaturas. Sin darse cuenta, terminaron fascinados por la soledad y belleza de estos entornos cristalinos, contrastando a su vez con la severidad de estas condiciones. Además, en los últimos tiempos se han abierto descensos de régimen glaciar impenetrables por su caudal la mayor parte del año, pero que con el inicio del invierno y las bajas temperaturas permiten su exploración.

Hoy en día esta especialidad sigue siendo minoritaria, pero cada año son más los que dan el salto al barranquismo invernal. Para evitar que esta práctica tenga un final inesperado, es importante conocer los peligros que esconde, muchos de los cuales apenas son perceptibles.

La gestión del riesgo dentro de un barranco invernal

Si bien en el barranquismo tradicional la mayoría de riesgos son controlables y pueden prevenirse y gestionarse con las técnicas adecuadas, el entorno que rodea a un descenso invernal se vuelve mucho más impredecible, añadiendo numerosos factores de riesgo. Además de las precipitaciones, deberemos estar atentos a la temperatura, orientación, innivación, nubosidad, aludes, configuración de las laderas, la altitud así como toda una serie de parámetros antrópicos que influirán en el desenlace de la actividad. Por ello debemos ser conscientes de los riesgos que acompañan al entorno, de la gravedad de sus consecuencias y de la probabilidad de que finalmente ocurran.Esta triada del riesgo hay que contemplarla cada vez que las circunstancias que rodean a un descenso obliguen a asumir cierto compromiso para el equipo, lo que implicará una cuidadosa planificación.

LA PLANIFICACIÓN

La aproximación, así como la envergadura, caudal y nivel técnico de un descenso son factores a considerar para estimar la duración y el compromiso de la actividad. Si bien en la montaña un error en la estimación puede terminar con una retirada sin más consecuencias que nuestro orgullo herido, dentro de un barranco no tendremos más remedio que llegar hasta el final. Por eso, el equipo debe ser consciente del riesgo que asume si decide continuar adelante a pesar de que, por ejemplo, una subida de temperaturas pueda darle caza en mitad del descenso.
Para planificar correctamente la actividad, deberemos prestar especial atención a los siguientes factores:

Las características del descenso

Nos darán una idea aproximada de cuánto va a durar la actividad y el compromiso que podríamos asumir. No es lo mismo atravesar un canal de descargas a las 8 de la mañana que a las 4 de la tarde. De la misma manera, hay barrancos de régimen kárstico donde la subida de temperaturas puede derivar en un inesperado aumento del caudal. También aquellos descensos con cascadas de cierta envergadura y fuerte exposición (E-S) representan un riesgo objetivo. Lo ideal es evitar estas situaciones o por lo menos afrontarlas en el momento más propicio. Estas son algunas de las características que debemos tener en cuenta en nuestra planificación:

- Envergadura. Es el concepto global que mide en términos deportivos la dificultad de un descenso, haciendo referencia tanto al aspecto físico como al técnico estando estos vinculados a la duración de la actividad y al grado de compromiso (la ausencia de escapes es un factor que lo incrementa). Podemos afirmar que unas condiciones invernales aumentan la envergadura de cualquier descenso.

Este tipo de actividades debería limitarse únicamente a cañones relativamente cortos, entre otros motivos para evitar la subida de temperaturas y la exposición prolongada al frío. Más de 5 horas dentro de un cañón está fuera del límite de lo prudente, ya que las capacidades psíquicas y físicas del deportista pueden verse alteradas.

- Escapes confirmados. Un escape que es factible en verano puede no serlo en invierno. Por eso es importante que comprobemos su accesibilidad antes de considerarlo como una posible ruta de salida. Con una simple observación durante la aproximación podemos comprobar si existe nieve que lo comprometa y que nos obligue a descartarlo o por el contrario, se encuentra despejado y libre de obstáculos.

- Exigencia técnica. Hablar de nivel técnico dentro de un contexto invernal es sin duda algo difícil de abordar. ¿Quién está más capacitado, el barranquista experimentado y con grandes conocimientos técnicos o el alpinista que se mueve mucho mejor con crampones y piolets que entre las aguas vivas?
Seguramente la suma de ambos sea lo que denominaríamos el barranquista ideal. Pero lo cierto es que es necesario conocimientos de ambas disciplinas para poder afrontar el descenso con garantías. El barranquismo invernal no es la mejor disciplina para aprender técnicas alpinas, por lo que cualquiera que porte un piolet y no sepa cómo utilizarlo, no sólo asume mayores riesgos sino que puede exponer a sus compañeros a situaciones muy comprometidas. Es aquí donde es necesario hacer balance del grupo y reflexionar sobre quién es el eslabón más débil. A veces el compañerismo y la amistad nos hacen invitar a conocidos para que disfruten de estos entornos alpinos aprovechando sus conocimientos barranquistas. En ese caso debemos adecuar la elección del descenso al grupo, evitando exponer a la gente menos experimentada a situaciones desconocidas que puedan sobrepasar sus capacidades. El primer contacto con las bajas temperaturas, con los crampones, con los piolets, con el hielo y la nieve debe darse siempre en entornos controlados. Hay que jugar primero con la nieve antes de luchar contra ella. Sin embargo y al margen de la capacitación del grupo, aquellos descensos de mayor exigencia técnica debemos afrontarlos únicamente con compañeros de reconocida experiencia y capacitación, siempre con la premisa de que el grupo será capaz de adaptarse a las circunstancias del barranco.

- Caudal. Quizás es la variable más limitativa a la hora de abordar el descenso. La dureza de las condiciones invernales se multiplican en presencia de caudales elevados. El agua nos obliga a exponernos todavía más al frío, mojando nuestra vestimenta, nuestra cara y enfriando nuestras extremidades a gran velocidad. De la interacción del agua con nuestro material (mochilas, mosquetones, cuerdas…) se derivan importantes complicaciones. Pero además, en cascadas de cierta altura se generan corrientes de aire de diversa consideración, creando entornos muy hostiles. Este aire acompañado de agua pulverizada, va recubriendo las paredes del cañón, congelando y sepultando cualquier tipo de instalación. Además, estas cascadas suelen llevar asociadas en las marmitas contiguas hielo tipo slush (granizado, fragmentado) que dificulta el avance.

- Morfología del cañón. Un cañón bien excavado en la montaña cuenta con un microclima que modera los procesos de congelación/ fusión. En cuencas abiertas o con tramos menos encajados, la exposición directa a la temperatura exterior hace que las bajas temperaturas aceleren la formación de estructuras durante la noche y se intensifiquen los procesos de fusión durante el día debido a la más amplia variación térmica.

- Entorno de influencia directa. La lectura de la topografía del terreno colindante debe advertirnos de riesgos que puedan afectar directamente al cauce. Las laderas convexas con nevadas recientes, la presencia de cornisas durante la aproximación o los bruscos cambios de temperatura pueden implicar un riesgo latente de alud. También factores antrópicos como la proximidad de sendas o itinerarios de esquí de montaña paralelos al cauce pueden ser el detonador de avalanchas. A veces estos itinerarios discurren lejos del barranco, pero las consecuencias del alud pueden llegar de forma incrementada sobre el cauce por el efecto dominó. Así pues, cualquier itinerario que discurra dentro de la cuenca hidrográfica debemos considerarlo como un riesgo objetivo.

Condiciones hidroclimáticas

Ya de por sí, el barranquismo es un deporte que interactúa con un elemento tan cambiante e impredecible como es el agua. Pero no por ello debemos caer en el error de pensar que el caudal es el único factor a tener en cuenta. La temperatura ambiente y sus rangos de variación, la temperatura del agua (sobretodo si es de origen glaciar), la nivología y su evolución, así como el tiempo pasado van a determinar el binomio riesgo-probabilidad que nos va a servir para descartar zonas geográficas o posponer nuestras actividades hasta que los niveles de riesgo sean asumibles.

Las condiciones hidroclimáticas pueden ser decisivas para que el nivel de riesgo de ciertos fenómenos se dispare:

- Riesgo de Aludes. Un barranco puede ser en ocasiones el punto final de un alud o a su vez, la sucesión de aludes puede terminar formando un barranco. En cualquier caso, las avalanchas y los cañones alpinos están muy interrelacionados, por lo que el estudio de la cuenca junto con el parte de riesgo de aludes, nos ayudará a seleccionar aquel descenso que presente menor peligro.

Por poner algún ejemplo, el barranco de Salcorz, que en invierno suele ser frecuentado por escaladores de hielo (y barranquistas en verano), forma parte de un canal de descarga. Como consecuencia de ello, es importante afrontarlo cuando el riesgo de aludes sea bajo. Además, el estado de su equipamiento puede estar severamente castigado a inicios de temporada.

También el barranco de Sacs en Benasque fue objeto de un espectacular alud durante el 2010. En este caso la estrechez del barranco hizo de barrera de contención. La progresiva acumulación de nieve, una vez ganó altura, se precipitó sobre el barranco arrasándolo en toda su longitud.

Un equipo ARVA, con su pala y su sonda son herramientas que debemos considerar como parte de nuestro material por si hay que intervenir en el rescate de un compañero.

Como medidas de seguridad frente a este riesgo dentro de un barranco, podríamos enumerar las siguientes:

  • Rapidez en el descenso
  • Correcta elección de lugares de espera: estudiar el entorno y evitar los canales de aludes.
  • Información meteorológica (ver Tabla 1). También de la zona periférica con incidencia en el cauce.
  • Vigilar sendas y pasos que existan sobre el cauce y que pueda ser origen de desprendimientos.
  • Leer bien los indicios: carámbanos, estructuras, bloques caídos, cúmulos de nieve…
  • Evitar las horas más cálidas. Deberíamos comer siempre fuera del cauce.

- Riesgo de desprendimientos. Se producen especialmente en las horas centrales del día, cuando el calor comienza a fusionar el hielo a la vez que se producen fenómenos de dilatación. Este cambio de estado, junto con el ajetreo del paso de los barranquistas son los principales agentes que pueden originar la pérdida de anclaje de rocas y estructuras heladas. Para evitarlo debemos seguir como mínimo las siguientes pautas:

  • Madrugar, especialmente en barrancos con orientaciones este y sur
  • Llevar un ritmo de descenso apropiado. Sin prisa, pero sin pausa.
  • Evitar las cornisas y zonas expuestas a desprendimientos. Buscar lugares protegidos si tenemos que detenernos.
  • Esperar a que nuestro compañero esté a una distancia prudencial para iniciar el rápel, ya que nuestro descenso podría desprender alguna estructura.
  • Descartar afrontar cascadas importantes si el sol y las altas temperaturas pueden modificar su estado, ya que pueden acelerar su proceso de descomposición.

- Riesgo de congelación. En cañones de régimen glaciar, es fácil encontrarnos con agua a una temperatura que oscila entre 1 y 2 ºC. Con temperaturas negativas en el exterior, se prepara el terreno ideal para la congelación del material (cuerdas, mosquetones, etc) así como de nuestras extremidades.


Barranco de Furco (Huesca)


Foz de la canal (Huesca)

Rampas de agua, nieve y hielo. Barranco de Salcorz (Huesca)

Estudiando el descenso en plena nevada. Barranco de Salcorz (Huesca)

Tramo de cauce abierto. En verano considerado como una clara zona de escape, pero en invierno queda anulada o seriamente comprometida. Freissieneres (Francia)

INICIO DE PASAMANOS Vertical tras Drossage (Freissieneres). Técnicas de aguas vivas, espeleológicas y alpinas se entremezclan en este paso.

El bosque se abre dando paso a una vertical orientada a la solana. La base todavía a umbría mantiene las estructuras. Barranco de Lapazosa (Huesca).

Senda de aproximación a la cabecera del Lapazosa. Esta senda también lleva a otros destinos (Ibón de Lapazosa, Collado de Gavarnie) atravesando zonas con alto riesgo de aludes.

Diferentes tramos del Trummelbach (Suiza). La de la izquierda corresponde al inicio de los oscuros. La segunda, a un tramo posterior donde el cauce comienza a abrirse dando paso a formaciones de hielo más abundantes.

Temperatura en Lafortunada. Se observan marcados ciclos térmicos de hasta 21 ºC de rango. Cuidado. Fuente: SAIH

Descarga en el valle de Pineta un día de lluvia.

Cañón de Salcorz. En la parte superior existe una gran zona de acumulación de nieve.

Alud en el barranco de Sacs. Todavía se aprecian los restos de nieve acumulada en la parte superior.

Secuencia de un desprendimiento en el cañón de Morcles (Suiza). Rápel de 112 metros expuesto a solana. Las horas de la tarde han inestabilizado la cascada, produciendo el desprendimiento de una gran estructura.

Como consecuencia del desprendimiento de la foto anterior, alcance en cabeza y pierna, y el casco partido.

Tabla 1: Escala europea de peligro de aludes.

Tags: Barranquismo

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