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BLOG | REPORTAJES | 19 de Enero de 2018

Pico Islas Canarias. Historia de una montaña virgen en una tierra inexplorada

Malas condiciones en el Pico Islas Canarias, Juan Diego Amador y David Pérez
Malas condiciones en el Pico Islas Canarias, Juan Diego Amador y David Pérez

El pasado mes de septiembre publicamos la noticia de la cima virgen conquistada por el canario Juan Diego Amador y el andaluz David Pérez en el Himalaya hindú, en un subvalle del Zanskar situado entre Ladakh y Cacherima, no explorado anteriormente.

Fue una dura escalada con un vivac casi en cumbre, a 6.025m de altitud, a través de una vía de 900m,V, 75º M3+/4, con mucho compromiso tanto en el ascenso como en el descenso.

Sin embargo, cuando a la vuelta hablamos tranquilamente con Juan Diego Amador, una de las cosas que más importancia adquiría no era tanto la consecución de la cumbre como el hecho de el aire antiguo y exploratorio de la expedición.

¿El motivo? En una era tan marcada por la conexión y la información, esta montaña era totalmente desconocida. No había ninguna foto, ningún mapa, ninguna descripción. Es probable que el valle en el que se encuentra nunca haya recibido la visita de nadie, quizás algún pastor local, algunos nómadas, aunque en estos momentos allí nadie lo recuerda. Ni siquiera sabían si habría montaña que escalar, o por el contrario al llegar se encontrarían con una loma redondeada.

Partieron con la incertidumbre, encontraron la montaña, la escalaron, y han regresado para darnos noticias de esa Terra Incognita que exploraron.

Una vez más, como en otros casos, lo importante aquí no son los datos técnicos de la ascensión. Lo importante es volver a comprobar que el mundo sigue siendo un lugar enorme para aquellos que abandonan los caminos trillados y siguen su propia senda.

Texto: Juan Diego Amador
Fotos: Juan Diego Amador, David Pérez, Jorge Rojas

Campamento en el glaciar bajo el Pico Islas Canarias
Campamento en el glaciar bajo el Pico Islas Canarias

El nacimiento de una pasión


Cuando intento recordar el momento en que decidí escalar una cumbre virgen me cuesta ser preciso, pues han sido varias las motivaciones que me han llevado de nuevo hasta el Himalaya.

Probablemente todo empezó en mi infancia, cuando soñaba con descubrir nuevos territorios, pero creo que en ese momento simplemente se forjó mi vocación para convertirme en geógrafo. Quizás la semilla de este proyecto germinó hace tres años, cuando intenté con David Pérez ascender al Nerika Peak, un 6.000 virgen en Nepal y cuyo intento fue frustrado. En aquella expedición me quedé con la miel en los labios, pero saboreé lo que se siente al hacer algo distinto y, sobre todo, al recorrer un terreno por el que ningún ser humano ha dejado huella.

El invierno pasado me reuní con David en Pirineos para hacer travesía y fruto de ese encuentro acordamos retomar nuestra ilusión por coronar una cima virgen. Tras un tiempo investigando, me sorprendió la siguiente noticia que publicaba Barrabes: “Fuertes rebajas en permisos de escalada en el Himalaya hindú”. Nueve meses antes del inicio de la temporada la India Mountannering Fundation(IMF) divulgaba un listado con más de veinte montañas que permanecían vírgenes.

Juan Diego Amador y David Pérez, en un monasterio de Ladakh
Juan Diego Amador y David Pérez, en un monasterio de Ladakh

Siempre he pensado que la suerte es aquello que ocurre cuando la preparación y la oportunidad coinciden. Y nosotros estábamos de suerte, queríamos regresar juntos al Himalaya y estábamos listos para emprender un nuevo plan.

Terra Incognita


Sin embargo, me costaba creer que en pleno siglo XXI quedaran tantas montañas sin ascender en la India, así que en primer lugar decidí comprobar la veracidad de los datos.

Me puse en contacto con la IMF, desde donde me argumentaron que este rincón del Himalaya ha permanecido oculto a las miradas de la comunidad alpinística por dos principales motivos: porque a pocos kilómetros al oeste se encuentra el Karakorum -con buena parte de las montañas más atractivas del planeta- y al este se localiza el Himalaya nepalés -con las máximas alturas de la Tierra-; y porque esta región de Jammu-Cachemira ha permanecido sumido en un conflicto armado entre Paquistán y la India que ha imposibilitado conseguir permisos de escalada a los alpinistas hasta hace muy pocos años.

De esta manera, esta pre-cordillera del Himalaya, con altitudes en torno a los 6.000 metros ha perdurado ajena a los objetivos de los escaladores y es ahora cuando comienza a ser foco de atracción.

Juan Diego Amador y David Pérez, en la IMF en Delhi, tras regresar de la montaña
Juan Diego Amador y David Pérez, en la IMF en Delhi

Confirmada la veracidad de los datos, el siguiente paso era buscar un pico suficientemente atractivo, para lo que consulté algunas de las revistas de alpinismo internacionales de referencia: American Alpine Journal y Asian Alpine Associates. Así localizamos a dos personas que fueron fundamentales para terminar de dar forma al proyecto, el japonés Sakamoto y el ingles Mick Fowler. Mientras que el primero ha estado recorriendo a pie algunos de estos valles, el segundo ha realizado varias primeras en esta región, recibiendo incluso el Piolet d'Or por alguna de estas escaladas.

Mientras que Sakamoto me facilitó el croquis con los valles principales, Mick me puso en contacto con Kashual, un montañero local que nos proveería la logística para poder llegar hasta la base de la montaña.

Así que la decisión estaba tomada: viajaríamos al Himalaya de la India en busca de una montaña virgen y suficientemente atractiva.

Preparativos e incertidumbres


Decidido el objetivo deportivo tocaba elegir las fechas, pues un aspecto determinante para lograr ascender a este tipo de montañas es acertar con la ventana de buen tiempo, cuando llega la bonanza y la cima se abre para los escaladores. Esta región se ve afectada fundamentalmente por los monzones, un sistema de anticiclones y borrascas que se alternan con periodos secos y húmedos. A priori, lo que marca la estadística es que el monzón húmedo, procedente del mar arábico, cambia su régimen de vientos a finales de agosto, momento en que empieza a dominar el viento del norte, procedente de la estepa tibetana, seco y frío.

Sabiendo esto, decidimos viajar a la India a finales de agosto.

Para mi la aventura es la capacidad de dar respuestas y soluciones a las incertidumbres que presenta recorrer un terreno desconocido. Nosotros teníamos muchas dudas por despejar: qué montaña elegir, cómo serían sus formas, sobre qué terreno progresaríamos, qué material necesitaríamos, cuánto tiempo nos llevaría…

Antes de nuestra partida solo teníamos un croquis, algunas fotografías de imágenes de satélite y unos pocos testimonios. Pero precisamente ese era el combustible que alimentaba nuestro sueño; la incertidumbre era nuestra principal motivación.

Sabíamos que tendríamos que ir resolviendo dificultades y gestionar la inquietud que supone no llevarlo todo bajo control. ¿Acaso la escalada no consiste en ir resolviendo los problemas que te plantea la pared?

La principal duda a despejar y que nos costaría días resolver fue cómo serían esas montañas prometidas. A buen seguro tendríamos delante un 6.000 virgen, pues eso indicaba Google Earth, pero ¿sería digno de un proyecto deportivo de esta índole, o por el contrario sería una cima redondeada cuyas rampas permitirían un fácil acceso a su cumbre? Lo que realmente nos apetecía era encontrar una montaña que nos pusiera a prueba, con unas formas atractivas y un terreno donde tener que emplearnos a fondo.

Tras muchas horas de ordenador interpretando imágenes satélite nos decantamos por el Valle de Reru, donde intuimos una pared de en torno a 1.000 metros de desnivel, con terreno mixto y una cima bien diferenciada. Decidimos ir lo más ligeros posible, así que seleccionamos el material para escalar en este tipo de terreno en estilo alpino(ocho tornillos, un juego de friends, empotradores, unos clavos y un par de cuerdas). Esto suponía montar solo un campamento en la base de la pared, no instalar cuerdas fijas, ni llevar tiendas de altura.

Juan Diego Amador, últimas compras en Ladakh
Juan Diego Amador, últimas compras en Ladakh

En marcha


El 20 de agosto volamos a Delhi, acompañados por Jorge Rojas, que asumía la responsabilidad de inmortalizar la expedición con un documental y ayudarnos en labores de Campo Base.

En todo gran reto, el último paso depende del primero y en esta expedición no iba a ser distinto. En Delhi visitamos la India Mountannering Fundation para entrevistarnos con su presidente, quien nos recordó las estrictas normas a las que seríamos sometidos, pues al tratarse de un valle muy próximo a la frontera con Paquistán no podríamos movernos libremente; de hecho viajaría con nosotros un oficial de enlace, funcionario del gobierno que se aseguraría de que la expedición cumpliera con lo acordado: mantener la montaña limpia, retirar el material instalado, ascender por el valle para el que se nos concedió el permiso y, si lográbamos nuestro objetivo -como si de un notario se tratara-, dar fe de que habíamos ascendido a la cima elegida.

Desde Delhi volamos a Leh, capital de Ladakh, un pequeño Tíbet en el corazón del Himalaya Indio, donde espectaculares montañas áridas y escarpadas conforman un lugar mágico, antaño reino independiente budista. Invertimos varios días en ultimar los preparativos: fundamentalmente comida y combustible para permanecer tres semanas en la montaña. Con toda la logística preparada partimos desde Leh hacia Kargil a 460 kilómetros de sinuosa carretera. Al día siguiente continuamos rumbo a Reru, un pequeño caserío donde conseguimos contratar dos arrieros con nueve caballos.

Jorge Rojas, a punto de comenzar la aproximación, con los caballos al fondo
Jorge Rojas, a punto de comenzar la aproximación, con los caballos al fondo

Adentrándonos en Terra Incognita


Desde un primer momento nos sorprendió que los arrieros dijeran que si al trabajo sin condiciones, pues sabían desde un principio que nos adentraríamos en un valle desconocido. Aun así se mostraron muy optimistas con nuestra propuesta de intentar llegar lo más arriba posible con ayuda de las bestias. En estas montañas lo habitual es trabajar con yaks, mucho más robustos, resistentes y capaces de caminar por casi cualquier tipo de terreno. Sin embargo, los caballos son mucho más delicados, pero ante la imposibilidad de conseguir yaks, optamos por contratarlos.

Comienza la aproximación por el valle de Reru
Comienza la aproximación por el valle de Reru

Por fin, después de seis meses dando forma al proyecto de ascender a un 6.000 virgen en el Himalaya, el 27 de agosto nos ponemos la mochila y empezamos la aproximación. Sin embargo el día fue realmente duro y esa misma noche los arrieros se plantaron, negándose a continuar. Calculábamos que necesitaríamos al menos dos jornadas más para llegar al borde del glaciar, así que la situación fue realmente alarmante.

Preocupados, aprovechamos las últimas horas de la tarde para ascender hasta los 4.750 metros, desde donde tuvimos una amplia perspectiva del valle. Sin embargo seguíamos sin adivinar ningún rastro de huellas, ni nada que indicara el paso del hombre con anterioridad. Durante la cena propusimos a los arrieros que nosotros saldríamos con las primeras luces a buscar el mejor itinerario para las bestias, marcándoles con mojones el camino más fácil.

La siguiente jornada fue muy exigente, sobretodo para los caballos, poco acostumbrados a transitar por un terreno de piedras inestables. Aún así, tras muchas discusiones con los arrieros logramos ascender hasta los 4.800 metros que habíamos avistado el día anterior, donde instalamos el campo base.

Despejando la incertidumbre: la montaña


Al día siguiente, acompañados por el buen tiempo, seguimos ascendiendo en busca de la pared e hicimos un porteo hasta la parte alta del glaciar. ¡Eureka!. Después de 3 horas, 300m. de desnivel positivo y muchos meses de trabajo, logramos avistar toda la pared y por fin despejamos la incertidumbre de cómo sería la montaña. Ante nuestros ojos apareció un muro de roca y hielo de aproximadamente 1.000 metros, con orientación NE, N y NO, y decidimos hacer un primer deposito con todo el material justo enfrente del objetivo.

rimera visión de la montaña. Fin a la incertidumbre
Primera visión de la montaña. Fin a la incertidumbre

A primera vista nos sorprendió que la orientación NE se viera tan afectada por las altas temperaturas, pues en la base de la pared dominaban unos depósitos negros producto de la caída de piedras. Sin embargo, el N y el NO estaban menos expuestos al sol. El N era una gran pala de seracs colgantes, mientras que en la orientación NO descubrimos una pala de nieve muy uniforme con una sección de mixto en el tramo superior. Visualizamos la pared, sacamos algunas fotografías e hicimos algunas anotaciones, para regresan satisfechos a la seguridad del CB.

Popularmente podríamos definir a una montaña como una elevación del terreno. Para los geógrafos esta definición se queda corta y necesitamos además entender su geomorfología, es decir, conocer su génesis. Pero cuando me acerco a ellas como alpinista lo que me interesa sobretodo es su perfil, sus líneas y sus tipos de terreno. Para nuestra suerte, la planificación y el trabajo de investigación previo comenzaban a dar sus frutos y nos encontrábamos ante una montaña estéticamente seductora y con una vía de escalada digna para una gran ascensión.

Campo base. Al fondo, en el valle superior, el glaciar del campo 1 y la montaña
Campo base. Al fondo, en el valle superior, el glaciar del campo 1 y la montaña

Comienza el trabajo


Hasta ahora el tiempo había sido benévolo con nosotros. Las mañanas eran despejadas y por las tardes unas pequeñas nubes de evolución cubrían la cima. Parecía que nuestros planes marchaban según lo acordado, pero en estas montañas la última palabra la tiene la meteorología y para nuestra sorpresa, el 29 de agosto amaneció cubierto. Aún así, sabemos que a este tipo de montañas se asciende gracias a un trabajo constante, por lo que decidimos hacer otro porteo, ahora con comida y ropa. Tras cargar todo lo necesario salimos a las 9:00 y a las 11:00 llegamos al deposito e instalamos el campamento de altura para los siguientes días. Pero el tiempo empeoró repentinamente y una copiosa nevada nos sorprendió mientras instalamos la tienda. Rápidamente nos guarecimos en su interior con la esperanza de que el tiempo mejorara, pero muy nuestro pesar, no paraba de nevar.

Aprovechamos el descanso obligado para estudiar la montaña y decidir la posible ruta de escalada, decantándonos por la cara NO que parecía menos expuesta a posibles caídas de piedras y seracs, además era un terreno por el que se podía progresar con mayor rapidez. Aún así, estábamos muy preocupados porque la montaña se iba cargando de nieve, lo que podría condicionar un inminente intento a cumbre.

Juan Diego Amador y David Pérez, en el campo 1
Juan Diego Amador y David Pérez, en el campo 1

Consultamos el parte meteorológico y para nuestra sorpresa el tiempo anticiclónico se retiraba, desplazado por una profunda borrasca que amenazaba con permanecer durante días en la región. Por delante nos quedaban días de incertidumbre, pues el tiempo no mejoraba. Decidimos permanecer en el campo de altura un par de días para conocer el funcionamiento de la meteorología en el valle y terminar la aclimatación hasta que, empujados por una copiosa nevada, regresamos al CB a descansar y a secar la ropa.

Ataques a cima


Tras una pequeña mejoría del tiempo, el 2 de septiembre decidimos hacer un primer intento de cumbre y programamos salir a las 3:00 de la madrugada de la tienda del campo 1. Pero durante la noche volvió a nevar y aunque abortamos el intento, aprovechamos para acercamos a la pared y calcular sus verdaderas dimensiones. Estimamos que tenía aproximadamente unos 900m. de desnivel, donde los primeros 450m. eran una pala de 55º a 75º de inclinación, los siguientes 200m. eran una sección de mixto y los últimos 200m. una pala de 65º a 75º que conducía a una larga arista directa a la cima. En cuanto a la altitud, estábamos convencidos de que superaría los 6.000m.

Cuando tienes el objetivo tan cerca y tan claro se produce una intensa atracción hacia la montaña. La cima es una geoda que quieres conquistar, es un tesoro al que no quieres renunciar. Para mi, quizás es el momento más delicado de cualquier expedición, cuando el camino parece abierto y el objetivo está cerca, pero estás en la zona de mayor exposición. Es aquí donde razón y pasión deben conversar para llegar a un acuerdo equilibrado, tomando una decisión que obedezca a una responsable gestión del riesgo. A pesar de que deseábamos intentarlo, no paró de nevar durante tres días, y nos vimos obligados a esperar. Este comportamiento de la meteorología nos preocupaba mucho, no tanto por el frío, sino por el alto riesgo de aludes, algo realmente peligroso, sobretodo cuando la montaña se encuentra tan alejada de cualquier opción de rescate. Aprovechamos para hacer grabaciones, entrenar, leer y preparar todo lo necesario para los siguientes días.

En la pared del Pico Islas Canarias
En la pared del Pico Islas Canarias

El día 5 amaneció parcialmente despejado, con alguna nube que otra y decidimos salir temprano hacia el campo de altura. Esta vez nos acompañó Surehs -el oficial de enlace-, y Jorge Rojas, para filmar ese tramo del itinerario. David y yo nos adelantamos para ir montando la tienda. Cuando nos reunimos los cuatro todo estaba preparado para descansar y comer algo. Surehs supervisó todo, tomó algunas anotaciones y fotografías, y regresó al Campo Base.

Después de dos semanas de espera a causa del mal tiempo sabíamos que nuestra primera oportunidad real se acercaba. Todo estaba listo y solo hacía falta que la montaña abriera sus puertas. La estrategia a seguir sería salir de noche para evitar la caída de material de la parte alta de la montaña y progresar lo más rápido posible. Subiríamos en estilo alpino, siempre hacia arriba y porteando solo el material necesario para escalar, ni tienda, ni hornillos, ni ningún peso extra que impidiera una progresión rápida y segura. Sin conocer el terreno al que nos dirigíamos, estimábamos poder realizar el intento a cumbre entre diez y quince horas de ascensión.

Ruta de ascenso y descenso de Juan Diego Amador y David Pérez, Pico Islas Canarias
Ruta de ascenso y descenso de Juan Diego Amador y David Pérez, Pico Islas Canarias

Día de Cumbre


Decidimos levantarnos a las 2:00 de la madrugada. El cielo estaba algo cubierto, pero no nevaba y el viento soplaba tímidamente. Sin duda era la mejor oportunidad tras tres semanas en la montaña, así que decidimos hacer el intento. Desayunamos abundantemente, nos equipamos y salimos a la oscuridad de la noche a las 3:00. Lentamente comenzamos la aproximación por el glaciar para acercarnos a la rimaya, que a modo de barrera, daba acceso a la pared.

En la pared, dominando el valle y el glaciar
En la pared, dominando el valle y el glaciar

Abriendo en la pared
Abriendo en la pared

En este tipo de escaladas, desde que sales del saco de dormir todo es intenso. Desde el primer momento estás emocionado, sabes que puede ser tu día de gloria, pero que para ello tienes que hilar fino cada uno de los pasos, los de subida y los de bajada. Nos equipamos minuciosamente, sin olvidar detalle, para entrar al coliseo que habíamos elegido en este ocasión.

En el primer largo encontramos un hielo tipo corcho que nos permitió progresar con mucha rapidez y seguridad. Durante esta primeras horas de escalada todo transcurrió con normalidad y avanzamos a buen ritmo, alternándonos los largos de cuerda. Pero el hielo de buena calidad se fue transformando y a medida que ascendíamos aparecía una capa más dura debajo: un hielo negro recubierto de unos 10cm. de nieve poco compacta. Seguimos ganando altura pero las condiciones del terreno empeoraron e irremediablemente bajamos el ritmo de progresión. Para ganar tiempo decidimos hacer los últimos largos de hielo hasta la zona de mixto en ensamble.

Primeros largos, al ensamble, todavía buen tiempo
Primeros largos, al ensamble, todavía buen tiempo

Al llegar a la zona de mixto íbamos fuera del mejor horario previsto y teníamos por delante la sección con mayor dificultad. En ese momento David, más acostumbrado a las escaladas expuestas tomó la iniciativa y lideró estos largos, pues teníamos que robarle unas horas al reloj.

Zona de mixto con David Pérez abriendo
Zona de mixto con David Pérez abriendo

Ordenamos el material para esta sección (clavos, friends, fisureros y cintas) y empezamos a escalar los primeros metros sobre una plancha de granito vertical, pero que no llegaba a los 90º. Sobre un pequeño churro de hielo pegado con nieve apareció una campa de nieve sin transformar bastante expuesta a una posible caída. Avanzamos lentos, hasta llegar a un techo/chimenea que superamos haciendo travesía.

Reunión
Reunión

La nieve acumulada nos obligaba a limpiar continuamente, tanto para instalar los seguros, como para poder fijar los crampones en el granito. Enormes bloques nos obligaban a dar pasos de contorsionista donde el casco y la mochila dificultaban el movimiento.

En el alpinismo entendemos por exposición en qué medida nos exponemos a los riesgos implícitos en la montaña (aludes, caída de piedras, inestabilidad del terreno, etc.) y en el caso de desencadenarse un accidente las posibilidades de ser auxiliado o rescatado. En esta expedición el grado de exposición ha sido máximo, pues estábamos solos en el macizo y en caso de sufrir algún accidente no podríamos ser rescatados. Por otra parte, el hospital más cercano estaba a dieciocho horas de coche de la montaña donde nos encontrábamos, y teníamos antes la bajada hasta el pueblo -subir nos llevó días. De todo esto éramos perfectamente conscientes, tanto por nuestra trayectoria deportiva como por nuestra experiencia profesional como guías de montaña.

Zona de mixto
Zona de mixto

Los últimos largos de mixto estaban formados por una sección de bloques que a modo de contrafuertes daban paso a la parte alta de la montaña, justo debajo de la antecima. Fue el tramo que más disfrutamos, pues repentinamente empezó a nevar y el ambiente de alta montaña era realmente extraordinario. La tensión se podía respirar y con la mirada éramos capaces de adivinar al otro. David disfrutó de lo lindo resolviendo los pasos más duros del mixto en esas condiciones. Metro a metro solucionamos los problemas que nos planteaba la pared y aunque íbamos con retraso, sabíamos que teníamos muchas opciones de llegar a cumbre.

Comienza a cambiar el tiempo
Comienza a cambiar el tiempo

Al poco de salir de la zona mixta la nevada se intensificó. Continuamos ascendiendo por una larga pala de nieve muy inestable, coronada por una enorme cornisa final. Aquí dudamos por dónde abrir la vía, pues sobre nuestras cabezas colgaba un enorme seracks y la nieve nos cubría hasta las rodillas. Eran las 16:00 horas y en ese momento ya deberíamos estar bajando de la cumbre. Sin embargo nos quedaban aún unos trescientos metros de desnivel por superar; sin duda íbamos muy retrasados. El tiempo seguía empeorando y había llegado la hora de tomar una decisión; estábamos en el punto de no retorno.

Desde el campo 1, se cierra la zona de cima. Puede verse la luz del frontal de Juan Diego Amador y David Pérez
Desde el campo 1, se cierra la zona de cima

Uno de los puntos críticos en cualquier hazaña de este tipo es dejarte arrastrar por la seducción de la cima y no saber renunciar a tiempo. Decidimos para unos minutos a tomar resuello y decidir qué hacer. Teníamos dos opciones: abortar en ese momento y descender por la misma vía, o continuar hacia la cumbre aceptando la posibilidad de vivaquear cerca de ella. Estábamos muy bien aclimatados y ambos sabíamos a lo que nos exponíamos, no sería la primera vez que dormíamos en una cueva de hielo, o en el peor de los casos al raso. La decisión estaba tomada, asumimos las consecuencias y continuamos ascendiendo. Nos protegimos con todo lo que llevamos y justo en esa maniobra perdí un guante. David me dejó uno de los de repuesto.

Continuamos escalando lentamente hasta los primeros seracs, a unos doscientos metros de la posible cumbre. La altura nos hacía mella y después de doce horas en la pared el cansancio empezaba a brotar. La agónica travesía debajo de los seracs fue interminable.

Extenuados seguimos progresando lentamente, sabíamos que estábamos muy altos, cerca de la cumbre. Por fin, a las 19:40 horas logramos superar la arista final. La noche nos obligó a encender los frontales, pero una densa nube nos envolvía y apenas podíamos ver unos metros a nuestro alrededor.

Vivac y cumbre


A los 5.985m. encontramos una pequeña repisa, eran las 20:30. Decidimos que lo más prudente era aprovecharla para pasar la noche y ascender a la cumbre al día siguiente, con la luz del día. Llevábamos diecisiete horas subiendo, probablemente nuestro ascenso más lento, pero las condiciones de la montaña eran realmente delicadas. Además nos preocupaba que no podíamos mantener contacto con Jorge Rojas, que desde hacía horas nos esperaba en el Campo 1.

Llegada al vivac
Llegada al vivac

Vivaquear a 6.000 metros sin más protección que la vestimenta es realmente duro. Preparamos nuestra “habitación” con un improvisado suelo confeccionado con las cuerdas y mochilas. Comimos un par de frutas deshidratadas y nos quedamos con ganas de beber unos buches de agua, pues el escaso medio litro que nos quedaba estaba congelada. Nos sentamos sobre el maltrecho lecho y dejamos pasar las horas.

A pesar del agotamiento, disfrutaba de la emoción de estar progresando por un terreno en que éramos los primeros. Realmente era un sentimiento único, no por el simple hecho de ser los primeros, sino por la revelación que supone cada paso. Esto es aventura en el más amplio sentido de la palabra: cada metro ascendido es un descubrimiento. Es como si de repente te conectaras con todos aquellos seres humanos que han convivido con el impulso de descubrir. Esta ha sido una de las sensaciones más hermosas que me ha regalado el alpinismo.

En la arista a cima
En la arista a cima

La noche del 16 de septiembre de 2017 ha sido la más dura que he vivido en la montaña. La temperatura bajó hasta los -15ºC y el viento soplaba alegremente. Como protección teníamos solo nuestras chaquetas de plumas y para las piernas una manta térmica que a penas duró unas horas, hasta que una ráfaga de viento la hizo jirones. Las horas se hicieron interminables. Apenas teníamos fuerzas y ánimos para mantener una conversación. De vez en cuando bromeábamos sobre cualquier tontería, intentando mantener la cabeza fría, o mejor dicho, la mente. En esas condiciones parece que el tiempo se resiste a pasar y que incluso se detiene. El cuerpo se nos entumece y al poco empezamos a temblar, seguidamente pies y manos comienzan a dolernos: los primeros síntomas de la hipotermia hacen su aparición. Decidimos ponernos en movimiento y pasamos el resto de la noche alternando ratos sentados con ratos caminando en la estrecha cornisa, para evitar posibles congelaciones.

Llegando a cumbre
Llegando a cumbre

A las 5:10 por fin salen los primeros rayos de luz, pero esperamos hasta las 6:00 para tener buena visibilidad. Con la llegada del calor la nube empezó a disiparse lo suficiente como para intuir la arista final que conducía hasta la cumbre. Damos los primeros pasos aún agarrotados. Aunque al cuerpo le cuesta responder, estabamos emocionados por saber que lo íbamos a conseguir. Lentamente nos acercamos al punto donde todas las líneas confluyen, ese minúsculo lugar que es la cima y al que tanto tiempo y esfuerzo hemos dedicado. Por fin lo alcanzamos, apenas unas fotos junto a una roca puntiaguda que a modo de hito indicaba la máxima cota, un abrazo y regresamos sobre nuestras huellas.

Llegando a cumbre
Llegando a cumbre

Llegando a cumbre
Llegando a cumbre

Cima en el Pico Islas Canarias
Cima en el Pico Islas Canarias

Cima
Cima

Descenso


Habitualmente lo más delicado de cualquier ascensión es la bajada. En nuestro caso tuvimos momentos de muchísima tensión, pues desde abajo habíamos visto la posibilidad de descender rapelando por la cara norte, pero desde arriba descubrimos una tapia vertical muy descompuesta y descartamos esta opción. Lo intentamos por el sur, haciendo una media ladera pero provocamos un alud y nos dimos la vuelta. Buscamos varias alternativas, incluso descender por la vertiente opuesta, pero ninguna de las opciones nos pareció realmente segura, fundamentalmente porque la montaña estaba cargada de nieve.

De repente tuve la sensación de habernos metido en una ratonera, pues no había una bajada clara, y mucho menos segura. La única opción era intentarlo por la cara NO por la que subimos y una vez debajo de los seracs, irnos a buscar el canal de roca que quedaba a su izquierda, pero justo en esta travesía volvimos a cortar la placa.

Sentir como los pies se deslizan sin moverlos, escuchar el sonido sordo de la placa hundiéndose y experimentar como en pocos segundos todo se puede ir al traste es realmente escalofriante. Por suerte íbamos asegurándonos y todo quedó en un gran susto. Pero la montaña nos daba los primeros avisos para que extremáramos las precauciones; estaba tan cargada de nieve que la alternativa más convincente era irnos a la roca para buscar una línea de rápeles. A buen seguro nos caerían purgas, pero no avalanchas. El día cada vez se cubría más y como de costumbre, a las 12:00 empezó a nevar.

Rapelando la vía
Rapelando la vía

Al final de la arista el hielo era más duro y no había tanto espesor. Montamos el primer avalakov y rapelamos hasta tocar la roca. Instalamos el segundo rápel en un saliente que nos dejó en una plancha casi vertical. Nos quedamos en el aire y apenas las puntas de los crampones tocaban la pared. Cuando tiramos de la cuerda para recuperarla nos llevamos la desagradable sorpresa de que no corría. Tiramos con la escasa fuerza que nos quedaba, pero fue imposible moverla, así que no hubo otra alternativa que volver a escalar hasta la reunión. Descubrimos que había un exceso de rozamiento, mejoramos la instalación y seguimos rapelando.

El cuarto rápel fue el más complicado, pues aunque apuramos la cuerda hasta el final no encontramos ningún sitio adecuado para una nueva instalación, solo placas de granito y nieve recién caída. Después de un rato buscando localizamos un bloque de vértigo, apenas adherido por el hielo a la pared. Metimos dos fisureros, apretamos los dientes y seguimos rapelando. Desde ahí visualizábamos la parte superior del canal que nos dio paso a la parte baja de la montaña.

Rapelando la vía
Rapelando la vía

Seguía nevando y la montaña purgando, pero cada vez estábamos más abajo. Ya en el canal la pared perdió verticalidad y el hielo era bueno, así que el resto rapelamos desde avalakovs.

Pico Islas Canarias


Finalmente, a las 20:15 horas y tras dos días de actividad nos reunimos con Jorge en la tienda del Campo 1, tremendamente preocupado por no tener noticias nuestras desde el día en anterior. Había visto la luz de nuestros frontales cerca de la cumbre, pero no podía comunicarse con nosotros por un problema con la emisora. Ahora si que lo habíamos conseguido, pues al fin y al cabo, la cima es la mitad del camino.

Ruta de ascenso y descenso en la zona alta del Pico Islas Canarias
Ruta de ascenso y descenso en la zona alta del Pico Islas Canarias

Dormimos toda la noche y dedicamos la siguiente jornada a comer y beber, pues nuestros cuerpos estaban exhaustos. David amaneció con los dedos muy hinchados, blancos y sin tacto, y yo cojo de un pie y sin sensibilidad en algunos dedos. Ante esta situación, satisfechos pero algo preocupados por las posibles secuelas, decidimos retirarnos al Campo Base para abandonar la montaña.

Graduamos la ruta en MD (900,V, 75º M3+/4). Las coordenadas de la cumbre son 33º12’45” N, 76º51’20”, y una altitud según los altímetros de 6.025 metros. Desde la India Mountannering Fundation han aceptado nuestra petición de que la vía ascendida quede registrada para el alpinismo como el “Pico Islas Canarias”.

Pero por encima de todo, lo mejor de esta expedición ha sido el sentimiento único de estar en un lugar recóndito, experimentando emociones que sólo podemos conseguir a través del descubrimiento.

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