SIGUIENDO A LOS AMIGOS, HUYENDO DEL MIEDO

De camino a casa en el metro, no puedo evitar dibujar una sonrisa al ver pasar tantas imagenes y sensaciones que inundan mi cabeza: naturaleza, roca, juegos, cervezas, olores, ronquidos, chistes, aventuras, confidencias... y todo tiene un nombre ¡The Mountain Academy2! Vercors: ¡qué lugar! ¡qué gran seman
La semana anterior a volar rumbo los Alpes, estaba nerviosa por no dar la talla escalando, preocupada por mis miedos a la altura, por las dificultades del lenguaje, por la novedad de lo desconocido. Nada más entrar en la granja de Abbaye de Valcroissant se confirmó lo que siempre ocurre entre montañeros: entendimiento. Todos hablamos un lenguaje particular, el escalotil; compartimos una misma pasión, las montañas; hemos vivido experiencias similares: frío, sueño, hambre, dolor... pero también esa sensación mágica que experimentas al llegar arriba, ya sea una simple vía o un pico difícil, donde se mezclan orgullo y alegría. Aquí da igual quién eres, qué estudiaste, qué historia familiar o cultural tengas, no hay que demostrar nada a nadie, la motivación está dentro del escalador.
Después de una cena de gourmet (cierto, en la montaña cualquier comida está rica, pero esta superó lo esperado), unos ronquidos en las literas, un primer contacto con la roca, un cuidadoso estudio de los croquis y una buena caminata, sentí que ya éramos un equipo. Cada uno hablaba un idioma -el oficial: frenchglish-; tenía preferencia por una modalidad -roca, nieve, hielo-; y niveles diferentes. Mountain Hardware y los geniales guías de Vertical-Experience hicieron que nuestros caminos convergieran en Vercors hacia unos objetivos comunes. El objetivo alpino de la semana fue escalar vías clásicas de los años 60´s (por ejemplo Le Prince Ringuet, Paragot, Livanos...), mientras que el objetivo social de TMA es pasarlo bien con seguridad, crear un equipo con su propia historia social y expandir ese lado positivo de la montaña. Jérôme Blanc-Gras nos transmitió que la montaña no es algo exclusivo de unos superhéroes, no hace falta tener poderes especiales, una fuerza sobrenatural y ser irresponsable o temerario para poder disfrutar de la montaña.

Cada uno tenía unas expectativas y motivaciones. En mi caso, esperaba que tanto el ambiente profesional de los guías aportándome seguridad como la posibilidad de repetir vías largas acostumbrándome a la altura, me permitiesen vencer mis miedos y disfrutar a tope de la escalada. En algunas rutas me costaba perseguir mi objetivo, deseaba terminarlas pronto, pues iba por el décimo largo y no sabía cuántos más me quedaban. Abajo, los árboles eran igual de pequeños desde hacía un rato, perdía la perspectiva de la altura. Hacía unos cuantos largos que se había ido el miedo y ahora solo sentía cansancio, quería acabar. Aunque dicen que el fracaso nunca asusta tanto como el arrepentimiento. Otras rutas u otros días deseaba que no tuviesen fin, que las bromas en las reuniones fuesen eternas, que esa fisura perfecta no terminase, que esa concentración que te hacía moverte armoniosamente por la roca durase siempre. Lo que tienen en común esos días es que te llevas siempre una lección a casa: cada nuevo logro o fracaso, cada travesía o diedro, cada palabra de aliento o consejo, todos te instruyen y se fusionan buscando el equilibrio.

Una ruta de escalada es como una metáfora de la vida. Los problemas se van sucediendo uno tras otro: si se observan todos en su conjunto te asustan, lo mismo que si estás al pie de vía y no ves ni un agarre. Al llevar un rato escalando y mirar el vacío pueden temblarte las piernas, pero nunca te paras, sigues siempre arriba. Como todo problema en la vida, si analizas el paso que tienes entre manos, si te paras a observar los detalles, entonces saldrás victorioso en esa pequeña batalla. Luchas contra el cansancio, el miedo a las alturas, la inseguridad de rocas que caen, y a veces un vuelo. Pero como en la vida, siempre te levantas y sigues escalando.
La montaña saca lo mejor de las personas: para mí la ruta "Pilier Leprince-Ringuet" es Seb y Bojan, su paciencia y apoyo; y "Le Levant" es Manu y Milos, su humor, comprensión y camaradería. Con ellos he aprendido la importancia de la comunicación y del control de las maniobras, he aprendido que la huída no es una opción, que la concentración siempre gana la batalla al miedo, que la rapidez esquiva al cansancio, que abrir la mente y buscar otra solución evita que te atasques, el positivismo en el diálogo interior, la rabia que saca fuerzas de flaqueza, la seguridad en los conocimientos, el código de señales con el equipo, la respiración calmada, y... si todo esto falla: ¡llevar siempre papel higiénico!
Ya estoy en casa, las luces de las farolas comienzan a iluminar un día que termina; la sonrisa sigue dibujada en mi rostro, como seguramente la de todos nosotros hasta el próximo encuentro, el próximo viaje, ¡la próxima gran aventura MT2!