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BLOG | PREPARACIÓN FÍSICA | 29 de Noviembre de 2002

“Cuando la nieve llega”

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Has estado esperando este momento siete meses. Vuelves a tener la necesidad de escuchar de nuevo ese sonido mágico de la nieve cortándose, de sentir el aire frío en tu cara, de sacar toda esa ropa del armario, de volver a tener tus pies agarrados a las tablas. Ha comenzado a nevar y esperas impaciente la señal para poder subir de nuevo a las pistas. A deslizarte por las laderas blancas. A disfrutar del esquí.

Foto: Equipo Barrabes 

A cada uno de esos alvéolos, llega un vaso sanguíneo. La conexión entre el vaso sanguíneo y el alveolo, posibilita que el oxígeno pase de los pulmones a la sangre. Allí, es captado por la hemoglobina, que será la encargada de transportar el oxígeno hasta los músculos. En su viaje hacia la zona donde el oxígeno ha de ser utilizado, la hemoglobina podríamos decir que viaja por diferentes carreteras: los vasos sanguíneos. A mayor cantidad de vasos sanguíneos y mayor diámetro de éstos, más fácil y rápido es el viaje hasta los músculos, con lo cual, antes llega el oxígeno a su destino.

Una vez en el músculo, el oxígeno posibilita que las grasas y los hidratos de carbono (las proteínas tan sólo en contadas ocasiones), se quemen para obtener la energía necesaria para poder esquiar como nosotros queremos. Pero además de esa energía para las contracciones musculares, se hace necesario que esas contracciones sean de la calidad e intensidad adecuadas. Sólo así será posible realizar tanta fuerza como sea necesario en cada momento.

Ello depende de si las fibras musculares han sido suficientemente entrenadas o no. Al mismo tiempo, además de necesitar a esas fibras musculares (que son las que componen el músculo en su conjunto), el músculo se inserta en los huesos a través de los tendones. Estos tendones hacen las veces de poleas que, una vez que se tira de ellas, mediante la contracción muscular, hacen mover los huesos y por lo tanto generan la acción de las articulaciones. De esta forma, músculos, articulaciones y tendones, además de los ligamentos, se van fortaleciendo contracción tras contracción.

La mejora mediante el entrenamiento.

Una vez observados todos los aspectos que hacen posible el funcionamiento de las estructuras internas de nuestro organismo, puede ser mucho más sencillo entender el tipo de entrenamiento más adecuado para poder subir a las estaciones de esquí con las máximas garantías de disfrutar de esta época tan deseada del calendario.

Un entrenamiento mediante especialidades de marcado carácter aeróbico, a lo largo de las semanas previas a subir a las estaciones, ha de ser la base. Este tipo de esfuerzos son los que se realizan a través de sesiones de carrera a pie, caminatas largas con paso ligero, salidas en bicicleta o entrenamientos en la piscina. Pero cuidado, ya que no vale hacer estas actividades a cualquier intensidad y por ello en la siguiente entrega de este artículo (“Cuando la nieve llega II”), profundizaremos en las pautas de entrenamiento más aconsejadas y su evolución a lo largo del tiempo.

Foto: Equipo Barrabes 

Por otra parte, y también desarrollado en la segunda parte de este artículo, veremos cómo ha de ser el entrenamiento más adecuado de la fuerza para rodillas y tobillos, con la intención de fortalecer al máximo las estructuras que los componen, y así poder disfrutar de forma segura y disminuyendo el riesgo de lesiones, de la época de nieves.

Queda patente en todo momento, que el proceso de entrenamiento ha de ir en total consonancia con las condiciones internas del organismo durante un esfuerzo y qué variables son las más interesantes a la hora de mejorar las prestaciones de cualquier persona, tenga el nivel que tenga. El objetivo final siempre será el mismo: disfrutar de la nieve, sentir el aire fresco en la cara mientras nos deslizamos colina abajo y llegar al final de la pendiente con toda la fuerza y la ilusión de volver a subir para descender de nuevo como si fuera la primera vez. Adelante!!!.

Texto: José Ramón Callén Rodríguez


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