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BLOG | ENTREVISTAS | 12 de Noviembre de 2003

Carlos Buhler: El hombre tranquilo

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A la vista de su trayectoria, se intuye lo que la conversación luego confirma: que este escalador estadounidense -y socio del club oscense Peña Guara- es un ejemplo de tolerancia; sólo el podía hacer tan buenas migas con los escaladores rusos en plena guerra fría, embarcarse en expediciones a macizos aislados que implican un grado máximo de convivencia y logística, y trabajar en equipo como para completar, por única vez, la temible cara Este del Everest.

Foto: Lorenzo Ortas 
Cara Oeste extremo del Ausangate, en los andes de Perú 

¿Y que me dices de la carrera de los catorce?

Lo mismo, cada uno tiene sus objetivos y sus prioridades. Respecto a mi, pienso: si me embarco en subir los catorce ochomiles ¿Para quién estoy escalando? ¿Para mí, o para los demás? Y volvemos a lo de antes: escalando para mí me siento bien, me compensa todo. Lo tengo claro.

Sin embargo, lo que uno ‘quiere’ escalar a veces no coincide con lo que los patrocinadores que te pagan consideran más vendible…

Si, es cierto. Esa es una cuestión difícil, muy delicada. Sinceramente, me ha ocurrido que algún sponsor ha ‘renunciado’ a mis servicios porque considera que mis últimas actividades no eran suficientemente atractivas. Entiendo a aquellos que buscan actividades comercialmente más llamativas, pero es una cuestión personal en la que cada uno de decidir si merece la pena, y donde están los límites hasta los que podemos ceder. Por un lado, tu libertad y la alegría de escalar sin presiones. Por otro, que algunos hemos decidido vivir de la montaña y tenemos que arreglárnoslas. Después de todo, yo ya no sé hacer otra cosa…

Por cierto, cuales han sido tus últimas actividades:Bueno, hace dos veranos por primera vez el Sepu Kangri, y este año he estado en la Cordillera Blanca.

Cambiando de tema… Exactamente ¿Qué te trajo en su día por España y, en concreto, al club Peña Guara de Huesca?

Hmm… tal vez la casualidad, pero lo cierto es que desde que puse un pie en este país se ha convertido en una especie de adicción. Cada cierto tiempo tengo que regresar a ver a los amigos, a escalar en sus paredes, a disfrutar de la gente. En cuanto a la gente de Peña Guara, les conocí por casualidad (en el cervino) y me invitaron a escalar con ellos. Yo entonces estaba viviendo en Barcelona, pasando un año allí para aprender español. Fui con Javier Escartín a Picos de Europa, con Lorenzo Ortas a pirineos. Con ellos, prácticamente, aprendí a escalar. Me enseñaron la técnica, y también su sentido del montañismo, lo que significa para ellos y que yo comparto. Después de eso, pude trabjar en lo Andes como guía bilingüe llevando estadounidenses. Unos años más tarde, me llamaron para unirme a la expedición aragonesa al Barruntes… De eso ya hace 23 años. Javier se quedó en el K2. Pero con los demás sigo manteniendo igual de viva la amistad. Siempre es un verdadero placer volver.

¿Te gustaría quedarte a vivir en Huesca?

(Sonríe). A menudo pienso en ello.

Foto: Lorenzo Ortas 
La expedición del 77 a los Andes culminó la primera ascensión de la Cara O del Ausangate 

Carlos Buhler: matrícula de honor

Carlos Buhler lleva más de treinta años escalando y, desde el principio de su carrera, haciendo gala de pureza tanto en la elección de montañas como en el estilo de ascensión. A pesar de haber alcanzado la cumbre de seis de ellos, nunca se dejó conquistar por la fama de los ochomiles, y sí por las grandes caras vírgenes de hermosas montañas escondidas en los rincones más remotos del Planeta. Alegre y desenfadado, se tomó en serio aquello de aprender viajando y compartiendo otras culturas: ha participado en casi cuarenta expediciones por todos los continentes, a menudo haciendo equipo con alpinistas de otras nacionalidades, y no solo sus amigos españoles. En el 78, cuando todavía el mundo se dividía en dos bloques, fue seleccionado por el American Alpine Club para unirse a una expedición soviética y escalar en el Parir, una cordillera cerrada a los occidentales. Entonces tenía 23 años. Con los aragoneses conseguiría, en 1980, la primera ascensión a la impresionante arista este del Baruntse. En el 83 emprendió la ascensión a su primer ochomil: el Everest, por la Kangsung Face, completando la primera ascensión a esta tremenda cara. Al año siguiente, escalaría el mítico Pilar Oeste del Makalu y, un año después, la arista Noreste del Ama Dablam. En el 88 lega la primera americana al Kanchenjunga, y en el 89 el Cho Oyu. También seria el primer estadounidense en hacer cima en el Dhaulagiri, guiando a otros alpinistas. En el 92, cuando su compañero se puso enfer4mo, escaló en solitario el Dorje lakpa. Poco después intenta por primera vez el K2, tomando la difícil decisión de darse la vuelta a sólo 300 metros de la cumbre. Sin embargo, la gran montaña del Karakorum no le dejaba descansar, y regresó por la vertiente china dos años más tarde, junto a dos compañeros rusos –para quienes fue casi impensable obtener permiso para salir de la Unión Soviética-, para esa vez sí, hacer cima. También formando cordada con los rusos consigue la cumbre del Nanga Parbat y, en el 98, la impresionante pared Norte del Changabang, que consiguen tras 16 días en pared; sólo con esa ascensión habría entrado en la historia del himalayismo. En el 99 cambia de continente: abre ruta en la Oeste del Siula Grande –la montaña maldita de Joe Simpson- , pero en otoño vuelve al Himalaya y escala por primera vez el Milarepa Peak, en el remoto Rolwaling, por su vertiente tibetana.
En agosto del 2000, explora el Ishkoman Valley, en el Hindu Kush, donde escala por `primera vez el Dhiang Peak. Como de costumbre, y fiel a su filosofía, escala en cordadas pequeñas y en estilo alpino. En 2002 explora el Tíbet y escala el Sepu Kangri. El verano pasado, estuvo en la cordillera Blanca de Perú.

Fotos: Lorenzo Ortas


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