Cati Lladó y Tomeu Rubí, escalada en alpino al espolón O del Taulliraju

Una vez más, la cordada mallorquina de Tomeu Rubí y Cati Lladó realizan una gran actividad, fieles a su estilo: escalada en alpino del espolón Oeste del Taulliraju, con 3 vivacs.

Tercer día de escalada en el Taulliraju. Foto: Cati Lladó y Tomeu RubíTercer día de escalada en el Taulliraju. Foto: Cati Lladó y Tomeu Rubí

Los alpinistas mallorquines Tomeu Rubí y Cati Lladó han realizado una escalada en alpino a los 5.830m del Taulliraju, en la Cordillera Blanca. Ha sido la culminación de una temporada en la que, además, han ascendido el nevado Urus, el Tocllaraju, además de algunas escaladas en roca en la Quebrada Rurec.

Todas ellas fueron actividades para aclimatar, en busca de su gran objetivo: “Habíamos valorado varias opciones, pero pudimos comprobar que la mayoría de nevados andaban escasos de nieve, y era posible que las rutas que habíamos pensado no estuvieran en buenas condiciones”, nos comenta Tomeu.

Todo cambió cuando, tras una visita a la oficina de guías de Huaraz, les comentan que una cordada argentina (A. Pérez, T. Odell y P. Navarro) habían conseguido escalar el Taulliraju, “una montaña de ésas que al verla se te queda grabada en la mente. No tiene rutas fáciles de ascenso, y el descenso tampoco se antoja ni rápido ni sencillo. Conseguimos hablar con los argentinos, quienes, de muy buen rollo, nos dan algunos detalles de la ruta”. Una ruta, la elegida, de las más complejas de la montaña: el Espolón Oeste de la cara Suroeste.

Fue ascendida por primera vez por los italianos Calgano, Perona, Vialardi, Piazzo, Vidoni y De Benedetti en 1980. En 1983 la repitieron Jeff y Alex Lowe en estilo alpino. Steve House y Marco Prezelj liberaron la ruta en el año 2005 y, al parecer, no había habido más escaladas hasta la argentina de este año.

En rojo, ruta italiana ascendida. En amarillo, variante seguida. Foto: Tomeu Rubí y Cati LladóEn rojo, ruta italiana ascendida. En amarillo, variante seguida. Foto: Tomeu Rubí y Cati Lladó

El 6 de agosto, Tomeu y Cati se levantaron a las 3:30am para afrontar la vía. Pepe Roig, que iba a ser el tercer integrante de la cordada, decidió renunciar en el último momento. Tras reorganizar rápidamente el material y la comida para adaptarlo a una cordada de dos, a las 4:30am se ponían en marcha. “La tarde anterior calculamos que en unas 2 horas podríamos estar a pie de corredor, en donde realmente empieza la escalada. Pero no contábamos con que las nubes estarían tan bajas. Un problema: desde que estábamos en Perú, las nubes solo aparecían alguna tarde, y no había habido casi precipitaciones. ¿Puede que la meteo haya empezado a cambiar, con la temporada tan avanzada?”

Parte alta del corredor de entrada. Foto: Cati Lladó y Tomeu RubíParte alta del corredor de entrada. Foto: Cati Lladó y Tomeu Rubí

A pesar de todo, salieron hacia arriba con la esperanza de que las nubes se disiparan y no les causaran más problemas para atravesar la parte baja del glaciar, repleta de grietas, que da acceso a la ruta. “Con algo de suerte acertamos el camino y, sobre las 6:30am, estábamos al inicio de las dificultades. Sin apenas frío, progresamos rápido en los primeros largos de cuerda”.

Superan 400 metros a través del corredor y acceden a un espolón a través de un largo de M6. “A partir de aquí cambia el terreno; sigue siendo una combinación de hielo y roca, pero con el hielo formando hongos suspendidos en dudoso equilibrio, que hay que sortear para encontrar la ruta más segura en un terreno en donde las protecciones que empleamos resultan muchas veces más psicológicas que seguras. Por suerte, las reuniones suelen ser sólidas”.

Saliendo del corredor. Foto: Tomeu Rubí y Cati LladóSaliendo del corredor. Foto: Tomeu Rubí y Cati Lladó

Las nubes con las que habían comenzado la jornada se disipan, lo que les permite progresar relativamente rápido. “A las 14:00h llegamos al punto en el que los argentinos habían pasado la noche 10 días atrás. Pensamos en seguir escalando para aprovechar las 4 horas de luz que nos quedaban, pero ante la duda de si encontraríamos algún lugar para vivaquear más arriba, y con las nubes otra vez empeñadas en envolvernos, decidimos dormir allí”.

En el primer vivac. Foto: Cati Lladó y Tomeu RubíEn el primer vivac. Foto: Cati Lladó y Tomeu Rubí

La noche no fue fácil. En aras de la ligereza, habían decidido no llevar tienda, y a las 19:00 se puso a nevar. “A pesar de usar las fundas de vivac, nuestros sacos empezaron a acumular humedad, que hizo disminuir el volumen de la pluma y, por tanto, su poder de aislamiento”.

Alternando tramos de hielo y roca. Foto: Cati Lladó y Tomeu RubíAlternando tramos de hielo y roca. Foto: Cati Lladó y Tomeu Rubí

Temprano, a las 4:00am, comienzan con la rutina de ponerse en funcionamiento: fundir nieve, tomar té, comer algunas galletas, recoger el saco, organizar el material en el arnés, hasta que a las 5:00am, envueltos por las nubes, empiezan a escalar de nuevo. “En algún momento se abre lo suficiente como para poder ver algunos cientos de metros por encima de nosotros. 100 metros antes de salir a la arista cimera tenemos que tomar una decisión. Los argentinos nos habían advertido de que cerca de aquí nos íbamos a encontrar con un serac que, en su opinión, iba a ser peligroso superar. Ellos habían realizado una travesía a la izquierda para acceder a la arista cimera por un corredor (que creemos que pertenece a una vía abierta por una expedición canadiense en 1988). Con la niebla no conseguimos ver el serac, pero sí creemos haber localizado el corredor”.

En la arista cimera. Foto: Cati Lladó y Tomeu RubíEn la arista cimera. Foto: Cati Lladó y Tomeu Rubí

Así que, aunque les supone rapelar, porque se han pasado el punto en el que deberían haber empezado la travesía, optan por la opción de evitar el serac. “Accedemos a la arista cimera y empezamos a buscar un lugar donde pasar la noche. Improvisamos una pequeña plataforma que no estará sobre la nieve, lo que supone un vivac más cálido. Al contrario de lo que nos habría gustado, las nubes nos abandonan por la noche y vuelven a visitarnos con el sol.

Llegando al segundo vivac. Foto: Cati Lladó y Tomeu RubíLlegando al segundo vivac. Foto: Cati Lladó y Tomeu Rubí

Sobre las 12:00h del tercer día de escalada llegamos a la cima aunque, hasta unos 15 metros de ella no podemos intuir que estamos llegando, porque no vemos más allá de esa distancia. Hemos escalado unas 7 horas por un terreno similar al día anterior, pero sin referencias. Eso sí: a través de alguna afilada arista en la que, al menos, no existía opción de errar la elección del camino”.

Llegada a cumbre en el Taulliraju. Foto: Tomeu Rubí y Cati LladóLlegada a cumbre en el Taulliraju. Foto: Tomeu Rubí y Cati Lladó

Les quedaba por delante un largo y complejo descenso, con el añadido de la niebla. “La cosa parece sencilla: si los argentinos han bajado hace 10 días, con seguir sus pasos todo solucionado. Pero para seguir los pasos de alguien hay que verlos. Bajamos tras 3 ó 4 rápeles, unos 200 metros, como averiguaremos más tarde, deberíamos haber dejado la línea de bajada para dirigirnos a la línea SSE y, con suerte, haber llegado ese mismo día a las tiendas del campamento de Punta Unión”.

Rápel durante el descenso. Foto: Cati Lladó y Tomeu RubíRápel durante el descenso. Foto: Cati Lladó y Tomeu Rubí

Sin embargo, ellos continúan para bajar directos al glaciar este, que atraviesan con bastante dificultad, pues está muy roto. Este desvío les obliga a un nuevo vivac “bastante frío. Nuestros sacos han acumulado tanta humedad que apenas nos aíslan del exterior. Al día siguiente, después de rompernos la cabeza por ver como bajábamos de allí, optamos por la opción más corta, pero también algo expuesta que nos permite, esta vez sí, llegar a nuestro campamento”.

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