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Minicrampones: una solución, varios problemas a evitar

La aparición de las primeras suelas antideslizantes con cadenas supuso una solución a un problema antiguo: resolvía los resbalones en zonas en los que no se acostumbra a utilizar crampones. Sin embargo, el uso extendido de hoy en día ha generado problemas de seguridad que conviene recordar. Lo hacemos en este artículo.
CAMP
Los minicrampones son muy demandados para actividades rápidas. Foto CAMP

Desde las clásicas suelas antideslizantes provistas de un cable metálico enrollado que ayudaba a traccionar en superficies heladas hasta los modernos minicrampones, los sistemas de agarre en hielo y nieve han ido evolucionando lenta pero inexorablemente.

Con tantos detractores por tener una seguridad menor a la de un crampón tradicional como admiradores por la ligereza que suponen, lo cierto es que los minicrampones son una pieza con muchas exclusiones de uso, pero inmejorables piezas en aquellos lugares y para aquellas actividades para las que han sido diseñados.

Un poco de historia

Cuando surgieron las primeras suelas antideslizantes, hace ya muchos años, fueron consideradas un elemento anecdótico al que se le auguraba un éxito más bien discreto, al menos en el sector del outdoor por sus evidentes limitaciones. Estábamos en otra época donde la ligereza no tenía el valor que se le otorga hoy en día. Desde las antiguas taloneras, todavía hoy en venta, hasta las modernas variedades de minicrampones de los que te venimos a hablar hoy, este tipo de equipamiento ha experimentado, sin embargo, un progresivo interés por parte del colectivo montañero.

Aunque para atravesar neveros ocasionales siempre han funcionado los viejos trucos (el calcetín de lana cubriendo la bota es el más clásico), la aparición comercial del sistema de rollos de alambre bajo la suela vino a dar un añadido de tecnicidad a las tradicionales “ñapas” caseras. Vecinos de zonas montañosas, turistas habituales a destinos de invierno y trabajadores como carteros, repartidores o transportistas, se hicieron con este nuevo sistema que aseguraba un agarre nunca antes visto en hielo y nieve dura sin necesidad de usar crampones. La seguridad que aportaba atrajo también el interés de la gente mayor o personas con algún impedimento o precaución especial, como mujeres embarazadas, pero todavía lejos del interés puramente deportivo.

Este uso bastante específico y, no lo neguemos, con una venta bastante residual, vino a cambiar a partir del enorme escaparate que supusieron los juegos olímpicos de invierno de 2002 en la ciudad estadounidense de Salt Lake City. De repente, todo el mundo pudo ver cómo el personal voluntario de aquellos juegos calzaba unas, por aquel entonces, extrañas gomas con cadenas bajo sus botas que les permitía moverse con cierta agilidad por las superficies heladas y a veces también inclinadas de las pruebas de las olimpiadas invernales.

Yaktrax
Clásicas suelas antideslizantes de metal enrollado. Foto Yaktrax

El paso de estos elementos del ámbito urbano y laboral al deportivo era cuestión de tiempo. La gente montañera enseguida supo ver las ventajas de estas novedosas piezas respecto a los crampones tradicionales para las excursiones invernales o fuera de temporada estival: menor peso, menor espacio y mayor rapidez de colocación.

En el lado de los inconvenientes, todo el mundo tuvo claro desde un primer momento que las suelas antideslizantes no sustituyen a los crampones y el uso se restringió con buen criterio a los casos ya mencionados y al paso ocasional de zonas heladas de reducida extensión y poca inclinación.

Así pues, si bien la comodidad era un gran motivo para hacerse con estas piezas, los inconvenientes seguían siendo superiores a las virtudes cuando de utilizarlas en el monte se trataba.

Los minicrampones

La evolución de las suelas antideslizantes de bobinas de metal fueron los minicrampones. Sobre la denominación del producto, aunque algunos fabricantes le dan el nombre de "crampones ligeros", nosotros preferimos huir de esa terminología para no confundirla con los crampones de aluminio utilizados en esquí de travesía principalmente, ya que en ese caso las características son totalmente diferentes.

Los minicrampones fueron una solución híbrida entre los crampones tradicionales y las suelas antideslizantes que se demostró como muy útil en un uso muy concreto: el paso ocasional de neveros. Por un lado, mantienen la facilidad de calzado y descalzado de las suelas de metal enrollado y, por otro lado, tienen puntas que se clavan en el hielo que mejoran ostensiblemente la seguridad cuando el terreno se inclina de modo manifiesto.

No obstante, tanto por tamaño de las puntas como por estructura de la pieza, solo los crampones diseñados para montañismo son recomendables para actividades más técnicas como la travesía glaciar, el uso en alta montaña invernal o, por supuesto, aquellos lugares donde se precisa de las puntas frontales como terrenos con pendiente, corredores de nieve o escalada en hielo.

Conviene recordar que los minicrampones son solo una solución delimitada a un terreno muy concreto con un calzado muy específico. En caso de duda y por seguridad, siempre recomendamos la utilización de los crampones adecuados conforme a las normativas EN-893 y UIAA-153.

Sin embargo, la mejora tecnológica y de materiales ha permitido un progresivo aligeramiento del material. Sobre este material ligero ya hablamos en un artículo que te invitamos a leer si te interesa la variante fast&light de la montaña. Entre las consecuencias de esta mejora encontramos equipamiento para actividades que antes, a falta de material específico, se realizaban con elementos no adaptados que resultaban muchas veces insuficientes o excesivos.

Barrabes
Los minicrampones, la única opción segura para zapatillas flexibles. Foto CAMP

El problema era ese: ¿qué crampones se podían utilizar con, por ejemplo, unas zapatillas flexibles de trail running? Los crampones clásicos de correas, además de excesivamente pesados para una actividad rápida como la de las carreras por montaña, tienen el problema de que son rígidos o articulados, pero no flexibles, por lo que su adaptación a un calzado ligero y muy blando como una zapatilla no es adecuada. Para conocer más del uso de los crampones puedes echarle un vistazo al artículo sobre cómo elegir adecuadamente los crampones.

Así pues, los crampones tradicionales no son recomendables con calzado flexible y te vamos a explicar por qué.

Las repetidas solicitaciones (fuerzas ejercidas) sobre un crampón rígido cuando se utiliza con zapatillas muy flexibles pueden llevar a la rotura por fatiga de este elemento. Las cargas dinámicas cíclicas sufridas por los aceros generan unas deformaciones imperceptibles al principio que se transforman en microfisuras justo en el punto de concentración de la tensión. Esas pequeñas microfisuras se agrandan formando grietas que finalmente provocan la rotura del metal.

En el caso de los crampones con calzado muy flexible, los ciclos de carga repetidos son evidentes: cada paso es un ciclo en el que estamos tensionando el metal, lo que llevará a su debilitación y rotura cuando el uso se haya producido muchísimas veces en el tiempo. Esto no pasa en los minicrampones: dotados de una superficie de apoyo flexible, el minicrampón se adapta perfectamente al movimiento de la zapatilla, evitando de este modo cualquier deterioro del metal causado por fatiga de materiales.

De este modo, vamos a recopilar de un modo muy breve la información básica de uso para los minicrampones:

Restricciones de uso:

  • No utilizar en terreno técnico: glaciar, terrenos muy inclinados o expuestos.

Uso aconsejado:

  • Paso ocasional con calzado flexible de neveros sin demasiada inclinación.
  • Tránsito por zonas, redes viarias o entornos urbanos cubiertos por hielo o nieve dura.

En resumen...

Hay que tener en cuenta que los minicrampones se encuentran en este momento fuera de cualquier tipo de normativa. No es un EPI, no tiene euronorma (EN) que los regule y tampoco existe una norma UIAA que controle cuáles son sus requerimientos. Es por ello que deberás apostar por marcas de reconocido prestigio para tener la seguridad de en qué material estás confiando tu seguridad.

Debido a sus características, los minicrampones suelen estar limitados a actividades como senderismo invernal o trail runnning con paso ocasional de neveros, así como en aquellas situaciones en las que sea necesario pisar nieve helada como transitar por núcleos urbanos helados o poner las cadenas al coche.

Su uso está completamente restringido a un tipo de terreno: solo se pueden utilizar en terrenos nevados de poca inclinación siempre y cuando el ahorro de tiempo de los minicrampones nunca ponga en riesgo la seguridad que ofrecen los crampones clásicos homologados.

Es el único tipo de crampones recomendable en caso de llevar calzado flexible como zapatillas de trail running o botas de senderismo, debido a que los crampones tradicionales no tienen buena respuesta a la rotura por fatiga cuando se utilizan con calzado sin la rigidez necesaria.

Esperamos que te haya interesado este artículo sobre los minicrampones. Puedes visitar nuestra web o pasarte por nuestras tiendas físicas para resolver cualquier duda que puedas tener.

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