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La expedición rusa consigue escalar el Cerro Torre

...Y descender con vida, en mitad de una tormenta patagónica. Tras Alex Huber y Dean Potter, son los terceros en hacer cima del Torre esta temporada. O’Neill y Potter trataban además, de rescatar el cuerpo de Frank Van Herrenweghe, desaparecido en la Supercanaleta.
 
El enorme compresor abandonado por Maestri aún sigue anclado a la pared del Cerro Torre 

En Patagonia, las emociones son tan intensas y variables como las tormentas. El equipo ruso liderado por Arkadi Seregin consiguió finalmente su tan ansiado objetivo: la cima del Cerro Torre, escalando la ruta Maestri, también llamada del Compresor. Sin embargo, una terrible tormenta que no vieron acercarse hizo un infierno de su bajada. Cuando llegaron de vuelta al campo Bridwell, los alpinistas que se encontraban allí salieron a darles la enhorabuena, más por estar vivos que por haber hecho cumbre. El escalador de origen belga y residente en España Frank Van Herrenweghe -abrió con Silvia Vidal la vía “Sangtraït” en Baffin el pasado verano- no tuvo tanta suerte. Desaparecido cuanto intentaba escalar la Supercanaleta, ni siquiera los esfuerzos de Dean potter y Tim O’Neill por recuperar su cuerpo han dado frutos hasta el momento.

Entretanto, los rusos llevaban a los pies del macizo del torre el tiempo suficiente como para no fiarse de las escasas ventanas de buen tiempo. Su estrategia fue, desde el principio, la paciencia, esperar a punto el momento preciso para escalar, y hacerlo con la mayor rapidez posible. En esos días, se han codeado con algunos de los mejores escaladores del mundo, que han elegido los meses de enero y febrero para tratas de escalar las tremendas torres de granito del extremo sur del continente americano.

Tras unos cuantos días recuperándose de su primer intento de escalar el Cerro Torre, y a la espera de una mejoría en el tiempo, en canto al tormenta empezó a debilitarse, el 28 de enero, salieron para el Vivac de los Noruegos, ubicado en la morrena del glaciar del Torre.

 
El Cerro Torre es azotado continuamente por súbitos temporales de nieve y viento 

En el vivac encontraron a Dean Potter y Tim O’Neill que, tras ascender al Torre y a la Egger respectivamente, estaban listos para buscar a Frank en la Supercanaleta y, aunque ellos permanecieron en el vivac, el equipo ruso salió hacia el Collado de la Paciencia a la mañana siguiente, a pesar de las nubes que cubrían el cielo. Tras nueve largos, comprobaron un depósito de material que habían dejado en la rimaya del Collado.

Desde el collado, lanzaron el ataque a la cumbre sin escalas. Encontraron las mayores dificultades en la parte superior de la pared, con abundantes tramos de mixto y hielo de hasta 85 grados, hasta llegar a los 200 últimos metros, extraplomados gracias al famoso ‘hongo’ de hielo que cubre la punta del Torre. En este punto, además, tomaron la decisión que les llevó hasta la cumbre, pero que pudo haberles constado muy cara. Decidieron encarar la última pared por la parte este, por ser la que consideraron más resguardada del viento, esto es cierto, pero también supone que no vieron las nubes que se acercaban por el Oeste. De regreso al campo Base, Leo Houlding comentaría a Arkadi que les había estado viendo escalar mientras el temporal les rodeaba, y que pensó que quedarían atrapados.

El temporal les sorprendió justo a la altura del enorme compresor que Cesare Maestri dejó abandonado en la pared, sujeto a cinco clavos. Por encima no hay seguros, ya que el propio Maestri los arrancó. Ese largo final se conoce como largo Bridwell, ya que fue Jim Bridwell quien abrió la vía al más puro estilo de big wall yosemítico.

Ya en mitad de una tormenta con vientos fortísimos, iniciaron un descenso que les llevaría 22 horas hasta el Collado de la Paciencia (cuatro horas más de las que habían necesitado para escalar hasta la cumbre). Consiguieron alcanzar las mochilas que habían dejado en una repisa a la altura del largo 21, pero las condiciones eran tan malas que ni siquiera pudieron vivaquear. El tiempo mejoró justo cuando, pese a todo, lograban llegar la rimaya.

Desde el vivac noruego , les acompañaría una lluvia torrencial hasta el campo Bridwell y, una vez allí, pudieron contar a los escaladores que les esperaban nerviosos los pormenores de su ascensión.

En sus crónicas, los rusos hablan de una cordada coreana y de otra española, aunque en estos momentos no tenemos noticia de la identidad de los escaladores. Carlos García, en estos días, tenía intención de ascender el Fitz Roy. En cualquier caso, Seregin afirma que los españoles decidieron abortar el ataque a cumbre en el largo 21.

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