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BLOG | | 05 de Octubre de 2000

Embalses para trasvases

Por Arancha Vega Rubio  | 

Jose Luis Benito, biólogo del Instituto Pirenaico de Ecología expone la problemática actual de los embalses y da mil y una razones para la inmediata interrupción de los planes de construcción de nuevos pantanos en la provincia de Huesca.

 

Para justificar el trasvase de agua del Ebro a Levante se habla de déficit estructural en sus cuencas, pero no se dice que, paradójicamente, éste ha sido provocado por el trasvase Tajo-Segura. Así, las grandes expectativas de desarrollo que supusieron la puesta en marcha en los años setenta de dicho trasvase, con cálculos de caudales de 1000 hm3/año, hicieron que se ampliaran los regadíos murcianos en más de 53.000 Ha. Sin embargo, la media trasvasada nunca ha superado los 400 hm3, siendo normales cifras que rondan el centenar. Antes de la llegada de las aguas del Tajo, los episodios de sequía resultaban esporádicos y no excesivamente frecuentes. Hoy, cada nuevo año hidrológico nace con un déficit hídrico estimado en medio millar de hm3. Por increíble que parezca, la llegada del trasvase convirtió una sequía eventual y episódica en estructural y permanente.

El trasvase del Ebro hacia Levante se haría a través del sistema Mequinenza-Ribaroja. Éstos son embalses privados dedicados a producción hidroeléctrica, así como reserva estratégica ante catástrofes en las centrales nucleares de Ascó y Vandellòs aguas abajo, por lo que tienen que tener un nivel de llenado mínimo asegurado. No parece realista pensar que se vayan a expropiar o comprar a precios millonarios las concesiones a las hidroeléctricas que los explotan, para trasvasar el agua, así que la conclusión inmediata es que se necesitan nuevos depósitos de agua en la cuenca para hacer efectivo el envío de agua al entorno de Barcelona y Levante. Y los objetivos están claros: recrecimiento de Yesa (que pasaría de los 450 hm3 actuales de capacidad a 1525 hm3) y embalses de Biscarrués (192 hm3) y Santaliestra.

El agua que hipotéticamente se embalsará en Yesa recrecido, Biscarrués o Santaliestra no iría por tanto para los campos aragoneses, que según el Plan Nacional de Regadíos sólo contempla para Aragón 67.000 nuevas hectáreas a lo sumo, y no las 250.000 que se solicitan, sino para trasvasarla a Levante. Mención aparte merece Jánovas, pues se trata de un proyecto para uso hidroeléctrico y no de regadío, a pesar de que los regantes lo pidan.

El doble lenguaje de los políticos aragoneses con respecto a la política hidráulica en general y a los trasvases en particular, es vergonzoso. Por una parte, hablan de no consentir los trasvases, pero por otra son los que más hacen para que se puedan llevar a cabo, al poner tanto empeño en que se realicen las obras del caduco y trasnochado "Pacto del agua", y que servirán para que los trasvases sean posibles.

 

El Gobierno de Aragón está argumentando, y con mucha razón, que es necesario racionalizar la gestión del agua, teniendo en cuenta todos sus costes ambientales, sociales y económicos, que es necesario ahorrar agua, reutilizarla, que una mayoría no puede aplastar a una minoría, que hay que llevar desarrollo en donde está el agua y no al revés y que el diálogo es el instrumento necesario para llegar a un consenso. Totalmente de acuerdo. Sin embargo, es hora ya de denunciar el doble discurso de nuestro Gobierno: favorece el despilfarro de agua sobre la modernización del regadío, no ha reconocido a los afectados por embalses como una parte del conflicto hidráulico en Aragón, la movilización de la ciudadanía en las comarcas de montaña es despreciada sistemáticamente bajo el argumento de que se trata de "minorías", prefiere llevar el agua al rico llano del Ebro en lugar de llevar recursos al Pirineo.

Hoy el Gobierno de Aragón es víctima de su propia política: en una u otra medida somos "minorías" la montaña frente al llano, el llano frente a Zaragoza y Aragón entero frente a Cataluña, Valencia o España en su conjunto - sólo respetando a nuestras minorías tendremos la fuerza moral de exigir respeto para nosotros mismos como aragoneses.

Perspectiva científica y social

En palabras del Profesor Narcís Prat, catedrático de la Universidad de Barcelona, "los trasvases entre cuencas son la aberración más grande, desde el punto de vista científico, que puede realizarse en una política de gestión de recursos. Por ello, la realización de nuevos trasvases debería congelarse y a la vez emprender estudios para devolver el agua a las cuencas hidrográficas que en estos momentos proporcionan agua a otras cuencas. Cada cuenca hidrográfica debería realizar un plan para poder mantener su funcionamiento con los recursos propios, o como máximo, para no aumentar el uso de recursos actuales".

Desde el punto de vista biológico y físico-químico, los trasvases intercuencas son desastrosos, tanto para la cuenca cedente como para la receptora. En la cuenca cedente, la detracción de caudales, en este caso del río Ebro, provocaría el descenso en el nivel freático aguas abajo, salinizando las tierras del delta por penetración de agua del mar, contaminándose el acuífero deltaico y los pozos que se utilizan para abastecimiento humano; menos agua también significa menor capacidad de transporte de sedimentos, que conlleva la reducción de la superficie del Delta del Ebro y de la cantidad de nutrientes que abastecen el banco pesquero de la plataforma litoral de la desembocadura del Ebro, por lo que mermarán las capturas.

 

Pero si ya de por sí los impactos biológicos son lo suficientemente importantes como para desechar la ejecución de trasvases intercuencas, hay otros impactos si cabe mucho más evidentes como son los socioeconónicos. Nunca se habla de los perjuicios en las zonas cedentes: inundación de las mejores zonas de cultivo y ganadería de montaña, pueblos bajo las aguas, familias desplazadas, desvertebración territorial, pérdida de la identidad cultural, creación de desiertos demográficos, barreras para la fauna, etc. Como diría mi abuela "desvestir a un santo para vestir a otro". El recrecimiento de Yesa y el embalse de Biscarrués en el Pirineo aragonés van a suponer la deportación de unas 400 personas, con dos pueblos completamente inundados (Sigüés y Erés) y otros tres afectados profundamente en sus términos municipales (Artieda, Mianos y Biscarrués).

Pero claro, los que vivimos en la montaña somos una "minoría" que debemos plegarnos "democráticamente" a los deseos de la mayoría que ya ha decidido lo que hacer con nuestro futuro, sin siquiera consultarnos. No se dan cuenta de que todos somos una minoría en algún momento.

La política hidráulica de este país debería pasar por el ahorro, la racionalización, la modernización y el buen uso de los recursos de cada cuenca, y no por aumentar la oferta de agua que lo único que hace es generar unas expectativas que provocan un aumento descontrolado y desproporcionado en la demanda de los escasos recursos, creando una espiral oferta-consumo-más demanda sin límites.

Los trasvases, por lo tanto, sólo agravarán el desequilibrio territorial actual, potenciando las zonas ya ricas y desarrolladas del litoral a costa de las zonas de montaña que ya están padeciendo o padecerán la hipotética acumulación del agua. Se nos condena a la pobreza y a la emigración, cosa que queremos evitar.

José Luis Benito Alonso
Biólogo
Instituto Pirenaico de Ecología, CSIC


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