El descenso de un barranco en condiciones de aguas vivas, es decir,
con caudal anormalmente elevado, es de las actividades deportivas
con mayor riesgo (fig 1). Otros deportes usuarios del mismo medio,
como el kayak, rafting o hidrospeed conocen bien la dificultad de
moverse en un medio donde el hombre no tiene las adecuadas condiciones
(no somos hidrodinámicos, no tenemos aletas y por supuesto,
tampoco tenemos branquias).
Todas estas razones nos llevan a mejorar
sobre todo en dos aspectos si queremos practicar esta disciplina
con seguridad: uno y muy importante es la técnica, conocer todas las
herramientas disponibles, su adecuado manejo, cual es la más apropiada
para cada situación; y el segundo y no menos importante es la
adecuada lectura del medio donde nos vamos a desenvolver.
Para este segundo aspecto es muy importantes aprender y desarrollar
nuestros conocimientos de hidrología (condiciones físicas de la
cuenca que pueden derivar en problemas por súbito crecimiento de
las aguas, por ejemplo) e hidráulica (como se mueve el agua por el
cauce de un barranco y que problemas nos genera). Ambas ciencias,
hidrología e hidráulica son habitualmente conocidas de una manera
intuitiva por los deportistas, que las incorporan en algo llamado experiencia,
que no es ni más ni menos, que haber subido el listón poco
a poco, desde barrancos facilitos y con poco agua o ninguna, hasta
barrancos de mucho compromiso.
Los movimientos que genera el agua en su interacción con el fondo
y laterales de un barranco son: venas y lenguas, setas, olas, rebufos,
reflujos, remolinos, contras, remansos, drosages, resaltes y bloques
en cauce, zonas someras, obstáculos, aristas, zonas de cizalla y de
separación de flujo, zonas de alta perturbación de flujo, sifones, etc.
Todas ellas no tienen porque ser peligrosas, es más, muchas de ellas son muy interesantes por las posibilidades de descanso que nos ofrecen.
Intentar describirlas aquí en pocas líneas, y sobre todo, explicar cuales
pueden ser nuestros movimientos en estas zonas es tarea imposible, por
lo que recomiendo la lectura de algún manual técnico donde se ilustren.
Por esta razón será mejor describir algún ejemplo de lo que la hidrología-
hidráulica nos pueden ofrecer, como son los drosages.
Se llama drosage a una corriente de agua que encuentra un obstáculo,
generalmente una de las orillas del cañón que se dispone perpendicular
o diagonalmente al avance del agua (figuras 2 y 3). El río erosiona la
base de la roca por efecto del choque (donde hay un exceso de presión
y cavitación). El resultado es un movimiento peligroso con caudal elevado,
sobre todo si el obstáculo es perpendicular, ya que el agua nos
aplastará contra la roca (encorbatado) o nos meterá bajo la losa de piedra,
impidiéndonos salir por la gran fuerza que ejerce contra ella.
Los movimientos, en caso de no ser evitable, implican un acercamiento
en postura de flotabilidad con pies por delante, y al llegar a la roca,
batir con los pies para pivotar el cuerpo. Este batido es más efectivo si
atacamos el drosage con un ángulo de 45º respecto a la pared. Cuando el
drosage es muy suave (angulo bajo) la salida es relativamente fácil.
En casi todas las ocasiones, nuestra mejor arma, quitando la técnica y
manejo de cuerdas, para salir de situaciones comprometidas con mucha
agua es saber nadar bien, en el momento preciso y con la técnica adecuada.
La natación en barrancos también ha de practicarse y la experiencia
nos dirá dónde y como, pero la hidrología nos enseña que una adecuada
estimación de la velocidad puede indicarnos donde será imposible hacer
pie para cruzar de orilla, o donde una cascada nos barrerá y tirará al
suelo. Algunas cifras generales nos dicen que aproximadamente, para
una profundidad de 10 cm es necesaria una velocidad de más de 3,7
m/s para arrastrarnos, como ocurre en goulottes, pero si tomamos una
profundidad mayor, por ejemplo 1,40 m, basta una velocidad de 0,3 m/s
para que no podamos permanecer de pie.
Y todo esto nos lleva a considerar la posibilidad de emplear técnicas de
progresión más efectivas, como saltos, natación, cruces (bacs) u otras
técnicas (figuras 4 a 8).
En resumen, la variedad de situaciones que podemos encontrar, derivadas
de cambios en el caudal de un río, modificaciones de la morfología
del cauce causadas en crecidas, material arrastrado y/u oculto bajo las
aguas, y sobre todo, la combinación agua y cambios en el lecho del río
hace que el descenso de barrancos con caudal alto exija de nosotros la
máxima atención, la mejor de las formaciones posibles, tanto en técnica
y manejo de cuerdas, aparatos, cuerda de socorro, como en conocimientos
aplicados de hidrología, hidráulica y porqué no, geomorfología de
ríos. Todo esto ayudará a mejorar en seguridad y no será nunca sustituto
de la experiencia, muy necesaria en este medio tan hostil.

Descenso de la Oules de Fressinieres, un barranco de alta dificultad por su gran caudal, continuidad y compromiso, pues los escapes son contados

Figura 2. Drosage generado por un cambio de orientación del cauce en el
barranco Palomeras del Flumen, en este caso la salida ha de hacerse siguiendo
la vena

Encorbatado producido por un choque frontal contra una marmita sobreexcavada
en la Aigüeta de Eriste, tramo IV. La salida es muy compleja por el
exceso de presión contra la pared

Empleo de la vena de agua como progresión más eficaz. Garganta de los
Navarros.

Batida rápida y natación para alcanzar la zona protegida por una contra tras
un obstáculo donde además se recibe el apoyo de unos compañeros. Garganta
de los Navarros.

Reposo tras un obstáculo donde se da una separación de flujo (zona de cizalla).
Prácticas durante un curso de hidrología.

Cruce de orilla en un tramo estrecho y con movimientos complejos de agua.
Diagonal muy acusada en la cuerda para evitar sumergirnos bajo las aguas.
Garganta de los Navarros.

Salto sobre rebufo con larga batida y palmeo sobre las aguas para evitar
hundirnos y entrar en el dominio del movimiento rotatorio. Garganta de los
Navarros.
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