Seguridad en la montaña invernal y nevada: senderismo, trekking y raquetas de nieve
Guía esencial para disfrutar del invierno en la montaña con seguridad y conocimiento.
Saber qué datos son obligatorios y qué signiifican respecto al comportamiento de la cuerda es básico a la hora de comprar nuestra cuerda. Te ofrecemos aquí las claves.
Interpretar la ficha técnica permite conocer el comportamiento de la cuerda antes de usarla. Foto SCARPA.
Como material de seguridad que son, las cuerdas dinámicas para escalada si sitúan como uno de los productos que más información aportan en su ficha técnica sobre las características que van a ofrecer durante su uso.
Datos básicos como el tipo de normativa, el grosor o la longitud nos aportan información sobre qué tipo de vías podremos hacer y con qué aparato asegurar pero, si sabemos interpretar el resto de puntos de la ficha técnica, nos van a indicar alguna otras pistas sobre cómo de suaves o bruscas van a ser las detenciones de las caídas, qué tal va a envejecer, la idoneidad para el tipo de escalada que vamos a realizar o la comodidad de su uso.
Toda cuerda de escalada debe cumplir la normativa EN 892 que establece los criterios que deben cumplir este tipo de cuerdas. Buena parte de estas exigencias están desarrolladas en el resto de puntos, pero para tener la seguridad de que todas y cada una de ellas han sido aprobadas en un test realizado por un laboratorio independiente, además de la normativa aplicada, la EN 892 como ya hemos dicho, aparecerá también el número de laboratorio que ha certificado que esa cuerda ha pasado las pruebas requeridas. Lo habitual es que las cuerdas con la euronorma incluyan también la norma UIAA-101, que no es de obligado cumplimiento pero que añade algunos criterios extra. En todas las fichas técnicas aparece también el número del laboratorio que ha realizado las pruebas de homologación.
Las especificaciones que obligatoriamente han de aparecer en la ficha técnica de las cuerdas son:
Datos obligatorios en una cuerda multitipo.
Además de estos datos obligatorios, existen otros como nudabilidad o la existencia o no de tratamientos que, si bien no tienen por qué aparecer en la ficha, muchas marcas los indican en ella.
Las cuerdas dinámicas pueden categorizarse de tres maneras: cuerdas para uso en simple, cuerdas para uso en doble y cuerdas gemelas. Sobre esta categorización hemos hablado en el artículo sobre cuerdas dinámicas y en los más específicos sobre cuerdas dobles y cuerdas multitipo o de varias homologaciones.
El resumen, grosso modo, sería que las cuerdas simples son utilizadas para escalada deportiva, las dobles para escalada tradicional o alpinismo y las gemelas para expedición o usos específicos de alpinismo donde interese realizar largos rápeles.
La manera que tienes de distinguir el tipo (o tipos) de uso de una cuerda es mediante el símbolo que aparece en su ficha técnica. Un 1 dentro de un círculo indica que es una cuerda para uso en simple, un ½ dentro de un círculo significa que es una cuerda para uso en doble y cuando la cuerda tiene dos círculos entrelazados dentro de otro círculo significa que es una cuerda gemela.
Hasta hace unos años el grosor de una cuerda era un indicativo claro del tipo de cuerda – simple, doble o gemela – que nos íbamos a encontrar, pero el progresivo “adelgazamiento” de los grosores hasta las cuerdas extra finas a las que nos hemos acostumbrado hace que esta distinción sea cada vez más difícil de interpretar sin llevar la mirada a la nomenclatura. La existencia de cuerdas multitipo complica aún más esa interpretación visual, encontrando cuerdas simples con diámetros increíblemente bajos.
En general, conocer el grosor de la cuerda nos va a permitir saber qué tipo de dispositivo asegurador vamos a poder utilizar, así como saber interpretar la fricción que van a realizar esas cuerdas durante un rápel – a más grosor, más fricción en el descensor y mayor capacidad de frenado- y, por añadido, el peso que tendrá la cuerda durante el transporte y la escalada.
También el diámetro de la cuerda es importante, al final del artículo lo veremos, en su resistencia al corte por caída sobre aristas.
Uno de los criterios más determinantes a la hora de elegir la cuerda, ya que dependiendo de la misma podremos escalar vías más o menos largas.
En la elección de la longitud deberemos de tener en cuenta no solo el recorrido de la vía, sino también la distancia vertical entre la reunión y el suelo que, en vías desplomadas y con acceso por ladera, se encuentra varios metros por debajo del inicio de la vía. Del mismo modo, en vías de varios largos tendremos en cuenta la longitud de los rápeles a la hora de elegir las cuerdas.
Aunque la tendencia habitual ha sido siempre la de escoger cuerdas largas por el “mejor que sobre que no que falte”, en vías de varios largos sin descensos comprometidos muchas cordadas están optando por cuerdas cortas para agilizar el proceso de recogida de cuerda al final de cada largo, evitar enmarañamiento y líos en las reuniones y aligerar peso en la aproximación y el retorno.
Nada dice la normativa del material en el que se ha de fabricar una cuerda siempre y cuando, lógicamente, cumpla los estándares necesarios para ser homologada. Sin embargo, en todas las cuerdas de escalada el material utilizado es la poliamida por su excelente relación entre peso y resistencia.
Esta poliamida recibe unos tratamientos térmicos y un trenzado especial que la hacen válida para absorber la energía producida durante las habituales caídas sin sufrir daños estructurales ni deformidades. En la parte negativa, la poliamida es una compuesto que soporta mal la acción de la radiación ultravioleta (precaución con almacenar las cuerdas en lugares soleados) y, como la mayor parte de fibras, también es peligroso exponerla al contacto con ácidos.
Las cuerdas se fabrican en dos partes: el alma, que es la parte interior encargada de dar resistencia y absorber la energía de la caída, y la funda o camisa, que es la parte exterior visible y que protege al alma de los roces.
Según sea mayor o menor el porcentaje de camisa respecto al de alma, esta será más resistente a la abrasión, por lo que las cuerdas con un gran porcentaje de camisa (por encima del 40%) son especialmente indicadas para utilizarse en rocódromos o en prácticas de escalada en top rope.
Proceso de la fabricación de cuerdas. Foto Tendon.
La camisa, como acabamos de explicar, envuelve el alma de la cuerda. Hasta hace pocos años eran dos partes no unidas y que envejecían a distintos ritmos, provocando que con el tiempo el alma comenzara a asomar por los cabos. No es algo peligroso ya que los porcentajes de deslizamiento son muy pequeños, pero la normativa especificó hasta qué límite se permitía el deslizamiento de camisa, fijándolo en un 1% (dos centímetros cada dos metros).
Hoy en día, además de los sistemas de consolidación entre camisa y alma que permiten que estas no se separen incluso tras seccionar un ciclo completo de camisa, las cuerdas más económicas que no tienen este sistema de unión entre las partes apenas superan unas décimas de porcentaje de deslizamiento entre alma y camisa.
Directamente relacionado con el grosor y, en menor medida, con el porcentaje de camisa y alma nos encontramos con el peso por metro. No es indicativo de ninguna característica técnica más allá de la propia ligereza de la cuerda, pero puede ser una referencia para evitar subir más peso del estrictamente necesario en largas rutas o aproximaciones que exijan gran esfuerzo. La normativa exige, eso sí, que al menos la mitad del peso de la cuerda corresponda al alma.
La nudabilidad se calcula por el factor K (de knot, nudo) resultante de dividir el diámetro interior de un nudo simple bajo carga de 10 kilogramos entre el diámetro de la cuerda. El resultado ha de ser K<1,1.
Una nudabilidad baja indica que la cuerda tiene una buena flexibilidad y permite que los nudos azoquen completamente, además de ser más manejable a la hora de chapar o recogerla en reuniones o al terminar de escalar.
Hablamos ya de los conceptos factor de caída y fuerza de choque en un completo artículo que te invitamos a releer.
La caída UIAA es una prueba estandarizada. Con 2,60 metros de cuerda y un único seguro a 30 centímetros se deja caer una masa, lo que provoca una caída de 4,60 metros (Factor de caída: 4,60 / 2,60 = 1,77). Dicha masa será de 55 o de 80 kilogramos, dependiendo de si la prueba es para cuerda doble o para simple y gemelas, respectivamente.
El valor de la fuerza de choque en esta caída estandarizada ha de ser inferior a 800 daN para cuerda doble y 1200 daN para cuerda simple y dos cabos de gemelas.
Factores de caída. Foto Petzl.
La elongación estática es el estiramiento que experimenta una cuerda sometida a un peso previo de 5 kilogramos cuando se le añade carga hasta los 80 kilogramos. La normativa especifica que la elongación cuando pasa de 5 a 80 kilos no puede ser superior al 10% en cuerdas simples (y gemelas con dos cabos) ni al 12% en las cuerdas dobles.
Al igual que sucede con la elongación dinámica que veremos ahora mismo, la elongación estática nos indica la capacidad de estiramiento de esa cuerda dinámica bajo carga, dando una idea de cómo se comportará esa cuerda en situaciones de carga estática como son un rápel, una escalada en top rope o remontar sobre cuerda. A menor elongación estática, menor chicleo en esas situaciones y, por tanto, menor incomodidad en esas maniobras y menor riesgo de que la cuerda sufra daños en los roces contra la roca.
La elongación dinámica es el estiramiento de la cuerda durante una caída. Esta elongación no puede superar el 40% en una caída UIAA de laboratorio. El motivo es que una elongación muy alta de la cuerda durante una caída puede comportar peligros como el de golpear con una repisa o incluso contra el suelo si la caída se produce en los primeros metros de la escalada.
El número de caídas es algo que genera mucha confusión entre quienes están comprando una cuerda. Este dato establece el número de caídas UIAA consecutivas que puede sufrir una cuerda antes de deteriorarse, siendo necesario superar al menos 5 para que la cuerda sea homologada.
Aunque esa concatenación de caídas de alto impacto es estadísticamente imposible que se produzca en una escalada normal, en la práctica es un indicativo de la resistencia de la cuerda. Por tanto, un mayor número de caídas indica que la cuerda es, ignorando otras variables, más resistente.
Aunque no son obligatorios, algunas tecnologías y tratamientos de las cuerdas están estandarizados y son importantes conocerlos según el uso que le vayamos a dar a nuestra cuerda. Estos son tres de los más importantes:
Bastantes marcas comercializan sus cuerdas con marcas en la mitad de su longitud con tintas especiales que no deterioran la poliamida y, por tanto, no afectan a su resistencia. La marca de mitad en una cuerda sirve para avisar a quien asegura de dónde está el punto crítico para un descuelgue y también para marcar dónde se ha de posicionar la cuerda en una instalación de rápel para que este llegue a su longitud máxima.
La marca de mitad de cuerda indica el momento crítico para empezar a descolgar.
Durante años las marcas sacaron a la venta cuerdas con la denominación dry o similar para especificar aquellos tratamientos de hidrofugado aplicado a las mismas. Las ventajas de una cuerda hidrofugada son muy importantes: además de un manejo fluido y suave en cualquier situación, retardando además la acumulación de suciedad, en situaciones de humedad evita la acumulación de agua que aumenta su peso y reduce su manejabilidad y disminuye la posibilidad de que las cuerdas se congelen en actividades invernales.
Sin embargo, los tratamientos de las marcas no siempre eran igual de completos. La aplicación del hidrofugado a veces se producía con la cuerda ya fabricada y otras veces solo se aplicaba a la camisa, no pudiendo saber antes de su utilización la efectividad de ese tratamiento.
La UIAA estableció que el método para que las cuerdas obtuvieran la certificación de hidrófugas. Tras un desgaste controlado de la cuerda que reproduce su estado tras varios usos, la cuerda es sometida a un flujo constante de agua (2 litros por minuto durante 15 minutos) en una posición predeterminada y fija. Tras detener la corriente de agua, el peso de la cuerda no puede haber aumentado por encima del 5% respecto a su peso antes de ser mojada.
Símbolos de homologación UIAA para cuerdas hidrofugadas.
Instaurado en 2002, el certificado antiaristas de la UIAA apenas duró dos años vigente. Consistía en sustituir el seguro de 5 milímetros de radio sobre el que se hacía caer la cuerda de la caída UIAA por un seguro con radio de 0,75 milímetros. Pronto se descubrió que los datos obtenidos en laboratorio no eran representativos ya que las pruebas daban aleatoriamente resultados positivos o negativos según el centro que examinase su homologación y eso, contra toda lógica, contravenía la propia definición de estandarización.
Sabemos que el peso aplicado en la caída es directamente proporcional al riesgo de corte e, importante pero en menor medida, el diámetro de la cuerda es inversamente proporcional al mismo. Es decir, sobre una arista es determinante el peso de quien cae escalando. El diámetro de la cuerda es también primordial, pero algo menos concluyente de lo que la lógica nos lleva a pensar.
Durante años se ha venido trabajando en desarrollar una homologación que certifique de un modo infalible qué cuerdas resisten una caída contra una arista y cuáles no, pero los resultados de las pruebas se han vuelto a dar de bruces contra la imposibilidad de replicar resultados idénticos en exámenes idénticos. A día de hoy, la homologación antiaristas es el gran problema irresoluto de la normativa de cuerdas dinámicas.
Tienda web: www.barrabes.com
Tiendas Barrabes: Barcelona, Benasque, Bilbao, Jaca, Madrid O'Donnell, Madrid Ribera de Curtidores, Zaragoza.
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