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ACTUALIDAD | TÉCNICA Y PRÁCTICA | 10 de Agosto de 2004

Técnica y seguridad en el descenso de cañones

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Alarmados ante el gran incremento de accidentes e incidentes que se producen todos los veranos en los cañones pirenaicos, durante las siguientes líneas pretendemos dar, las que a nuestro juicio, serían las pautas de comportamiento más adecuado durante la práctica deportiva del descenso de cañones. Para ello hemos creado el decálogo del barranquista precavido y analizado todos los elementos que compondrían el equipo personal y colectivo de cualquier barranquista que se precie.

Foto: Andrés Martí y José Monserrat 
Resalte en la zona inicial del Barranco de Trasito Inferior (Huesca) 

Dentro del cañón

Antes de aventurarnos en el interior de un cañón, deberemos tener en cuenta una serie de precauciones y consideraciones, además de platearnos algunas cuestiones primordiales. Hemos reunido las que a nuestro juicio son más importantes, desarrollando así el decálogo del barranquista precavido:

1. Aunque existen barrancos relativamente sencillos, antes de abordar cualquier descenso debemos conocer su dificultad y saber cuál es su estado actual. Así mismo debemos ser conscientes de nuestro nivel técnico y del nivel técnico del resto de personas que componen el grupo. Contar con los máximos conocimientos técnicos nos permitirá, llegado el momento, salir airosos de cualquier imprevisto.

2. Actualmente existe una escala bastante estandarizada que determina la dificultad de un cañón. Fue elaborada hace algunos años por las federaciones francesas de espeleología y de montaña y escalada, en concertación con diversos sindicatos de guías y profesionales del mundo de la montaña. La escala se compone de siete niveles, siendo el nivel uno muy fácil, el dos fácil y así sucesivamente hasta llegar al séptimo nivel, que cataloga los cañones extremadamente difíciles y muy expuestos. La escala baraja aspectos tan variados como la altura y dificultad de los rápeles, la existencia de destrepes o escaladas y su dificultad, los posibles movimientos de agua, los saltos y toboganes y la longitud de los mismos, para así determinar con la mayor exactitud posible la dificultad de un descenso. Ahora bien, debemos tener muy presente que el gran condicionante de cualquier cañón es el nivel de agua, ya que un barranco acotado en el nivel uno o dos, en función de la geología del terreno puede convertirse con relativa facilidad en un torrente impetuoso tras una fuerte tormenta, o como consecuencia del deshielo durante las cálidas tardes primaverales.

Foto: Andrés Martí y José Monserrat 
Gorgas del Cady Inferior, en Casteil (Francia) 

3. Debemos recopilar la información necesaria sobre el cañón. Existen muchas guías publicadas con las topografías y las descripciones de los descensos de la gran mayoría de los macizos montañosos. Accesos, retornos, fichas técnicas, escalas de dificultad o croquis, son puntos analizados en cualquier guía. Es muy interesante llevar copias de los mismos dentro del cañón, en el interior de algún pequeño porta-mapas estanco.

4. Deberemos también contar con unos conocimientos mínimos sobre el medio natural de los cañones, que nos permitan salvaguardar el ecosistema tan frágil de los ríos de alta montaña.

5. No olvidaremos tampoco que el río es un elemento vivo y que como tal los cañones pueden sufrir súbitas variaciones de sus condiciones como consecuencia de fuertes lluvias. De ahí que sea tan importante contar con información meteorológica de primera mano y última hora, antes de adentrarse en cualquier cañón. Precaución también con los descensos que tienen el cauce regulado por presas, ya que su apertura podría convertir el cañón en un parque acuático.

6. La seguridad del grupo tampoco debe dejarse de lado. Debemos tener presente los riesgos a los que estamos expuestos, saber cómo actuar en caso de accidente, contar con una forma física adecuada al tipo de cañón a descender, controlar los horarios, comunicar a alguien a qué cañón nos dirigimos y la hora aproximada de regreso y sobre todo ser prudentes.

7. Técnicamente contaremos con todo el material necesario tanto a nivel individual como colectivo.

Foto: Andrés Martí y José Monserrat 
Barranco de Gabieto, en Valle de Bujaruelo (Huesca) 

8. Una vez dentro del cañón, si existen tramos verticales deberemos conocer las características de las cuerdas a utilizar y la realización de los nudos, además de dominar a la perfección las técnicas que nos permiten recuperar la cuerda tras haber descendido, pudiendo de este modo con un escaso material sortear multitud de dificultades. Ya colgados de la cuerda descenderemos con seguridad y eventualmente hasta quizá debamos ascender y especialmente progresar siempre asegurados a los pasamanos e instalaciones situadas en las zonas verticales.

9. Sistemáticamente verificaremos todos los anclajes antes de colgarnos de ellos. Cualquier instalación está expuesta al azote de las crecidas primaverales. Además, las condiciones de humedad reinantes en cualquier cañón provocan inevitablemente el envejecimiento prematuro de cuerdas, cordinos, cintas y anclajes metálicos, pudiendo llegar a reducir notablemente su resistencia. Llevar material para reequipar resulta imprescindible, especialmente a principio de temporada y en descensos poco frecuentados. Si no contamos con el nivel técnico adecuado para la correcta utilización del mencionado material, deberíamos evitar abordar barrancos tras la primavera y sobre todo los que se descienden poco. Todas las guías detallan la ficha de instalación de los cañones. Éstas nos darán información del tipo de anclajes existentes. ¡Ojo! la frase “anclajes de primera expedición” indica que el cañón aún se encuentra equipado con los materiales que utilizaron los primeros exploradores y por tanto la calidad y resistencia de los mismos puede presentar ciertas dudas. Barrancos clásicos y muy realizados como por ejemplo el Gorgol (Valle de Tena), se encuentran equipados con anclajes químicos de máxima resistencia, por el contrario, otros barrancos muy poco frecuentados como el Pegueras (cuenca del Río Cinca), están casi vírgenes y equipados principalmente con anclajes naturales (árboles).

10. Para poder superar las zonas de predominio horizontal deberemos contar con una buena técnica de natación, saltos y toboganes. ¡Pero ojo! Con una profundidad de un metro no podemos realizar un salto de cinco metros de altura, tener en cuenta que las lesiones en los miembros inferiores son las más frecuentes dentro de un cañón, especialmente las producidas durante saltos impracticables o expuestos. Y por descontado sondear inexcusablemente la poza de recepción del salto, antes de que ningún incauto se lance alocadamente, incluso si habéis visitado el cañón la semana anterior. No hay más que indagar un poco en las estadísticas elaboradas por el Grupo Especial de Intervención en Montaña de la Guardia Civil (GREIM) sobre los incidentes y accidentes acaecidos en los cañones aragoneses cada año, para comprobar que el desencadenante de gran número de ellos son los saltos, realizados en muchas ocasiones por barranquistas que aparentemente conocían el cañón a fondo.


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