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Fallece a los 91 años Cesare Maestri, historia del alpinismo mundial

19 de Enero de 2021  |  Deja tu comentario
El gran alpinista italiano Cesare Maestri ha fallecido hoy a los 91 años de edad.

Cesare Maestri fallece a los 91 años. Foto: Gian Mestri FB
Cesare Maestri fallece a los 91 años. Foto: Gian Mestri FB

El gran alpinista y escalador italiano Cesare Maestri ha fallecido hoy a los 91 años de edad, según ha anunciado en su cuenta de facebook su hijo Gian, con unas hermosas palabras: “Esta vez Cesare ha firmado en el libro de cima de la escalada de su vida. Un abrazo fuerte a quienes lo han querido bien”

La vida de Cesare Maestri, como el mismo afirmó, fue una constante búsqueda de la libertad. Nacido en 1929, era muy joven cuando luchó con los partisanos en la guerra, y terminada la misma, derivó su pasión por la libertad a sus estudios de arte, la montaña y la escalada. Conocido como “La Araña de las Dolomitas”, fue uno de los pioneros que dieron a conocer la escalada libre, la escalada en solo y el sexto grado en el mundo.

A pesar de su gran actividad alpina, su vida siempre ha estado marcada por Patagonia, y más en concreto, por el Cerro Torre. Tanto por su escalada como por su posterior lucha por su reconocimiento.

Hace unos años publicamos un artículo sobre su apasionante historia en esta montaña austral, que ahora reproducimos como homenaje a una larga y plena vida.

Cesare Maestri: la obsesión de la Araña (publicado en Barrabes en el año 2003)

El que fue conocido como ‘La araña de los Dolomitas’ por su escaladas de alta dificultad en ‘solo’, y dio a conocer el concepto de sexto grado, dedicó todas sus fuerzas durante años a un doble objetivo: primero, escalar el Cerro torre y, después, demostrar que realmente había llegado a la cumbre.

Sólo con sus primeras escaladas, su nombre habría figurado entre uno de los más importantes del alpinismo italiano... o de los más osados. Fue uno de los primeros en escalar en "solo" sin ayuda de seguros ni compañeros de cordada, y para ello eligió largas vías de alta dificultad en los Dolomitas, su "territorio" favorito. Nacido en Trento en 1929, empezó a escalar joven y pronto fue conocido en todos los Alpes como "Il Ragno delle Dolomiti" (la araña de los Dolomitas), incluso antes de que escalase en "solo" la via Solleder a la Civeta o la Soldà a la Marmolada, la Via delle Guide al Crozzon di Brenta, etc. Incluso abrió en solo la ruta a la Cima Tossa.

Pero, como si estas grandes paredes no fueran un reto suficiente (también intentó la Norte del Eiger en Solitario, y realizó la travesía Ambiez-Tukket, con 18 cimas, en 16 horas) Maestri buscó y encontró el suyo en la otra punta del mundo: en Patagonia. Allí, protegida por las tormentas y la distancia de escaladores ambiciosos, se erigía una aguja de granito de formas casi imposibles y aún virgen: el Cerro Torre, la más alta y esbelta de cuatro bastiones de roca (con la Torre Egger, la Punta Herrón y Cerro Standhart), frente al macizo del Fitz Roy.

En 1957 formó parte de una de las dos expediciones italianas que viajaron a la Patagonia para enfrentarse al Torre, dispuestos a ser los primeros en "conquistarlo". Y no lo consiguieron. Los dos jefes de expedición coincidieron en su diagnóstico: "imposible de escalar". Pero Maestri escribió entonces: "estamos aquí con el sentimiento de haber dejado alguna cosa no cumplida allá arriba. Pero yo creo haber hecho lo imposible para que esto no ocurriese. Debo regresar y regresaré".

Cesare Maestri y su equipo, junto al compresor

Y regresó. Fue dos años más tarde, habiendo superado tremendas dificultades económicas y formando cordada con Toni Egger, el mejor escalador austriaco del momento.

Aprovechando los escasos claros equiparon la Pared este y, finalmente, se decidieron y se embarcaron en una escalada expuesta a continuas avalanchas. Bautizaron el collado que separa el Torre del Egger como "Paso de la Conquista". Otra expedición anterior había bautizado un "paso de la esperanza" y Maestri quería marcar diferencias; como había dicho ya: "la esperanza es el arma de los débiles". Desde el collado se lanzaron a la pared Norte, la más expuesta, en ese momento cubierta de una costra de hielo. El hielo era precisamente la superficie favorita de Egger, que aprovechaba fisuras, diedros y canaletas congeladas, en un escalada tan agotadora físicamente como a nivel psíquico, por su grado de exposición.

Un súbito aumento de la temperatura, presagio de mal tiempo, les forzó a ir cada vez más deprisa. Al fin, tras cuatro días en pared, Toni gritaba : "¡Cesare, la cima!". Arriba, el viento les hacía saltar, y Maestri no sintió alegría por la cumbre: "Por este momento he luchado y vivido. ¿Valía la pena? Nunca como ahora me doy cuenta de que ninguna montaña vale una vida. Siento repugnancia de esta cima. ¡Qué asco de viento, las fotos tomadas, las firmas registradas. No. No valía la pena (...) esta victoria lograda con resentimiento y rabia, con el corazón lleno de amargura y de hastío".

Tal vez fue un presentimiento. El descenso, en mitad de una ventisca patagónica, con rapeles de fortuna y un quinto vivac, fue una pesadilla que llegó a su punto culminante cuando una avalancha arrancó a Egger de la roca y le empujó al vacío. Maestri pasó aún otra noche en la pared y continuó el descenso resignado a ser arrastrado él también. Finalmente cayó, pero tan cerca del suelo que la nieve blanda paró el golpe.

El compresor quedó abandonado en la pared

La muerte de Egger fue un duro golpe para Maestri, pero no fue menor la decepción de encontrarse a la vuelta, en vez de aclamaciones de triunfo, la incredulidad y la sospecha. La cámara fotográfica y, por tanto, la prueba de la cumbre, estaba en poder del austriaco cuando cayó. Las investigaciones fueron duras. No había demostración posible y la duda dejaba el camino libre a muchos otros que soñaban con el Torre, que así podrían ser los primeros. Hubo varias expediciones; ingleses e italianos volvieron a fracasar. Ferrari se quedó a 250 metros de la cumbre.

Entretanto, herido en lo más profundo de su orgullo, Maestri respondió así: "¿Queréis guerra? Yo la haré, pero a mi manera. Regresaré al Torre. Atacaré su pared más difícil en la estación más impracticable".

Aquello no era un farol. Era el comienzo de la expedición al Cerro Torre por la cresta sudeste y en invierno. Maestri no pensaba en otra cosa, no reparó en gastos, sólo vivía para la venganza. No se enfrentaba a la montaña, sino a la sociedad montañera y a sus dudas. Transportó cantidades ingentes de equipo al Campo Base con un helicóptero, construyó un refugio y, sobre todo, decidió escalar cargando con un compresor de setenta kilos para perforar el granito y meter los clavos en la roca viva. El mundo del montañismo se escandalizó, pero Cesare iba a subir a toda costa... o casi. El invierno patagónico pudo más que ellos, hasta dejarles sin refugio, ni comida, ni gas. Habían conseguido equipar hasta quedarse a cuatrocientos metros de la cumbre, pero tuvieron que regresar, hambrientos y con problemas de congelación.

Y, una vez más, Maestri no cejó en su intento hasta que consiguió organizar otra expedición, esta vez durante el verano austral, y terminar lo que había empezado. Comparado con el invierno, la escalada resultaba incluso divertida. El dos de agosto, junto a Carlo Claus y Alimonta, estaba de nuevo en la cima.

Ahora sí hubo fotos, pruebas y testimonios. Lo cierto es que, durante el descenso, Maestri rompió los últimos veinte clavos de presión y, recientemente, eso ha servido para que vuelvan a levantarse sospechas de su llegada a la cumbre. Desde luego, su paso por allí está clarísimo hasta debajo del hongo somital de hielo y nieve, donde dejó abandonado el compresor. El resto de la escalada reúne ni más ni menos pruebas que cualquier otra expedición del momento. Pero parece que el destino de Cesare Maestri es ser perseguido por la sospecha cada vez que su nombre se asocia al del Cerro Torre.

Sin embargo, Maestri ya había aplacado su sed de venganza. A partir de entonces su vida fue más tranquila. Escribió varios libros, participó en medios de comunicación, se convirtió en una leyenda viva. Aún habrían de pasar años hasta que otros se atrevieran a repetir su ruta por la cresta oriental. Pero Cesare ya miraba más hacia su interior. En sus memorias escribe: "Estoy envejeciendo. Trato de hacerlo con orgullo y coherencia, consciente de que, si envejecer es un privilegio, hacerlo con dignidad es un deber. (...).La montaña me ha enseñado que nada se regala y que cada conquista debe ser pagada con dolor y sacrificio. Y también me ha hecho comprender que la vida es estupenda y digna de ser vivida…". Hoy, Cesare Maestri sigue envejeciendo, y viviendo, en Italia.

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