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BLOG | PREPARACIÓN FÍSICA | 28 de Febrero de 2003

La fisioterapia ante las lesiones más frecuentes del esquí alpino

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A continuación vamos a detallar algunos aspectos generales de lo que desde el ámbito fisioterápico se puede hacer, y afortunadamente se hace, ante algunas de las lesiones más frecuentes en la práctica deportiva.
Pero por centrar un poco el tema, y proseguir con el tema que nos está llevando estos últimos artículos, vamos a tratar de profundizar en aquellas lesiones que con más frecuencia se dan en el ámbito de esquí de pista.


 

Estas son:
Esguinces, roturas y luxaciones. Como en toda práctica deportiva, predominan las lesiones traumatológicas, frente a otras de otro tipo.
Esto no quiere decir que la afectación, como veremos, afecte únicamente a ese ligamento, ese hueso o esa articulación. De nuevo, por enésima vez, hemos de concebir el cuerpo como una máquina que pretende una serie de funciones, y donde la “avería” de una parte, implica total y directamente a otras.
No habrá una rotura sin afectación vascular, ni una luxación que no implique esguinces, o incluso puede que tendinitis, o un esguince que pueda conllevar alteraciones neurológicas, propioceptivas.
A este propósito, para quienes quieran profundizar sobre algunos de estos aspectos, les recomiendo que ojeen una serie de artículos sobre esguinces y sobre propiocepción (“nuestra idea de nuestro cuerpo”), que han aparecido en esta sección anteriormente.
No quiero empezar sin volver a remarcar que esto son datos medios, y que hay que valorar muy bien cada caso antes de ponerse a hacer nada.

En cuanto a los esguinces, el objetivo principal será el volver a que esos ligamentos, ese complejo articular dañado, vuelva a ser una vía de transmisión de fuerzas y tensiones, una forma de canalizar intenciones o acciones. Para ello, tras 24-48 horas de reposo, y siempre y cuando no tengamos una rotura total del ligamento, el trabajo se debe centrar, desde el principio, en el aspecto propioceptivo, la lucha contra las sensaciones dolorosas y la inflamación y el posible hematoma, aspectos directamente relacionados con el dolor.
Posteriormente iremos recuperando la fuerza que se haya podido perder por las atrofias musculares (que no tendrían porqué estar presentes si el enfoque es correcto desde el primer día), y las capacidades fisiológicas de la articulación.
En cuanto a la luxación, el tratamiento es fundamentalmente el mismo, pero partiendo de la base de que la luxación haya sido correctamente valorada (es decir, que no haya implicadas ninguna otra estructura nerviosa o vascular), y haya sido reducida.
A partir de aquí, esas 24-48 horas de reposo y estabilización del dolor e inflamación...y básicamente trabajo propioceptivo. Eso si, efectuado por profesionales que sepan lo que se llevan entre manos, pues la diferencia, puesto que hablamos de un trabajo plenamente precoz, puede ser el que quede bien, frente a que quede ciertamente inestable.

 

El trabajo propioceptivo, he de decir, que puede desarrollarse desde la potenciación muscular, o desde el trabajo de la flexibilidad, o desde la potencia...todo depende del enfoque que se le de a cada ejercicio.
Luego, como antes, restablecer las plenas funciones, integrar de nuevo un gesto deportivo correcto y a prevenir; De ello se habla en el artículo “prevención sobre la nieve”.
Por supuesto, no será lo mismo integrar una cadera luxada que un hombro, o que un dedo pulgar...cada caso llevará sus condicionantes, así como cada tipo de persona.

El caso de las fracturas difiere un poco de los anteriores por cuanto, en estos casos, hay que atender en un principio a la consolidación ósea. Punto que pasa por una inmovilización, mayor o menor, en función del tipo de rotura, hueso afectado, edad...en resumen, en función del caso.
Una vez que se haya establecido la continuidad del hueso, pues aquí si que nos podemos encontrar con atrofias musculares, alteraciones de la sensibilidad, problemas en la piel incluso...el fisioterapeuta se ceñirá a su campo de actuación, aconsejando si procede alguna otra visita a otra profesionales del campo de la salud.
El objetivo pasa por retomar esas funciones de las que venimos hablando prácticamente desde el inicio del artículo.
Que se rompió el fémur...pues evidentemente habrá que andar “bien”, correr, esquiar...todo lo mejor que podamos hacerlo. Quizás es cuestión de reeducar la marcha, o quizás hay que enseñar a saltar sobre ambas piernas, o a coordinar el subir escaleras. Todo puede ser, porque lo que sí está claro es que hay tantos problemas a resolver para los fisioterapeutas, al menos, como casos se presentan. Bueno, para los “fisios”, y para todo el personal que se encarga del caso, cada uno desde su posibilidad de actuación.

Un saludo y a disfrutar de vuestra salud con vuestro deporte.

Texto: Oscar Ballarín


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