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ACTUALIDAD | TÉCNICA Y PRÁCTICA | 21 de Septiembre de 2001

¿Cómo elegir tu... mochila de fin de semana?

Por José Isidro Gordito  | 

La elección de un tipo u otro de mochila irá en función del tipo de actividad a efectuar y el tiempo que permanezcas realizándola.

INTRODUCCIÓN

La elección de un tipo u otro de mochila irá en función del tipo de actividad a efectuar y el tiempo que permanezcas realizándola. La primera de las exigencias condicionará los detalles técnicos que deberá incorporar tu elemento de carga (cremalleras, compartimentos, correas, sistemas de transporte de accesorios), mientras el segundo impodrá su tamaño (una cifra, expresada habitualmente en litros, que te dará una idea aproximada de su capacidad).

Por lo que respecta a este último punto, lo más razonable es que una mochila de fin de semana para una actividad como el excursionismo en media montaña, tenga un tamaño que oscile entre los 55 y los 75 litros. Capacidades inferiores estarán exclusivamente dirigidas a niños y personas de poca fortaleza física o escasa altura. Volúmenes superiores fomentarán que se puedan transportar muchas cosas innecesarias lo que redundará en desequilibrio y fatiga del usuario.

 

La norma general debe ser hacer una previsión correcta del volumen y peso a transportar y, una vez estudiado lo que se va a meter en la mochila, escoger una con capacidad justa, o incluso más pequeña, para acostumbrarse a llevar sólo lo imprescindible, descartando portear una gran cantidad de ropa de recambio o aquellos accesorios que a la larga nunca se usan.

TIPOS DE ESPALDA

Según concepción, materiales y fabricante, cada mochila incorpora un tipo de espalda. La más habitual en mochilas de tamaño medio es la anatómica, preformada y canalizada en las zonas más conflictivas para facilitar su ventilación, a lo que también ayudarán los materiales reticulados que recubran el acolchado enn regiones de contacto con el cuerpo (por ejemplo, con el tejido Light Air Pass System, exclusivo de Ferrino). Otra de las más corrientes, sobre todo en mochilas de gran capacidad, es la aireada, donde lo único que está en contacto con el cuerpo son las regiones escapulares y lumbares, quedando en la zona central de la espalda un gran canal por el que circula el aire.

La distancia entre tirantes y región lumbar que, por supuesto, deben ir correctamente acolchados, podrá ser fija o regulable. Cuando es fija los fabricantes ofrecen varias tallas para adecuarlas a la del individuo. Si es regulable, hoy día la más popular, ya no se precisa esa oferta de tallas pues con sólo deslizar unas correas por unas hebillas, o accionar sistemas automáticos, se consigue adaptar la separación de cintura y tirantes a los usuarios más dispares o a las actividades y cargas más variopintas. Recordemos que la comodidad de una mochila depende, en gran medida, de la correcta elección de la talla.

Hay, incluso, mochilas para mujer, con distancia entre tirantes y región lumbar diferentes a las pensadas para el hombre. Además, los tirantes y el cinturón, pieza esta última indispensable para repartir la carga entre las zonas más fuertes del cuerpo ¡atención también vosotros, chicos! son más curvos y el último dirigido hacia arriba, con la finalidad de alojar las principales curvas de la mujer.

 

BOLSILLOSPara actividades muy técnicas como escaladas, ascensiones o caminatas por terreno escarpado o caminos estrechos, unos bolsillos frontales o laterales que sobresalgan en exceso de la mochila podrán impedir que el porteador se mueva libremente.

Pero, por el contrario, a un excursionista de fin de semana le resultarán de gran utilidad para transportar la linterna, el combustible y la botella de agua, sin contaminar -en caso de que se derramen- al resto del equipo. El bolsillo de la tapa es básico y de gran ayuda pueden ser dos bolsillos laterales de tipo fuelle o "zoom", replegables en caso de que no hagan verdadera falta.

Tampoco olvides que tu mochila tenga:

  • Correas de compresión laterales. Nunca están de más, sobre todo cuando lleves la mochila medio vacía y pretendas reducir volumen. No hay que olvidar usarlas en ningún caso... además, pueden ser un buen lugar para colocar la colchoneta, transportar un bastón, etc.
  • Compartimento con cremallera para el saco. Las mochilas con división para el saco y acceso con cremallera son increíblemente prácticas, pues nos permiten acceder al interior sin deshacer el equipaje.
  • Portapiolets y portacrampones. Si sales en invierno no te sobrarán las correas que la mayoría de las mochilas llevan para colocar el piolet, los crampones e incluso las tablas de esquí.
  • Arnés o compresor de pecho. Hay mochilas que incorporan una correa a la altura del pecho para evitar su balanceo... Pero no te olvides de aflojarlo en subida, cuando vayas falto de oxígeno y fuerzas.
  • Correas de tensión para la parte superior. Regulan la mochila para que esté más cerca de tu cuello y no te desequilibre.

Y recuerda: por muy impermeable que sea el material en que esté fabricada una mochila, es recomendable cubrirla con una funda protectora en caso de lluvia (y tal vez clasificar el material de su interior en bolsas de plástico). Esto te ahorrará la desagradable sorpresa de constatar que, por las costuras, entra mucho agua.


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