8 de mayo de 1978: Messner y Habeler, 1ª cima del Everest sin oxígeno

Tal día como hoy, hace 46 años, Reinhold Messner y Peter Habeler conseguían 1ª cima del monte Everest sin oxígeno

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Messner y Habeler, 46 años de 1º Everest sin oxígeno. Foto: Col. Messner

El día 8 de mayo de 1978, Reinhold Messner y Peter Habeler conseguían algo que, hasta ese momento, se consideraba imposible físicamente: alcanzar los 8.848m de altitud de la cumbre del monte Everest sin empleo de oxígeno suplementario. Fue la culminación de un camino largo tiempo recorrido por ambos que transitaba por un alpinismo ético que buscaba la forma más limpia posible de afrontar la montaña.

Primero forzaron los límites de la escalada más allá del sexto grado. Después renegaron de las grandes expediciones pesadas, y llevaron el estilo alpino a los ochomiles. Hasta que un día decidieron romper la última frontera, el límite físico comúnmente aceptado.

Solo tenían tres referencias anteriores: la de Norton en 1924, que alcanzó sin oxígeno los 8.573m, unos sherpas nepaleses que habían llegado a los 8.000m del Collado Sur, y una expedición suiza que, en los años 50, había superado por poco esa cota. A pesar de la falta de pruebas, y quizás por influencia del intento de Norton, se aceptaba como verdad casi científica que el cuerpo humano no podía exponerse por sus propios medios a una altura superior a los 8.500m y sobrevivir.

Pero Messner y Habeler se plantearon lo siguiente: ¿dónde está el límite? Sabían que existía, pero ¿dónde realmente? Pensaron que, si alguien ya había superado los 8.000m, y si alguien había alcanzado los 8.500m, un paso más habría podido dar. Y así sucesivamente. Hasta los 8.848m. Eran solo 300 metros más. ¿Podía ser que el límite estuviera por encima de la cumbre? Decidieron comprobarlo: pensaban que de día, sin mochilas y sin forzar, yendo despacio, podían intentarlo.

El día de cumbre las condiciones no fueron las mejores. El viento, gran enemigo de quien lo intenta sin O2, soplaba con moderación. Partieron con miedo, esperando una súbita pérdida de fuerzas, un desmayo, que algo aconteciera en cualquier momento. Pero nada ocurría, y la confianza llegó. Después confesaron que poco a poco se fueron olvidando de los miedos, centrándose en lo que estaban haciendo.

La nieve en mal estado les puso a prueba en el Espolón Hillary. Fueron llevando el límite más allá, paso a paso, replanteándose continuar a cada nueva zancada, en espera de que llegara la definitiva, como si su objetivo no fuera la cumbre, sino el siguiente paso y el momento en el que uno de ellos sería el último. Pero ese momento no llegó y, a la 1:15pm, ponían sus pies en el techo del mundo.

Habían forzado los límites, se habían adentrado en lo desconocido, y otra Terra Incognita desaparecía de los mapas. Nuevas zonas que anteriormente permanecían en blanco aparecieron con nombre en los mapas de los hechos de los humanos.

El montañismo y el himalayismo jamás no volverían a ser lo mismo.

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