Marek Holecek y Matej Bernat. Sobre la apertura en el Sura Peak, 6.764m

Enorme apertura en el Sura Peak, 6.764m, Nepal, para Marek Holecek y Matej Bernat. Datos de la escalada.

Matej Bernat y Marek Holecek, en la cima del Sura Peak. Foto: Marek Holecek
Matej Bernat y Marek Holecek, en la cima del Sura Peak. Foto: Marek Holecek

Fuente: Marek Holecek

Hace un par de semanas informábamos sobre la gran apertura que los checos Marek Holecek y Matej Bernat habían realizado en el Sura Peak. Ahora Holecek da más información sobre la misma, que nos asienta en la opinión de que se trata de una escalada que, probablemente, consiga el tercer Piolet d’Or para el checo.

Los datos fríos son estos:

Sura Peak (6.764m)

  • Simply Beatiful
  • Pared noroeste, M6
  • 1.500m, 1.300m desnivel
  • 4 días, más 11 horas de descenso
  • Estilo alpino
  • Mayo 2023
La escalada tuvo lugar del 19 al 23 de mayo, en una muralla entre 70 y 90 grados.

El Sura Peak. Foto: Marek Holecek
El Sura Peak. Foto: Marek Holecek

Todo comenzó cuando Holecek escaló en 2021 la cara oeste del Baruntse, una vía que abrió junto a Radoslav Groh que llamaron “Heavenly Trap”, trampa celestial, en cuanto permanecieron atrapados en altura por una borrasca y, cuando ellos mismos ya casi habían perdido esperanza de salir de allí, manteniendo en vilo a la comunidad de la montaña de todo el mundo, una mini ventana de buen tiempo les permitió salir con sus ya casi inexistentes fuerzas.

En una situación así, en la que bastante se tiene con la supervivencia, Marek quedó fascinado por una montaña que vio desde arriba: “Podría pensarse que la mirada solo puede abarcar una sola belleza, y enfocarse en un solo objetivo a la vez. Pero no es así: los ojos son inquietos e infieles”, afirma Holecek.

Era el Sura Peak. Una imagen que le ha perseguido durante estos dos años, en los que soñaba y soñaba sobre la posible forma de superar esa muralla, entre búsquedas en internet de datos y fotografías. ¿La había escalado ya alguien? ¿Por dónde? Era evidente que, al final, el checo decidiría comprobarlo por si mismos. Finalmente, encontró a un joven alpinista para acompañarle: Matej Bernat.

Roca en el Sura Peak Foto: Marek Holecek
Roca en el Sura Peak Foto: Marek Holecek

Simply Beautiful

Aunque, en un principio, Marek Holecek pensaba contar solo las cuestiones técnicas referentes a la escalada de Simply Beautiful, pronto se dio cuenta de que, algo así, no puede resumirse en algo tan básico. “Rebajar todo el concepto de la montaña en un simple ejercicio gimnástico y una descripción de un camino del valle a la cima sería algo tremendamente irrespetuoso para con nuestra filosofía de vida, si no algo bárbaro. La escalada no es un deporte medible y no recuerdo las cumbres, sino los intensos, duros y bellos momentos con mis compañeros de cordada que me ayudan a mirar el mundo desde las cimas”.

Antes de llegar al campo base, Marek y Matej habían estado dando vueltas por el Himalaya central durante dos semanas para entrenar piernas y pulmones. Llegaron al borde del lago, en el que se instalarían antes de afrontar la escalada, el 13 de mayo. En cuanto los porteadores dejaron todo, regresaron al pueblo y ambos se encontraron solos.

Allí vieron que había poca nieve, y mucha roca oscura y hielo azul. “Este año el monzón aún no había traído la salvación de la nieve. Estaba en diferentes condiciones que años anteriores. Quedaba por ver si era escalable o no”.

Esperaron hasta que la meteo era favorable. Y esto ocurrió el día 19 de mayo, cuando les anunciaron 5 días de buen tiempo, que pensaron suficientes para escalar y regresar.

Hielo en el Sura Peak. Foto: Marek Holecek
Hielo en el Sura Peak. Foto: Marek Holecek

Día 1

Nuestro campo estaba situado bajo la pared, en el glaciar, a 5.500m. Un lugar cómodo para dormir, excepto por la vista por encima de nosotros. Una pendiente de hielo que empezaba a 50 grados y que pronto se ponía más vertical, cerrada por un serac amenazante. Superado éste, una pared extraplomada y negra parecía impenetrable.

Día 2

Las condiciones de la primera sección eran como esperábamos. Al principio no nos aseguramos, la cuerda servía solo como una conexión silenciosa con nuestros destinos. A las 10, los rayos del sol por fin nos alcanzaron y desentumecieron nuestros miembros rígidos por el frío. Al mediodía llegamos a la parte más empinada de la pared de hielo, entre 80º y tramos verticales. Dolor en cuello y hombros, nuestros pulmones todavía funcionaban, pero abrían agradecido un respiro. En una travesía diagonal me encontré con una cueva en el hielo, formada por una caída de parte del hielo que creó una grieta de 1 metro de ancho. Un buen lugar para vivaquear, una cueva que nos envió el cielo, justo por encima de los 6.000m.

Segundo vivac. Foto: Marek Holecek
Segundo vivac. Foto: Marek Holecek

Día 3

Escalamos otros 150 metros de flautas de hielo, hasta una barrera de rocas. Un problema previsto. La roca es como un pastel de jengibre, incluso salpicado de nieve suelta como azúcar. Casi no encontramos en donde apoyar las puntas de los piolets. Con mucho esfuerzo consigo escalar dos largos, 70 metros. Los seguros son más psicológicos que reales, y no podemos confiar en ellos. Cuando aseguro, Matej cae dos veces, pero por suerte la reunión se mantiene firme. No podíamos seguir, el tiempo empeoraba y teníamos que buscar un sitio para dormir. Pero no había rastro de plataforma. No quedo más remedio que ponernos a cavar en una ladera de 70º. Pero, tras 20 minutos, encontramos que bajo el hielo había una pared de roca con la misma pendiente. Estábamos en serios problemas. Atamos la hamaca a la reunión en la que estábamos. Quedó como una bolsa de basura colgando de un clavo, colgando en el aire. Parecíamos marionetas colgadas de cuerdas en el medio de una montaña. Una noche de pasión incomparable que se llevó muchas de nuestras menguantes fuerzas.

Día 4

El día clave de la escalada. No sabíamos si finalizaríamos la escalada, pero estaba claro que, si no, íbamos a estar en un gran problema. Pero teníamos por encima 80 metros de roca extraplomada. Me llevó horas superar 2 largos. El abismo bajo los pies tenía un kilómetro de profundidad hasta el glaciar. Ya no tenía miedo, no había sitio para más, solo sentía la fatiga muscular y una alarma en mi cabeza que me decía que mi fuerza mental se apagaba. Nuestros cuerpos temblaban por la hipotermia, y comenzó a nevar. Pero finalmente, la pared estaba debajo de nosotros, y estaba abierto el camino a cima. Matej se puso de primero, y al final del segundo largo encontramos una grieta que ya había visto desde el campo base, pensando que podía vivaquearse en ella. Y así fue. Pudimos instalar tienda, hervir agua y entramos al saco con la sensación de estar en una cama con dosel, comparado con la noche anterior.

Día 5

Hacia cima. Más fácil de decir que de hacer. Dolor en los dedos, espasmos en las manos tras miles de golpes con los piolets. Después de dos horas, superamos los 140 metros. No hubo aplausos ni ovación de pie. Nos forzamos a sonreir, ya no había que dar un paso más de subida. Nos abrazamos, foto rápida, y fin de la ceremonia. Sentía el alivio, pero quedaba mucho por delante. Miraba al mundo congelado que nos rodeaba, a esa bella rígida y helada, intentando grabarla indeleble en mi memoria, pero no lo conseguía. Solo permanecía la dureza, el trabajo duro y mi compañero. Veo el Baruntse y el Chamlang, y de las lágrimas vienen a mis ojos. Un viejo tonto nostálgico viendo dos montañas en las que abrió en el pasado. Matej comenzó el descenso a través de la afilada arista. El efecto placebo de una cuerda que nos une a la vida y de ver sus pasos en la nieve. Dos abismos de 1.000m a cada lado. Nos movemos a la vez, dejando nuestra protección en manos del Altísimo. Antes de las 11 de la noche llegamos al teahouse Seto Pokhari, unas paredes de piedra con un techo prefabricado en el que nos esperan los porteadores y nuestro amigo Pavel. Pero que, para nuestros cuerpos exhaustos, parece la cumbre del lujo y el centro de la civilización.

La vía que llamamos Simply Beatiful fue puro alpinismo. Una pared virgen, solos en el campo base con alguna comida que llevamos, una tienda de ataque, una mochila con material, una cuerda como cordón umbilical, un plan, y nuestra determinación.

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