3 de junio de 1950, cima en el Annapurna. 74 años del 1º ochomil

Hoy toca recordar un mito del alpinismo: 74 aniversario de la 1ª cumbre de un ochomil: Annapurna.

Expediciones, Annapuprna, Ochomiles, Aniversario74 aniversario Annapurna, primer ochomil. Foto: Louis Lachenal

El 3 de junio de 1950, hace hoy 74 años, los alpinistas franceses Maurice Herzog y Louis Lachenal alcanzaban los 8.091m del Annapurna, la Diosa de la Abundancia. Era la primera vez que el ser humano coronaba un ochomil.

Hasta ese momento, la cumbre de mayor altitud hollada era el Nanda Devi (7.816m), escalado por Bill Tilman. Es cierto que el ser humano había estado más alto, en el Everest se había llegado hasta los 8.500m. Pero, eso sí, sin cima.

La elección del Annapurna

En ese momento, ya había habido 22 intentos sin éxito a ochomiles. Eran tiempos de exploración y, de hecho, solo encontrar e identificar la montaña era ya un gran logro. La expedición francesa, compuesta, además de por Herzog y Lachenal, por Jean Couzy, Gaston Rébuffat, Lionel Terray, Marcel Schatz, el médico Jacques Oudot, el fotógrafo Marcel Ichac y el oficial de enlace Francis de Noyelle), había elegido el Dhaulagiri en un primer momento. Pero, ante lo complejo de su aproximación y lo imponente de su aspecto lejano para un equipo que nunca había salido de Alpes, trasladaron su objetivo sobre la marcha al cercano Annapurna.

No fue menos aterradora la visión del Annapurna. Sin embargo, ante la falta de tiempo, y ante el convencimiento de que la cosa no iba de una montaña en concreto, y de que en el resto de ochomiles se iban a encontrar con algo parecido, comenzaron la escalada. No estaban dispuestos a volver a casa sin intentarlo.

2 meses de duro trabajo

Decidieron ascender por la cara norte, y pronto se dieron cuenta de que su estilo alpino no era el adecuado para la magnitud de la empresa. Hicieron aparición cuerdas fijas, campos estables intermedios, y todo lo que conlleva una expedición más pesada. Fueron 2 meses de exploración, toma de decisiones y de trabajo por parte de los sherpas y de los componentes de la expedición hasta que el 3 de junio Herzog y Lachenal llegaban a la afilada arista que hace de cumbre.

Cima y dramático descenso

Los problemas con las congelaciones comenzaron con la decisión de ambos de llevar botas ligeras para el día de cima. Además, Herzog perdió sus guantes en la cumbre al quitárselos para realizar fotografías y cambiar carretes. Se embriagó tomando imágenes con diferentes banderas mientras una tempestad se aproximaba. Lachenal, más experimentado, le suplicaba que comenzaran a bajar. Ante la negativa, decidió comenzar por su cuenta, con la esperanza de que su compañero le siguiera inmediatamente.

El descenso fue muy dramático, y de no ser por la ayuda de sus compañeros Gaston Rebuffat y Lionel Terray, que les esperaban en el campo 5, lo habría sido más. Al día siguiente la nula visibilidad les desorientó y tuvieron que vivaquear los 4 en una grieta con un solo saco de dormir. El resultado fueron graves congelaciones que obligaron a Oudot, médico de la expedición, a realizar amputaciones sin anestesia. Herzog perdió todos los dedos de manos y pies, Lachenal solo los de los pies. Tanto ellos como Rebuffat tuvieron que ser cargados a hombros por los sherpas durante el regreso, a través de glaciares, morrenas, y selvas.

Consecuencias. El nacimiento de una leyenda

La ascensión tuvo gran repercusión. Tanto por ser el primer ochomil como por su dramatismo y por enorme éxito mundial del libro “Annapurna, Primer Ochomil”. A pesar de posteriores polémicas, tanto entre los participantes en la expedición y sus descendientes como entre estos y factores externos que han llegado a afirmar que ni siquiera se alcanzó la cumbre, la expedición al Annapurna continúa, 74 años después, siendo la más legendaria de la historia. Generaciones de alpinistas se han forjado y han soñado con las palabras de Herzog en su libro, y con su inolvidable frase final: "Una nueva vida comienza. En la vida de los hombres siempre habrá otros Annapurna".

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