A la vista del cada vez mayor número de practicantes de actividades en el medio natural, ya sea desde un punto de vista puramente recreativo (excursiones “familiares” de una jornada, travesías con desnivel medio o bajo…), o desde otro más deportivo (ascensiones en tiempos “record” por rutas técnicas y a veces comprometidas, raids de montaña…), los deportistas de montaña, término en el que incluimos a tan heterogéneo conjunto de personas, tienen una característica común: todos ellos deberían realizar una preparación física en consonancia con la envergadura de sus objetivos en el “monte”.
más preparación física
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Desde un prisma biomecánico….
Los deportes de montaña están basados en adaptaciones de la carrera
y de la marcha a las características del medio para avanzar en él, pues
se utilizará material específico o no (esquís, raquetas….) dependiendo
de la situación.
Por tanto, y sin entrar en las variantes técnicas que influirán, en cierto
grado, en la mayor solicitación de unos grupos musculares u otros, en
general podemos hablar de una mayor importancia de la musculaturadel tren inferior (psoas ilíaco, gluteos, isquiotibiales, cuadriceps, abductores,
aductores, gemelos, sóleos, tibiales…) sobre la del tren superior,
aunque también se deberá trabajar para reforzar la musculatura
postural (abdominales, lumbares…) y, en el caso que los deportes que
se practiquen impliquen el uso de bastones (esquí de travesía, de fondo,
senderismo con bastones, etc…) la musculatura que interviene en la
impulsión con el mismo (dorsal, trapecio, tríceps…).
Metodología de entrenamiento
Evidentemente, lo ideal sería que cada deportista tuviese un entrenamiento
individualizado a sus características morfo-fisiológicas, a sus
objetivos, a los medios materiales y al tiempo de que dispone, pero
como esto escapa a la dimensión de este artículo, la información que
a continuación expongo, que no tiene la intención de servir como recetario
de entrenamientos para los deportes de montaña, es una serie
de ideas o sugerencias para realizar de la mejor forma posible todo el
trabajo orientado a la mejora de la condición física para los deportes
de montaña.
Una vez que conocemos los factores más relevantes que intervienen en
el desarrollo de los deportes de montaña (tipo de esfuerzo, musculatura
que lo ejecuta…), ya podemos comenzar a trabajar en busca de una mejora
coherente de nuestro estado de forma, siempre en función de nuestra
experiencia deportiva, estado físico actual y objetivos personales.
Entrenamiento de la fuerza
Como ya conocemos el tipo de esfuerzo predominante en este tipo de
deportes (aeróbico), podemos intuir que el tipo de fibras que habrá
que estimular preferentemente serán las lentas (también llamadas de
tipo I, oxidativas o ST), pues son las que tiene un metabolismo preferentemente
aeróbico y serán las que, en su potenciación, más van a
favorecer la óptima ejecución de nuestro deporte. Sirva esta pequeña
“reflexión” para ejecutar convenientemente todos los trabajos de fuerza
que vayamos a hacer, que tendrán siempre un carácter extensivo, es
decir, muchas series (entre 3 y 7) y muchas repeticiones (más de 15);
en definitiva, buscaremos realizar un trabajo alto en volumen y de baja
intensidad, moviendo cargas que nos permitan realizar el ejercicio con
relativa comodidad, de tal forma que llegásemos a completar siempre
el total de las repeticiones que vayamos a hacer con algo de fatiga pero
sin llegar en ningún caso a pararnos.
El carácter que deben tener estos ejercicios es concéntrico-excéntrico,
es decir, que el músculo que interviene se acorte al contraerse y se
estire al relajarse. Para realizar este tipo de trabajos, que se llamarían
de resistencia a la fuerza, lo más rápido (en la medida de lo posible
hay que buscar esto, pues se trata de trabajos extensivos que nos llevarán
un “ratillo”) y ameno es hacerlo en forma de circuito. Para ello,
seleccionaríamos entre 4 y 8 ejercicios de tal forma que sean aquellos
que movilicen la musculatura fundamentalmente implicada en nuestro
deporte (algo que ya hemos visto antes) – al final del artículo aparece
una propuesta de algunos de los ejercicios que se pueden hacer (ni
son todos, ni hay que hacerlos todos, con 1 o 2 por grupo muscular
suficiente) -. Hay que tener en cuenta que en las disciplinas en las que
se usan esquís, existe una fase de trabajo en isometría, es decir, se produce
contracción muscular pero no hay acortamiento ni alargamiento
de las fibras que intervienen (se da en la pierna que desliza el esquí, o
en ambas a la vez, dependiendo de la técnica empleada).
De igual forma, adquirirán mayor relevancia los ejercicios para la potenciación
de los miembros del tren superior, para favorecer la impulsión
con los bastones.
La preparación de fuerza para estas disciplinas diferirá por tanto del
resto, no tanto en la serie de ejercicios a realizar, como en la preparación
de base y en el tipo de fuerza específica, que será de tipo isométrico,
aunque esto ya no es objeto de este artículo.
Entrenamiento de la resistencia
El trabajo de resistencia será el que más relevancia tenga en la programación
de los entrenamientos para los deportes de montaña, si bien
debe compaginarse convenientemente con el trabajo de fuerza anteriormente
explicado.
Las formas en que trabajaremos la resistencia pueden ser muy variadas,
y es conveniente que así sea, para evitar la aparición de sobrecargas
por la realización de la misma actividad siempre. De todos modos,
daremos preferencia al trabajo de aquella sobre la que realizaremos
nuestra actividad principal en la montaña, o de aquellas que más se le
parezcan técnicamente.
Así, tendríamos una gran variedad de actividades para elegir: excursiones
a pie por la montaña (con o sin bastones) , correr , bicicleta,
esquí de ruedas, patines de ruedas, esquí de fondo, esquí de montaña.
Todas estas actividades tienen la ventaja de que se practican directamente
en el medio que más nos gusta, la montaña, aunque también
podemos trabajar la resistencia mediante otros deportes, como la natación,
incluso mediante la escalada deportiva o todo tipo de deportes
no cíclicos como los de equipo, de raqueta… Estos deportes, que se
salen en cierta medida de nuestra actividad principal, los podemos usar
de vez en cuando como un elemento para introducir variedad en los
entrenamientos.
La orientación del trabajo de resistencia va a depender de nuestros objetivos,
pues para realizar un trabajo de adquisición de buena forma y
su mantenimiento, bastará con realizar cualquiera de las actividades
propuestas (con una frecuencia que dependerá del tiempo disponible
de cada uno) a una intensidad que nos permita no llegar a pararnos
involuntariamente durante las mismas, es decir, siempre por debajo del
anteriormente citado umbral anaeróbico.
Sin embargo, si lo que buscamos es un aumento considerable de nuestro
rendimiento en los deportes de montaña, el objetivo de los entrenamientos
pasará por la búsqueda de una elevación de los valores equivalentes
en frecuencia cardiaca a nuestro umbral anaeróbico (algo que
hemos hallado en la primera evaluación realizada en un centro médico-
deportivo o con el apoyo de un profesional del ejercicio físico, que
sabrá adaptar dicha prueba de forma conveniente en un test de campo,
para que sea lo más específica posible).
Este tipo de trabajo debe ir siempre fundamentado sobre una buena
base aeróbica, algo que se llevará a cabo meses antes (al menos 3).
El trabajo para elevar nuestro umbral nos permitirá trabajar a intensidades
mayores de las que inicialmente podíamos hacerlo, pero sin
llegar a pararnos o a bajar la intensidad, es decir, trabajaremos a intensidades
que antes estaban por encima de nuestro umbral anaeróbico
de forma aeróbica, pues dicho umbral se habrá elevado, por lo que
tendríamos que llegar a trabajar a otra intensidad mayor todavía para
que se diesen las condiciones de trabajo mayoritariamente anaeróbico
(lo que ya sabemos nos limitará la actividad en un periodo escaso de
minutos).
Para ello, sin dejar de trabajar esa base aeróbica conseguida (para mantenerla),
iremos introduciendo actividades de menor duración pero a
mayor intensidad (a la del umbral o un poco por encima), o trabajaremos
de forma seriada, con intensidades claramente por encima del
umbral y con recuperaciones activas (que permiten una más rápida recuperación).
Consideraciones finales
Me gustaría destacar la importancia de un buen calentamiento previo
a todo entrenamiento o actividad en el monte, el trabajo de la musculatura
postural (sobre todo de abdominales y lumbares, para evitar
molestias producidas por las cargas que se suelen llevar en las mochilas
durante este tipo de actividades), que deberían trabajarse en cada
entrenamiento, al igual que ejercicios de flexibilidad, sobre todo como
parte fundamental de la vuelta a la calma.
Respeta el monte y disfruta en él de tu deporte preferido.
Señales de que se está haciendo algo mal o que estamos
entrenando por encima de nuestras posibilidades serían: no
descansar bien por las noches, sensación de cansancio durante
el día, frecuencia cardiaca al levantarnos por la mañana
más alta de lo normal, notar que no se progresa entrenando.
Ante estos “síntomas”, lo más aconsejable sería dejar de entrenar
al menos una semana, o hasta que volvamos a encontrarnos
bien, y retomar los entrenamientos con prudencia,
es decir, no continuar donde lo dejamos, sino rebajar algo la
carga o, lo mejor, variar lo que se estaba haciendo, para dar
otro tipo de estímulo al organismo.
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