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16-08-1918, 16-08-2018. El Parque Nacional de Ordesa cumple 100 años

Valle de Ordesa, Cotatuero. Foto: Javier Camacho
Valle de Ordesa, Cotatuero. Foto: Javier Camacho

"He visto bastantes montañas: el Himalaya, los Andes, los picos fúnebres de Nueva Zelanda, los Alpes y el Altai; todas, más nevadas que ahora. Durante toda mi vida he amado, yo diría que he adorado a las montañas, ascendiéndolas con pasión. Puedo comparar entre sí a muchas de ellas; pero, por ciego que sea el amor, creo tener razón al admirar más que nunca a los Pirineos, a su cielo tan azul y limpio, a sus hielos resplandecientes, a sus aspectos vaporosos, a las llanuras ardientes y aterciopeladas adormecidas en su base bajo el sol más hermoso, y a esas aguas maravillosas que escapan de las nieves con furor, para calmarse enseguida sobre céspedes horizontales y serpentear en silencio entre tapices de flores tan raras y encantadoras que apenas nadie osa caminar sobre ellas.

En la naturaleza pirenaica existe una poesía extrema, una armonía de formas, colores y contrastes que no he visto en ninguna otra parte"
.

Conde Rusell, Recuerdos de un Montañero.

Cola de caballo, Ordesa. Foto: Javier Camacho
Cola de caballo, Ordesa. Foto: Javier Camacho

Hoy se cumplen 100 años de la creación del Parque Nacional de Ordesa. Como pequeño homenaje, os presentamos estas palabras, acompañadas de las imágenes del fotógrafo de montaña Javier Camacho.

¡Por los próximos 100!


Texto: Barrabes
Fotografías: Javier Camacho

Las Tres Sorores, y la Brecha del Cañón de Añisclo a medianoche. Foto: Javier Camacho
Las Tres Sorores, y la Brecha del Cañón de Añisclo a medianoche. Foto: Javier Camacho

Tal día como hoy, hace 100 años, el rey Alfoso XIII hizo oficial la declaración del Valle de Ordesa como 2º Parque Nacional de España, 25 días después del de la Montaña de Covadonga.

Ambos Parques, de los primeros de Europa, fueron creados por el empeño de Pedro Pidal y Bernaldo de Quirós, Marqués de Villaviciosa de Asturias y primer escalador del Picu Urriellu junto a Gregorio Pérez el "cainejo", en 1904, quien durante un viaje por Estados Unidos tuvo la oportunidad de conocer el primer parque nacional del mundo -Yellowstone- y a la vuelta de ese viaje , y desde su posición como diputado en las Cortes Generales, promovió la creación de una figura similar en nuestro país, en un momento histórico en el que la conciencia ecológica -como la entendemos hoy día- ni siquiera existía.

Soaso. Valle de Ordesa. Foto: Javier Camacho
Soaso. Valle de Ordesa. Foto: Javier Camacho

El 16 de agosto de 1918, y con esta declaración de Ordesa como Parque Nacional, las más bellas y alucinadas montañas, abismos, cañones, ríos, cascadas y bosques del Pirineo confirmaban su categoría excepcional.

En el Planeta pueden encontrarse montañas más altas, bosques más extensos, cañones más profundos; pero Ordesa es singular, y esta singularidad que hace que sea difícil de comparar con otros territorios ha fascinado y sigue fascinando a generaciones de amantes de la montaña, extasiados ante la inmensidad y variedad de su presencia.

Cascadas en el Cañón de Añisclo. Foto: Javier Camacho
Cascadas en el Cañón de Añisclo. Foto: Javier Camacho

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“El valle de Ordesa me pareció aún más lleno de belleza emocional que antes, debe de ser el paraje más bello de Europa. Tiene una clase de encanto y de imaginación absolutamente definida y que le hace a uno vivir en trance. Era totalmente feliz allí. Cuando tenga que huir de mi país, será este valle al que me retire a vivir entre truchas, fresas salvajes y pastores españoles”

(John Maynard Keynes, economista británico, 1909)

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Treserols: Monte Perdido, Pico Añisclo, Cilindro de Marboré, a final de verano. Foto: Javier Camacho
Treserols: Monte Perdido, Pico Añisclo, Cilindro de Marboré, a final de verano. Foto: Javier Camacho

Si hablamos de Ordesa y la lucha por la protección del valle, es inevitable hablar de la labor de descubrimiento y puesta en valor de los primeros pirineistas, como Raymod de Carbonniéres “Cuando se ha visto la más hermosa de las montañas graníticas -el Mont Blanc-, falta por ver la más hermosa de las montañas calcáreas -el Monte Perdido-”.

Carbonniéres realizó la 2ª cumbre de la historia al Monte Perdido, dentro de la expedición científica que comandaba. Estando dispuestos a la ascensión, mandó como avanzadilla a los guías Rondo y Laurens acompañados por un pastor aragonés de Pineta, para que visualizaran la ruta. Pero llegaron a cumbre. Era el 7 de agosto de 1802. Él consiguió la 2ª cumbre 3 días después, el 10 de Agosto. Entonces aún se pensaba que era la montaña más alta del Pirineo.

Paredes de Ordesa. Foto: Javier Camacho
Paredes de Ordesa. Foto: Javier Camacho

Desde ella divisó el gran tajo que es el cañón de Ordesa y quedó fascinado. Así comenzó la leyenda que otros continuaron, entre los que destaca el montañero y fotógrafo Lucien Briet, “el cantor de Ordesa”, a quien se homenajea con un monumento en el Camino de Turieto Bajo.

Sus palabras fueron un acicate: “Apremia una solución racional, no debe demorarse. Es imprescindible proteger el valle de Ordesa contra los leñadores, cazadores y pescadores de truchas…que el divino cañón sea un Parque Nacional Portentoso.”.

Lamentablemente, Lucien Briet no pudo estar en el día de declaración del Parque, al encontrarse enfermo.

Cilindro de Marboré, desde cerca de la cima de Monte Perdido
Cilindro de Marboré, desde cerca de la cima de Monte Perdido

En sus comienzos el Parque apenas contaba con 1.575 hectáreas, abarcando desde la pradera hasta las Gradas de Soaso, aproximadamente, con su límite superior por las fajas intermedias, también aproximadamente.

Tuvieron que pasar muchos años para que se entendiera que la singularidad de la montaña está en su conjunto, y no sólo en los bosques y cascadas accesibles, especialmente si hablamos de uno de los territorios de montaña más mágicos y telúricos de Europa, la descomunal mole lunar, calcárea y kárstica que conforman Monte Pérdido y sus macizos adyacentes.

El Valle de Pineta, con Monte Perdido-Treserols. Foto: Javier Camacho
El Valle de Pineta, con Monte Perdido-Treserols. Foto: Javier Camacho

A finales de los años 70 del pasado siglo, como en tantos otros sitios del Pirineo aragonés, saltó la alarma: se confirmaba la concesión que permitía crear una gran presa en el más salvaje y descomunal de los valles que como los tentáculos de un pulpo descienden de Monte Perdido: el Cañón de Añisclo. Un cañón que ya en el siglo XIX hizo exclamar al topógrafo franco-alemán y presidente del Club Alpino Francés de Burdeos Franz Schrader, sentirse "como asistiendo al segundo día de la creación", y verbalizó lo inefable al definir a Añisclo como "un inmenso poema geológico". De repente, esta maravilla única estaba en peligro.

La sociedad aragonesa se movilizó, y la presentación de recursos fue histórica y no repetida. Incluso muchos menores pudimos participar en ella, ya que algunas Asociaciones, Partidos Políticos y colectivos montañeros de Aragón presentaron recursos firmados por quienes tenían capacidad legal, acompañados de cientos de firmas de jóvenes amantes de la montaña que carecían de esa capacidad.

Cañón de Añisclo. Foto: Javier Camacho
Cañón de Añisclo. Foto: Javier Camacho

El antiguo ICONA (Instituto para la Conservación de la Naturaleza) también estaba en contra, y como resultado, se consiguió paralizar la presa, y para evitar problemas futuros, se amplió el Parque Nacional multiplicando por 10 su superficie, englobando, de esa manera, tanto la Alta Montaña como todos los valles y cañones que nacen de ella: Ordesa, Añisco, Escuain y Pineta. Su nueva denominación fue "Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido".

Río Yaga, Gargante de Escuáin. Foto: Javier Camacho
Río Yaga, Gargante de Escuáin. Foto: Javier Camacho

De esta manera Monte Perdido, el Dios del Sobrarbe y del Pirineo Central, se protegía como un conjunto en su integridad, desde las altas cimas y glaciares hasta los cañones que desde ellas se desploman de forma vertiginosa creando un Universo único e irrepetible de cumbres, paredes, bosques, agua, hielo, nieve, fauna, paisaje y paisanaje difícil de olvidar y que ya forma parte de la vida y el territorio emocional de generaciones de personas de todos los rincones del mundo.

Que siga siéndolo para siempre está en nuestra mano.

Murallas de Ordesa al caer la noche. Foto: Javier Camacho
Murallas de Ordesa al caer la noche. Foto: Javier Camacho

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