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ACTUALIDAD | TÉCNICA Y PRÁCTICA | 14 de Abril de 2004

Rápel en nieve

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¿Hasta qué punto nos podremos fiar de un montaje de rápel confeccionado en nieve? ¿Es el manto nivoso suficientemente seguro como para montar una instalación? ¿Cuál es el sistema más recomendado para rapelar en nieves blandas? ¿Qué hacemos si el seguro no es fiable?

 
Foto 1 

Podríamos continuar con el repertorio de preguntas y dudas por horas y horas. Y es que no es menos de esperar. La nieve no es el mejor de los terrenos a elegir cuando hablamos de rápel. No obstante, y bajo una fase de experiencia y práctica aceptable, confeccionar una instalación sólida no debería de ser tan difícil, eso sí, todo dependerá del factor principal: la nieve.

Año tras año nuestras montañas se ven tapizadas de blanco por nuevas capas de nieve. Unas veces los copos se irán acumulando de manera sistemática cubriendo cualquier pequeña aspereza del terreno. En otras ocasiones, esos mismos copos de nieve se irán amoldando a los ya existentes en los glaciares, canales o neveros permanentes. Al final de este ciclo el resultado es un terreno de juego muy peculiar. Dependiendo de la temporada del año, de la altura o de las condiciones meteorológicas (temperatura, viento, lluvia, etc.) el manto nivoso variará en calidad y estabilidad. Así, nos encontraremos con nieves blandas, nieve costra, nieve en polvo, nieve húmeda, nieve dura, etc., ofreciéndonos cada una de ellas una seguridad dispar.

Durante la escalada o progresión en terreno nevado emplearemos una serie de técnicas específicas diseñadas para sobrevivir en tal tipo de ambiente. Tanto durante el aseguramiento al compañero como durante la confección de un sistema de rápel la nieve formará parte de nuestro principal ingrediente. Cualquiera de los sistemas empleados para construir una reunión en nieve tienen como objetivo el mismo fin: ser lo suficientemente resistentes como para retener una posible caída o facilitar un rápel (foto 1).

PRINCIPIOS BÁSICOS
  • La gran mayoría de los seguros y reuniones construidas en nieve están caracterizadas por el uso de objetos enterrados en ella (con excepción de las setas de nieve).
  • Estos objetos funcionarán a modo de ancla o sistema de retención. Los podemos emplear tanto para asegurar al compañero como para rapelar. El truco de un buen funcionamiento reside en que debemos de ejercer la tracción adecuada en cada uno de estos anclajes.
  • Tales objetos pueden ser variados y su utilización dependerá del momento y de la disponibilidad del material. Los más empleados son los detallados a continuación: anclas de nieve, estacas de nieve, piolets, esquís, mochilas, bolsas de plástico rellenas de nieve, piedras, colchonetas aislantes, etc.
  • En la gran mayoría de los casos deberemos de abandonar parte del material descrito en el punto anterior: anclas de nieve, estacas, bolsas rellenas de nieve o piedras. No es habitual que abandonemos los piolets o esquís para rapelar, pues lo más probable es que nos hagan falta una vez finalizado el rápel. Existen maneras de recuperar los piolets, esquís o estacas de nieve una vez terminado el rápel. No obstante son maniobras que pueden causarnos complicaciones por lo cual es más aconsejable emplear otros materiales que podamos abandonar.
  • Existen ocasiones en las cuales montar una buena o segura reunión de rápel puede resultar difícil, bien a causa de las condiciones del terreno o bien debido a la escasez de material disponible. En tales momentos podremos realizar largos de descenso, es decir, el primer escalador es descolgado desde la reunión colocando algunos seguros intermedios y el segundo escalador es asegurado por el primero en descenso. Se trata ésta de una maniobra un tanto lenta, debido en parte a la rutina de asegurar. No obstante es interesante tenerla en mente en caso de necesidad.
  • En nieves duras será más fácil confeccionar un buen seguro que en nieves blandas. Con tal motivo será necesario que siempre intentemos pisar al máximo las nieves blandas con el objeto de lograr una mayor compactibilidad. Para ello podremos emplear las mismas botas, los esquís o las raquetas de nieve. Pisaremos la nieve una y otra vez hasta que ésta se encuentre dura y nos ofrezca buenas garantias a la hora de trabajar en ella.

El objetivo principal del rápel en nieve es el de guiarnos al punto de destino de manera efectiva y segura. De nada nos vale si montamos los tinglados de rápel en un terreno inseguro o con material inadecuado con el fin de salir del paso. El resultado final ha de recibir un notable, y de nada nos vale apurar el momento si con ello ponemos en peligro nuestra vida y la de nuestros compañeros.


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